24/2/24

Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto. Mi nuevo libro.

Acaba de ver la luz mi enésima aventura por los mundos de la autopublicación, un librito de algo más de cien páginas titulado Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto

Podéis comprarlo en papel por 7.50 euros pinchando en este enlace o en e-book por 2,69 euros pinchando en este otro enlace, pero tengo una sorpresa muy especial para vosotros.

Si queréis echar un vistazo, podéis descargaros totalmente gratis una muestra del libro con material inédito pinchando en este enlace. Pero no solo es una muestra gratuita, es que este documento ofrece la posibilidad de leer el libro entero gratis. Sí, sí, no os estoy engañando, en la muestra explico un modo sencillo de leer todo el libro Pulsaciones de forma gratuita. No perdéis nada por echar un vistazo, creo. 

Si consideráis que la lectura de Pulsaciones ha merecido la pena, os generaría un montón de karma positivo que le dejaseis alguna valoración/reseña poderosa en la página de Amazon y/o que se lo recomendéis a vuestros allegados. Muchas gracias por vuestra atención.

23/1/24

Madrid, Nebraska, un libro de culto fallido que merece la pena leer

Preciosa portada
Las antologías de narrativa breve concebidas bajo algún criterio, ya sea de tipo temático o de índole temporal o espacial, suelen revestir un elevado interés, al menos para mí, porque ofrecen diferentes puntos de vista sobre una misma cuestión y una amplia variedad de estilos y formas de narrar, resultando en obras variadas y estimulantes, siempre que los cuentos recogidos posean una suficiente calidad general. Estas recopilaciones tienen además otra virtud, y es el descubrimiento de nuevos autores. Por ejemplo, gracias a que en la universidad me mandaron leer una antología que llevaba el elocuente título de Cuentos de amigas, descubrí a Soledad Puértolas, una autora muy reconocida pero a la que tal vez yo no habría llegado por mí mismo.

El volumen Madrid, Nebraska, publicado en 2014 por Bartlevycumple bastante bien con todas estas funciones. Los criterios de la selección quedan claros en el subtítulo: Estados Unidos en el relato español del siglo XXI, y ha resultado muy satisfactorio acompañar a cada autor en su propuesta narrativa en torno a aquel lejano país imperial con pies de barro que tanto ha influido en la cultura de cada rincón del planeta. Además de esto, también me ha permitido descubrir algunos autores que me han llamado la atención y de los que sin duda leeré al menos una obra más. 

Lo que por desgracia no se ha conseguido es convertir esta antología en un libro de culto. Desde la preciosa portada, hasta el objetivo de homenajear a los grandes narradores useños del XX, pasando por el espíritu del proyecto, la vibración que transmite... todo indicaba que sí, que su destino era llegar a transformarse en una obra muy apreciada entre los amantes de las buenas rarezas literarias que nunca caerán en el olvido. Desconozco si esta era una de las ambiciones de los editores, pero, en mi opinión, es muy probable que se hubiera logrado si la calidad media de los relatos hubiese sido un poco mayor. 

París, Texas... Madrid, Nebraska,
joder, el título es una genialidad.
En términos generales podría decirse que ninguno de los cuentos es un desastre (bueno, quizás uno...), que hay cuatro o cinco que están realmente bien, que no hay ninguno que sea una auténtica maravilla que te deja marcado para toda la vida (algo que por otro lado es ya muy difícil que suceda) y que hay una gran masa de relatos que, sin ser basura, me han resultado intrascendentes.

Quisiera hablar un poco solamente de aquellos que me han parecido mejores, porque a nadie le sientan bien las críticas negativas y yo tampoco quiero ganarme enemigos, la verdad, que estoy en un momento muy zen de mi vida; además, a quién le importa saber algo sobre los relatos que me han parecido flojos, lo interesante en todo caso será saber cuáles son los mejores, por si a alguien le apetece leerlos o buscar otras obras de sus autores. 

No voy a meterme mucho en el relato de Gonzalo Calcedo, ya se sabe que este hombre es muy apreciado por aquí. De él han incluido un cuento que, siendo bueno, no se encuentra entre sus destacados, y que, lógicamente, proviene de su libro El prisionero de la avenida Lexington, en el cual todos los relatos están ambientados en Nueva York y que tampoco se encuentra entre sus mejores libros (os dejo aquí un poderoso análisis temático que hice en la universidad sobre uno de los cuentos de este libro, precisamente el que da nombre al volumen). 

