Lee mi artículo sobre la Ilíada en mi nuevo blog, Verba Latentia.
18/4/23
28/10/21
Fragmentos sublimes de literatura española en la prensa
El artículo puede considerarse una especie de primo pequeño del ensayo y, en torno a ambos y a otras formas discursivas, como el diálogo o la biografía, y que pueden englobarse bajo etiquetas como «géneros no miméticos» (Domínguez Caparrós) o «géneros didáctico-ensayísticos» (García Berrio y Huerta Calvo), se alza la polémica sobre si deben o no ser tratados como miembros de pleno derecho de la gran familia literaria. La decisión que tomemos con relación a este asunto dependerá de la definición de literatura que decidamos adoptar: si consideramos la mímesis, la ficción, como un rasgo esencial del arte de la palabra, entonces, en principio, se quedarían excluidos; mas si sostenemos que basta para calificar a un texto como literario el hecho de que este muestre voluntad de estilo, intención artística o estética, o como queramos llamarlo, entonces el artículo podrá considerarse literatura en estado puro, especialmente cuando es ejercitado de modos tan excelsos como los que veremos a continuación.
Nota 1: He seleccionado estos fragmentos únicamente por su belleza formal, no tengo por qué estar de acuerdo o en desacuerdo con los contenidos.
Nota 2: Todos los fragmentos provienen de artículos compilados por el profesor Francisco Gutiérrez Carbajo en los libros Artículos periodísticos (Castalia, 1999) y Artículos literarios en la prensa (Cátedra, 2007).
EL MAL DE ESPAÑA (1903) - JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, «AZORÍN»
Pero descended al hecho; dejad el libro y el período; meteos en un pueblo, vivid en él; saturaos de sus hombres y de sus cosas. Y entonces, en este pueblecillo, toparéis con una apretada y menuda red de pasiones, de prejuicios, de sordideces, de miseria, de tristeza. La pobreza de un suelo sin agua ni árboles -que son talados bárbaramente-, sin cultivos racionales, ha contribuido a cristalizar este ambiente a lo largo de las generaciones; se vive en casas incómodas; se come apenas; se carece en invierno de leña que conforte nuestros miembros helados; en algunas partes es tanta la pobreza, que pasan las noches en tinieblas, faltos de luz artificial... ¿Cómo un hombre ha de transformar en breves años este medio y esta mentalidad, que es su corolario? Y así es toda España; quitad la región del Cantábrico, separad las estrechas estepas irrigadas de la depresión del Ebro y del Mediterráneo, y tendréis la España hórrida y muerta de las dos mesetas y la España yerma de los latifundios andaluces y extremeños...
DIVAGACIONES (1905) - ANTONIO MACHADO
En su hermoso libro Vida de Don Quijote y Sancho enaltece Unamuno la locura, el ímpetu generoso. Sóbrale razón. ¿Necesita maestros de cordura esta tierra de vividores, de fríos y discretos bellacones? Locos necesitamos, que siembran para no cosechar. Cuerdos que talen el árbol para alcanzar el fruto, abundan por desdicha. ¿Dónde están los lunáticos, los idealistas, los renunciadores, los ascetas, los románticos, que apenas se ven por ninguna parte? ¿Qué fantasmas son esos? En estas luchas de parásitos, que es la vida española, ¿quién ha visto a caballeros de la muerte? Tierra es esta de vividores. Venga en último caso quien enseñe y ayude a bien morir.
EL INSTINTO BÉLICO DESPUÉS DE LA GUERRA (1918) – LUIS BELLO
Desde 1914 hay millones de niños que tienen a sus padres, a sus hermanos en la guerra. ¿Qué hacen? ¡Matar! Esta es una terrible «lección de cosas». Matan por defender su patria y todas las ideas ajenas a la idea de patria. Luego se extenderán por el mundo esos millones de hombres que han matado y que, sin ellos quererlo, han adquirido el hábito de la violencia y han perdido el sagrado temor de la sangre. El más noble tendrá la heroica intrepidez de un cirujano que saja en el enemigo, con sangre del enemigo, y si es preciso con sangre propia, el tumor de la agresividad bélica. Otros conservaran la impasibilidad del carnicero ante la matanza. ¿Hasta dónde llegará después la reacción contra los horrores de hoy? Esos mismos que viven días de dolor y de gloria, los de las ofensivas mortíferas, los de los avances sobre montones de carne humana, los que asaltan trincheras y las limpian de defensores, los que arrojan bombas sobre los acantonamientos, los que no sueñan sino con la destrucción y muerte del adversario, ¿qué harán después, cuando vuelvan a la paz de su hogar y acaricien la frente de un niño que quiere saber lo que su padre hizo en la guerra? ¿Continuarán la leyenda de la gloria bélica?
