10/6/15

Éntomos

He visto hembras de una extraña especie de abejas que nacen bajo tierra, en madrigueras individuales excavadas por sus madres en el suelo ardiente del desierto. Lo que se encuentran al asomarse al exterior por primera vez en sus efímeras vidas es una banda de machos enloquecidos y violentos que pelean a muerte entre sí por aparearse con ellas. Las pobres hembras son arrastradas de pronto hacia el centro de una lucha encarnizada en la que todos los machos intentan alejarlas de las garras de los demás. Algunas de ellas acaban con sus blancas cabezas arrancadas del cuerpo. Cuando todo termina no queda ningún macho vivo. Las hembras que han sobrevivido empiezan a excavar los túneles donde depositarán los huevos de los que nacerá la nueva generación destinada a sufrir y perpetuar esta masacre.

He visto a una chinche que cuida de sus crías, las cuales parecen un racimo de tomates cherry. Se pasa horas buscando frutos para sus bebés pero cuando encuentra el adecuado, otra chinche se lo roba. Cansados de esperar, sus hijos abandonan el nido. Cuando regresa a su hogar, descubre que se ha quedado sola y que ha fracasado en su misión. Pero el drama no termina aquí. Los pequeños prófugos se unen al nido de la chinche ladrona. Ésta los acepta sin poner ninguna objeción, pero tendrá que trabajar el doble para alimentar a su prole multiplicada. Al final, el esfuerzo extra la lleva a morir de agotamiento y los tomatitos cherrys se dan con ella un último festín antes de empezar su vida adulta.

He visto al llamado escarabajo de Darwin, que escala árboles de veinticinco metros de altura en busca de una hembra y que tiene dos monstruosas mandíbulas más largas que su propio cuerpo. Por el camino pelea con otros machos. El vencedor levanta a sus adversarios con sus mandíbulas y los arroja al vacío. Cuando por fin alcanza a la hembra, la obliga a copular y en cuanto acaba, la tira del árbol como ha hecho con los otros machos. 

Y también he visto millones de mariposas cubriendo juntas toda la superficie de un gigantesco árbol después de emigrar tres mil kilómetros y hormigas que cultivan hongos para alimentarse; y he podido ver moscas que caminan bajo las aguas de un mar envenenado de sal y escarabajos que se defienden lanzando chorros de ácido hirviendo.

Existen doscientos cincuenta millones de insectos por cada ser humano. Si se pusieran de acuerdo, nos exterminarían en lo que tarda un caballito del diablo en escapar de una telaraña. La gente dice que se duerme viendo los documentales de la 2, pero yo no sé si podré pegar ojo esta noche.



3 comentarios:

  1. Excelente. No sé si los insectos que mencionas son reales o imaginarios ni quiero saberlo, los prefiero de fantasía para enfrentar el final. Muy creativo, felicitaciones y un abrazo. Es copia de mi comentario en "Tus relatos", me gustaría agregar que se notan tus progresos.

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