Ni cotiza que este libro
va a caer en 2024
El relato que más me gustó fue El arma de Dios, cuento de carretera, de Pedro Sorela, por su prosa elegante y por su sorprendente originalidad debida a la naturaleza de los personajes y al ambiente de distopía kafkianorwelliana capitaneada por un enigmático gran hermano yanqui que controla el tiempo atmosférico desde su canal de televisión. Si con esta mini reseña no te vuelves loco por leerlo no sé qué más puedo hacer.  

Otro relato que me pareció formidable, aunque por motivos muy distintos fue Mail Pride Chicago 2008, de Óscar Esquivias. Esta historia destaca por su genial y fresco humor, mostrándonos las estrambóticas aventuras de un cartero que tiene que viajar a Chicago para representar a España en unas ridículas competiciones deportivas. La verdad es que me quedé con muchas ganas de leer más relatos de este hombre.

Esos dos son los únicos cuentos que me han gustado lo bastante como para seguir a sus autores, pero querría hacer algunas menciones especiales. Una es para Paula Lapido, que ofrece una divertidísima historia titulada Peter Parker y la crisis de la mediana edad; las otras son para dos relatos que tienen en común la brevedad, un rasgo que valoro muchísimo. Uno es Valle, Arizona, de Sergio del Molino, un breve cuento de apenas cuatro páginas bellamente escrito y con final impactante. El otro es Víctima número trece de Jesse Johnson, de David Ruiz, con una extensión casi idéntica al anterior y en el que destaca su crudeza, el retrato psicológico condensado de los protagonistas y el final inesperado.

Si me preguntan si merece la pena leer Madrid, Nebraska diré que sí, que merece la pena, que podría haber sido un mejor libro pero también podría haber sido peor y que las buenas historias que contiene consiguen tirar del carro de las regularcillas, ofreciendo un conjunto bastante decente. Si queréis comprarlo, como siempre, os animo a que lo hagáis a través de este enlace porque así Amazon me dará una pequeña comisión.

16/1/24

Nueve libros que marcaron mi existencia

Las listas (de libros, de artículos, de películas…) son una de las señas de identidad de este blog. Si os fijáis en la columna de etiquetas, a la derecha, veréis que he publicado ya casi treinta entradas basadas en este apasionante tema. Algunas listas vienen de fuera, pero otras son totalmente originales (en los sentidos 2 y 6 que ofrece la RAE). Así, en su día me inventé la lista de Las mejores listas de libros y la lista de Los libros más recurrentes en listas de libros. Hay que ser un poco obseso de las listas para publicar cosas así, pero es que además yo cree la ciencia de la Listología, ofreciendo una lista definitiva y bastante 100tífika de la mejor literatura en lengua española. 

Sin embargo, hace ya como dos años y cuatro meses que no publico ninguna lista y he pensado que estaría bien comenzar 2024 ofreciendo alguna que resulte novedosa, sugerente y que aporte valor. Así pues, estuve rumiando esta idea durante algunos días y se me ocurrió que podría ofrecer una lista con algunos de los libros que más me hayan marcado por el motivo que sea. Es cierto que esta no es la idea más original del mundo pero también es verdad que el resultado va a tener un toque profundamente personal, pues para elaborar este contenido voy a sumergirme en los recuerdos y sensaciones que me despierten los aproximadamente 700 libros que he leído a lo largo de mi existencia (sí, los tengo casi todos apuntados en una tabla de Access) para tratar de entregaros nueve recomendaciones con la ambiciosa esperanza de que al menos alguna de ellas pueda aportar una gota extra de sentido en vuestras vidas. 

Dos últimas cuestiones antes de comenzar. Como ya he dicho, esta es una lista de libros que me marcaron de algún modo y por algún motivo, por tanto, no es una lista de los que yo considere necesariamente los mejores libros que he leído, los mejor escritos o los más interesantes. Además de esto, querría decir que todos los libros de la lista los leí hace muchos años y no tengo tiempo para ponerme ahora a releerlos, por lo que mis comentarios no van a ser tan minuciosos como si acabase de terminarlos. 

Ahora sí, entremos en materia. 

