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16/1/26

«Enterrado vivo», de Eskorbuto: una interpretación más allá de lo siniestro

En este artículo exploramos una interpretación simbólica y reivindicativa de «Enterrado vivo», una de las canciones más oscuras de Eskorbuto. Más allá de la lectura literal evidente, analizamos cómo su letra puede denunciar la alienación, inmovilidad y sensación de estar muerto en vida en un contexto social. 

Un tema recurrente con un lenguaje inesperado

Enterrado vivo no suele figurar entre las canciones favoritas de los seguidores de Eskorbuto, pero hay un dato que llama poderosamente la atención: el grupo llegó a grabar dos versiones muy diferentes, la que apareció en el sencillo Mucha policía, poca diversión, más rápida y desgarrada, y la que fue incluida en el álbum Los demenciales chicos acelerados, algo menos frenética y con un sonido más oscuro. Aparte de esto, figuró en incontables ocasiones en maquetas, directos, vídeos y recopilaciones. Algo debía de tener para ellos. Algo insistente, incómodo, quizá demasiado cercano.

Aparte de esto, hay otro elemento que sorprende desde la primera escucha: el lenguaje. A pesar de la crudeza del tema, la letra emplea un registro que se aleja del tono más bronco o vulgar del punk. Expresiones como «habré de morir», «a mi entorno nada vi» o «rodeaba todo mi ser» poseen una una construcción propia del lenguaje culto que siempre me ha llevado a sospechar que, al menos uno de los miembros del grupo, era aficionado a la lectura. 

Todo ello, unido a la poderosa atmósfera de pesadilla que genera la combinación de la letra y la música, siempre ha hecho que Enterrado vivo sí que figure entre mi lista personal de canciones favoritas de la banda.

El enterramiento como metáfora de alienación social 

Ahora bien, ¿y si Enterrado vivo no fuera solo —ni principalmente— una historia de terror clásico a lo Edgar Alan Poe? ¿Qué pasaría si, en lugar de una de las canciones más siniestras de Eskorbuto, estuviéramos ante una de las más reivindicativas?

La letra comienza con un despertar: «Aquel día me desperté». No es un detalle menor. El narrador no muere, no es enterrado de repente: despierta. Y al despertar descubre algo que ya estaba ahí. Oscuridad. Frío. Inmovilidad. La revelación no es el entierro, sino la conciencia del estado en el que se encuentra.

No puede oír. No puede mover los pies. No puede mover las manos. No puede hacer nada. No es difícil leer aquí la imagen de un individuo anulado, paralizado socialmente, incapaz de actuar, de expresarse o de transformar su entorno. Un sujeto al que se le ha robado la libertad antes incluso de que fuera consciente de ello.

La asfixia, el miedo a morir sin haber vivido, la certeza de que otros —los gusanos— ocuparán su lugar, pueden entenderse como una metáfora brutal de la deshumanización. De una vida reducida a supervivencia. De un sistema que entierra a las personas bajo expectativas, normas, precariedad o resignación, mientras les deja creer que siguen respirando.

En este sentido, Enterrado vivo puede leerse como el momento exacto en el que alguien se da cuenta de que ya estaba muerto en vida. No hay épica, no hay salvación, no hay salida heroica. Solo la constatación tardía. Y ahí reside su fuerza reivindicativa: no denuncia desde el discurso, sino desde la experiencia más íntima.

Interpretar, no imponer

Por supuesto, nada de esto significa que esta sea la interpretación correcta de la canción, ni que sus autores pretendieran transmitir nada de lo que aquí se ha expuesto. La hermenéutica funciona así: los textos se abren, dialogan con quien los escucha y permiten lecturas distintas siempre que estén bien argumentadas. 

Pero quizá por eso Enterrado vivo sigue sonando y resonando para muchas personas. Porque más allá del ataúd y de la tierra, quizás hable de algo bastante más cotidiano: de despertar un día y comprender que llevas años sin poder moverte.

