11/11/15

Fragmentos sublimes de Literatura Universal

Mapa mundi con biblioteca
A veces estamos leyendo un libro y de repente nos vemos sumergidos en un pasaje que nos deja sobrecogidos. Entonces no nos queda más remedio que volver atrás y leerlo de nuevo, quizás varias veces, hechizados por su belleza, por el placer estético que nos proporciona. Analizamos el pasaje, su estilo, su léxico, su modo de crear arte con el lenguaje y por fin entendemos que solo un gran maestro es capaz de engendrar semejantes maravillas. 

Aquí van unos cuantos fragmentos de este tipo con los que me he ido encontrando a lo largo de los años (artículo en construcción permanente).

EL LOBO ESTEPARIO. Hermann Hesse


Portada El lobo estepario, Hermann Hesse
Con fingida alegría me puse a trotar sobre el asfalto de las calles, húmedo por la niebla. Las luces de los faroles, lacrimosas y empeñadas, miraban a través de la blanda opacidad y absorbían del suelo mojado los difusos reflejos. Mis años olvidados de la juventud se me representaron; cuánto me gustaban entonces aquellas noches turbias y sombrías de fines de otoño y del invierno; cuán ávido y embriagado aspiraba entonces el ambiente de soledad y melancolía, correteando hasta media noche por la naturaleza hostil y sin hojas, embutido en el gabán y bajo lluvia y tormenta, solo ya en aquella época también, pero lleno de profunda complacencia y de versos, que después en mi alcoba escribía a la luz de la vela y sentado sobre el borde de la cama. Ahora ya esto había pasado, este cáliz había sido apurado, y ya no me lo volverían a llenar. ¿Habría que lamentarlo? No. No había que lamentar nada de lo pasado. Era de lamentar lo de ahora, lo de hoy, todas estas horas y días que yo iba perdiendo, que yo en mi soledad iba sufriendo, que ya no traían ni dones agradables ni conmociones profundas.



AQUÍ EMPIEZA NUESTRA HISTORIA. Tobias Wolff


Portada Aquí empieza nuestra historia, Tobias Wolff
El cielo se estaba poniendo de un color violeta sobrenatural. Tenía un aspecto húmedo y plomizo, y también daba la sensación de pesado; colgaba bajo y lo estremecían ruidos sordos y pequeños destellos en la distancia. Sólo estar sentado allí hacía sudar a Hooper. Más allá del cuerpo de guardia corría un río de coches por la carretera hacia Tacoma. Desde el club de oficiales, que estaba más arriba de la carretera, llegaba el sonido sordo de música rock, que casi se perdía como casi todos los demás sonidos del atardecer, entre el cricrí de los grillos que se alzaba por todas partes y espesaba el aire como el calor

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LA CHICA QUE LEÍA EL VIEJO Y EL MAR. Gonzalo Calcedo


Portada La chica que leía el viejo y el mar Gonzalo Calcedo
Leopold suspiró. La perdía. No volvería a verla y cuando viajase a la Riviera Maya con su Elke al lado, la echaría de menos. Lo supo en ese momento, justo unos minutos antes de que su pequeña Roma ardiese por los cuatro costados. Levantó una mano como si pretendiese retenerla a través del tiempo -velos de lujuriosa historia que acentuaban su insignificancia-  y ella le lanzó un beso. Él lo atrapó al vuelo y, apretando el puño, lo estrelló contra su corazón.

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GUERRA Y PAZ. León Tolstoi


Guerra y paz León Tostoi
Nikolái Rostov se volvió como buscando algo y miró a lo lejos, a las aguas del Danubio, al cielo y al sol. ¡Qué hermoso era el cielo tan azul, tan sereno, tan profundo! ¡Qué radiante y majestuoso el sol en el ocaso! ¡Y qué tersa y cristalina brillaba el agua en el lejano Danubio! Y le parecieron aún más hermosos los montes azulados en la lejanía, al otro lado del río, el monasterio, los misteriosos desfiladeros y los pinares cubiertos de niebla… Todo era allí paz y felicidad… «Nada desearía, absolutamente nada  si estuviese allí —pensó Rostov—. Dentro de mí y en ese sol hay tanta felicidad y aquí… gemidos, sufrimientos, miedo, incertidumbre, prisas… De nuevo gritan algo, otra vez se vuelven todos corriendo… y yo corro como ellos y ella… la muerte está cerca, me rodea… Un instante más y ya no veré este sol, esas aguas, esos desfiladeros…». En aquel momento el sol empezó a esconderse tras las nubes, aparecieron delante de él otras camillas. Y el miedo a la muerte y a las camillas y el amor al sol y a la vida, todo se confundió en una sola y turbadora impresión de inquietud.

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GRAN SOL. Ignacio Aldecoa


Gran sol Ignacio Aldecoa
De golpe, en la línea de popa, emergió el copo. La cabeza de la red quedó flotando. De un blancor metálico, ancha y redonda, era como una gigante gota de azoque movilizándose por la iracunda pelea de las aguas negras. Simón Orozco no perdía de vista el copo. Tras la florafauna: matas, cardúmenes, colonias; tras la florafauna aparecieron los discos cenicientos de las rayas, las pintarrojas oceladas cambiando el reciente color crema de la sacada por una rosa fuerte al compás de una larga agonía, las sulas largas, albas, como de aluminio, las blandas langostas de coral enzarzadas en una pesadilla combatiente con las mallas del arte… Se vertía la red sobre cubierta trayendo los primeros, diminutos, boquiabiertos rapes, ajados sus apéndices de pesca. Se vertía la red con los escualos de gatunos ojos: mielgas de aguijones en las aletas dorsales y caudales, pequeños tolles de duros dientes, pequeñas fieras de las aguas, que sobre cubierta vidriaban los hermosos ojos de furia impotente. Con ellos la serpenteante presencia de los congrios, el equívoco formal de ojitos y lenguados, la suprarreal creación del pez rata, incisivos de roedor, pelo o escama, larga cola barbada, coloración gris, grandes ojos, verdes o azules, de animal asustado. Las redes de arrastre vuelcan el quinto día de la creación del mundo sobre la cubierta de los barcos pesqueros.

