2/11/17

A las puertas

Es un nuevo tipo de droga que está causando furor y estragos, especialmente entre los más jóvenes. Una sola dosis te mata en cuestión de segundos y es por ello que popularmente se conoce a esta sustancia como asesinato.

Hasta aquí todo podría resultar insólito, pero dentro de los cauces de la normalidad. Lo que convierte al asesinato en algo nunca visto es que, un tiempo después de morir, los consumidores resucitan. No es que pierdan el sentido y luego lo recuperen, no. Mediante tomografía por emisión de fotón único, panangiografía cerebral y ultrasonido transcraneal, se ha verificado la completa inactividad del cerebro en personas que habían consumido; personas que, más tarde, volvieron a la vida como si tal cosa.

Los que han probado el asesinato aseguran que al resucitar se sienten inmersos en un estado de paz y felicidad absolutas que no podrían comparar con nada. El problema es que en cada toma se desarrollan ciertos daños cerebrales que al cabo de veinte o treinta dosis acaban tornándose desastrosos. Los adictos se van transformando en seres desconcertados e incapaces de valerse por sí mismos. Es habitual verlos vagar en mitad de la calle, con los brazos colgando y las ropas manchadas de vómito y diarreas.

Lo peor de todo es que el asesinato resulta muy fácil de fabricar. La receta ya forma parte de la cultura colectiva después de que se viralizase a través de las redes sociales. Cualquier persona puede conseguir todos los ingredientes en el supermercado más cercano y preparar unos gramos en la cocina de su apartamento. Por todo ello, no son pocas las voces que alertan de que probablemente nos encontremos a las puertas del apocalipsis.


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