Y eso, en el fondo, es una de las formas más aterradoras de seguir vivo.

2/5/25

Interpretar el temblor: una lectura íntima de Smells Like Teen Spirit

En septiembre de 1991, una canción se convirtió de forma inesperada en un fenómeno cultural. Smells Like Teen Spirit, el sencillo de apertura del álbum Nevermind, transformó a Nirvana de simple banda underground a voz generacional casi de la noche a la mañana. Y, sin embargo, su autor principal, Kurt Cobain, parecía no sentirse cómodo con ese estatus. «Solo me burlo de la idea de tener una revolución. Pero es una buena idea», dijo en una entrevista, resumiendo adecuadamente el tono de la canción: algo que se dice con ironía, pero sin renunciar del todo a su poder.

Este tipo de ambigüedad, esta resistencia a ofrecer un mensaje claro, es precisamente lo que permite que Smells Like Teen Spirit siga siendo objeto de debate. En una clase de hermenéutica, escuché algo que al principio me descolocó: «toda interpretación es válida siempre que esté bien argumentada, independientemente de lo que quiso decir el autor del texto». Me pareció entonces una invitación al caos, pero con el tiempo he aprendido a verla como una defensa de la libertad lectora. El sentido de una obra no está encerrado en la cabeza de quien la escribió, sino que emerge, siempre de nuevo, en el encuentro entre texto y lector. O entre canción y oyente.

Como ejemplo de esta apertura interpretativa, me propongo compartir una hipótesis personal sobre Smells Like Teen Spirit, alejada de las lecturas más habituales. No espero que coincida con la intención de Cobain, tan solo pretendo mostrar que, si se atiende a ciertas claves simbólicas del texto, es posible leer la canción como una representación del miedo, especialmente masculino, al fracaso sexual. O, dicho sin rodeos, como una metáfora del gatillazo y del pánico que lo rodea, sobre todo en las primeras experiencias sexuales.

Esta lectura se descubre ya desde el título. Smells Like Teen Spirit nació de un malentendido: Kathleen Hanna, cantante de Bikini Kill, escribió en una pared «Kurt huele a Teen Spirit», refiriéndose al desodorante de una marca popular. Cobain, que no conocía el producto, creyó que era un mensaje subversivo, un eslogan revolucionario. Desde su origen, pues, el título ya funciona como símbolo hermenéutico: algo que se interpreta en un sentido diferente al original. Lo que Hanna expresó con humor íntimo, Cobain lo recibió como mensaje generacional. Esa distancia entre lo que se quiso decir y lo que se entendió es la misma que abre la puerta a mi propia lectura.

En cuanto a la canción en sí, hay varias frases que permiten pensarla en clave sexual. El verso «With the lights out, it’s less dangerous» sugiere que el deseo, o la exposición, asusta menos en la oscuridad. No ser visto equivale a no ser juzgado, y eso es especialmente relevante si uno teme fallar. Por su parte, «Here we are now, entertain us» puede leerse como una ironía cruel: el mandato de hacer disfrutar al otro, la presión de rendir, la expectativa de complacer como si el sexo fuera una actuación. Hay una incomodidad en esa frase que no desaparece con la repetición: parece una orden disfrazada de broma.

Pero donde la canción alcanza su mayor potencia simbólica es en el célebre y críptico verso «A mulatto, an albino, a mosquito, my libido». Tradicionalmente, se lo ha interpretado como una acumulación surrealista de imágenes absurdas, casi como un desvarío fonético. Pero si se lee como una definición poética del deseo —«mi libido es…»— entonces cada imagen adquiere un peso propio. El mulato es indefinición, mezcla: ni blanco ni negro. El albino es hipersensible, incapaz de exponerse a la luz sin sufrir. El mosquito es pequeño, molesto, nocturno, más símbolo de irritación que de potencia. En conjunto, configuran una libido frágil, confusa, torpe. No la fuerza viril del erotismo clásico, sino una pulsión debilitada, insegura, casi patética. Justo lo que podría sentir alguien ante el miedo al gatillazo: deseo hay, pero también ansiedad, vergüenza, expectativas que paralizan.