1984, GEORGE ORWELL

Escuché hablar de este libro por primera vez en la universidad, creo que en una asignatura llamada Estructura Económica Mundial. No sé en qué contexto (ojalá recordarlo) el profesor dijo algo como «¿Conocéis esa novela en la que el estado tiene cámaras dentro de las viviendas?» y que yo pensé algo como «Dios mío, tengo que leer ese puto libro ya». Sin duda esta maravillosa novela cambió mi vida, pues a partir de ella empecé a convertir la lectura en un hábito y descubrí el universo de la ciencia-ficción. Por añadir algo más, recuerdo que cuando estaba a punto de terminarla me pregunté «¿y ahora qué voy a hacer con mi vida?». Curiosamente no la he releído, soy un patán.

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UNA BREVE HISTORIA DE CASI TODO, BILL BRISON 

Este ladrillo de divulgación científica constituye el más alto gozo imaginable para un cerebro medianamente inquieto. Por desgracia no me acuerdo casi nada, o, tal vez haya interiorizado un montón de conocimientos y ya no sepa que provienen de allí. En cualquier caso, sí que recuerdo una sensación de asombro constante mientras recorría sus páginas, de verdad, hay que leer este libro como sea.



FALSO MOVIMIENTO, ALEJANDRO GÁNDARA

Me mandaron leer esta novelita juvenil en el instituto y me cautivó. Imagino que mi yo adolescente, que todavía no había salido mucho de jarana, debió sentirse fascinado al acompañar al protagonista por las calles de la noche madrileña en busca de su hija y del novio de esta, recorriendo los bajos fondos de la ciudad e interactuando con lo mejorcito de cada casa. Una relectura efectuada hace cuatro o cinco años me resultó algo decepcionante, pero desde luego no pudo quitarme el estremecimiento púber que recorre mi piel cada vez que evoco aquel primer acercamiento a sus páginas. 

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¿QUIERES HACER EL FAVOR DE CALLARTE, POR FAVOR?, RAYMOND CARVER

Creo que conocí a Raymond Carver porque alguien me dijo que uno de mis poemas le recordaba a uno de los suyos. Seguramente movido por la curiosidad me acerqué a la biblioteca y busqué sus libros, descubriendo con sorpresa que casi todos eran de relatos cortos y no de poesía. Me llevé este, que tiene un título tan feo (en el original también se repite el please, no es que sea una mala traducción) y desde que leí la primera historia prácticamente no pude parar hasta terminarme sus seis o siete libros de relatos. Entonces me quedé huérfano de cuentista favorito hasta que el destino puso en mis manos un relato de Gonzalo Calcedo, del que hablaremos después, quien tiene una obra de más de veinte títulos que va engrosando casi cada año y que yo voy racionándome como provisiones en mitad del apocalipsis. 

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ECONOMÍA LIBERAL PARA NO ECONOMISTAS Y NO LIBERALES, XAVIER SALA I MARTÍ

Este seguramente sea el libro más controversial de la lista porque las cuestiones políticas y económicas generan una gran cantidad de polémica, ya que nos cuesta mucho aceptar que otras personas no piensen exactamente igual que nosotros. Yo, por mi parte, por ejemplo, discrepo enormemente con el autor en la cuestión catalana, pero no por ello voy a dejar de mencionar aquí su obra, ya que fue muy relevante en mi vida. A mí este libro me arrancó, muy a regañadientes, por cierto, del espectro ideológico izquierdista, y fue así porque me hizo entender que las personas de derechas no tienen por qué ser mala gente y que la economía no es un juego de suma cero. En fin, que me da igual si eres de izquierdas o de derechas, no te voy a juzgar por tus ideas (salvo que sean muy locas e impliquen genocidios, cosas con menores, etc.) pero seas como seas te recomiendo que leas libros que contradigan lo que piensas. Yo empecé a hacerlo con este y mi vida mejoró una barbaridad. 


SE BUSCA UNA MUJER, CHARLES BUKOWSKI

Este fue mi primer acercamiento a la obra de Bukowski. Su forma de escribir me gustó tantísimo que cometí el error de tratar de imitarla, algo que por fortuna logré corregir con el tiempo. Durante años estuve obsesionado con sus libros y hoy en día sigue siendo el autor del que más obras he leído (18) empatado con Miguel Delibes (y eso porque hice el TFM sobre el vallisoletano y tuve que meterme un porrón de sus novelas y ensayos). 


