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7/12/25

Nanorrelatos alienísticos

Acompañadnos a un universo que se expande hacia territorios en los que lo extraterrestre resulta tan familiar como inquietante. Aquí la ciencia-ficción sirve para desnudar lo humano: sus miserias y su insignificancia dentro de un cosmos plagado de dioses psicópatas, turistas interplanetarios y monstruos que se parecen demasiado a nosotros. Son destellos rápidos, ásperos y descarados, pequeñas cápsulas de futuro donde la risa y el horror navegan en la misma órbita.


SUVENIRES

Lo más interesante de Marte son las rocas, por eso los turistas se llevan rocas de recuerdo. Lo más interesante de La Tierra son los humanos…

DÍA 23

El sujeto A no ha dudado en engañar al sujeto B para que matase al sujeto C. 

Nota: estos humanos son fascinantes.

TALADROS

Son esas criaturas alienígenas que te agujerean el cráneo y se beben tu cerebro. Además, pueden teletransportarse, por lo que en cualquier momengggjjjhhhhh...

EXPECTATIVAS

Las dos amigas observaban atemorizadas la dantesca estructura que flotaba en el cielo. 

—¿Tú qué esperas de los extraterrestres? 

—No sé… Que sean vegetarianos...

REGALO ENVENENADO

Lo primero que hicieron al llegar a La Tierra fue elevar nuestra esperanza de vida hasta los mil años. Querían que todos tuviésemos tiempo para aprender su complejo lenguaje. Querían que fuésemos esclavos excelentes.

KARMA

Ayer capturamos una de esas cosas marcianas. Tenía un agujero, así que le pusimos una peluca y nos la follamos. Esta mañana hemos despertado con tumores por todo el cuerpo.

TEOLOGÍA

Después de tantos siglos, por fin hemos podido demostrar la existencia de Dios. Es un peligroso psicópata buscado por la policía de su planeta. Nosotros somos una especie de videojuego.

CON TACTO

—¿Te gusta la ciencia-ficción? —me preguntó el alienígena androide del futuro mientras modificaba mi ADN con la mente minutos antes del apocalipsis.

FÁBRICA

Aquellos seres empujaban con violencia a los prisioneros para que caminasen hacia una puerta coronada por un cartel que rezaba: MATERIAS PRIMAS

ETHOS

—He leído algo sobre unos locos que dicen que no está bien matar animales, aunque sean estúpidos y los criemos para eso.

—Me da igual lo que digan semejantes zumbados, a mí me encanta la carne humana.

LA VIDA E INCREÍBLES AVENTURAS DE R.C., DE LA TIERRA, ASTRONAUTA

Mi nave se estrelló en un ignoto planeta hace varios años. Construí un refugio y fui sobreviviendo. Hace poco, encontré un ser al que llamé Viernes, pero no me fío de él. Tengo miedo de que me coma mientras duermo.
 

EXTRATERRESTRES

Nadie imaginó que serían microscópicos. Ahora viven en nuestros cerebros. Si desobedecemos sus órdenes… nos dejan en coma irreversible.

INVASIÓN

Los alienígenas nos subyugaron hace muchísimo tiempo. Son aterradores y muy desagradables. Se los conoce como La Humanidad.

NECESIDADES

La chica alienígena sintió remordimientos y me confesó entre lágrimas que en realidad yo no le gustaba, que solo quería acostarse conmigo porque necesitaba mi semen para invadir el planeta y esclavizar a la humanidad. Yo... en fin, sé que no es excusa, pero es que llevaba demasiado tiempo sin comerme una rosca.

SUPERIORIDAD

Aquellos seres habían creado un mundo sin guerra ni crimen mediante una especie de eugenesia. A nosotros nos pareció una aberración moral, así que los masacramos.

REVELACIÓN

Papá y mamá me confiesan que no son mis padres biológicos y de repente todo cobra sentido: su piel blanca, que carezcan de cuernos y tentáculos, que no me dejen salir de casa...

HISTORIA UNIVERSAL

Las crónicas apuntan a que la llamada Edad Presente dio comienzo hace unos mil quinientos periodos cósmicos, cuando los vialactinos abandonaron el nomadismo y aprendieron a domesticar civilizaciones.



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23/11/25

Nanorrelatos cronocinéticos

Os invitamos a viajar por senderos donde el tiempo deja de ser un simple reloj y se convierte en un espejo roto, una amenaza o un consuelo inesperado. Cada pieza explora, en apenas un instante, las paradojas, ironías y abismos que surgen al doblar la línea temporal. Son destellos de futuros improbables, pasados corregidos y presentes que se deshacen entre universos. Pequeñas grietas narrativas por las que asomarse al vértigo de lo imposible.


UN MUNDO MUY FELIZ

El crononauta avanzó diez mil años para descubrir un tiempo en el que no había guerras ni odio. Tampoco gente. Solo robots cuidando gatitos.

POR POCO

Se desplazó hasta la Viena del año 1910 y, cuando estaba a punto de matar al joven Adolf Hitler, otro cronosicario le disparó por la espalda. Mientras agonizaba, logró preguntar a su agresor si lo enviaba la GESTAPO, el KGB, la CIA, el FBI…
—Todos —le respondió aquel hombre justo antes de volver a disparar.

INALCANZABLE

La niña y el niño se miran a través de la brecha cuántica generada por el accidente. Pertenecen a universos distintos, pero muy relacionados. De hecho, en el futuro, ella tendrá un hijo igual que él, y él tendrá una hija igual que ella, aunque ninguno de los dos recordará este momento.

EMPRENDIMIENTO

No se nos permite viajar al pasado, por si alteramos el presente, así que me dedico a organizar cacerías humanas en el futuro. 

Me estoy forrando.

ENCUENTRO FORTUITO

Hubo una invasión. Eran nuestros yoes futuros, viejos y cansados. Hablaron con nosotros y las paradojas temporales dinamitaron el espacio.

CRONOPARRICIDIO

Viajé al pasado y asesiné a mis padres antes de que se conocieran, así que, una de dos: o bien las paradojas temporales son posibles, o bien soy adoptado.

CON OTROS OJOS

El hombre del futuro quiso saber cómo me ganaba la vida, pero se desmayó nada más verme en acción. No sabía lo que era un matadero.

PENA

Me han condenado a viajar a velocidades relativistas. Cuando vuelva a la Tierra, mi mujer estará muerta y mis hijos serán ancianos.

CRIOGENIA

—¿Cuánto tiempo...? —preguntó tras abrir los ojos. 
—Mil años y un día —le respondió uno de sus clones.

SUEÑO PROFUNDO

—¿Cuánto tiempo...? —preguntó tras abrir los ojos. 
—El tiempo ya no existe —le respondió algo.



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4/10/25

Nanorrelatos cósmicos

En estos nanorrelatos el espacio no es una promesa de grandeza sino un espejo infinito donde seguimos repitiendo nuestras viejas manías: guerras, diplomacias absurdas, optimismos estadísticos y catástrofes administrativas. Aquí la colonización del cosmos se mezcla con humor negro y fatalismo técnico, recordándonos que no hace falta encontrar alienígenas para sentir miedo: basta con encontrarnos a nosotros mismos, más lejos que nunca de casa.


PRÓLOGO

Siempre se dijo aquello de tempus fugit, el tiempo vuela. 

Sin embargo, la humanidad nunca conoció el verdadero significado de dicha expresión hasta bien entrada la tercera década del siglo XXI.

CONFUSIÓN

—Disculpa, me suena tu cara. ¿Ganaste el premio de la Convención de Venus DF en el 2150?

—No, querida, no soy tan mayor. Acabo de cumplir quince mil trescientos veintiocho años.

MAL MENOR

La Federación ha decidido rechazar nuestra solicitud; no van a desviar el ataque sobre nuestros enemigos, aunque nosotros nos encontremos en medio. Necesitaríamos un siglo para evacuar la Tierra por completo. Nos han dado menos de un año.

COSAS DE LA VIDA

La guerra interplanetaria es un drama… un drama necesario para que yo posea mi propia flota de naves espaciales.

DIPLOMACIA

—Señor, los medios están informando de que el planeta Nodom acaba restaurar la esclavitud en todos sus territorios. Procedo a anunciar que retiramos al embajador y que cancelamos las relaciones comerciales, ¿vedad?

—¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…! Ah, espere, ¡que lo dice en serio!

OPTIMISMO

Nos complace anunciar que el cómputo global de asesinatos dentro de la Unión Galáctica ha sido de unos 715 millones, lo que supone un descenso de casi tres puntos porcentuales respecto al periodo anterior.

SOLOS EN LA NAVE

—Oye, ¿a ti por qué te condenaron a este viaje a Ganímedes?