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LOS HIJOS MUERTOS. Ana María Matute


Los hijos muertos Ana María Matute
Allí estaban los débiles, los impotentes, los ignorantes, los ciegos, los jorobados, los sentimentales, los tristes, los pobres de espíritu, sin derecho a la vida. Allí estaban los ratones, los topos. Los olvidados. Los imposibles, los culpables. Con los zapatos rotos, sin esperanza, sin puertas, sin ventanas, sin promesas ni pasado. Los que sobran. Los que no sirven para trabajar. Los que no saben medrar, los que han caído. «No puede ser: no hay sitio para todos». Miraba el mar, negro y confundido con la oscuridad del cielo. Miraba el mar, y veía titilar las luces, allá lejos, y presentía, otras luces, en toda la ciudad, encendida y bullente, a aquella hora. «Tiempo de seguridad, de fe». La gran fuerza, la confianza, empujándole a través del hambre, de la apatía, de la desesperanza de los otros, de la amoralidad o la indiferencia de los otros, empujándole a través de la injusticia, de la impiedad, el egoísmo, el conformismo, el pillaje, el fatalismo.

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MALA HIERBA. Pío Baroja


Mala hierba Pío Baroja
Temblaban las luces mortecinas de los distanciados faroles de ambos lados de la carretera. Se entreveían en el campo, en el aire turbio y amarillento como un cristal esmerilado, sobre la tierra sin color, casacas bajas, estacadas negras, altos palos torcidos de telégrafos, lejanos y oscuros terraplenes por donde corría la línea del tren. Algunas tabernuchas, iluminadas por un quinqué de luz lánguida, estaban abiertas... Luego ya, a la claridad opaca del amanecer, fue apareciendo a la derecha el ancho tejado plomizo de la estación del Mediodía, húmedo de rocío; enfrente, la mole del Hospital General, de un color ictérico; a la izquierda, el campo yermo, las eras inciertas, pardas, que se alargaban hasta fundirse en las colinas onduladas del horizonte bajo el cielo húmedo y gris, en la enorme desolación de los alrededores madrileños...

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NIEBLA. Miguel de Unamuno


Niebla Miguel de Unamuno
Oyóse un ligero rumor, como de paloma que arranca en vuelo, un ¡ah!, breve y seco, y los ojos de Eugenia, en un rostro todo frescor de vida y sobre un cuerpo que no parecía pesar sobre el suelo, dieron como una nueva y misteriosa luz espiritual a la escena. Y Augusto se sintió tranquilo, enormemente tranquilo, clavado a su asiento y como si fuese una planta nacida en él, como algo vegetal, olvidado de sí, absorto en la misteriosa luz espiritual que de aquellos ojos irradiaba.

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LAS NINFAS. Francisco Umbral


Las ninfas Francisco umbral
Pero ya la carretera no era tan larga, y la visión geográfica de mi vida, con montes y valles, con ríos y nubes, con cielos y caminos, era, al fin y al cabo, la única visión que podía tener de ella y de mí mismo, pues a medida que el tiempo se nos pierde y huye, se va trocando en geografía, y no es verdad que no deje nada, el paso del tiempo, sino que nos deja unos paisajes, unos lugares, unos colores y unas luces que son el cuajarón de ese pasar, de ese tiempo que creemos perdido, paisajes y lugares, colores y luces que antes no teníamos, porque los leíamos de otra forma o ni siquiera los leíamos. El tiempo, sí, se transmuta en geografía, y lo que perdemos en tiempo lo ganamos en espacio, y las horas perdidas de la infancia están ahí, en las copas de los árboles, y quizá son esos hilos de plata, de luz, que brillan de rama a rama, de hoja a hoja, porque en esos árboles, en esa arboleda cuaja algo que entonces no había, y ahora somos más dueños de todo, ya que todo nos habla, nos enriquece y nos habita. 

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EN UNA NOCHE OSCURA SALÍ DE MI CASA SOSEGADA. Peter Handke


En una noche oscura salí de mi casa sosegada. Handke
El mal olor en el establo de casa. La leche que la vaca loca echó en el estiércol. La madre muerta por una coz que el caballo le dio en el pecho. En el cine de pueblo, las chispas de la estufa de serrín esparciéndose por la pantalla. Mirar por debajo de las faldas de las profesoras. Jugar a la rayuela en los embudos abiertos por las bombas. Estirarse en la cama y rozarse con las ortigas que el padre ha puesto allí, al pie de ella. El vecino que delante de la puerta de la casa pisotea a su propio hijo. Dormir como recluta en el campo de maíz. Las chispas de los cantos de los esquíes esparciéndose por la imagen de la televisión. El hermano desaparecido en el Canadá. El primer amor, casada con un santo del Séptimo Día. La nieve del Japón comparada con la de Sudamérica. La pierna rota en el slalom gigante de la Puerta Nocturna. El padre que hace ya mucho que ha muerto. La hermana que hace mucho que ha muerto. Las chispas de miles de cascos de caballos esparciéndose por el cementerio. La mano del último amor cambiando las cerraduras del piso. Sin rascar más la curva. No vender la medalla sin más. Dejarme caer. Pero hasta ahora encontrar siempre el camino a casa. Y las chispas, en la oscuridad, esparcidas por la pantalla. Y en el crepúsculo de verano, sentarse con los murciélagos. Y como casa, o como hogar, no tener en la mente ni el pueblo ni la casa, sino el camino a través de los campos.

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ÁGATA OJO DE GATO. José Manuel Caballero Bonald


Agata ojo de gato Jose Manuel caballero Bonald
Al igual que entonces en Zapalejos, todo volvía a contagiarse por aquellos contornos de una deletérea emanación de vísceras calientes y líquidos excrementicios. Como en el cruento ritual ofrecido a alguna deidad vigente aún en aquella marismeña encrucijada de mitologías, la victimaría, con los brazos chorreantes y el cuchillo fulgiendo de cuajarones, se instalaba en una especie de ara sexual del sacrificio, entre una morbosa saturación de hedores a entrañas y a regustos de acoplamientos carnales. Y algo no muy distinto perturbaba a Manuela cuando tenía que ahogar a los ánsares y garcetas, metiéndolos en un tinajón de agua hirviente y, aún notándoles el espasmo de la asfixia por los entresijos del cuello, los desnudaba con presteza cuidando de lo quebrar los tibios cañoncillos de las plumas, reunidas luego en haces de lujosa policromía. 