ESPERANDO AL ENEMIGO, GONZALO CALCEDO

Tal vez este libro no debería estar aquí y su lugar habría de ser ocupado por el volumen Noche de relatos 11, publicado por la cadena de hoteles NH, que es donde realmente descubrí de chiripa a Gonzalo Calcedo, gracias a una historia titulada Donde vivimos y que curiosamente es muy distinta al resto de su obra, pues contiene elementos sobrenaturales. Aquel increíble cuento de fantasmas y piscinas me fascinó sobre todo por lo mucho que me recordaba a Raymond Carver, del que como ya dije, había agotado toda su narrativa, sintiéndome en el desamparo literario más completo. Así pues, busqué algún libro de este palentino del que nunca había oído hablar y fui a dar con Esperando al enemigo, su primer volumen de cuentos publicado, el cual me encantó y terminó de atar mi existencia a la de este hombre para siempre. He de decir que no es ni mucho menos su mejor libro de entre los que he leído hasta la fecha (13 de 21) pues cuando lo escribió todavía poseía un estilo un poco parco y no había desarrollado toda la grandeza de su prosa actual, siendo muy superiores Las inglesas y Necios y ridículos. Querría dejar claro que en absoluto pretendo transmitir la idea de que Gonzalo Calcedo sea un imitador de Raymond Carver. De hecho, él admira mucho más John Cheever y es probable que sea deudor de este en mayor medida. Además, desde mi punto de vista, con el tiempo Gonzalo Calcedo ha ido desarrollando poco a poco un estilo original en el que lógicamente siguen notándose las influencias del cuento breve norteamericano pero donde resuena cada vez con más fuerza su propia voz de narrador extraordinario. 

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HIJO DE JESÚS, DENIS JOHNSON 

Este libro me dejó medio drogado durante semanas por la hipnótica fuerza poética de su prosa, hasta el punto de que, desde que lo leí, albergo la intención de escribir algo inspirado en él (vamos, tratando de imitarle sin cantearme demasiado). Lo cierto es que no recuerdo casi nada del contenido salvo que es un libro de relatos protagonizados por el mismo personaje, al que acompañamos por diferentes escenarios en los que lo real y lo fantástico se combinan con la facilidad de lo inevitable. En fin, no puedo decir mucho más porque casi no me acuerdo, pero si estás leyendo esto hazme caso, por favor, y hazte con esta joya.

HIJOS DE LA IRA, DÁMASO ALONSO

He aquí el único representante del género lírico en esta lista. Mi historia con Hijos de la ira es curiosa porque lo leí hace muchísimos años cuando estaba tratando de acercarme al mundo de los versos y recuerdo que no entendí absolutamente nada, pues mi cerebro estaba muy virgen y, mi léxico, muy despoblado. Sin embargo, volví a leerlo durante la carrera, cuando estudiábamos la literatura de los años cuarenta y, si hubiera que transcribir en una frase lo que sentí al leerlo, esta sería algo como «Dios mío qué es esta putísima maravilla». De hecho, los poemas que Dámaso Alonso plasmó en estas páginas desgarradoras me empujaron a escribir algunos poemas que yo plasmé en mi propio poemario, Lo peor. En mi poema Resurrección es donde se ve más clara la influencia. También le dediqué este artículo de extractos donde puedes apreciar un poco de su tenebrosa grandiosidad. 

29/12/23

Balance lector de 2023

Dos mil veintitrés ha entrado de lleno en el top cinco de los años más trascendentales de mi vida, junto a otros como mil novecientos ochenta y tres o dos mil dieciséis. Han sido doce meses que se han repartido en dos periodos muy diferentes y extremos. Hasta mediados de octubre, viví permanentemente con una inmensa nube de mierda encima de mi cabeza que descargaba y descargaba sobre mí sin ningún tipo de piedad; sin embargo, desde entonces hasta ahora las cosas han cambiado tanto que me siento como si estuviera en un sueño. Ahora bien, como este es un blog que trata, groso modo, de literatura, no voy a entrar a relatar peripecias personales relacionadas con la vida, la muerte o el amor, sino que me voy a centrar en lo que tenga más que ver con las bellas letras, en concreto, con mis lecturas, porque podría hablar también de proyectos y otras cuestiones, pero, bah, con las lecturas es suficiente. 