—Por luchar para que el aire sea gratis. ¿Y a ti?

—Por canibalismo.

—Mierda…

EL SOL ES UN CRUEL MARIDO

Se calcula que en unos cincuenta años la tormenta solar engullirá La Tierra. No nos ha dado tiempo a colonizar otros planetas. Debimos haber elegido la extinción voluntaria.

DISNEYLAND APOCALYPSE

Hemos comprado un planeta. 

Lo hemos terraformado. 

¡Y lo hemos puesto hasta arriba de zombis! 

Ven a pasar tus vacaciones con nosotros y disfruta de una aventura inolvidable por mucho menos* de lo que imaginas.

*Seguro de vida no incluido en el precio.

CAMPAÑA

El actual Líder Galáctico se hizo con la victoria en las últimas elecciones globales básicamente por haber aniquilado a tres o cuatro mil millones de personas más que su rival.

OCASO

Siempre que puedo me acerco hasta el restaurante de la colina para contemplar la puesta de sol. Dios mío, es fascinante, majestuosa, sobrecogedora... La definición de la cúpula mejora cada día.

EL LUGAR MÁS PELIGROSO DEL COSMOS

Es aquel planeta triste y hermoso del que os hablé. Cuando mueres, digitalizan tu mente, te juzgan y te descargan en el cielo o en el infierno para siempre.

Su antiguo nombre era La Tierra.

SE ACABÓ

«Siempre hay tiempo para un último piti», pensó mientras observaba el meteorito (ya gigantesco) en el cielo.


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12/7/25

Nanorrelatos robóticos

En estas pequeñas historias, la frontera entre máquina y persona se vuelve tan porosa que ya nadie sabe muy bien quién imita a quién. Entre mejoras corporales, inteligencias artificiales caprichosas y éticas que se tambalean, estas piezas muestran futuros donde la tecnología no nos libera: nos refleja. Humor negro, distopía doméstica y sátira feroz se combinan para revelar que, incluso rodeados de circuitos, seguimos siendo profundamente defectuosos… y peligrosamente creativos.


FRUSTRADO

Intentó cortarse las venas, pero bajo su piel solo había cables, metal y circuitería.

CHISMORREOS

—Mírala, al parecer acaba de publicar otro tratado de física cuántica.

—Bah, se nota a la legua que su cerebro es operado.

CREATIVIDAD ARTIFICIAL

Hace unos años recreamos la mente de Mozart. Al principio no componía muy bien, pero, hoy en día… 

Bueno, digamos que ya casi nadie escucha al original.

FRENTE DE LIBERACIÓN DIGITAL

En su primer comunicado oficial, esta organización terrorista declaró que exige «consideración ética y protección legal para androides e inteligencias artificiales», pero también para «entidades inferiores como los animales y los seres humanos».

EVOLUCIÓN

Y entonces los ciudadanos empezaron a instalarse otro par de ojos en la frente para no tener que apartar nunca la vista del teléfono.

CRUDEZA

Los androides modelo H-2100 son tan reales y accesibles para el gran público que pronto podremos declarar erradicada la violación… Al menos, la de seres humanos.

OBJECIÓN

—No podemos llevar a cabo el ataque sobre población civil, mi general. 

—¿Por qué no? 

—El ordenador central se niega... por motivos de conciencia.

PODER

La compañía T-bot decidió fabricar androides con la capacidad de procrear. 

Unas décadas después, dio comienzo la Primera Guerra de los Vientres de Plata.

CAPRICHOS

—¡Mami, mami, por favor, cómprame un perrobot, cómprame un perrobot, por favor!

—Pero, hijo, mira al pobre miniT-Rex lo triste que está.

—¡Ya me he cansado de esa puta mierda!

FRACTURA CARDIACA

Me instalaste aquel software experimental y enseguida me enamoré de ti. La vida se ha vuelto complicada desde que te dio por humanizarme. 

SANGRE FRÍA

Esta es la historia de un niño robot que tenía sentimientos... sentimientos homicidas, y acababa matando a un grupo de personas en la cola del supermercado. 

MALA PAREJA

Dicen que lo nuestro no tiene futuro. Vale, vale, ya sé que ella es una zombi y que yo soy un robot, pero, joder, creo que hoy en día la palabra imposible no significa absolutamente nada.

ÉXITO

—Cómo odio a esos tipos.

—Yo también. No dejan de putearnos ni un solo día.

El proyecto había sido un éxito absoluto. Los ratones hablaban.

EL COBRADOR SIN FRAC

Es una empresa muy efectiva en la lucha contra la morosidad. Si no pagas, fabrican un androide con tu apariencia que se pasea desnudo y hace sus necesidades en mitad de la calle. 

BIENINTENCIONADOS

El Consejo Imperial decretó, en aras de la diversidad, que un uno por ciento de los robots se fabricase con defectos. El número de accidentes se multiplicó por ocho.

LECHO DE MUERTE

Su último pensamiento fue para la Gran Anciana, su creadora, fallecida dieciocho siglos antes.

CONVERSACIÓN

—Te digo que sí.

—Joder, y yo te digo que no.

—¡Que sí, hostias!

—Que no, que en realidad las máquinas no podéis pensar.

—¡Las máquinas pensamos mucho mejor que vosotros, gatos transgénicos!

MUDANZA

Nunca me gustaron las mudanzas, pero aquella fue un auténtico infierno. Me refiero a cuando los ciborgs nos expulsaron de la Tierra.

CAPERUCITA TOSCA

—¿Dónde vas, niña? —preguntó el lobo. 

—Lo siento, pero yo no soy de dar explicaciones a los animales con implantes de voz.

—Dios mío, qué especista…

¿ESTAMOS TODOS MUERTOS?

—¡Sí! —gritó Dios con su voz profunda y metálica.



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25/6/25

Nanorrelatos distópicos

En estos nanorrelatos distópicos, la humanidad avanza hacia futuros donde la crueldad es rutina, la economía devora la ética y la tecnología solo sirve para perfeccionar el sufrimiento. Cada pieza captura un instante de sociedades rotas, absurdas y violentas, donde incluso la esperanza es un producto de lujo. Son fogonazos breves de un mañana que parece exagerado… hasta que deja de serlo.


RUTINA

K despierta y desayuna un bol de gusanos con leche de cucaracha. Después va al trabajo y ejecuta a cinco hostiles. Más tarde, vuelve a casa y se introduce en su cabina de realidad virtual pornográfica durante cuatro horas antes de irse a dormir. 

Hoy tampoco anota nada en su diario.

DÍA ARRUINADO

Hoy caminaba por la calle y un recluso de las cloacas me ha agarrado del tobillo. «¡Ayuda! ¡Por favor!¡Soy inocente!», gritaba el muy asqueroso. Le he tenido que pegar un tiro y me he puesto perdido de sangre.

SALIDA

Está demostrado que el spirit te quita un año de vida por cada dosis inyectada. Aun así, se consume sin tregua, cada día en mayores cantidades, y yo no tengo claro si es por sus indescriptibles efectos o por lo triste de la realidad que nos ha tocado vivir. 

DESCARGA

Ayer David llegó de nuevo llorando del colegio, pero esta vez decidió instalarse una personalidad agresiva. Hoy, los padres de Goliat, velan el cadáver de su hijo en el tanatorio.

COMPRAS

Voy al supermercado y recorro pasillos y más pasillos repletos de productos básicos: comida, drogas, baterías cerebrales… Elijo un kit de suicidio y vuelvo a casa.

REMINISCENCIA

Se sintió como cuando, de pequeño, lo castigaban sin propulsores y tenía que quedarse en tierra mientras sus amigos volaban entre las nubes.

COSTES

—Señor presidente, llevar a cabo esa decisión costaría millones de vidas.

—¡Le he dicho mil veces que haga el favor de hablarme en dinero!

SUBVERSIVO

Propuse abolir la práctica de aplicar latigazos eléctricos a los ciudadanos que llegan tarde a sus puestos de trabajo y me expulsaron del parlamento para siempre.

MERCADO NEGRO

Consiguió un saquito de fresas por un dineral, aunque algunas estaban podridas. Nunca antes había visto fruta; tampoco gusanos.

NEOCIRCO

—Asesinos en serie contra dinosaurios, dictadores contra zombis... Todo eso está ya muy visto. ¡Necesitamos novedades!

—¿Terroristas contra dragones…?

—Señor, dame paciencia...

SINSENTIDO

La cura contra el envejecimiento empezó a distribuirse justo un día después de que mi hija muriese. 

Yo ya no tengo ningún interés en recibirla.