Incluso el tono general de la canción, entre la rabia, la desgana y la ironía, refuerza esta lectura. No hay euforia sexual, sino ruido y distorsión. No hay seducción, sino torpeza estridente. Cobain canta como quien se burla de sí mismo, como quien no se siente dueño de lo que le pasa. La melodía es adictiva, pero está envuelta en un caos emocional que nunca se resuelve.

Podría decirse mucho más sobre el resto de la letra («una negación», «me siento estúpido y contagioso», «cuan bajo», «Y aún olvido cuál es el sabor», «ella está demasiado aburrida y segura de sí misma», etc., etc.) pero tampoco es cuestión de extender este artículo más de lo necesario. Simplemente, frente a quienes sostienen que la letra de Smells Like Teen Spirit no dice nada, propongo una lectura que intenta rescatar un posible sentido desde esa misma contradicción. No es necesario que Cobain pensara en el gatillazo cuando escribió su himno. Basta con que nosotros, al escucharla hoy, encontremos ahí una resonancia de nuestras propias inseguridades, deseos y temores. Como decía Gadamer, interpretar no es desenterrar una verdad oculta, sino participar en la construcción de un nuevo sentido.

Y en ese sentido, esta canción, leída como un retrato del miedo masculino al fracaso sexual, sigue siendo profundamente adolescente. Porque ser adolescente —como lo sugiere Smells Like Teen Spirit— no es tanto rebelarse contra el mundo como sentir que tu cuerpo, tus deseos y tu voz te fallan justo cuando más necesitas que funcionen.

2/11/24

Registro de canciones halladas en libros

Desde hace años, vengo buscando y escuchando todas las canciones que me encuentro durante mis lecturas. Me encantan las relaciones intertextuales (por ejemplo, cuando en una novela hablan de otra novela) pero también las interdiscursivas (por ejemplo, cuando en una novela hablan de un cuadro) y precisamente estas, las que se dan entre música y literatura, me resultan de lo más fascinantes, ya que hablamos de dos artes altamente disfrutables. 

Así pues, a partir de ahora voy a ir llevando en este artículo un registro de todas esas canciones que la literatura decida regalarme (trataré de localizar unas cuantas que descubrí en el pasado y que ahora mismo no estoy seguro de de dónde salieron). 

Podéis escuchar todas estas canciones en la siguiente lista de Spotify que he creado, la cual puede estar incompleta si en aquella plataforma faltan algunos temas, pero que normalmente contendrá más elementos, puesto que es más rápido añadirlos allí que aquí. 

(EN CONSTRUCCIÓN PERMANENTE)

When It's Sleepy Time Down South, de Wynton Marsalis 

Esta joya es un arreglo de un clásico del jazz llevado a cabo por el prestigioso trompetista Wynton Marsalis. Gonzalo Calcedo menciona a este músico en uno de sus maravillosos relatos, titulado Mal de mer, y que forma parte de su último libro publicado hasta la fecha, La chica que leía El viejo y el mar. La canción en sí no aparece en el cuento, la he elegido porque es la más reproducida en Spotify (este será más o menos el procedimiento que seguiré para aquellos libros que mencionen a un músico pero no una canción concreta). 

I am the walrus, The Beatles 

Hallada en el relato «Menos que un zombi», de Douglas E. Winter, el cual forma parte del maravilloso volumen El libro de los muertos. Esta canción, que es una de mis menos favoritas de la banda de Liverpool (la odio) es versionada dentro de la historia por un grupo llamado Tres en un club donde los chavales protagonistas acaban de vivir una de las escenas más locas que yo haya leído: el visionado de una película snuff en la que torturan brutalmente a una zombi. 