En 2023 he leído treinta y seis libros, que es bastante para lo que suele leer la gente, pero muy poco para los super lectores, una raza superior de seres humanos que descubrí el otro día y que me dejan totalmente en ridículo. Con respecto a mí, este año le he dado mucho a lo que llaman no ficción (20 libros), especialmente al desarrollo personal y a la teoría literaria. De la primera temática me resultaron altamente gratificantes Hábitos atómicos, Tus zonas erróneas o Invicto, y completamente decepcionantes Cómo hacer que te pasen cosas buenas y El sutil arte de que todo te importe una mierda; respecto al segundo ámbito, me pareció de gran interés y muy bien escrita la Teoría de la novela de García Viño y de amenísima y límpida lectura la Introducción a la literatura de Andrés Amorós, que debería ser obligatoria en la universidad. 

En cuanto a lo que podemos considerar literatura pura y dura, he leído, como es habitual en mí, poca poesía y poco teatro, aunque, eso sí, ¡qué poesía y qué teatro!: nada menos que las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, Platero y yo, de Juan Ramón y Luces de Bohemia, de Valle Inclán. Por otra parte, trece obras narrativas han pasado por mis manos, entre las que sobresale sin duda el delicioso ladrillaco Guerra y Paz, de chorrocientas mil páginas, seguido no muy de lejos por otro ladrillo bastante menor en tamaño, aunque muy disfrutable también, titulado La saga/fuga de JB, de Torrente Ballester. Los han acompañado obras como Aurora roja y Tormento, de los nunca decepcionantes Baroja y Galdós; Como Ánades, un librito de relatos lleno de pequeñas joyas literarias ambientadas en la pandemia escrito por mi escritor fetiche, Gonzalo Calcedo; y algunos hitos pendientes de la narrativa española del siglo XX como El fulgor y la sangre y Tiempo de silencio. Ah, joder, y las Ficciones de Borges, id todos ahora mismo a leer ese libro y después gozadlo buscando información sobre cada cuento. 

Las grandes decepciones en este campo han venido de la mano de tres mujeres, qué le vamos a hacer: Pájaros de América, de Loorie Moore, Al faro, de Virginia Wolf (nunca un libro tan breve se hizo tan interminable) y La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas, del que dos relatos me parecieron magistrales obras maestras y, el resto, muy, muy, muy normalitos. 

Querría hacer una breve mención a La noche, de Andrés Bosch, para mí, sin duda, el descubrimiento del año, una maravillosa novela desconocida (a pesar de que ganó el premio Planeta) de un genial escritor español cruelmente olvidado, ninguneado e infravalorado por la crítica y el público, salvo por mí y por el gran Manuel García Viño, quien consideró a Andrés Bosch como uno de los mejores novelistas españoles del siglo XX. Os invito a leer el artículo homenaje que dediqué a la novela y a su autor.

Poco más puedo decir sobre mi balance lector de 2023. Probablemente en el año que entra siga una tendencia similar. Caerán fijo, al menos, un libro de Baroja y otro de Galdós, así como dos o tres grandes clásicos de las literaturas de otras lenguas, como Los miserables, Grandes esperanzas, Madame Bovary, Ana Karenina o Los hermanos Karamazov. Me gustaría mucho leer Historia de una escalera, respecto al teatro y una antología de San juan de la Cruz en lo referente a poesía. Y sé que continuaré dándole mucha caña al desarrollo personal y espiritual, con varias obras que tengo descargadas como Padre rico, padre pobre, 12 reglas para la vida o No puedes lastimarme. En cualquier caso, tampoco quiero planificar demasiado esta cuestión porque al final uno acaba abriendo las páginas del libro que más le hace remover los entresijos del alma. 

¡Feliz 2024!

8/12/23

Aprovecha el tiempo, pues los años vuelan y algún día morirás - Pólvora en salvas XV

Me encantan las locuciones latinas porque son breves, suenan bien y suelen encerrar grandes cantidades de sabiduría. Entre mis favoritas, hay tres que hacen referencia al transcurso del tiempo y que vienen a transmitir casi la misma idea. Son carpe diem, tempus fugit y memento mori. De hecho, sus significados pueden combinarse en una sola sentencia más extensa y poderosa y que he utilizado para titular este artículo: APROVECHA EL TIEMPO, PUES LOS AÑOS VUELAN Y ALGÚN DÍA MORIRÁS.