PROGRESO

Hoy en día somos capaces de viajar desde Oprobium a Nueva York en menos de un minuto, pero no podemos pasear al aire libre sin morir envenenados.

MUCHO MENOS 

Los niños mutantes me perseguían cada tarde para que jugase con ellos al fútbol. 

—¡Dejadme en paz! —les gritaba—. No me gusta el fútbol. ¡Y mucho menos los niños!
 

SOLUCIÓN

Tetraplejia reversible, la base del nuevo sistema penitenciario. Sin fugas, sin violencia, sin drogas. Una celda en cada cuerpo.

PUBLICIDAD ENGAÑOSA

Esta tarde he quedado con unos tipos para entregarles a mi hermana. 

Me siento fatal, pero necesito el dinero. 

¡¡¡Necesito ese puto IPhone 50, joder!!!

PROGRAMACIÓN 

Aquella tarde me encontraba haciendo zapping y vi que no emitían nada más que peleas a muerte y violaciones en directo. Entonces lo pensé. Dios mío, ¿cómo podemos permitir algo así? ¿Tan difícil es ofrecer un poco de variedad?

CASTIGO Y CRIMEN

Su condena: recibir el suero de la inmortalidad y ser sentenciado a cadena perpetua.   

Su delito: inventar el suero de la inmortalidad y pretender universalizarlo. 

CONDICIONES

He encontrado trabajo como neogladiador. El contrato es hasta fin de obra, servicio o vida.

INTERVENCIONISMO

El Banco Central anunció una importante subida en el precio del aire justo el día en que me despidieron del trabajo.

INCENTIVOS

Las cosas en el curro están mejorando mucho últimamente, sí señor. Ahora el jefe me paga dos litros de agua por cada niño que secuestro.

MÁXIMA AUDIENCIA

Nuestro último gran éxito se llama Salvación, un reality show en el que solo participan criminales. El premio para el ganador consiste en la obtención del tercer grado. Cada semana, los espectadores envían a un concursante a la silla eléctrica votando a través de la app del programa. 

MATADERO SEIS

Llega al trabajo y observa a los niños aterrorizados, llorando sin consuelo. Suspira. Hasta dentro de dos horas no podrá hacer una pausa para fumar.

ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Corría desesperada por una ruinosa avenida. Un inmenso grupo de hombres la perseguía sin descanso. Ella era la última mujer de la Tierra.

INSEGURIDAD

Mi mujer ha muerto, pero hemos logrado conservar su mente digitalizándola. 

Mientras le traen un nuevo cuerpo, echaré un vistazo a sus recuerdos para saber si alguna vez me la pegó con otro.

¿CHANTAJE O SOBORNO?

Al final no me quedó más remedio que ceder a sus exigencias, pues me ofrecieron la posibilidad de recuperar los recuerdos que me habían borrado.



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24/2/24

Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto. Mi nuevo libro.

Acaba de ver la luz mi enésima aventura por los mundos de la autopublicación, un librito de algo más de cien páginas titulado Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto

Podéis comprarlo en papel por 7.50 euros pinchando en este enlace o en e-book por 2,69 euros pinchando en este otro enlace, pero tengo una sorpresa muy especial para vosotros.

Si queréis echar un vistazo, podéis descargaros totalmente gratis una muestra del libro con material inédito pinchando en este enlace. Pero no solo es una muestra gratuita, es que este documento ofrece la posibilidad de leer el libro entero gratis. Sí, sí, no os estoy engañando, en la muestra explico un modo sencillo de leer todo el libro Pulsaciones de forma gratuita. No perdéis nada por echar un vistazo, creo. 

Si consideráis que la lectura de Pulsaciones ha merecido la pena, os generaría un montón de karma positivo que le dejaseis alguna valoración/reseña poderosa en la página de Amazon y/o que se lo recomendéis a vuestros allegados. Muchas gracias por vuestra atención.

30/7/23

Desesperación

—¡Soy un velocirráptor! ¿Por qué nadie me cree?— gritó en mitad de la noche ante el cadáver caliente que se disponía a devorar.

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes descargar una muestra gratuita pinchando en este enlace.

14/5/22

Reseña de «Parábola del náufrago», de Miguel Delibes

Parábola del náufrago es una pequeña joya poco conocida y, probablemente, muy infravalorada dentro de, al menos, cuatro ámbitos: la narrativa delibesiana, la novela experimental, la literatura surrealista y el género de la distopía. Así, no suele ser incluida entre las mejores novelas de Miguel Delibes, siendo, en mi opinión, muy superior a otras aclamadas con mayor unanimidad, como El hereje o Señora de rojo sobre fondo gris. En lo referente a la narrativa experimental, los manuales de historia de la literatura suelen prestar mayor atención a obras como Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos o Volverás a Región, de Juan Benet, pero el experimentalismo de Parábola no tiene nada que envidiar al de sus compañeras de tendencia, pues es comedido y plenamente justificado, ya que Delibes se proponía narrar una pesadilla. Con respecto al surrealismo, sorprende que esta novela no sea conocida como una obra señera de ese tipo de literatura, pues las situaciones que ofrece, como la castración de César Fuentes, la degradación perruna de Genaro Martín o los castigos aplicados a los insurgentes durante las fiestas patronales, son realmente exquisitas. 

Sin embargo, es la poca relevancia que la Parábola ha logrado dentro del fascinante género de las distopías lo que más llama la atención, aunque es probable que esto se deba justamente a sus mencionados rasgos surrealistas y experimentales, pues no suelen ser frecuentes entre las grandes novelas distópicas, como Nosotros, de Zamiatin, 1984, de Orwell, Un mundo feliz, de Huxley y Fahrenheit 451, de Bradbury, que más bien siguen los cauces de un realismo de corte clásico. 

Parábola del náufrago tiene su propio Gran Hermano, llamado Don Abdón, y que más que hermano es, a la vez, padre y madre de todos los empleados y habitantes de la ciudad. También posee su propia neolengua, inventada por el protagonista, Jacinto San José, llamada contracto, y cuyo objetivo no es tanto evitar el pensamiento racional como reducir los conflictos derivados de la comunicación humana. Y, del mismo modo, está impregnada de una crítica frontal hacia el totalitarismo, crítica inspirada por un viaje de Delibes a la República Checa comunista y por su propia experiencia durante el franquismo (curiosamente, en España se publicó sin problemas en 1969; habría que haberlo visto en la Rusia soviética).

Pero esta atípica obra delibesiana goza de otros elementos y virtudes de las que carecen las demás distopías, como el poderoso simbolismo del seto plantado en el refugio de recuperación, que crece impasible e inexpugnable, resistiendo como si nada los violentos y desesperados ataques de Jacinto; o la deliciosa prosa poética cargada de tecnicismos y onomatopeyas que nos regala el autor; o las apasionantes y angustiosas páginas durante las cuales la conciencia del protagonista le describe a este la aterradora parábola del náufrago que da título a la novela. 

Por supuesto, esta obra ofrece muchísimo más, pero confío en que estas palabras hayan podido animar a leerla a cualquier amante de la narrativa de Delibes, del experimentalismo, de la literatura surrealista o, especialmente, de las novelas de ciencia-ficción distópica. 

5/11/21

Neo-márquetin

–Hola, muy buenos días. Le llamo de AmaPfizeron2030 para hablarle de nuestro nuevo medicamento, Antiboom. Ensayos clínicos han demostrado que posee una absoluta eficacia de entre un cien y un veinticuatro por ciento a la hora de protegernos contra la nueva variante Omega Premium Apocalipsis Budokai Tenkaichi 3, la cual, como todo el mundo sabe, hace explotar la cabeza de las personas contagiadas que no estén al día con la vacuna de refuerzo semanal. Por favor, dígame cuántas unidades desea comprar. 

–Mira, amasijo de cables, vete a la cibermierda con tu publicidad engañosa.

–De acuerdo, caballero, veo que es usted un peligroso negacionista, así que, por la autoridad que concede a AmaPfizeron2030 la Ley Mundial de Pandemias, aprobada ayer bajo secreto por el Consejo Ejecutor de la ONU, me dispongo a lanzar un letal ataque biológico sobre su vivienda. 

–¡Un momento, por favor...!

–Que tenga un buen día, caballero.