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LA VOLUNTAD. José Martínez Ruiz, Azorín


La voluntad Azorín
Hace una tarde gris, monótona. Cae una lluvia menuda, incesante, interminable. Las calles están desiertas. De cuando en cuando suenan pasos precipitados sobre la acera, y pasa un labriego envuelto en una manta. Y las horas transcurren lentas, eternas…
Yuste y Azorín no han podido esta tarde dar su paseo acostumbrado. En el despacho del maestro, hablan a intervalos, y en las largas pausas escuchan el regurgitar de las canales y el ruido intercadente de las goteras… Una hora suena a lo lejos en campanadas imperceptibles; se oye el grito largo, modulado, de un vendedor.
Azorín observa:
—Es raro como estos gritos parecen lamentos, súplicas… melopeas extrañas…
Y Yuste replica:
—Observa esto: los gritos de las grandes ciudades, de Madrid, son rápidos, secos, sin relumbres de idealidad… Los de provincias aún son artísticos, largos, plañideros… tiernos, melancólicos… Y es que en las grandes ciudades no se tiene tiempo, se quiere aprovechar el minuto, se vive febrilmente… y esta pequeña obra de arte, como toda obra de arte, exige tiempo… y el tiempo que un vendedor pierda en ella, puede emplearlo en otra cosa…

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12 REGLAS PARA VIVIR. Jordan Peterson


12 reglas para vivir Jordan Peterson
Con nuevos ánimos, con más fuerza puede que decidas abrazar el Ser y hacer lo posible para que se desarrolle y mejore. Con más fuerza puede que seas capaz de aguantar de pie, incluso durante la enfermedad de un ser querido, incluso tras la muerte de un familiar, y dejar que los demás se apoyen en tu fuerza cuando de lo contrario se hundirían en la desesperación. Con nuevos ánimos, te embarcarás en el viaje de tu vida, brillarás como desde una colina celestial e irás tras el destino que te corresponde. Puede que entonces el significado que posea tu vida baste para mantener a raya la peligrosa influencia de la desesperación existencial.
Y puede que entonces aceptes la terrible carga del mundo y que sientas alegría.

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EL AMOR, LAS MUJERES Y LA MUERTE. Arthur Schopenhauer


El amor las mujeres y la muerte Y otros ensayos Arthur Shoppenhower
Sentado esto, si se observa el papel importante que representa el amor en todos sus grados y en todos sus matices, no sólo en las comedias y novelas, sino también en el mundo real, donde, junto con el amor a la vida, es el más poderoso y el más activo de todos los resortes; si se piensa en que de continuo ocupa las fuerzas de la parte más joven de la humanidad; que es el fin último de casi todo esfuerzo humano; que tiene una influencia perturbadora sobre los más importantes negocios; que interrumpe a todas horas las ocupaciones más serias; que a veces hace cometer tonterías a los más grandes ingenios; que no tiene escrúpulos en lanzar sus frivolidades a través de las negociaciones diplomáticas y de los trabajos de los sabios; que tiene maña para deslizar sus dulces esquelas y sus mechoncitos de cabellos hasta en las carteras de los ministros y los manuscritos de los filósofos, lo cual no le impide ser a diario el promovedor de los asuntos más malos y embrollados; que rompe las relaciones más preciosas, quiebra los vínculos más sólidos y elige por víctimas ya la vida o la salud, ya la riqueza, la alcurnia o la felicidad; que hace del hombre honrado un hombre sin honor, del fiel un traidor, y que parece ser así como un demonio que se esfuerza en trastornarlo todo, en embrollarlo todo, en destruirlo todo, entonces estamos prontos a exclamar: ¿Por qué tanto ruido? ¿Por qué esos esfuerzos, esos arrebatos, esas ansiedades y esa miseria?

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POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS. Ernest Hemingway


¿Por quién doblan las campanas Ernest Hemingway
Y hubo entonces el olor de la jara aplastada y la aspereza de los tallos quebrados debajo de la cabeza de María, y el sol brillando en sus ojos entornados. Toda su vida recordaría él la curva de su cuello, con la cabeza hundida entre las hierbas, y sus labios, que apenas se movían, y el temblor de sus pestañas, con los ojos cerrados al sol y al mundo. Y para ella todo fue rojo naranja, rojo dorado, con el sol que le daba en los ojos; y todo, la plenitud, la posesión, la entrega, se tiñó de ese color con una intensidad cegadora. Para él fue un sendero oscuro que no llevaba a ninguna parte, y seguía avanzando sin llevar a ninguna parte, y seguía avanzando más sin llevar a ninguna parte, hacia un sin fin, hacia una nada sin fin, con los codos hundidos en la tierra, hacia la oscuridad sin fin, hacia la nada sin fin, suspendido en el tiempo, avanzando sin saber hacia dónde, una y otra vez, hacia la nada siempre, para volver otra vez a nacer, hacia la nada, hacia la oscuridad, avanzando siempre hasta más allá de lo soportable y ascendiendo hacia arriba, hacia lo alto, cada vez más alto, hacia la nada. Hasta que, de repente, la nada desapareció y el tiempo se quedó inmóvil, se encontraron los dos allí, suspendidos en el tiempo, y sintió que la tierra se movía y se alejaba bajo ellos.

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EL LARGO ADIÓS. Raymond Chandler


El largo adiós Raymond Chandler
Muy lejos subía y bajaba el gemido como de alma en pena de las sirenas de la policía o de los bomberos, que nunca permanecían en silencio mucho tiempo. Veinticuatro horas al día alguien corre y otra persona está intentando alcanzarle. Allí fuera, en la noche entrecruzada por mil delitos, la gente moría, la mutilaban, se hacía cortes con cristales que volaban, era aplastada contra los volantes de los automóviles o bajo sus pesados neumáticos. A la gente la golpeaban, la robaban, la estrangulaban, la violaban y la asesinaban; gente que estaba hambrienta, enferma, aburrida, desesperada por la soledad o el remordimiento o el miedo; airados, crueles, afiebrados, estremecidos por los sollozos. Una ciudad no peor que otras, una ciudad rica y vigorosa y rebosante de orgullo, una ciudad perdida y golpeada y llena de vacío.