Black Light Trap, Shriekback

Hallada en el mismo relato que la anterior, este oscuro tema post-punk experimental simplemente suena de fondo en el club donde los chicos presenciaran la dantesca película mencionada. Sin embargo, parece improbable que el autor la haya elegido al azar o tan solo porque su atmósfera quedaría bien en un lugar tan bizarro. Y es que, la letra del tema, muy enigmática, hermética y surrealista, puede servir para lanzar guiños a la trama, no solo por el título, «trampa de luz negra», sino por fragmentos como «el desastre imperial en su furioso declive», «el aire está denso con el olor a decadencia» o «en el corazón de la ciudad, una sociedad secreta». Si leéis el relato comprenderéis a qué me refiero.

Children of God, Swans

También en el mismo relato, aparece al principio, al mencionarse que la pandilla estuvo en un concierto de esta banda de rock experimental y que uno de los chicos se estaba meando en mitad de este temazo denso y oscuro como la sangre. Como puede verse, aparece mucha música en la historia y es que al parecer es una seña del autor las referencias constantes a la cultura popular. De hecho, el propio relato es una especie de parodia-homenaje de la novela Menos que cero, de Bret Easton Ellis, el autor de American psycho. 

Tight Fittin´Jeans, Conway Twitty

Cambiamos de relato, más no de libro, para adentrarnos en el memorable Un triste último amor en el bar de los malditos, de Edward Bryant, uno de mis favoritos de esta antología. Esta historia es también bastante musical, al desarrollarse en un bar-restaurante de carretera. La canción country tan pegadiza que os presento no aparece explícitamente en el cuento, sino que el antagonista, un psicópata y maniaco sexual, pide a la protagonista, una bellísima camarera, que quite la canción que está sonando, de la que hablaremos en seguida, y que ponga algo de Conway Twitty, que es cojonudo. Esto me generó curiosidad y decidí buscar uno de sus temas y creo que este va muy bien, pues en su letra el cantante elogia los encantos de una mujer vestida con unos ajustados vaqueros a la que conoció en un bar. 

Sweet Jane, The Velvet Underground y Happy boy, The Beat Farmers

En el mismo relato, se nos informa de que en un momento dado suena en la radio la versión de Sweet Jane perteneciente a un grupo llamado The Beat Farmers. Sin embargo, como no he podido encontrar dicha versión, os ofrezco la propuesta original perteneciente a los famosísimos The Velver Underground y, para no quedarnos con la duda, también la canción con más reproducciones de The Beat Farmers, un tema humorístico que contiene una cualidad extremadamente original que me ha dejado un poco loco: un solo de... gárgaras. 

Crazy Lemon, Joe Ely

Terminando ya con el relato de Bryant tenemos esta curiosa canción que narra las aventuras de Limón Loco, un delincuente que roba un camión de cerveza, que trafica con «aspirinas» y que en definitiva siempre anda viviendo su libertad huyendo de las autoridades.

Varias canciones en Saxofón, de Nicholas Boyle

Este fue uno de los relatos que menos me gustó de El libro de los muertos. Ambientado en el apocalipsis zombi pero al otro lado del telón de acero, nos ofrece un confuso maremágnum de bandas criminales y muertos que no pierden la conciencia. Realmente no recuerdo o no entendí muy bien la trama pero, como se puede adivinar por el título, es un relato muy musical que señala un puñado de buenas canciones que voy a enlazar sin más, pues no puedo aportar ningún comentario valioso. 

These Foolish Things (Remind Me of You), Nat King Cole. Esta balada melancólica compuesta entre tragos de café y vodca relata una infinidad de cosas que al cantante le recuerdan a su amor prohibido, como columpios, el sonido de un piano, un parque por la noche, el gemido de los vapores o el aroma ardiente de las hojas.  

Anthropology, Elvin Jones. Animada canción de jazz instrumental. 

St. Thomas, Sonny Rollings. Alegre pieza de jazz instrumental cuya melodía se basa en una canción folclórica de las Bahamas. 