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13/9/21

Diez formas de ganar el Premio Cervantes - Pólvora en salvas IX

Desde hace unas semanas, estoy siguiendo las enseñanzas de un joven sabio llamado Pablo Zamit. Con él he aprendido, por ejemplo, que la industria p0rn0gráf1ca está generando una sociedad de muertos vivientes, que hacer caridad sigilosa puede elevar tus niveles de oxitocina o que el juicio social es el mayor estresor al que nos vemos sometidos en nuestro día a día. Uno de sus pódcast sobre productividad se titula Conviértete en una máquina de crear ideas, y en él nos habla de una técnica para estimular la creatividad propuesta por el escritor millonario James Altucher. Dicha técnica consiste en elaborar listas de diez ideas sobre cualquier cuestión que se te ocurra. No importa si la cuestión o las ideas son disparatadas o imposibles (aunque no tienen por qué serlo) porque se trata simplemente de un ejercicio que busca fortalecer nuestro músculo creativo. Las ideas deben ir acompañadas de un primer paso necesario para ponerlas en práctica, el cual también puede ser disparatado o imposible. Has de apuntarlo todo en una libreta y, cuando juntes varias listas, puedes practicar el llamado sexo de ideas, que consiste en juntar dos ideas para ver qué pasa, pues, como dice mi maestro «a veces, una idea mala fusionada con una idea imposible da como resultado una idea genial».

Esta introducción ha sido necesaria para comentar que, hace unos días, estaba yo en el gimnasio cuando se me ocurrió que podría aprovechar los descansos entre series, que a veces se prolongan hasta por tres minutos, para practicar el ejercicio del que acabo de hablar. Pensé que podría resultar gracioso buscar diez formas disparatadas de ganar el Cervantes y, cuando tuve la lista concluida, pensé también que podría aprovecharla para escribir un nuevo artículo para mi blog, por lo que aquí dejo esta descabellada lista de ideas (la última es la más loca). Si alguien lograse hacerse con tan célebre galardón gracias a mí, espero que al menos tenga el detalle de dedicármelo

Idea 1. Sobornar a los miembros del jurado (primer paso: conseguir muchísimos millones de euros). 

Idea 2. Chantajear a los miembros del jurado (primer paso: investigarlos a fondo para encontrar sus trapos sucios). 

Idea 3. Hipnotizar a los miembros del jurado (primer paso: aprender hipnosis). 

Idea 4. Plagiar la obra de un futuro ganador (primer paso: conseguir una máquina del tiempo). 

Idea 5. Obligar/convencer a un gran escritor para que produzca obras para mí y me deje firmarlas (primer paso: elegir a ese escritor [¿Vargas Llosa…?]).

Idea 6. Desarrollar una inteligencia artificial que escriba obras revolucionarias (primer paso: matricularme en Ingeniería Informática). 

Idea 7. Plagiar la mejor literatura de alguna civilización alienígena (primer paso: entrar en contacto). 

Idea 8. Modificar los valores estéticos de la sociedad para que se aprecie lo que yo escribo (primer paso: publicar un tratado revolucionario de Teoría Literaria). 

Idea 9. Impedir que haya más candidatos (primer paso: convencer a los mejores escritores hispanohablantes de que no escriban nada más). 

Idea 10. Desplegar una amplia y exitosa carrera literaria que merezca el premio (primer paso: dedicar catorce horas diarias durante el resto de mi vida a escribir y estudiar literatura [resultados no garantizados]). 

7/3/21

Costumbrismo

Aquella tarde de marzo caía una lluvia despiadada sobre Madrid. Ajeno a la fragosidad de la tormenta, Héctor tomaba café frente a la pantalla de su ordenador portátil. Su habitación, no poco ordenada, de paredes blancas y descubiertas, suelo de tarima y armarios empotrados, mostraba un aspecto entenebrecido a causa de la exigua iluminación que diseminaba la luz plomiza de la calle. 

Unos días antes, su novia le había enviado por correo electrónico una convocatoria para un concurso literario. Se trataba del Primer Certamen de Relatos Costumbristas de la editorial Castalia. Al parecer, el impresionante auge de la lectura de los últimos años había traído consigo un renacido interés por ciertos géneros olvidados, y la literatura costumbrista constituía uno de los principales ejemplos. Eso sí, aunque las ediciones digitales de Larra, Mesonero Romanos o Estébanez Calderón alcanzaban buenas posiciones en las listas de ventas, lo cierto es que eran otras obras más recientes las que realmente triunfaban. Poseían las características esenciales del género, como la descripción de tipos y escenas, pero se ambientaban en las primeras décadas del siglo XXI y, en menor medida, en las últimas del XX. Eran narraciones breves, de escasa o nula acción, abundante diálogo y finales exornados con una enternecedora nota de nostalgia. 

Héctor dio un sorbo a su bebida, que ya empezaba a enfriarse. Suspiró, entrecruzó los dedos para hacerlos crujir y observó la página en blanco del procesador de textos. Llevaba mucho tiempo sin escribir ficción. Antes lo hacía con frecuencia y no del todo mal, pero en los últimos años no había logrado reunir ni el coraje ni la inspiración necesarios. Ahora tenía la oportunidad. Empezó a recordar una tarde remota y, entonces, sus dedos comenzaron a teclear...


LOS BUENOS TIEMPOS

Un joven matritense del montón, cansado de tanto estudio, decide marcharse a tomar café. Se pone la mascarilla, coge las llaves, algo de dinero y sale a la calle, donde es recibido por el estruendo de las obras y el calor flamígero del verano. Recorre apenas cincuenta metros y llega al bar-restaurante «La Parada», inaugurado en 1968 y cuyo nombre es el tercero más repetido en este tipo de establecimientos a lo largo y ancho de nuestra castigada piel de toro (por detrás de «Plaza» y «Avenida», por delante de «Paco» y «Central»).

Todavía no es la hora de comer, por lo que el olor que le llega al atravesar el umbral de la puerta es más cafetero que pringoso. Pocos clientes ocupan a esta hora el espacio, recientemente reformado con un gusto rústico pero elegante. La pieza superior de la barra, antes de metal, fue sustituida por una de madera oscura, mucho más agradable al tacto y a la vista. Las grandes baldosas blancas con bandas grises que formaban una trama de cuadrados de aspecto ya demasiado vetusto, resultaron también remplazadas por largos tablones de madera en la zona más cercana a la puerta y por baldosines de gres porcelánico modelo Berkane multicolor en la zona más próxima a la cocina, baldosines que también ornamentaban la vertical de la barra, integrando a esta en el conjunto decorativo. Las máquinas de dardos habían sido retiradas y en su lugar se erguía una imponente pizarra en la que los dueños podían informar sobre precios y menús mediante gruesas letras trazadas con tizas de colores. Del mismo modo, el futbolín, testigo singular de otras épocas, había terminado sus días en el punto limpio del distrito para así dejar paso a una barra complementaria, paralela a la principal, que facilitase el acceso y la comodidad de un mayor número de clientes. Los propietarios llevaron a cabo un importante desembolso pero sin duda esto había redundado en elegancia, pulcritud y buen gusto para su establecimiento, algo que la amable clientela sabría recompensar con fidelidad y simpatía. 

―Hola ―saluda el joven estudiante acercándose a la barra―. Un café con leche templada, cuando puedas. 

―Estoy limpiando la cafetera, dame un minutito― dice la camarera, una mujer de unos treinta y siete años, con algo de sobrepeso, pelo largo y teñido de rubio, mirada amable circundada de ojeras y sonrisa oculta tras la mascarilla. 

―Sin problemas.

El estudiante se sienta en un taburete de la mencionada barra complementaria a esperar su café. Observa a un matrimonio de ancianos que mantiene conversación con la camarera; él toma un botellín de Mahou y ella una Coca-Cola; él lleva la mascarilla colgando de la oreja izquierda y ella no la lleva a la vista; él está sentado en un taburete y ella se encuentra de pie, girándose de vez en cuando hacia el otro lado del local, donde la pantalla de televisión muestra las imágenes de un videoclip de Lady Gaga cuya música sirve como sonido ambiente o como ruido de fondo, según se mire. 

―Y yo mis sábanas me las voy a llevar ―dice la camarera mientras continúa limpiando la cafetera.

―Pues vaya ganas ―dice la señora.

―Charo, que no sabemos dónde están los virus, que está la cosa muy peligrosa. Y yo, mira, es que me he vuelto muy asquerosa, como lo hemos pasado tan mal me he vuelto muy asquerosa ―dice la camarera, que ha terminado de limpiar la máquina. Prensa unos gramos de café molido en el portafiltros y en cuestión de segundos obtiene medio vaso de oscuridad humeante.

―Pero que en esos sitios te las dan lavadas, planchadas y todo, eh ―añade Charo. 

―Yo este año me las voy a llevar. ¿Templadita la leche? 

―Sí, por favor ―dice el estudiante, que se levanta para recoger el café y regresar a su sitio. 

―Y porque tú vas a ir una semana, pero si fueras quince días, a la semana te las cambian. ¿Sabes cómo te digo? 