Aquellos que estamos interesados en el amplio mundo del desarrollo personal somos conscientes de lo importante que puede ser aprovechar nuestros días al máximo. Hay tantos libros que leer, tantas disciplinas que probar, tantas cosas que aprender, tantos sitios que visitar, tantas personas que conocer, tantos momentos que compartir… Sin embargo, ahí está nuestro tiempo, una cantidad que no solo no puede crecer, sino que se reduce día a día, minuto a minuto, y de la que ni siquiera podemos conocer su medida, pues la fecha de nuestro final constituye un enigma, por desgracia o por fortuna, irresoluble. 

Así pues, lo único que nos queda a este respecto es, por un lado, dejar de desperdiciar nuestro tiempo como si fuera algo infinito y, por otro, tratar de aprovecharlo para llevar a cabo durante su transcurso el mayor número posible de actividades que aporten valor a nuestras vidas. Un modo muy interesante de poner esto en práctica sería hacer varias cosas a la vez. No estoy hablando de la multitarea, que, al parecer, se ha demostrado que es imposible. Hablo de realizar al mismo tiempo una actividad que demande tu atención y otra que no lo haga, o, que al menos, no lo haga en gran medida. 

A lo largo de mis años transitando los caminos del desarrollo personal, he ido a dar con varias combinaciones de este tipo y hoy quiero compartir con vosotros las tres que considero más útiles e interesantes.

1) Lee mientras descansas en el gimnasio

Leer es uno de los mejores hábitos que podemos implementar en nuestra vida. Te entretiene, reduce el estrés y mejora tu vocabulario, tu ortografía, tus habilidades expresivas, tu imaginación y tu nivel cultural,
por citar solo algunas ventajas. Los que somos auténticos yonquis de la lectura lamentamos no disponer de más tiempo para adentrarnos entre las páginas de la inmensa lista de libros que tenemos pendientes, pero lo cierto es que podríamos leer mucho más si aprovecháramos los ratos muertos que nos ofrece nuestra cotidianidad

En este sentido, constituye todo un clásico leer en el transporte público, pero yo quería ser un poco más original, por lo que mi propuesta consiste en aprovechar los descansos entre series en el gimnasio. Por lo general, estos parones se prolongan durante un minuto y medio, dos o incluso tres minutos en determinadas rutinas. La mayoría de la gente los gasta en revisar las redes sociales, charlar o dar vueltas mirando a las musarañas. Si tomamos la determinación de invertir ese tiempo en lectura, la cantidad de libros que leemos al año puede incrementarse significativamente. 

Veámoslo con el ejemplo de una persona que vaya al gimnasio tres veces a la semana y que realice en cada sesión siete ejercicios de cuatro series. Redondeando a la baja, esto daría unos 25 minutos de descanso por sesión, lo que serían 75 minutos a la semana, o unas 65 horas al año. ¿Cuántos libros se pueden leer en ese tiempo? Pues la nada desdeñable cantidad de 6 o 7 libros de 200 páginas (en realidad pueden ser unos cuantos más). 

Creo que la posibilidad de leer varios libros más al año casi sin esfuerzo y sin la sensación de tenerle que dedicar tiempo resulta más que tentadora. Mi recomendación es hacerlo utilizando un Kindle. Es verdad que podemos leer libros en papel, pero resulta mucho más incómodo, no solo por el hecho de que el libro electrónico es más manejable, sino porque te evita estar buscando por dónde te quedaste la última vez cuando empiezas un nuevo descanso. En el Kindle esto se soluciona poniendo la letra bastante grande, lo que facilita enormemente encontrar el punto donde pausaste la lectura. 

2) Aprende idiomas mientras te arreglas

Creo que resulta ocioso relatar las ventajas que tiene hoy en día el aprendizaje de una segunda o tercera lengua. Por otra parte, tampoco pretendo atribuirme la idea de escuchar algo mientras te duchas y te preparas para ir a clase o al trabajo. Mi propuesta se concretiza en aprovechar, mientras realizas esas tareas (que no requieren casi atención, al encontrarse altamente automatizadas), para mejorar tu listening. Es decir, en vez de ducharte, afeitarte, preparar el desayuno y todo lo demás al ritmo de Los 40 Classic, invierte ese tiempo en escuchar podcast en inglés (o en la lengua que estés aprendiendo). Si lo haces casi todos los días, podríamos estar hablando fácilmente de más de 150 horas al año dedicadas a aprender un idioma, lo cual puede marcar una gran diferencia en esta cuestión. 