You don´t know what love is, Dinah Whashington. Balada jazz estándar que explora el dolor y la melancolía del amor perdido. La letra describe cómo el amor verdadero solo se comprende cuando se ha experimentado la pérdida y el dolor de la separación. Esta versión de la canción se considera una de las interpretaciones definitivas y un testimonio del increíble talento de Dinah Washington como vocalista de jazz.


I found a new baby, 

Now´s the time, Charlie Parker Quartet


Mack the knife, Bobby Darin. En Smargasbord, en Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

Don´t think twice, it´s all right, Bob Dylan, en Dos chicos y una chica, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

Born to lose, Ray Charles, en Dos chicos y una chica, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

Oh, pretty woman, Roy Orbison en Dos chicos y una chica, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

Come softly to me, The Fleetwoods, en Dos chicos y una chica, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

I pagliacci, ópera. en Dos chicos y una chica, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

South pacific. Película musical, en Héroes del aire, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

I´ll take you home again, Kathleen, Victor Young, El mentiroso, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.

Stars fell on Alabama. Ella Fitgerald. En Polvo, Aquí empieza nuestra historia, Tobías Wolff.


Let me call you sweetheart, Bing Crosby, en El periodo azul de Daumier Smith, 9 cuentos, Salinger


Plastic Jesus, Tia Blake. En El día de la mariposa, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

May the circle be unbroken, Spacemen 3. En La hora de la muerte, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

It is no secret, what God can do?, Elvis Presley. En La hora de la muerte, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

Danse macabre, Camille Saint-Saens. En Mejor el remedio, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

Ballerina, Nat King Cole. En Mejor el remedio, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

Slow boat to China, Jenie Luvv. En Mejor el remedio, en Danza de las sombras, Alice Munro. 

14/7/24

Las 10 mejores canciones de los Beatles que no son tan, tan, tan conocidas como Yesterday y demás

Enrollarse demasiado hablando sobre los Beatles puede resultar superfluo y cansino, pues todo el mundo sabe de sobra que fueron los putísimos amos, en esencia por haber compuesto una cantidad demencial de canciones impresionantemente buenas, convirtiéndose en la banda más influyente de la historia, mostrando una increíble evolución artística y, por si fuera poco, haciéndolo todo en menos de una década. 

Por eso, por ser tan importantes y famosos, resulta ya muy difícil escribir algo original o interesante o diferente sobre ellos, pero como yo los quiero tanto y nunca les he dedicado ningún artículo (aunque sí un vídeo) hoy me encuentro aquí tratando de reconciliar esas dos pulsiones. 

Así pues, he decidido crear esta lista con las 10 mejores canciones de los Beatles pero que no sean las 10 típicas que aparecerían en cualquier lista, como por ejemplo Yesterday, In my life, Something, Hey Jude, Help, Here comes the sun, Let it be, Across the Universe, While my guitar gently weeps o Strawberry fields forever (esta sería una lista de la que el 90% de los fans seleccionaría el 80% de los temas, no tengo ni pruebas ni dudas). 

Vamos allá con mi lista personalísima, subjetivísima, parcialísima y peculiarísima de las 10 mejores canciones de The Beatles (eliminando las que son las mejores para casi todo Cristo). Debo decir que me he forzado un poco seleccionando menos canciones de McCartney de las que me habría gustado y más canciones de los cinco primeros discos de lo que habría preferido, todo ello en pos de la variedad. 


MISERY, 1963 (PLEASE, PLEASE ME)

Es el segundo tema del primer disco de los Beatles, una canción animada y pegadiza aunque triste y melancólica. La verdad es que a mí me ha gustado mucho desde que la escuché y siempre he recurrido a ella cuando he querido torturarme un poco a causa de alguna de mis frecuentes fracturas cardiacas. Con sus menos de dos minutos de duración, se convirtió en una de las canciones más breves de la banda y, además, fue la primera en ser versionada por otro artista, ya que Kenny Lynch la grabó en el mismo año que sus autores. Otros músicos que la versionaron fueron The Flamin' Groovies y la banda serbia Eva Braun. 