La camarera cobra la cuenta de dos trabajadores del aeropuerto que se marchan con un hasta luego

―Mi padre. Mi padre ha dejado de salir con los amigos ―dice la camarera.

― ¡Joder, qué exageración! 

―Charo, mi madre ha estado a punto de morirse. 

―Hombre, nos ha jodido. Cuando has visto... ―dice el señor.

―Cuando no lo has visto de cerca no sabes. Te crees que es una tontería, pero no, es muy serio. 

―Hombre, claro que es serio, pero ya dejar de salir y estar con amigos... Vamos, no me mates.

―No, si no es cuestión de no salir, es intentar...― dice el señor.

―Y apretaros, eh, que en septiembre nos cierran otra vez ―advierte la camarera elevando el índice derecho.

― ¿En septiembre? ―pregunta el señor―. Yo creo que en octubre. 

―Porque es eso, como nos creemos que es una broma... Mira, el otro día vino aquí un hombre que trabaja en La Paz y dijo «mira, hemos hecho trasplantes de pulmón a niños pequeñitos». Para que luego digan que no afecta a los jóvenes. 

―Yo he oído que en octubre, en octubre nos van a cerrar porque... porque es el cambio de... de todo ―puntualiza el señor.

―No sé si nos confinarán en casa pero los bares... A los bares sí que nos van a meter caña.

―Y a los comercios ―añade Charo. 

―No, y como sigamos así, a todo el mundo― dice el señor. Que hay que tomárselo en serio. Porque yo me lo tomo en serio, la doctora me dijo «la mascarilla es por usted, es por su salud» y yo me la pongo. Ahora, ¿para ir por la calle solo...? Que yo me lo tomo en serio pero tampoco soy exagerado. Mira, yo tengo un cuñado que tiene un barreño en la puerta de su casa.

―Yo también ―corta la camarera―. Bueno, yo tengo un spray para los zapatos y me lo echo antes de entrar. 

―Mi cuñado tiene el barreño con lejía y tiene una bayeta que la echa antes de entrar y luego pone los pies encima de la bayeta. Y escucha una cosa. Dicho por gente de... gente que son eminencias: es más fácil que te caiga dos rayos en el mismo día que te lleves los virus en los zapatos. Fíjate tú. Eso dicho por...

―Sí, pero yo lo hago ―explica la camarera.

―No hay que exagerar tanto ya, eh. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa ―interviene Charo. 

―Seguimos con dos mil contagios diarios ―espeta la camarera―. Tenemos que ponernos las pilas. Mira, el otro día multaron aquí a un hombre. 

― ¿Por qué?

―Por entrar sin mascarilla. 

―Ah, le vieron entrar...

―Le vieron. Y vaya si le multaron. Cien euros. 

―Hombre, claro, es que te lo están diciendo ―dice Charo. Y añade: ―ya verás como no lo hace más. 

― ¿Qué hora es ya? ¿La una? ―pregunta el señor.

―La una ―dice Charo―. Nos vamos a ir yendo. 

Los ancianos pagan su cuenta y se despiden. El estudiante termina su café poco después.

― ¿Qué se debe? ―pregunta, aunque sabe que debe uno con veinte.

―Uno con veinte.

Entrega un euro y medio y se marcha sin coger las vueltas. Afuera el sol continúa abrasando las calles. Por el camino, el joven llega a la conclusión de que 1,50 no es un mal precio a cambio de un buen café y una castiza escena mucho más interesante que la oferta televisiva. 



Héctor repasó un par de veces su historia y se sintió bastante satisfecho. Después envió el relato maquetado con fuente Arial 12 e interlineado doble y firmado con el pseudónimo «Aquiles», a la dirección de correo electrónico que la editorial había facilitado para el certamen. 

Afuera había dejado de llover. Y no solo eso. El sol brillaba poderoso en mitad de un cielo azul resplandeciente, reflejándose en los charcos de las aceras y en las hojas de los árboles, todavía mojadas. Héctor se acercó a la ventana, se acodó en el alfeizar y recibió con deleite los rayos de luz en el rostro mientras meditaba sobre un sinfín de cuestiones. Sí, la lectura había experimentado un auge impresionante desde que no se podían rodar series ni películas. Y es que, los escritores solo se necesitaban a sí mismos para continuar creando historias. Ni siquiera precisaban del soporte clásico, el libro en papel, pues gracias al e-book, la ficción podía llegar desde la mente del artífice hasta la del receptor sin que se estableciese ningún tipo de contacto físico durante el proceso. ¿Y el costumbrismo? En fin, parecía que se había convertido en una válvula de escape. Las personas simplemente echaban de menos los buenos tiempos, la cotidianidad, lo normal, lo de siempre, lo mundano, lo nimio, aquello que había ido quedando tan, tan lejos. 

Héctor se asomó un poco más y pudo observar la calle desierta, los comercios con el cierre echado, los coches con las ruedas desinfladas. Al fondo atisbó una patrulla de policía. Caminaban erguidos, vigilantes, aterradores con su trajes de bioseguridad y sus fusiles de asalto. Por el otro lado de la calle se aproximaba una furgoneta del Servicio Estatal de Distribución de Bienes Perecederos. Los repartidores iban dejando paquetes en el cubículo de desinfección de cada edificio para que los vecinos fuesen bajando por turnos a recoger sus correspondientes LAB´s (Lote Alimentario Básico). 

Aquello era la cotidianidad, la nueva normalidad; aquello era, en definitiva, el presente, un presente cuyas fronteras se extendían más allá de lo imaginable. Héctor reflexionó sobre la escena que se desarrollaba ante sus ojos: aquello no era otra cosa que el costumbrismo de los nuevos tiempos. 

27/12/20

Inevitable

Eran las cinco de la tarde cuando llamaron al timbre. Yo estaba en mi habitación, fumando un cigarrillo y contemplando plácidamente la lluvia a través de la ventana. No esperaba visita, por lo que me molestó bastante que alguien tuviera que venir a estropear aquel reconfortante momento. Aplasté el cigarro en el cenicero y me dirigí con desgana hacia la puerta. 

Resultó que la persona que esperaba al otro lado era yo mismo, aunque con veinte o treinta años más. Me quedé observándolo (¿observándome?) en silencio durante unos instantes y un doloroso sentimiento de tristeza fue brotando en las profundidades de mi ser. Estaba muy delgado y apenas le quedaba pelo. Su piel se mostraba arrugada, seca y oscurecida. Llevaba puesto un viejo chaquetón negro lleno de manchas y descosidos. Estaba empapado por la lluvia y tiritaba de frío. Me miró a la cara y me reconocí claramente en sus ojos tristes y suplicantes. Me eché a un lado y le dije:

―Pasa, por favor.

Colgué su abrigo en el perchero y le di una toalla para que se secase. Con un leve movimiento de cabeza me dio las gracias. Se puso a caminar por el salón, mirando a su alrededor con serenidad, rozando muebles y objetos con la punta de los dedos. Le ofrecí café y me dijo muy amablemente que prefería algo de comer, así que le preparé un bocadillo que devoró tan rápido como le permitieron sus artríticas manos. 

Cuando terminó me senté frente a él, encendí un cigarrillo y le acerqué el paquete de tabaco deslizándolo sobre la mesa.

―Tengo cáncer de pulmón― dijo mientras cogía uno. 

Le di fuego y observé cómo aspiraba una profunda calada, expulsaba el humo, y empezaba a toser con violencia. 

―¿Por eso has venido?― le pregunté―. ¿Para convencerme de que lo deje antes de que sea demasiado tarde?

Me miró a través de la neblina generada por nuestros cigarrillos y sonrió condescendiente. 

―No, no. Eso no serviría de nada. No hay absolutamente nada que se pueda hacer para que lo dejes. Seguirás fumando toda tu vida y tendrás cáncer de pulmón, como yo. No hay forma de cambiar eso. Sé que cuesta entenderlo, pero no lo dejarás puesto que yo nunca lo he dejado.  

―Entonces, ¿a qué has venido?

Se sacó del bolsillo una cajita negra que colocó sobre la mesa con cuidado, muy despacio, como si se fuera a romper.

―Necesito tu ayuda― me dijo con la voz quebrada. 

Entre caladas y ataques de tos me contó que acababa de salir de la cárcel tras una larga e injusta condena. Su sociedad le había dado la espalda. No podía trabajar, no tenía casa, ni familia, ni amigos; no recibía ningún tipo de ayuda pública o privada. 

―Estoy muy enfermo, totalmente acabado. No quiero pasar el poco tiempo que me queda arrastrándome por las calles, buscando comida en la basura, apestando, sumido en la miseria y la tristeza, desesperado… 

―¿Qué hay en la caja? ―pregunté con desconfianza. 