Sobre el cañamazo de la historia el hombre teje, desteje y vuelve a empezar pacientemente, aplicadamente, eternamente, como si no supiera hacer más cosa que ir y venir, un pie tras otro, adelante y atrás, ayer, hoy y mañana, un día y otro día y otro, hasta que muere y se desdibuja en el horizonte familiar y en la flaca memoria de las gentes. Para Tucídides, la historia no es sino un incesante volver a empezar.
–¡Es un supuesto muy amargo!
–No; Quizá no sea más que una evidencia sin sabor alguno. O una ilusión para no morir de hastío.
–Quizá.
T. V. = TEDIUM VITAE (1987) – CARMEN MARTÍN GAITE
La operación "Tormenta del Desierto" nos ha metido a todos arena en los ojos. Por eso estamos llorando. Entre las lágrimas y la arena se forma un barro sucio y es el momento de preguntarnos si no estaremos hechos de ese barro. Quizá el ser humano no tenga remedio, o quizá ocurra, así se ha pensado a veces, que el hombre es bueno y los hombres son malos. Lo cierto es que una ráfaga de pesimismo antropológico nos lleva a sentir lo que Valle-Inclán llamó vergüenza biológica. ¿Por qué tengo yo que pertenecer a esta especie cruel? La humanidad ha retrocedido de ayer a hoy, desde el mismo momento en el que empezaron los bombardeos nocturnos, que parece que los iraquíes, como los comanches, no gustan de guerrear en la noche, y el mundo es peor de lo que era. Un mesón destartalado donde los huéspedes matan y mueren.
DUENDES EN LA GALAXIA GUTENBERG (1992) - LUIS LANDERO
Pero, de todas aquellas academias, recuerdo sobre todo una que quedaba por Fuencarral, en un piso segundo que daba a unos patios interiores donde nunca se oía nada salvo, en días de lluvia, un canalón ciego que vertía de lo alto. Todo era allí sucio y penumbroso. Una luz trémula de oratorio apenas se bastaba para poner en fuga la vaga perspectiva de unos corredores largos, de techos encumbrados y confín ominoso. El equívoco de los claroscuros, los espejismos del silencio, los recovecos y rincones: todo invitaba allí a la levedad y al devaneo. A la larga, aquel ambiente entre hospitalario y soporífero se me revela como una imagen exacta de la época. Más de un estudiante, rendido por una jornada laboral que había empezado con el amanecer, se quedaba dormido sobre el pupitre, mientras remotamente el profesor explicaba de Hegel lo único que al parecer había entendido de él: su oscuridad. Él soñaba con Hegel y el estudiante soñaba acaso con un automóvil, una muchacha y un domingo de sol. Hijos de la misma desdicha, parecían ambos representar los sueños monstruosos o líricos de la razón desvanecida.
MELANCOLÍA (1993) - LUIS ALBERTO DE CUENCA
Ya no te sirve tu ciudad. La han convertido en un inmenso basurero donde los ciudadanos escarban buscando su ración de podredumbre, donde la fuerza bruta impera y todos desconfían de todos. ¿Qué pintas tú en esta ciudad sórdida y bronca donde nadie sonríe, plagada de automóviles, de calles levantadas, de caras antipáticas y hostiles, de jóvenes sin futuro y viejos aterrorizados? ¿Qué tienes que ver tú con una ciudad que va quitándose de encima los cafés y los cines para instalar, a cambio, en cada esquina un videoclub o una sucursal bancaria, con una ciudad que identifica el placer con el alcohol y con las drogas y que cree que sólo es posible divertirse de noche?
21/4/19
Diez sobrecogedores fragmentos de 'Hijos de la ira'
Presentación
Dámaso Alonso generó un gran impacto con la publicación de Hijos de la ira (1944), considera la obra cumbre de la poesía desarraigada. En sus versos se aprecia una fuerte influencia del existencialismo y un profundo sentimiento religioso. Sin llegar a la crítica social que predominaría en los años cincuenta, el autor se alejó drasticamente de la poesía triunfalista y connivente afín al régimen, presentando un mundo desolado en el que el individuo cae presa del pesimismo y de la más absoluta agonía existencial. He seleccionado diez de los fragmentos más destacables, aunque recomiendo vivamente leer el libro completo, ya que considero que no tiene desperdicio.
Por cierto, Dámaso Alonso fue esposo de Eulalia Galvarriato, una escritora injustamente olvidada e infravalorada, de la cual hemos hablado en este artículo.