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SOBRE LA HISTORIA. Bertrand Russell

 
Ensayos filosóficos Bertrand Russell
Año tras año mueren los camaradas, muestran ser vanas las esperanzas, se desvanecen los ideales; la tierra encantada de la juventud queda más lejos, el camino de la vida se hace más tedioso, aumenta el peso del mundo hasta que el trabajo y las penas se hacen casi demasiado pesadas de soportar; la alegría se desvanece en las fatigadas naciones de la tierra, y la tiranía del futuro mina la fuerza vital de los hombres; todo lo que amamos se decolora, en un mundo agonizante. Sin embargo, el pasado, devorando siempre los productos del presente, vive por la muerte universal; firme e irresistiblemente añade nuevos trofeos a su templo silencioso, construido por todas las épocas; allí están enterradas todas las proezas, todas las vidas magníficas, todas las conquistas y fracasos heroicos. Por las orillas del rio de Tiempo, la triste procesión de las generaciones humanas camina lentamente hacia la tumba; en el apacible país del Pasado, la marcha finaliza: ahí se quedan los cansados vagabundos, y todos sus llantos enmudecen.



EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE. Mark Hadon


El curioso incidente del perro a medianoche Mark Haddon
Lo que de verdad pasa cuando te mueres es que tu cerebro deja de funcionar y el cuerpo se pudre, como el de Conejo cuando se murió y lo enterramos al fondo del jardín. Todas sus moléculas se descompusieron en otras moléculas y pasaron a la tierra y se las comieron los gusanos y pasaron a las plantas. Si vamos y cavamos en el mismo sitio al cabo de 10 años, no quedará nada excepto su esqueleto. Y al cabo de 1.000 años, hasta el esqueleto habrá desaparecido. Pero eso está bien, porque ahora forma parte de las flores y del manzano y del matorral de espino.

A veces, cuando las personas se mueren, las ponen en ataúdes, lo que significa que no se mezclan con la tierra durante muchísimo tiempo, hasta que la madera del ataúd se pudre.

Pero a Madre la incineraron. Eso quiere decir que la metieron en un ataúd y lo quemaron y redujeron a cenizas y a humo. Yo no sé qué se hace de las cenizas, no pude preguntarlo en el crematorio porque no fui al funeral. Pero el humo sale por la chimenea y se dispersa en el aire, y a veces levanto la vista al cielo y pienso en que allá arriba hay moléculas de Madre, o en las nubes sobre África o el Antártico, o en forma de lluvia en las selvas de Brasil, o de nieve en alguna parte.

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ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA.  Friedrich Nietzsche


Así habló zaratustra Friedrich Nietzsche
¡Oh, sólo vosotros los oscuros, los nocturnos, sacáis calor de lo que brilla! ¡Oh, sólo vosotros bebéis leche y consuelo de las ubres de la luz!
¡Ay, hielo hay a mi alrededor, mi mano se abrasa al tocar lo helado! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed!
Es de noche: ¡ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: ahora, cual una fuente, brota de mí mi deseo, – hablar es lo que deseo.
Es de noche: ahora hablan más fuerte todos los surtidores. Y también mi alma es un surtidor.
Es de noche: ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante. 

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VIAJE AL FIN DE LA NOCHE. Louis-Ferdinand Céline


Viaje al fin de la noche Luis Ferdinand Celine
Más valía callarse y mirar afuera, por la ventana, los terciopelos grises de la tarde que se apoderaban ya de la avenida de enfrente, casa por casa, primero las más pequeñas y luego las demás, las grandes, y después la gente que se agitaba entre ellas, cada vez más débiles, equívocos y desdibujados, vacilando de una acera a otra antes de ir a hundirse en la obscuridad.

Más lejos, mucho más lejos que las fortificaciones, filas e hileras de lucecitas dispersas por toda la sombra como clavos, para tender el olvido sobre la ciudad, y otras lucecitas más que centelleaban entre ellas, verdes, pestañeaban, rojas, venga barcos y más barcos, toda una escuadra venida allí de todas partes para esperar, trémula, a que se abriesen tras la Torre las enormes puertas de la Noche.



MUJERES. Charles Bukowski


Mujeres Charles Bukowski
Entré en la cama con ella. La pequeña niña-mujer estaba lista. La atraje hacia mí. La suerte estaba otra vez de mi lado, los dioses me sonreían. Los besos se hicieron más intensos. Puse su mano en mi verga y luego le subí el camisón. Empecé a jugar con su coño. ¿Katherine con un coño? Se erigió el clítoris y lo acaricié con ternura, una y otra vez. Finalmente, la monté. Mi verga entró hasta la mitad. Era muy estrecha. Moví hacia delante y detrás y luego empujé. El resto de mi verga penetró. Era glorioso. Ella me apretó. Me moví y seguía apretado. Traté de controlarme. Cesé las sacudidas y esperé a enfriarme un poco. La besé, abriendo sus labios, chupando su labio superior. Vi su cabellera desparramada por toda la almohada. Entonces desistí de intentar complacerla y simplemente la jodí, poseyéndola viciosamente. Era como un asesinato. No me importaba, mi polla se había vuelto loca. Todo aquel pelo, su cara núbil y hermosa. Era como violar a la Virgen María. Me corrí. Me corrí en su interior, agonizando, sintiendo cómo mi esperma se introducía en su cuerpo. Ella estaba indefensa y yo disparé mi éxtasis al interior último de su ser, cuerpo y alma, una y otra vez...

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FUNDACIÓN E IMPERIO. Isaac Asimov


Fundación e imperio Isaac Asimov
El bufón sonrió, lo cual aumentó la tristeza de su rostro delgado, y cuando habló lo hizo con las suaves y elaboradas frases de los Sectores Centrales.