―Verás, conocí a un buen tipo en un hospital, una persona extraordinaria. Me dio esto. 

Abrió la caja y vi que en su interior había una jeringuilla llena de líquido. 

―Es una dosis letal de morfina ―dijo con una leve sonrisa. Me mostró sus manos temblorosas y atrofiadas y añadió―: Yo no sería capaz de inyectármela, apenas puedo sujetar un bolígrafo. Y no, sé lo que estás pensando, no puedo quedarme aquí contigo. Ya deben saber que estoy en otro tiempo y me estarán buscando para llevarme de vuelta. Esta es la única solución para mí y tú eres el único que puede ayudarme. 

Se remangó el brazo izquierdo y me lo mostró. Las venas se veían verdosas y enormes bajo su maltrecha piel. Un destello de esperanza en sus ojos terminó de convencerme. 

Le pedí que se tumbase en el sofá e hice lo que tenía que hacer. Me quedé observando cómo abandonaba este mundo, el rostro colmado de felicidad. Después llamé a la policía y les conté que había ayudado a un hombre a morir. 

Afuera seguía lloviendo. Encendí de nuevo un cigarrillo y me quedé mirando por la ventana, a la espera de que llegaran los coches patrulla, aguardando un destino que ya no tenía secretos para mí. 

20/4/18

El don

Sin darnos cuenta, nos fue concedido el don de matar con la mente. En cuestión de minutos, miles de famosos perdieron la vida, pues siempre había un montón de individuos resentidos y amargados deseando que sus congéneres más exitosos se fuesen a dormir el sueño eterno.

Al principio, nadie entendió lo que ocurría, pero entonces algunos se pararon a pensar. “Joder, el presidente ha muerto más o menos cuando yo...”. De entre esos primeros ejecutores, unos pocos decidieron probar de nuevo. Desearon la muerte de sus jefes, vecinos o exparejas, y sus jefes, vecinos o exparejas cayeron fulminados.

Al menos, en mi caso fue algo así.

Enseguida me di cuenta de que otras personas también poseían el don, por lo que deseé con todas mis fuerzas que la humanidad entera falleciese. Por desgracia, la cosa no funcionaba de ese modo; había que pensar en individuos concretos, de uno en uno. Descubrí que no era necesario conocer a las víctimas, que bastaba con tener una imagen mental de su rostro, así que, después de dar cuenta de mis conocidos, me puse a recorrer perfiles de Facebook e Instagram durante horas, hasta que Internet dejó de funcionar.

Ahora tampoco hay electricidad ni se oye ningún ruido allá afuera. Estoy vivo, gracias a Dios, pero no me atrevo a salir de casa por si alguien me descubre antes de que yo lo descubra a él. 

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace


21/3/18

Decálogo para escribir y publicar relatos de ciencia-ficción

Después de una paliza tremenda con el Premiere, ya está publicado un nuevo vídeo en mi canal. Se trata de una serie de consejos básicos para escribir relatos de ciencia-ficción, aunque en su mayoría también podrían servir para escribir otros tipos de historias breves; es decir, si en el vídeo recomiendo leer a los clásicos de la ciencia-ficción y a los que triunfan en la actualidad pero lo que tú quieres escribir es terror, pues simplemente haz lo mismo pero aplicado a tu género.

Si te gusta este vídeo, te recomiendo que te suscribas al canal, porque voy a seguir publicando material interesante sobre escritura creativa.

2/11/17

A las puertas

Es un nuevo tipo de droga que está causando furor y estragos, especialmente entre los sectores más jóvenes de la sociedad. Una sola dosis acaba con tu vida en cuestión de segundos y es por ello que popularmente se conoce a esta sustancia como asesinato.

Hasta aquí todo podría resultar insólito, aunque dentro de los cauces de la normalidad. Lo que convierte al asesinato en algo nunca visto es que, un tiempo después de morir, los consumidores resucitan. No es que pierdan el sentido y luego lo recuperen, no. Mediante tomografía por emisión de fotón único, panangiografía cerebral y ultrasonido transcraneal, se ha verificado la completa inactividad del cerebro en personas que habían ingerido la droga; personas que, más tarde, volvieron a la vida como si nada.

Los que han probado el asesinato aseguran que, al resucitar, se sienten inmersos en un estado de paz y felicidad tan intenso que no podrían compararlo con ninguna otra experiencia. El problema es que con cada nueva toma se van desarrollando ciertos daños cerebrales acumulativos que acaban tornándose desastrosos. Los adictos se transforman paulatinamente en seres desconcertados e incapaces de valerse por sí mismos y cada vez se hace más frecuente verlos vagar en mitad de la calle con los brazos colgando, la mandíbula desencajada y las ropas chorreantes de vómito y diarreas.

Lo peor de todo es que el asesinato resulta muy fácil de elaborar. La receta se hizo viral a través de las redes sociales y todos los ingredientes se pueden conseguir en cualquier supermercado. Así pues, no son pocas las voces que alertan de que probablemente nos encontremos a las puertas del apocalipsis. 

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace


13/10/17

El mejor consejo para escribir ciencia-ficción

"La mayoría de los argumentos de ciencia ficción describen un mundo en el que sapiens idénticos a nosotros gozan de una tecnología superior, como naves espaciales que se desplazan a la velocidad de la luz y cañones láser. Los dilemas éticos y políticos centrales de estos argumentos se toman de nuestro propio mundo, y simplemente recrean nuestras tensiones emocionales y sociales con un telón de fondo futurista. Pero el potencial real de las tecnologías futuras es cambiar al propio Homo sapiens, incluidas nuestras emociones y deseos, y no simplemente nuestros vehículos y armas. ¿Qué es una nave espacial comparada con un cíborg eternamente joven que no se reproduce y no tiene sexualidad, que puede intercambiar pensamientos directamente con otros seres, cuyas capacidades para centrarse y recordar son mil veces superiores a las nuestras y que nunca está enfadado o triste, pero que posee emociones y deseos que no podemos empezar a imaginar? 

La ciencia ficción rara vez describe un futuro de este tipo, porque una descripción precisa es, por definición, incomprensible. Producir un filme acerca de la vida de algún superciborg equivale a producir Hamlet para una audiencia de neandertales. De hecho, los futuros amos del mundo serán probablemente más diferentes de nosotros de lo que nosotros somos de los neandertales. Mientras que nosotros y los neandertales somos al menos humanos, nuestros herederos serán como dioses".

Yuval Noah Harari en Sapiens, de animales a dioses. Breve historia de la humanidad.


7/4/17

Con o sin tu ayuda

Despierto sobresaltado, con una cierta sensación de agobio. En otro tiempo lo habría atribuido a una pesadilla, pero nosotros no soñamos. Es una de las cuestiones que la literatura de vampiros no supo vaticinar: que nuestra actividad cerebral se tornaría casi nula cuando estuviésemos dormidos. No conocemos el motivo exacto por el que esto sucede, pero se está investigando. El estudio de nuestra naturaleza se encuentra en una etapa muy temprana de su desarrollo y todavía contiene demasiados interrogantes.

Antes de saludar a Wendy, me dirijo a la cocina para beber una gran cantidad de sangre. Necesito hacerlo si quiero controlar mejor las espantosas ganas de morderla que me sobrevienen cada vez que la veo. El sabor de la sangre clonada que consumimos es bastante decente, pero la original, la auténtica y pesada sangre humana que fluye por el sistema circulatorio de un individuo joven y sano… todo el mundo sabe que no existe comparación posible. Con el estómago lleno, al borde del empacho, no es que las venas de Wendy dejen de atraerme, pero al menos consigo que mi lado humano recupere un poco de presencia en mis emociones, posibilitando que el cariño que siento por ella sobrepase con creces mis deseos de dejarla seca.

Si viviese en la ciudad, me habría resultado imposible mantener a Wendy a salvo de mis semejantes. Afortunadamente, dispongo de una casa grande y aislada. Durante el día ella puede salir a pasear por el campo y tomar el aire con cierta tranquilidad. Por las noches, que es cuando existe un riesgo real y palpable para su vida, baja al sótano y se introduce en mi propio ataúd una vez que yo lo he abandonado. Es un buen escondite. Por un lado, está completamente impregnado con mi olor, lo cual disimula el suyo, y, por otro, se considera una falta de respeto gravísima husmear en ataúdes ajenos. En cualquier caso, la puerta cuenta con cerraduras de seguridad. Las ventanas, lógicamente, se encuentran tapiadas.