Si controlas bastante, podrás encontrar una amplia oferta en Internet. Es recomendable que los programas que elijas traten sobre temas que te interesen, pues así tu cerebro se esforzará más en entender el mensaje y tenderás menos a desconectar. Sin embargo, si no tienes demasiado nivel, puede resultar difícil encontrar algo que merezca la pena, pues lo ideal con el listening es que lo que escuchas solo esté un poco por encima de tu nivel actual, de forma que puedas entender una gran parte del mensaje. Si no logras comprender más de la mitad de lo que se dice, en la práctica será como estar escuchando ruido blanco. 

Por todo ello, quiero recomendaros que os habituéis a un podcast que me acompaña desde hace muchos meses y que es una auténtica maravilla. Se llama Listening Time y en él su creador habla en cada capítulo sobre un tema, los cuales suelen ser casi siempre interesantes y de lo más variado (algunos ejemplos son: los sueños, el cine, la inteligencia artificial, el día de la madre, la comida basura, los deportes extremos, el patriotismo, la lectura, la antigua Grecia…), con la particularidad de que se expresa de un modo un poco más claro y un poco más lento de lo que lo haría en una conversación normal. Este tipo de input comprensible es el entrenamiento perfecto para empezar a entender otro tipo de materiales audiovisuales que, por ahora se encuentran, fuera de nuestro alcance, algo que puede cambiar poco a poco sin que te des cuenta. 

3) Transcribe tu diario mientras caminas 

Los paseos suponen otra gran oportunidad para aprovechar el tiempo, tanto si caminas ex profeso (otra maravillosa locución latina) como si lo haces porque no te queda otra. Son varias las actividades combinables con las caminatas (escuchar música, escuchar podcast, reflexionar, buscar ideas creativas, incluso leer), pero la que yo propongo es la elaboración de un diario utilizando una app de transcripción. 

Llevar mi diario se ha convertido para mí en una actividad absolutamente irrenunciable y, aunque hacerlo posee múltiples ventajas, considero que la principal es su utilidad como almacén de ideas y de recuerdos. Es una verdadera lástima la cantidad de experiencias y pensamientos que vamos olvidando día tras día y, al mismo tiempo, si no lo has experimentado, no te imaginas lo satisfactorio que resulta leer los detalles de lo que hiciste un día cualquiera de hace unos años o incluso unos meses. Además, he comprobado por mí mismo que solo conservamos una parte de algunos recuerdos, mientras que olvidamos otras. Por ejemplo, yo recordaba perfectamente que tuve un incidente con mi vecino hace justo un año, pero había olvidado por completo hasta que lo leí ayer, que aquella noche me la pasé soñando con lo que me había ocurrido y despertándome en medio de la oscuridad sin estar seguro de si el suceso había tenido lugar en la realidad o no. 

A pesar de todos estos pros, escribir nuestro diario puede llevarnos bastante tiempo, lo cual podría hacernos desistir. Gracias a la transcripción, podremos registrar las cosas que hacemos cada día, las ideas que tenemos o cómo nos sentimos sin ningún esfuerzo. Después podemos copiar el texto, pasarlo a la app de Word, ponerle la fecha como título y que quede almacenado en la nube, constituyendo una especie de disco duro externo maravilloso para nuestra memoria. 

Espero de corazón que estas tres propuestas os hayan resultado interesantes y que os apetezca implementarlas en vuestras vidas. Recordad que, incluso aunque no las sigáis siempre, aunque no leáis en todos los descansos ni hagáis listening en todas vuestras duchas ni transcribáis vuestras cavilaciones en todos vuestros paseos, aunque solo lo hagáis algunas veces, siempre valdrá la pena el esfuerzo, pues cada minuto que logremos rescatar de cualquier rato muerto supondrá, en cierto modo, aumentar nuestro tiempo de vida. 


30/7/23

Desesperación

—¡Soy un velocirráptor! ¿Por qué nadie me cree?— gritó en mitad de la noche ante el cadáver caliente que se disponía a devorar.

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes descargar una muestra gratuita pinchando en este enlace.