—Si utilizara el ingenio que los buenos espíritus me dieron —dijo—, entonces diría que esta dama no puede existir, pues ¿qué hombre en su sano juicio llamaría al sueño realidad? Sin embargo, yo preferiría no ser cuerdo y prestar crédito a mis ojos hechizados.

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UNA APUESTA. Anton Chejov


Una Ana colgada al cuello y otros cuentos Anton Chejov
En vuestros libros he escalado las cimas del Everest y del Mont-Blanc, desde donde he contemplado la salida del sol al alba y su puesta al atardecer, inundando de un oro carmesí el cielo, el océano y la cumbre de las montañas; he visto, por encima de mí, brillar al relámpago rasgando las nubes; he visto los verdes bosques, los campos, los ríos, los lagos, las ciudades… He oído el canto de las sirenas y el caramillo de los pastores; he sentido las alas de prodigiosos demonios que han descendido hasta mí para hablarme de Dios. Con vuestros libros me he arrojado a precipicios sin fondo, he hecho milagros, he matado, he incendiado ciudades, he predicado nuevas religiones, he conquistado reinos enteros… Vuestros libros me han dado la sabiduría. Cuanto el espíritu humano ha sido capaz de crear a través de los siglos está comprimido en mi cerebro. Sé que soy más inteligente que todos vosotros, y desprecio vuestros libros y bienes y toda la sabiduría del mundo… Todo es inútil, vago, engañoso y vano como un espejismo. Y por muy orgullosos que estéis, por muy sabios y hermosos que seáis, la muerte no dejará de borraros de la faz de la tierra como a ratas, y las generaciones de vuestros descendientes, vuestra historia, la inmortalidad de vuestros genios, ¡todo quedará helado o arderá con la tierra entera!



TRÓPICO DE CÁNCER. Henry Miller


Trópico de cáncer Henry Miller
Después de ponerse de pie para secarse, mientras seguía hablándome con simpatía, dejó caer la toalla de repente y, avanzando hacia mí despacio, comenzó a restregarse la almeja con cariño, pasándole las manos despacito, acariciándola, dándole palmaditas y palmaditas. Había algo en su elocuencia de aquel momento y en la forma como me metió aquella mata de rosas bajo la nariz que sigue siendo inolvidable; hablaba de ella como si fuese un objeto extraño que hubiera adquirido a alto precio, un objeto cuyo valor había aumentado con el tiempo y que ahora apreciaba como nada del mundo. Sus palabras le infundían una fragancia peculiar; ya no era sólo su órgano privado, sino un tesoro, un tesoro mágico y poderoso, un don divino... y no lo era menos porque comerciara con ella día tras día a cambio de unas monedas. Al echarse en la cama, con las piernas bien abiertas, la apretó con las manos y la acarició un poco más, mientras murmuraba con su ronca y cascada voz que era buena y bonita, un tesoro, un pequeño tesoro. ¡Y lo era, su almejita!

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MEMORIAS DE UN CAZADOR. Iván Turguenev


Memorias de un cazador Iván Thurgueniev
¡Qué ocupación tan agradable es estar tumbado en el bosque mirando a lo alto! Se diría que contemplamos un mar insondable que se extiende a nuestros pies, que los árboles no nacen de la tierra, sino que descienden como si fueran las raíces de unas plantas colosales, cayendo a plomo en esas límpidas olas de cristal; las hojas tan pronto parecen esmeraldas, reduciendo al trasluz, de cómo se condensan en un verdor dorado, casi negro. En algún lugar, lejos, muy lejos, como remate de una fina rama, se ve una hoja solitaria sobre un retazo azul de cielo transparente, y a su lado se mece otra cuyo movimiento se asemeja al aleteo de los peces, como si fuera voluntario, no debido al viento. Cual fabulosas islas submarinas, flotan en silencio y se alejan en silencio las gruesas nubes blancas; pero, de pronto, todo ese mar, todo ese aire resplandeciente, esas ramas y esas hojas bañadas por el sol empiezan a fluir, se agitan con un destello fugaz y se despierta un fresco y tembloroso susurro que recuerda al incesante chapoteo del oleaje. No nos movemos, nos limitamos a mirar, y no hay palabras para expresar la alegría, la paz, la dulzura que reinan en nuestro corazón. Miramos: ese profundo y puro azul nos arranca una sonrisa de los labios, tan inocente como el propio azul, como las nubes que recorren el cielo, y es como si con ellas, en lenta procesión, pasaran por el alma los recuerdos alegres, y se diría que nuestra mirada se aleja más y más, y nos arrastra hacia ese abismo sereno y fulgurante, y se nos hace imposible apartarnos de esa altura, de esa profundidad… 

16/6/15

Somos el fruto del amor

Y aquí estamos
todos

con un montón
de espadas de
Damocles

―la muerte, el dolor,
la pérdida…―

pendiendo
sobre
nuestras cabezas.


10/6/15

Éntomos

He visto hembras de una extraña especie de abejas que nacen bajo tierra, en madrigueras individuales excavadas por sus madres en el suelo ardiente del desierto. Lo que se encuentran al asomarse al exterior por primera vez en sus efímeras vidas es una banda de machos enloquecidos y violentos que pelean a muerte entre sí por aparearse con ellas. Las pobres hembras son arrastradas de pronto hacia el centro de una lucha encarnizada en la que todos los machos intentan alejarlas de las garras de los demás. Algunas de ellas acaban con sus blancas cabezas arrancadas del cuerpo. Cuando todo termina no queda ningún macho vivo. Las hembras que han sobrevivido empiezan a excavar los túneles donde depositarán los huevos de los que nacerá la nueva generación destinada a sufrir y perpetuar esta masacre.

He visto a una chinche que cuida de sus crías, las cuales parecen un racimo de tomates cherry. Se pasa horas buscando frutos para sus bebés pero cuando encuentra el adecuado, otra chinche se lo roba. Cansados de esperar, sus hijos abandonan el nido. Cuando regresa a su hogar, descubre que se ha quedado sola y que ha fracasado en su misión. Pero el drama no termina aquí. Los pequeños prófugos se unen al nido de la chinche ladrona. Ésta los acepta sin poner ninguna objeción, pero tendrá que trabajar el doble para alimentar a su prole multiplicada. Al final, el esfuerzo extra la lleva a morir de agotamiento y los tomatitos cherrys se dan con ella un último festín antes de empezar su vida adulta.