I´LL FOLLOW THE SUN, 1964 (BEATLES FOR SALE)

Esta bellísima canción fue compuesta por un mocoso McCartney (sí, tenía 16 años y la gripe, el adjetivo no puede ser más preciso) mientras se echaba un cigar en el el salón de su casa. La preciosa y nostálgica melodía sirve como perfecto telón de fondo para la letra, que narra el testimonio de un hombre que va a poner fin a una relación medio arruinada para poder alcanzar la felicidad. La metáfora del sol es poesía pura y sorprende que haya sido desarrollada de un modo tan magistral y económico por un adolescente constipado. La canción fue destrozada por un tal Sandro, que grabó una lamentable versión en español cambiando por completo la letra, convirtiéndola en una pastelada romántica del montón. Otros homenajes mucho más dignos fueron la versión acústica de Chet Atkins y la propuesta de Hailey Brinnel acompañada de contrabajo.

I´VE JUST SEEN A FACE, 1965 (HELP!)

Otro ejemplo paradigmático de la genialidad del maestro Macca es esta inspiradora canción de amor a la que he recurrido mucho también, pero en este caso, durante mis inhabituales momentos de felicidad afectiva. Su letra constituye toda una oda al flechazo, mostrando a un protagonista eufórico y esperanzado que ha caído rendido bajo el hechizo de la belleza de una chica a la que apenas acaba de ver. Su frenético ritmo country y western favoreció que varias bandas de bluegrass como The Dillards la versionasen metiéndole banjos y violines.


THINK FOR YOURSELF, 1965 (RUBBER SOUL)

Este es uno de los temazos con los que el bueno de George trataba dignamente de abrirse paso entre los dos titanes de la composición que tenía por compañeros de banda. Destaca por su sonido experimental y por su letra que fomenta el pensamiento crítico y/o de cuestionamiento del poder, siendo una de las primeras composiciones de la banda en dejar totalmente de lado los temas amorosos. No ha sido una canción muy versionada pero he encontrado esta interesante propuesta soul de Cory Henry.


RAIN, 1966 (PAST MASTERS)

Esta maravillosa canción, densa y pausada, con un pletórico Ringo Star haciendo magia a la batería, con voces grabadas al revés y con nada menos que tres vídeos, claramente precursores de los llamados videoclips (Harrison llegó a decir que ellos inventaron la MTV), nunca fue número uno y, además, salió publicada como cara B de Paper back writer (¿la mejor cara b de toda la putísima historia? Sí). La carga simbólica de la lluvia es amplia y diversa, pero, a mi modo de ver, aquí Lenon la emplea magistralmente para lanzar un poderoso mensaje estoico. La gente se queja de la lluvia y se queja del sol, se queja de todo, pero todo es cuestión de enfoque. Si llueve, está bien, si no, también. Ha sido versionada por grupos como U2 o Allman Brothers, pero solo he encontrado esta propuesta curiosa de Humble Pie.

FOR NO ONE, 1966 (REVOLVER)

Triste y melancólica donde las haya, esta breve y exquisita pieza de pop barroco fue la primera canción de la banda que se grabó con cero participación de Lenon y Harrison, aunque contó para el inolvidable solo de trompa con Alan Civil, quien era a la sazón uno de los mejores intérpretes de este instrumento (Paul tuvo el cuajo de decirle que podía hacerlo mejor). En la letra, McCartney vuelve a ofrecer una variación del tema del desamor, centrándose esta vez en esos momentos trágicos en los que empiezas a olerte que la churri barrunta mandarte a hacer gárgaras pero tú todavía la quieres demasiado, ay. Elvis Costello dijo que es su canción favorita de The Beatles, y supongo que la habrá versionado, pero he preferido compartir esta relajante propuesta instrumental de Steve Dawson.