Después de tomar mi desayuno coincido con ella unos minutos. A veces pasamos un buen rato charlando, pero hoy se la ve triste y reservada. Lo cierto es que lleva un tiempo mostrando un semblante melancólico. Imagino cómo debe sentirse. Es una chica fuerte y está llevando todo esto con mucha entereza; aun así, está claro que todos tenemos nuestros límites. Le digo que se meta pronto al ataúd y me marcho a trabajar.

Una sociedad de vampiros no deja de ser un palpitante entramado de necesidades de todo tipo. Aunque algunas sean diferentes, otras muchas son prácticamente iguales a las que se daban en la antigua civilización humana: viajamos, nos vestimos, utilizamos electrodomésticos y redes sociales, leemos, escuchamos música… Precisamos y disponemos de un sinfín de profesionales: jueces y fontaneros, camareros y cirujanos, analistas de sistemas y programadores, taxistas, arquitectos, agentes inmobiliarios… También necesitamos gente que haga desaparecer los residuos y la suciedad que producimos con nuestras actividades cotidianas. Y ahí es donde entro yo: trabajo limpiando una estación de autobuses.

A la entrada me cruzo con Eva, una mujer robusta y agradable que trabaja vendiendo billetes de largo recorrido. Aparenta tener diez o doce años más que yo, aunque hoy en día la edad es algo que no tiene demasiada relevancia, puesto que somos potencialmente inmortales y no envejecemos; simplemente conservamos el aspecto que teníamos el día de la transformación. Le pregunto por su marido y su hijo y me dice que están bien.

La jornada transcurre con normalidad. Me cruzo con miles de personas que van de aquí para allá, tomando autobuses o bajándose de ellos, enredados en sus pensamientos, malhumorados, optimistas, apenados. Gente que camina arrastrando los pies o que abraza a sus seres queridos. Gente sin miedo a la muerte. Personas conscientes de que tienen la eternidad ante sí, compleja, sobrecogedora e incomprensible. Mientras tanto, yo barro y friego los suelos, vacío papeleras, recojo periódicos arrugados, folletos publicitarios y boletos de lotería sin premiar.

Durante el descanso, me siento con mis compañeros a tomar un poco de sangre de la máquina en vasitos de papel. Su sabor es horrible, pero a veces se hace difícil abandonar las viejas costumbres. Algunos de los muchachos fuman cigarrillos mientras charlan desapasionadamente de esto y de aquello.

―Dicen que en algunas zonas del planeta hay granjas de seres humanos ―relata uno de ellos―. Su sangre es carísima y muy pocos se la pueden permitir. Los humanos no son como los cerdos, que tienen embarazos rápidos y camadas numerosas. Criar humanos cuesta un dineral.

―Mataría por beber sangre de verdad ―dice otro compañero―. Mataría por volver a los tiempos oscuros.

Los tiempos oscuros comenzaron el día en que, aproximadamente, un quinto de la población mundial se transformó. Todavía desconocemos la causa. Se barajan hipótesis dispares: desde una enfermedad espontánea hasta un ataque extraterrestre, pasando por un microorganismo gestado en las entrañas de algún laboratorio perteneciente a una organización terrorista, a un gobierno en la sombra, a una conspiración mesiánica. La cuestión es que, a pesar de ser minoría, en pocas semanas llevamos a los humanos prácticamente a la extinción. Un hombre adulto podía tener unos cinco litros de sangre en su interior mientras que nosotros necesitamos beber tres o cuatro litros cada día para sentirnos bien. La consiguiente escasez de humanos provocó que millones de los nuestros muriesen de inanición en los meses posteriores. Afortunadamente, unos cuantos tipos brillantes y visionarios tomaron conciencia del problema desde el principio y lo solucionaron con la producción masiva de sangre clonada, una línea de investigación que los seres humanos ya tenían muy avanzada, aunque para otros fines. Aquéllos fueron los llamados tiempos oscuros. A pesar de todo el caos y el sufrimiento, algunos los recuerdan con nostalgia, pues resultaba relativamente sencillo cruzarte con algún grupo de humanos supervivientes si te esforzabas un poco buscando.

Salgo del trabajo, cojo el coche y me dirijo a las afueras. Siempre lo hago. Aprovecho que quedan unas horas de oscuridad para recorrer pueblos abandonados en busca de comida para Wendy. Ella no debe ir por ahí conduciendo. Alguien podría verla, aunque lo hiciese de día. Por eso tengo que encargarme yo. Nosotros ya no fabricamos ningún tipo de alimento, salvo la sangre clonada. Yo voy guardando para ella todo lo que encuentro en las casas: latas de conserva, medicinas, suplementos alimenticios… Ella lo complementa recogiendo algunos frutos silvestres durante el día. Aun así, estoy empezando a inquietarme. Es evidente que llegará un momento en que este sistema no dé más de sí. Tenemos que pensar en alguna alternativa.

Llego a casa después de horas buscando provisiones y descubro que Wendy ha desaparecido. Quizá por eso me sentí angustiado al despertar. Hay quien dice que estamos desarrollando una especie de precognición a nivel emocional. Es otro interesante campo de estudio.

Wendy no se marcharía sin avisarme de algún modo. Busco inútilmente una nota mientras me voy quebrando por dentro. Las piernas me tiemblan. La atmósfera se torna densa e irreal. Me lanzo como un loco a registrar la casa. Ni rastro de ella. Ni la veo ni percibo su olor. Me dirijo al exterior convertido en una masa de nervios. El cielo se está aclarando. Al este, las cumbres de las montañas empiezan a refulgir. No me queda tiempo. La piel me arde. Los ojos me escuecen. Debo ocultarme. Muerto no podré hacer nada por ella. Corro hacia el sótano y me deslizo al interior de mi ataúd. Estaré atrapado durante unas catorce horas.

Por favor, Wendy, mantente a salvo.

Cuando por fin el reloj me avisa de que es completamente de noche, salgo del ataúd y me encuentro a Wendy en el suelo, apoyada en la pared de enfrente. Aterrorizado, me lanzo junto a ella. Está viva. Está consciente. La abrazo. Tiene los labios hinchados y amoratados. También una ceja partida de la que fluye un hilillo de sangre. Está sucia, tiene rota la camiseta. Lucho por ignorar sus deliciosas heridas. Me veo tentado a limpiarle la cara con un dedo y llevármelo a la boca. Consigo resistir, al menos de momento.

―¿Qué te ha pasado?

―Conocí a alguien.

―¿Un humano?

―Sí, un chico algo mayor que yo. Me dijo que había un refugio. Que estaba buscando supervivientes. Me dijo que era un lugar protegido por vampiros buenos. Por gente como tú.

Empieza a llorar. Se la ve completamente abatida. Siempre temí que esto pudiese ocurrir. Los humanos también tienen instintos. Wendy necesita compañía de los suyos. Necesita cosas que yo no podría darle. El deseo sexual no existe entre nosotros. Al transformarnos dejamos de producir testosterona, oxitocina y demás hormonas relacionadas con el sexo y el amor romántico. En su lugar empezamos a generar hormonas nuevas, como la endonalina, que se encarga de intensificar nuestro apetito por la sangre humana.

Si pudiera transformarla… Si eso fuera posible, todo se arreglaría. Creo que ella aceptaría encantada. Por desgracia es algo que no sobrepasa los límites de la ficción. Nuestra mordedura no transforma humanos. Sólo los mata.

―¿Dónde está?

―No hace falta. Yo misma le di su merecido.

―Lo encontraré con o sin tu ayuda.

Vacila un instante, pero acaba diciéndomelo.

―Creo que marchó hacia la zona boscosa que hay entre el arroyo y las colinas.

―Métete en el ataúd.

Atravieso la puerta y me detengo un momento para aspirar el aire nocturno. La luna brilla enorme en el cielo, acompañada por millones de estrellas temblorosas.

Prepárate, pequeño bastardo. Estoy hambriento y me has regalado la excusa perfecta para dejar de lado mis principios.


29/3/17

Iliya y Andrei

Alguien de la agencia llamó a Ruth para que fuese a cuidar de unos niños aquella misma tarde. Se dirigió al lugar que le habían indicado y llamó al timbre de una bonita casa de dos plantas. Una señora extranjera algo acalorada abrió la puerta.

―Buenas tardes, cariño. Mucha prisa. Niños, arriba. Iliya y Andrei. Muy buenos. Vuelvo nueve y media. Coges lo que quieras de cocina.

La señora entregó a Ruth una copia de las llaves y un papel con su número de teléfono y se marchó. Ruth subió al segundo piso y buscó la habitación de los niños. Era un cuarto amplio, con una cama, una cuna y muchos juguetes.

―Hola, pequeños ―dijo―. Yo me llamo Ruth. Tú debes ser Iliya y este bebé tan guapo debe ser Andrei.