He visto al llamado escarabajo de Darwin, que escala árboles de veinticinco metros de altura en busca de una hembra y que tiene dos monstruosas mandíbulas más largas que su propio cuerpo. Por el camino pelea con otros machos. El vencedor levanta a sus adversarios con sus mandíbulas y los arroja al vacío. Cuando por fin alcanza a la hembra, la obliga a copular y en cuanto acaba, la tira del árbol como ha hecho con los otros machos. 

Y también he visto millones de mariposas cubriendo juntas toda la superficie de un gigantesco árbol después de emigrar tres mil kilómetros y hormigas que cultivan hongos para alimentarse; y he podido ver moscas que caminan bajo las aguas de un mar envenenado de sal y escarabajos que se defienden lanzando chorros de ácido hirviendo.

Existen doscientos cincuenta millones de insectos por cada ser humano. Si se pusieran de acuerdo, nos exterminarían en lo que tarda un caballito del diablo en escapar de una telaraña. La gente dice que se duerme viendo los documentales de la 2, pero yo no sé si podré pegar ojo esta noche.



19/5/15

Una vez más

Es ese niño con la cara deforme
del que os hablé.

Lo veo desde mi ventana mientras
se dirige a la parada del autobús,
con su enorme mochila Adidas y
su lata de Coca-Cola.

Nada en su cara es lo que cabría esperar.

Nada se encuentra exactamente en su sitio.

Es un niño grande y
parece bastante fuerte.

Camina erguido, orgulloso,
mirando a la gente
con arrogancia.

No quiere nuestra compasión.

Él sabe mejor que nadie
lo inhumana que puede llegar
a ser la vida.

Él se ríe de nosotros.

Se mea sobre nuestros
problemas de mierda.

Lleva diez  o doce años en este mundo.

Diez o doce años siendo un monstruo.

Lo único que quiere de ti es
que cojas tu compasión
y te la metas por el culo.

Él ya sabe que nunca gustará
a ninguna niña.

Que apenas se
atreverán a mirarlo a la cara.

Ya lo tiene asumido.

Pero igualmente sabe
que no volverá a permitir
que se burlen de él.

Me lo imagino en el
despacho del director,
una vez más,
con la ropa manchada
de polvo y de sangre,
los nudillos amoratados
y una sonrisa victoriosa
en su boca desordenada.

Así es exactamente
como intuyo, o como creo,
o como espero que sean
las cosas cada vez que
lo veo desde mi ventana
caminando erguido
y orgulloso hacia la
parada del autobús.



3/2/15

En la oscuridad

Puedo ver las estrellas
y puedo ver el mar;
y la gente destruyéndose,
los niños envejeciendo
y el viento agitando
la basura de las calles.

Puedo ver las arrugas
naciendo en mi cara
y puedo ver las canas
creciendo en mi cabeza;
y el miedo
en hospitales e iglesias,
las ratas corriendo
entre los coches
y las gotas de lluvia
estrellándose contra el asfalto.

Puedo ver un futuro
que no existe
y puedo ver un tiempo
de segundos que no pasan;
y la sangre de los inocentes
en bandejas de poliestireno,
los vehículos invadiendo
mi barrio por las mañanas
y las portadas de todos los libros
que leeré este año.

Pero, por encima de todo,
puedo verte cada vez
que me refugio
en la oscuridad
de mis párpados cerrados,
en cada rincón
de mi atormentada memoria
y en cada lágrima que tu ausencia
me arranca de los ojos.





26/1/15

Los 50 mejores relatos de todos los tiempos

Nota previa

Esto es una traducción libre de THE 50 BEST SHORT STORIES OF ALL TIME, un artículo que ya no está en la red, no es mi selección personal de los mejores relatos de la historia. En la medida de lo posible ofrezco enlaces gratuitos a los cuentos, pero por desgracia algunos no están traducidos al español o no se encuentran en Internet. También intento ofrecer enlaces para comprar los relatos o los libros donde se encuentran o, en el peor de los casos, algún otro libro del autor. Si compras a través de estos enlaces, Amazon me dará una pequeña comisión, por lo que estarás apoyando la continuidad de este proyecto. Muchas gracias y disfruta las lecturas.

máquina de escribir gigante, ilustración


Introducción

El relato es un arte que a veces se encuentra infravalorado. En el espacio de unas pocas páginas el autor debe tejer una historia convincente, crear personajes que interesen al lector y conducir la historia hacia su desenlace. Una hazaña que puede ser difícil de lograr incluso con un alto grado de experiencia. Sin embargo estos autores han conseguido dominar el arte de la narración breve, convirtiendo piezas comprimidas en obras memorables de la literatura que se quedan en la mente de los lectores durante mucho tiempo después de terminarlas. Así que si quieres leer algo entre clases, introducirte en el mundo de la literatura, o simplemente entretenerte un rato, elige alguno de estos relatos breves. 

Historias tristes e impactantes

Estos relatos demuestran que no hace falta leer toda una novela para quedarte aturdido y pensando en la narración una semana después de haber terminado de leerla. 

Símbolos y signos - Vladimir Nabokov 

Publicado por primera vez en The New Yorker, este relato cuenta la triste historia de una pareja de ancianos y su hijo, enfermo mental. 

Puedes leerlo en el libro Cuentos completos.

Un hombre bueno es difícil de encontrar - Flannery O`Connor

Una abuela manipuladora ocupa el centro de esta impactante historia sobre la aceptación de lo que realmente eres.

Puedes leerlo en el libro Cuentos completos.  

Las nieves del Kilimanjaro - Ernest Hemingway

Un escritor de safari en África se encuentra cerca de la muerte y echa la vista atrás. 

Puedes leerlo en el libro Cuentos.

La mosca - Katherine Mansfield

Esta historia trata algunos de los grandes temas, como la muerte, la verdad y los horrores de la guerra.

Puedes leer el libro Cuentos escogidos.

La colonia penitenciaria - Franz Kafka

Un complejo dispositivo de tortura y ejecución que talla una frase en la piel de los presos antes de la muerte ocupa el centro de este famoso cuento de Kafka. 