WHITH A LITLE HELP FROM MY FRIENDS, 1967 (SGT. PEPPER´S LONELY HEARTS CLUB BAND)

Es una de las pocas canciones de la banda cantada por Ringo y una de las pocas obras maestras de la historia que cuenta con una versión que le hace mucha sombra, tanta que casi, casi, llega a taparla. Hablo de la impresionante pieza lanzada por Joe Cocker, sí, esa que logra remover cada fibra de tu alma cuando suena y trae a tu mente la apertura de Aquellos maravillosos años (esta información solo tendrá sentido para mayores de cuarenta castañas). Aun así, la original de los Beatles no deja de ser una canción formidable, con una melodía fresca y radiante y un mensaje absolutamente inspirador y muy necesario: puede que estés jodido, pero con la ayuda de tus panitas saldrás adelante (al menos, la mayor parte de las veces). 

MARTHA MY DEAR, 1968 (WHITE ALBUM)

Un día me enteré de que está canción no estaba dedicada a una chica, como podría parecerlo en un principio, sino a Martha, una perrita que pasó toda su vida junto a Paul McCartney, desde 1966 hasta 1981, y yo, que he perdido ya a tantos gatitos, me sentí como si se me hubiese metido algo en el ojo (un cactus, quizá). Para grabar esta conmovedora y alegre composición, Paul sudó de su grupo, tocó el bajo, el piano, la guitarra y la batería y se rodeó de una orquesta formada por 15 personas que le imprimieron a la pieza ese característico sonido beatlesco basado en cuerdas y viento-metal. Se han hecho unas cuantas versiones pero me ha llamado la atención esta de Fools Garden, los de la canción Lemon tree, que siempre me recordó levemente a los Beatles, no sé por qué.

THE END, 1969 (ABBEY ROAD)

Sin ser una de las canciones más memorables de la banda, posee ciertas particularidades que la hacen muy especial. Y es que The end fue el último tema que los cuatro beatles grabaron juntos estando todos vivos, aunque apareciese en el penúltimo disco y detrás de ella se incluyese Her majesty. Este hecho hace que sea algo más que una canción, convirtiéndola en una especie de epitafio que condensa el legado y la trayectoria de la banda. Su estructura compleja y cambiante nos va transportando poco a poco, ofreciéndonos por el camino el regalo de cuatro solos instrumentales, uno por cada miembro de la banda, y dejándonos abruptamente sumidos en el apoteósico colofón en el que se combinan los sonidos de la orquesta y una última virguería de Harrison para proyectar al universo la sabiduría y esperanza de un aforismo idealista y pragmático a la vez: el amor que recibes es igual al amor que das. Afortunadamente no he encontrado versiones de The end. 

NOW AND THEN, 2023

Cincuenta y tres años después de la disolución de la banda y cuarenta y tres años después del asesinato de Lenon (Chapman, hijo de puta, arderás en infinitos infiernos por toda la eternidad) nos llegó otra nueva última canción de los Beatles. Y es que, la magia de la tecnología puesta en manos del director Peter Jackson permitió que se limpiase la voz de John de una cutrísima grabación casera de un temazo inédito que había compuesto en 1977. Paul, George y Ringo trataron de recuperarla en 1995, tal y como hicieron con Free as a bird y Real love, pero resultó imposible. Finalmente, el enérgico Macca retomó el proyecto junto a Ringo, mezclaron sus nuevas aportaciones con la voz de Lenon y algunas grabaciones de la guitarra de Harrison y pudieron ofrecernos esta joya elegante y melancólica que los fans agradecimos como Aquarius en el desierto. 

Cierro este artículo animándoos a echarle un ojo al pequeño documental que se hizo sobre la historia de este maravilloso regalo que nos ha llegado desde aquellos felices días en que nuestro querido John se encontraba todavía entre nosotros y parecía tener una larga vida por delante.