Fragmentos sobrecogedores de Hijos de la ira
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro,
cabalgando en las rojas melenas del ocaso,
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.
---
Ah, nosotros somos un horror de salas interiores en cavernas sin fin,
una agonía de enterrados que se despiertan a la media noche,
un fluir subterráneo, una pesadilla de agua negra por entre minas de carbón,
de triste agua, surcada por la más tórpidas lampreas,
nosotros somos un vaho de muerte,
un lúgubre concierto de lejanísimos cárabos, de agoreras zumayas, de los más secretos autillos.
Nosotros somos como horrendas ciudades que hubieran siempre vivido en black-out,
siempre desgarradas por los aullidos súbitos de las sirenas fatídicas.
Nosotros somos una masa fungácea y tentacular, que avanza en la tiniebla a horrendos tentones,
monstruosas, tristes, enlutadas amebas.
---
Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?
Ah, ¿qué habéis visto en ese instante del encontronazo con el
camión gris de la muerte?
No sé si cielos lejanísimos de desvaídas estrellas, de lentos
cometas solitarios hacia la torpe nebulosa inicial,
no sé si un infinito de nieves, donde hay un rastro de sangre, una
huella de sangre inacabable,
ni si el frenético color de una inmensa orquesta convulsa cuando
se descuajan los orbes,
ni si acaso la gran violeta que esparció por el mundo la tristeza
como un largo perfume de enero,
ay, no sé si habéis visto los ojos profundos, la faz impenetrable.
---
Ella recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara
de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables
margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y
esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
---
A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.
---
Fino, fino,
iba creciendo y en largos arcos se irradiaba.
Proyectaba raíces, que, invasoras,
se hincaban en la carne,
desviaban, crujiendo, los tendones,
perforaban, sin astillar, los obstinados huesos, durísimos
y de él surgía todo un cielo de ramas
oscilantes y aéreas,
como un sauce juvenil bajo el viento,
ahora iluminado, ahora torvo,
según los galgos-nubes galopan sobre el campo
en la mañana primaveral.
---
Y estaban verdes, amarillos y de color de dátil, de color de tierra seca los insectos,
ocultos, sepultos, fuera de los insectos y dentro de mi carne,
dentro de los insectos y fuera de mi alma,
disfrazados de insectos.
Y con ojos que se reían y con caras que se reían y patas,
y patas que no se reían, estaban los insectos metálicos
royendo, royendo y royendo mi alma, la pobre,
zumbando y royendo el cadáver de mi alma que no zumbaba y que no roía,
royendo y zumbando mi alma, la pobre, que no zumbaba, eso no, pero que al fin roía, roía dulcemente,
royendo y royendo ese mundo metálico y estos insectos metálicos que me están royendo el mundo de pequeños insectos,
que me están royendo el mundo y mi alma,
que me están royendo mi alma toda hecha de pequeños insectos metálicos, que me están royendo el mundo, mi alma, mi alma,
ah!, los insectos,
ah!, los p... insectos.
---
Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi
pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso
que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al
príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la
podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie
compra,
y donde casi ni escarban las gallinas.
---
Ah, pobre Dámaso,
tú, el más miserable, tú el último de los seres,
tú, que con tu fealdad y con el oscuro turbión de tu desorden,
perturbas la sedeña armonía
del mundo,
dime,
ahora que ya se acerca tu momento
(porque no hay ni un presagio que ya en ti no se haya cumplido)
ahora que subirás al Padre,
silencioso y veloz como el alcohol bermejo en los termómetros,
¿cómo has de ir con tus manos estériles?
¿qué le dirás cuando en silencio te pregunte qué has hecho?
11/3/19
Fragmentos sublimes de literatura en español
Presentación
Hace más de tres años, escribí una entrada en la cual mostraba una serie de párrafos que había ido recopilando con el paso del tiempo. Eran fragmentos en prosa de grandes figuras de la literatura universal, como Hemingway, Céline, o Bertrand Russell (aunque destacó como filósofo y matemático, también ganó el Nobel de Literatura), y otros escritores no tan grandes ni tan universales, pero que a mí me gustan, como Bukowski, qué le vamos a hacer. Aquellos memorables conjuntos de palabras tenían en común el hecho de haber generado en mí una potente sensación de placer estético, el suficiente como para verme obligado a releerlos y sacarles fotos, copiarlos en viejas libretas o llevar a cabo cualquier otra medida necesaria para que no acabasen desvanecidos en el abismo de mi desmemoria.