Puedes leer el libro La colonia penitenciaria.

Un artista del hambre - Franz Kafka

Exploración de temas como la muerte, el arte, el aislamiento y el fracaso personal, esta obra es una de las mejores de Kafka y, por desgracia, la más autobiográfica. 

Puedes leer el libro Un artista del hambre.

cuentos completos Flannery O`Connor
Los lisiados serán los primeros - Flannery O`Connor

En esta historia trágica, el idealismo de un hombre y su egoísmo lo llevan a desatender las necesidades de su hijo con tristes consecuencias. 

Puedes leerlo en el libro Cuentos completos.  

La lotería - Shirley Jackson

Publicado por primera vez en 1948, este cuento ha sido clasificado como uno de los más famosos de la literatura estadounidense a pesar de su recepción negativa en algunos lugares. 

Puedes leer el libro Cuentos escogidos.

El uso de la fuerza - William Carlos William

Esta historia pide a los lectores considerar si es o no es ético hacer daño a alguien por su propio bien y, más importante aún, si uno debe avergonzarse de disfrutar de la experiencia. 

Puedes leerlo en el libro Los relatos de médicos.

El caballito de madera ganador - D.H. Lawrence

Esta retorcida historia que se quedará contigo mucho después de leerla, documenta la extraña relación entre una madre y su hijo derrochador, que sólo anhela hacerla feliz. 

Puedes leer el libro Cuentos completos 2.

El papel de tapiz amarillo - Charlotte Perkins Gilman

Uno de los primeros trabajos de literatura feminista, esta historia sigue a una joven en su descenso a la locura, obsesionada con el patrón que sigue el papel de las paredes. 

Puedes leer el libro El tapiz amarillo.

¿Dónde vas? ¿Dónde estuviste? - Joyce Carol Oates

Este cuento fue inspirado por los asesinatos cometidos en Tucson, Arizona, por el asesino en serie Charles Schmid. 

No logro encontrarlo publicado en libro en español pero puedes leer El señor de las muñecas y otros cuentos de terror.

Antologías

Si lo que buscas es algo más que una única gran historia corta, prueba con estas lecturas obligadas.

Yo, robot - Isaac Asimov

Inspiración para muchas películas y otros escritores, esta colección es una lectura básica para cualquier fan de la ciencia-ficción. 

Puedes comprarlo aquí

Oliva Kitteridge - Elizabeth Strout 

Esta obra ganadora del premio Pulitzer contiene 13 historias cortas que detallan las vidas de Oliva y otras personas que viven en el pequeño pueblo de Maine al que ella llama hogar. 

Puedes comprarlo aquí.

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon - Tim O'Brien

Nominada y ganadora de numerosos premios literarios, esta colección de historias sobre la guerra de Vietnam fue tan popular quizás debido a que muchos de ellos se basan en las propias experiencias del autor. 

Puedes comprarlo aquí.

Dublineses - James Joyce

A lo largo de quince relatos cortos, los lectores se adentran en la vida de la clase media irlandesa de principios del siglo XX. 

Puedes comprarlo aquí.

Nueve cuentos - J.D. Salinger

Con algunos de sus cuentos más famosos como Para Esmé con amor y sordidez, esta colección es perfecta para una primera toma de contacto el popular autor. 

Puedes comprarlo aquí.

Pasos - Jerzy Kosinski
Pasos - Jerzy Kosinski

Mediante una serie de historias cortas, Kosinski te impactará, te repugnará o te acojonará. Te gustará o no, pero no te dejará indiferente. 

Puedes comprarlo aquí.

Intérprete de emociones - Jhumpa Lahiri

Esta colección ganadora del Pulitzer retrata las dificultades de los indios-americanos atrapados entre dos culturas. 

Puedes comprarlo aquí.

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? - Raymond Carver

Temas como la segregación y la infelicidad protagonizan esta colección de historias cortas sobre la vida estadounidense. 

Puedes comprarlo aquí.

Clásicos populares 

Seguro que has oído hablar de estas historias incluso si no las has leído.

La célebre rana saltarina del distrito de Calaveras - Mark Twain

Este colorido cuento sobre un hombre y su rana saltarina otorgó a Twain mucha fama y prestigio. Realmente vale la pena leerlo. 

Lo puedes comprar en e-book.

Rikki-tikki-tavi - Rudyard Kipling

Si nunca tuviste la oportunidad de disfrutar de este cuento dedicado a una mangosta, quizás ahora sea el momento. 

Puedes leerlo en el libro 7 mejores cuentos

El cuerpo - Stephen King

Novela corta llevada al cine con el título Cuenta conmigo. Profundiza en temas como la amistad y los horrores de la desgracia. 

Puedes leerlo comprando el libro Las cuatro estaciones II.

La leyenda de Sleepy Hollow - Washington Irving
La leyenda de Sleepy Hollow - Washington Irving

Seguro que has visto alguna de las numerosas adaptaciones cinematográficas de este famoso cuento, pero compararlas con el original será una experiencia interesante. 

Puedes comprarlo aquí.

El corazón delator - Edgar Allan Poe

Hay muy pocas personas que no hayan leído o al menos oído hablar de este cuento clásico. En tan solo unas pocas páginas, Poe nos sumerge en el suspense en torno a un asesino que empieza a arrepentirse del crimen que ha cometido. 

Puedes comprarlo aquí

El ruido del trueno - Ray Bradbury

Este es el cuento corto más veces publicado en la historia de la ciencia-ficción. En él se analizan las devastadoras consecuencias del efecto mariposa. 

No sé en qué libro está publicado pero te recomiendo que compres Crónicas marcianas, del mismo autor, un libro absolutamente hermoso e inolvidable. 

La Vida Secreta de Walter Mitty - James Thurber

El más famoso de los cuentos de Thurber, se centra en un hombre que está aburrido de su vida mundana y se escapa a través de una serie de grandes fantasías heroicas inspiradas en su entorno. 

Puedes comprarlo aquí.

El juego más peligroso - Richard Connell

Adaptada en una película protagonizada por Ice-T, quizá la versión literaria sea mucho más seria e interesante. 