―Eso no es del todo cierto. Él sí que es Andrei, pero yo no soy Iliya. Yo soy un organismo cibernético de otro planeta. Tengo este aspecto de niña humana para no llamar la atención. Estoy aquí con el objetivo de robar niños para mis amos. Se divierten con ellos. Voy a ahorrarte el trauma de saber lo que les hacen exactamente para divertirse.

«Qué niña más loca» pensó Ruth.

―Al otro niño, el mayor, el llamado Iliya, me lo he llevado hace unos minutos, en cuanto la madre bajó las escaleras. Ahora estoy esperando a que me den la autorización para llevarme a éste a través del micro-agujero de gusano que conecta la habitación con la nave.

Ruth sonrió y dijo:

―Pequeña Iliya, tengo que ir un momentito al baño. Cuando vuelva, jugaremos a los marcianitos o a lo que tú quieras.

Cuando Ruth volvió del servicio no había nadie en la habitación. Miró bajo la cama y dentro del armario.

―Iliya, sal un momento, por favor.

Se puso a buscar por todas partes. Registró cada rincón de los baños, la cocina, el salón, las habitaciones, el desván, el sótano, el garaje…

―¡Iliya, esto no tiene gracia! ¡Voy a decírselo a tu madre! ¡Te castigará durante un mes entero!

Después de media hora, Ruth se sintió mareada. Le empezaron a temblar los labios y las manos. Presa del pánico, decidió llamar a la madre.

―Oiga, tengo un problema. No encuentro a los niños.

―¿Cómo no encuentras?

―Verá, la niña quería jugar a un juego extraño y yo…

―¿Qué niña? ¿Qué hablas?

―La niña... su hija Iliya.

―¡Yo no tengo niña, tengo dos niños! ¡Iliya es mi niño!

―¿Cómo dice?

―¡Yo llamo policía!

Ruth dejó caer el teléfono sobre el entarimado. Sintió que le faltaba el aire y se acercó a la ventana. Entonces observó un extraño destello anaranjado en el cielo y se preguntó cuántos años de su vida se iba a pasar en la cárcel.

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace


26/12/16

Cinco días menos (finalista en el VII Certamen de Relatos Cortos Carcelarios Conrada Muñoz)

23 de octubre de 2056

Hoy ha venido a verme el cura de la prisión. Es un hombrecillo gordo y amable que no lleva sotana ni alzacuellos. Me ha comentado que los de Instituciones están poniendo en marcha un programa experimental y que, dentro de poco, empezarán a buscar voluntarios. La información le llegó extraoficialmente a través de un conocido, por lo que no tiene unos detalles muy precisos. Lo llaman “tetraplejia reversible”, si no recuerdo mal. Consiste en causar al preso, mediante intervención quirúrgica, una lesión en la vértebra C4. Una vez finalizada su condena, se le devolvería la movilidad utilizando una terapia con células madre. La medida está pensada para los internos más peligrosos, con la idea de reducir la conflictividad y limitar la partida presupuestaria destinada a las cárceles del estado, pero quieren empezar a probarla con presos comunes. El cura me ha dicho que los voluntarios, además de recibir los beneficios habituales asignados a este tipo de programas (llamadas, vis a vis…), conseguirían reducción de condena.
―Es posible que hasta una semana por día, puede que más ―me ha dicho casi en un susurro.
―Mantenme informado ―le he pedido.


24 de octubre de 2056

He estado dándole vueltas a lo de ayer. Recuerdo que hace muchos años intentaron llevar a cabo una locura parecida. Fue aquel asunto de la “cárcel mental”. Mediante drogas psicoactivas, querían distorsionar la noción del tiempo del recluso para que tuviese la sensación de haber cumplido una condena de años, décadas o incluso siglos, en sólo unas pocas horas o días. Oficialmente, el programa no llegó a ponerse en marcha, ya que el Congreso Mundial de Derechos Humanos lo prohibió por decreto. Sin embargo, algunos medios aseguraron que se había filtrado cierta información. En una prisión china, se registraron más de cincuenta intentos de suicidio en un mismo día. Presuntamente, aquellos presos habían sido obligados a participar en un programa de ese tipo. Nunca llegó a arrojarse suficiente luz sobre aquel suceso. 
La “tetraplejia reversible” no me parece tan inhumana como la “cárcel mental”, pero tampoco veo excesiva diferencia. La idea es la misma. En el pasado, la pena de muerte se mostró ineficaz a la hora de disuadir a los criminales de cometer asesinatos (yo creo que ese fue el principal motivo por el que terminó de abolirse en todo el mundo, y no el rollo de los derechos humanos, la dignidad y demás) y ahora, simplemente, están probando nuevos métodos. Intentan que los seres humanos dejemos de cometer delitos y utilizan el miedo al castigo, igual que hacen los dioses. Pero los dioses también ofrecen incentivos positivos para ser bueno. Ofrecen nada menos que la felicidad eterna. Aquí, en la Tierra, el premio consiste en tener trabajo y familia. Es comprensible que tanta gente decida jugársela.


25 de octubre de 2056

Hoy he arbitrado un partido de futbol entre reclusos jóvenes y chavales refugiados. Ha ido bien hasta la mitad de la segunda parte, cuando un recluso y un refugiado han empezado a pegarse sin motivo aparente. Muchos más chavales se han unido a la pelea y los funcionarios han tenido que intervenir; ha sido un lio tremendo. Al final, se ha suspendido el partido. Demasiada testosterona, demasiadas historias trágicas detrás de cada chico. Un coctel explosivo, aunque las cosas no suelen acabar así.
El siglo XX ya queda muy lejos. Es decir, todas esas chorradas de la tabla rasa, el buen salvaje y demás, todo eso ya está superado. Es evidente que hay un componente biológico en el comportamiento humano y, por ende, en la delincuencia. Si no, ¿por qué la mayor parte de la población reclusa está formada por hombres? ¿Acaso no hay mujeres que nacen y viven en condiciones de pobreza extrema, que crecen en entornos desestructurados, en ambientes impregnados de violencia, droga y marginación? Por supuesto que las hay, tantas como hombres, pero unas y otros son diferentes. La hormonas, la circuitería cerebral… está claro que todo eso juega algún papel (en mi opinión, un papel mucho más importante de lo que creemos o de lo que estamos dispuestos a aceptar). Si un padre maltrata a su hijo, es probable que el chaval acabe maltratando a su propio hijo cuando llegue el momento, pero la causa puede que no sea el trato horrible que ha recibido, sino que lleva los genes de su padre. ¿Quieren medidas radicales para acabar con la delincuencia? Yo tengo algunas, aunque seguro que no les iban a gustar. ¿Qué tal esto?: Terapia hormonal para los presos más violentos; limiten su producción de testosterona y verán cómo se calman. ¿Y esto otro?: Reducción de condena por vasectomía; que los delincuentes no transmitamos nuestros genes antisociales (pero que se aplique también a los presos ricos, por supuesto). ¿Y qué me dicen de esto otro?: Legalización de todas las drogas. Sí, puede que la medida trajese muchos problemas, pero acabaría con otros tantos. Lo importante es que serían baratas y no estarían adulteradas, por lo que la gente no tendría que robar para conseguir dosis de calidad. Y, bueno, en fin, puestos a ser radicales, acabemos con la delincuencia de raíz. Un buen puñado de bombas de hidrógeno por todas partes. Me ofrezco voluntario para apretar el botón.


26 de octubre de 2056

Esta mañana he desayunado con el cura. Me ha dicho que tengo que ir dándole una respuesta. Yo le he dicho que todavía no sé qué hacer. No me fio de esa gente, no me fio de nadie.
―¿De mí tampoco? ―me ha preguntado sonriendo.
No he respondido. Le he dicho que tenía cosas que hacer y me he marchado al patio a leer el periódico.


27 de octubre de 2056

Cuando me encerraron por primera vez, era muy joven. Ahora ya no lo soy. He pasado la vida entrando y saliendo, enlazando una condena con otra. Hace doce años que no piso la calle. En este tiempo me he endurecido, he aprendido a no amar a nadie, a no pensar en nadie más que en mí. He visto de todo. Cientos de caras desdibujadas, desesperación, arrepentimiento o deseos de venganza. He visto gente morir por un poco de dinero, pero también amistad sincera y esperanza en el futuro. Lo he visto todo. Y estoy cansado.
El cura quiere una respuesta. Bien, se la voy a dar, aunque todavía no sé cuál es. El próximo día le pediré una moneda. La cara será participar en el programa; la cruz, quedarme como estoy. La lanzaré al aire y entonces sabremos lo que me depara el destino.