Hace no mucho, me percaté de que, entre los seleccionados, no había un solo autor hispanohablante. Es normal que ahora me fije en estas cosas, pues soy un filólogo en ciernes, como también es normal que por aquel entonces, arrastrando prejuicios más extendidos de lo que sería deseable, no seleccionase a ningún compatriota (entendiendo patria como Camus la entendía, solo que con la lengua española en lugar de la francesa) pues yo, prácticamente, solo me paraba a leer literatura traducida. Por fortuna, aquella época pasó, las lecturas hispánicas entraron de lleno en mi vida y, poco a poco, fui llevando a cabo una bella recopilación similar a la anterior, dedicada en exclusiva a literatura escrita en nuestro querido idioma, y de la que espero disfrutéis intensamente.
Gertrudis Gómez de Avellaneda - Sab (1841)
Emilia Pardo Bazán - Los pazos de Ulloa (1887)
Benito Pérez Galdós - Misericordia (1897)
Pío Baroja - Camino de perfección (1901)
Era el colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la gran prensa laminadora de cerebros, la que arrancaba los sentimientos levantados de los corazones, la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida convenientemente idiotizados, fanatizados, embrutecidos; los buenos, tímidos, cobardes, torpes; los malos, hipócritas, embusteros, uniendo a la natural maldad, la adquirida perfidia, y todos, buenos y malos, sobrecogidos con la idea aplastante del pecado, que se cernía sobre ellos como una gran mariposa negra.
Miguel de Unamuno - Niebla (1914)
Ramón María del Valle Inclán - La lámpara maravillosa (1916)
Gabriel Miró - El obispo leproso (1926)
Miguel Delibes - Las ratas (1962)
La perra se enredó en las piernas del niño y él le acarició el lomo a contrapelo, con el sucio pie desnudo, sin mirarla; luego bostezó, estiró los brazos y levantó los ojos al lejano cielo arrasado:
—El tiempo se pone de helada, Fa. El domingo iremos a cazar ratas —dijo.
La perra agitó nerviosamente el rabo cercenado y fijó en el niño sus vivaces pupilas amarillentas. Los párpados de la perra estaban hinchados y sin pelo; los perros de su condición rara vez llegaban a adultos conservando los ojos; solían dejarlos entre la maleza del arroyo, acribillados por los abrojos, los zaragüelles y la corregüela.
Gabriel García Márquez - Cien años de soledad (1967)
Luis Landero - Juegos de la edad tardía (1989)
26/9/18
Los cinco géneros literarios más curiosos de la Edad Media
Introducción
El Cantar de gesta
Fragmento del Cantar de mio Cid
La poesía de clerecía
Fragmento de El libro de buen amor
La prosa didáctica
Fragmento de El conde Lucanor
La novela sentimental
Fragmento de Cárcel de amor
El género celestinesco
Cabría destacar el Retrato de la Lozana Andaluza, publicada en Venecia en 1528, una novela híbrida entre el género celestinesco y la picaresca. Al igual que La Celestina, posee una estructura dialogada y una descripción realista del mundo de los bajos fondos de la época. De la picaresca toma la narración de los orígenes humildes y poco honrosos y el objetivo moralizante, aunque de este género hablaremos con mayor detalle en otro momento. Os dejamos con un fragmento de La lozana andaluza y os animamos a que nos comentéis cuáles son vuestras obras favoritas de la edad media.
Fragmento de La lozana andaluza
27/10/17
Quince fragmentos brutales de Hollywood (C. Bukowski, 1989)
11/11/15
Fragmentos sublimes de Literatura Universal
EL LOBO ESTEPARIO. Hermann Hesse
AQUÍ EMPIEZA NUESTRA HISTORIA. Tobias Wolff
LA CHICA QUE LEÍA EL VIEJO Y EL MAR. Gonzalo Calcedo
GUERRA Y PAZ. León Tolstoi
GRAN SOL. Ignacio Aldecoa
LOS HIJOS MUERTOS. Ana María Matute
MALA HIERBA. Pío Baroja
NIEBLA. Miguel de Unamuno
LAS NINFAS. Francisco Umbral
EN UNA NOCHE OSCURA SALÍ DE MI CASA SOSEGADA. Peter Handke
ÁGATA OJO DE GATO. José Manuel Caballero Bonald
LA VOLUNTAD. José Martínez Ruiz, Azorín
12 REGLAS PARA VIVIR. Jordan Peterson
EL AMOR, LAS MUJERES Y LA MUERTE. Arthur Schopenhauer
POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS. Ernest Hemingway
Y hubo entonces el olor de la jara aplastada y la aspereza de los tallos quebrados debajo de la cabeza de María, y el sol brillando en sus ojos entornados. Toda su vida recordaría él la curva de su cuello, con la cabeza hundida entre las hierbas, y sus labios, que apenas se movían, y el temblor de sus pestañas, con los ojos cerrados al sol y al mundo. Y para ella todo fue rojo naranja, rojo dorado, con el sol que le daba en los ojos; y todo, la plenitud, la posesión, la entrega, se tiñó de ese color con una intensidad cegadora. Para él fue un sendero oscuro que no llevaba a ninguna parte, y seguía avanzando sin llevar a ninguna parte, y seguía avanzando más sin llevar a ninguna parte, hacia un sin fin, hacia una nada sin fin, con los codos hundidos en la tierra, hacia la oscuridad sin fin, hacia la nada sin fin, suspendido en el tiempo, avanzando sin saber hacia dónde, una y otra vez, hacia la nada siempre, para volver otra vez a nacer, hacia la nada, hacia la oscuridad, avanzando siempre hasta más allá de lo soportable y ascendiendo hacia arriba, hacia lo alto, cada vez más alto, hacia la nada. Hasta que, de repente, la nada desapareció y el tiempo se quedó inmóvil, se encontraron los dos allí, suspendidos en el tiempo, y sintió que la tierra se movía y se alejaba bajo ellos.