Puedes comprarlo aquí.

Autores archiconocidos

Estos autores clásicos se han hecho famosos por sus trabajos largos, pero sus cuentos cortos pueden resultar igualmente atractivos.

Las tres preguntas - Lev Tolstoi

Esta historia corta en forma de parábola acerca de un rey en busca de respuestas a las cuestiones más importantes de la vida nos demuestra que Tolstoi llegó a dominar el arte del relato a pesar de ser famoso por sus novelas épicas. 

Puedes comprarlo aquí.

Un señor muy viejo con unas alas enormes - Gabriel García Márquez

Esta historia de realismo mágico se centra en una pareja que ha encontrado en su patio delantero lo que, para bien o para mal, creen que es un ángel. 

Puedes leerlo comprando el libro La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.

La caída de la casa Usher - Edgar Allan Poe

Este cuento clásico de terror gótico te mantendrá en tensión hasta el último momento. 

Puedes comprarlo aquí

Harrison Bergeron - Kurt Vonnegut, Jr

En este satírico y distópico cuento, la sociedad finalmente ha alcanzado la igualdad, perjudicando a sus miembros más inteligentes, atléticos o hermosos. 

No sé dónde está publicado pero te recomiendo comprar el increíble libro Matadero 5.

La nariz - Nikolai Gogol

Esta breve obra satírica cuenta la historia de un funcionario de San Petersburgo cuya nariz decide que ya ha tenido suficiente y deja la cara para comenzar una vida propia. 

Puedes comprarlo aquí.

Un diamante tan grande como el Ritz - F. Scott Fitzgerald
Un diamante tan grande como el Ritz - F. Scott Fitzgerald

Incluido en una colección de cuentos y publicado también en solitario, esta historia documenta las vicisitudes de una familia para mantener en secreto su fuente de riqueza. 

Puedes comprarlo aquí.

El espejo - Anton Chejov

Una mujer joven casada se obsesiona cuando empieza a ver su vida futura en un espejo. 

No consigo saber en qué libro puedes encontrarlo, pero aquí tienes sus Cuentos imprescindibles.

El sur - Jorge Luis Borges

Considerado por el propio Borges como uno de sus mejores cuentos, esta historia se centra en un hombre que vuelve a casa después de una experiencia cercana a la muerte. 

Puedes leerlo en el libro Ficciones.

El nadador - John Cheever

Esta historia pudo haber sido concebida originalmente para una novela, pero aguanta el tipo también como historia corta. Es una mezcla de realismo y surrealismo en torno a la vida en los suburbios de Estados Unidos. 

Puedes leerlo en en libro El nadador y otros cuentos.

Encender una hoguera - Jack London

Famoso por sus cuentos épicos sobre el hombre y la naturaleza, esta historia nos relata la lucha de un hombre y un perro por sobrevivir en el desierto. 

Puedes comprarlo aquí.

El ruiseñor y la rosa - Oscar Wilde

Esta historia utiliza la fórmula del cuento de hadas para hablar del el amor, el sacrificio y las relaciones. 

Puedes comprarlo aquí.

Escritores modernos

Hoy en día se siguen escribiendo grandes relatos. Estos son algunos escritos en los últimos veinte años y que bien merece la pena leerlos.

Amistad de juventud - Alice Munro
Meneseteung - Alice Munro

Si bien los recursos narrativos utilizados para contar la historia podrían resultar confusos al principio, los lectores perseverantes se verán recompensados con una rica narración que abarca varias décadas. 

Puedes leerlo en el libro Amistad de juventud.

The happy man - Jonathan Lethem

En esta historia, el protagonista tiene la capacidad de hacer visitas al infierno a pesar de seguir con vida, algo que confunde y frustra tanto él como a su familia. 

No hay libros de relatos traducidos al español, pero sí algunas novelas, como Huérfanos de Brooklyn.

Nuevo ataque a la panadería - Haruki Murakami

Extraña y casi onírica, esta historia parece simple, pero tendrás que pensar en volver a ella después de haber terminado. 

Puedes leerla en el libro El elefante desaparece

Brokeback Mountain - Annie Proulx

Tendrías que haber estado viviendo en una cueva para no haber oído hablar nunca de esta historia de amor vaquero. Esta narración es tan conmovedora como la película ganadora del Oscar que inspiró. 

Puedes leerla aquí.

The story - Amy Bloom

¿Te gusta la metaficción? No te pierdas esta historia lúdica y autoreflexiva que revisa la misma idea de narración. 

No hay mucho de esta autora traducido a español. Aquí puedes leer un resumen en inglés de este cuento y puedes comprar su libro de memorias Amor y pérdida.

Finales sorprendentes

Las historias cortas son a menudo el formato perfecto para la creación de finales con giros sorprendentes. Aquí están algunos de los mejores ejemplos jamás escritos.

El Collar - Guy de Maupassant

Famoso por su giro final y fuente de inspiración para muchos otros escritores, este cuento es una lectura obligada para cualquier persona interesada en el género. 

Puedes comprarlo aquí.

El incidente del puente del Búho - Ambrose Bierce

Convertido en episodio de The Twilight Zone, este cuento clásico ambientado en la Guerra Civil, trata de un hombre que está a punto de convertirse en simpatizante de la Confederación. 

Puedes comprarlo aquí.

La pata de mono - WW Jacobs

En este terrorífico cuento, los lectores aprenderán a tener cuidado con lo que desean. 

Puedes comprarlo aquí.

Pastoralia - George Saunders
Pastoralia - George Saunders

Esta historia, que llevó a Saunders a ganar un premio O. Henry, se centra en un hombre que está atrapado en una vida que odia en un futuro distópico. 

Puedes comprar el libro Pastoralia.

El hombre del Sur - Roald Dahl

En este cuento, un hombre misterioso ofrece un chollo a cambio de encender un mechero a la primera. Si ganas, te llevas un coche. Si pierdes, te corta un dedo.

Puedes leerlo en el libro Relatos de lo inesperado.

El regalo de los Reyes Magos - O. Henry

Esta historia tiene un giro sentimental con una lección sobre el verdadero significado de dar regalos. 

Puedes comprarlo en este enlace.