3/8/14

Lagartos del porvenir

Miguel se puso a vaciar las bolsas de la compra sobre la mesa de la cocina y de una de ellas salió un pequeño lagarto. Era aquél un animalillo alegre y avispado y lo primero que hizo fue intentar fornicar con el salero. Estuvo un buen rato ahí, dale que te pego, hasta que se cansó. Miguel se divertía mucho con la escena. Entonces pensó que quizás el bichejo tuviera hambre. Miguel no tenía ni puta idea de lo que comen los lagartos, pero supuso que le gustaría la harina cruda (así era Miguel) por lo que extendió un puñado de harina sobre la mesa. El lagarto se volvió medio loco y empezó a rebozarse como si le fuese la vida en ello. Cuando se apartó, Miguel pudo observar unos números marcados en el polvo blanco. Sin pensarlo dos veces fue corriendo a jugar a la lotería con esos números. Se gastó todos sus ahorros y, como cabría esperar, le tocaron miles de millones, tantos que provocó la quiebra del sistema de lotería, el cual controlaba en la sombra al sistema de pensiones, que también se vino abajo, arrastrando consigo al sistema bursátil, el cual controlaba en la sombra… Y así, en una inefable concatenación de colapsos de sistemas, toda la sociedad se precipitó al vacío y los seres humanos empezaron a comerse los unos a los otros hasta llegar al borde de la extinción. Fue entonces cuando los lagartos comenzaron la invasión desde sus pequeñas naves espaciales, las cuales tenían escondidas detrás de la Luna. Robaron todos nuestros saleros y se marcharon a su planeta para siempre. Y ése, niños, es el motivo por el que los seres humanos de hoy en día cocinamos sin sal y vivimos más de mil años.


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