EL LARGO ADIÓS. Raymond Chandler
Muy lejos subía y bajaba el gemido como de alma en pena de las sirenas de la policía o de los bomberos, que nunca permanecían en silencio mucho tiempo. Veinticuatro horas al día alguien corre y otra persona está intentando alcanzarle. Allí fuera, en la noche entrecruzada por mil delitos, la gente moría, la mutilaban, se hacía cortes con cristales que volaban, era aplastada contra los volantes de los automóviles o bajo sus pesados neumáticos. A la gente la golpeaban, la robaban, la estrangulaban, la violaban y la asesinaban; gente que estaba hambrienta, enferma, aburrida, desesperada por la soledad o el remordimiento o el miedo; airados, crueles, afiebrados, estremecidos por los sollozos. Una ciudad no peor que otras, una ciudad rica y vigorosa y rebosante de orgullo, una ciudad perdida y golpeada y llena de vacío.
SOBRE LA HISTORIA. Bertrand Russell
Año tras año mueren los camaradas, muestran ser vanas las esperanzas, se desvanecen los ideales; la tierra encantada de la juventud queda más lejos, el camino de la vida se hace más tedioso, aumenta el peso del mundo hasta que el trabajo y las penas se hacen casi demasiado pesadas de soportar; la alegría se desvanece en las fatigadas naciones de la tierra, y la tiranía del futuro mina la fuerza vital de los hombres; todo lo que amamos se decolora, en un mundo agonizante. Sin embargo, el pasado, devorando siempre los productos del presente, vive por la muerte universal; firme e irresistiblemente añade nuevos trofeos a su templo silencioso, construido por todas las épocas; allí están enterradas todas las proezas, todas las vidas magníficas, todas las conquistas y fracasos heroicos. Por las orillas del rio de Tiempo, la triste procesión de las generaciones humanas camina lentamente hacia la tumba; en el apacible país del Pasado, la marcha finaliza: ahí se quedan los cansados vagabundos, y todos sus llantos enmudecen.
EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE. Mark Hadon
A veces, cuando las personas se mueren, las ponen en ataúdes, lo que significa que no se mezclan con la tierra durante muchísimo tiempo, hasta que la madera del ataúd se pudre.
Pero a Madre la incineraron. Eso quiere decir que la metieron en un ataúd y lo quemaron y redujeron a cenizas y a humo. Yo no sé qué se hace de las cenizas, no pude preguntarlo en el crematorio porque no fui al funeral. Pero el humo sale por la chimenea y se dispersa en el aire, y a veces levanto la vista al cielo y pienso en que allá arriba hay moléculas de Madre, o en las nubes sobre África o el Antártico, o en forma de lluvia en las selvas de Brasil, o de nieve en alguna parte.
ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA. Friedrich Nietzsche
VIAJE AL FIN DE LA NOCHE. Louis-Ferdinand Céline
Más lejos, mucho más lejos que las fortificaciones, filas e hileras de lucecitas dispersas por toda la sombra como clavos, para tender el olvido sobre la ciudad, y otras lucecitas más que centelleaban entre ellas, verdes, pestañeaban, rojas, venga barcos y más barcos, toda una escuadra venida allí de todas partes para esperar, trémula, a que se abriesen tras la Torre las enormes puertas de la Noche.










































