Mostrando entradas con la etiqueta Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vargas Llosa. Mostrar todas las entradas

13/10/24

Narradores de la jungla, mi nuevo libro

Me complace comunicar a mis apreciadísimos y eximios lectores que acabo de subir al pandemónium editorial amazónico mi nuevo libro, intitulado NARRADORES DE LA JUNGLA: INDIGENISMO Y METALITERATURA EN EL HABLADOR, DE MARIO VARGAS LLOSA

Los más sagaces ya se habrán percatado de que dicho encabezamiento suena muy similar al de mi TFG, lo cual es lógico, ya que NARRADORES DE LA JUNGLA no es otra cosa que mi TFG revisado, retocado, liberado de notas bibliográficas innecesarias y embellecido con una flamante portada.

Considero que NARRADORES DE LA JUNGLA podrá resultar de provecho y deleite para varios perfiles de personas, como por ejemplo:

  • Estudiantes de Lengua y Literatura en general y aquellos que tengan que elaborar un TFG o un TFM en particular.
  • Aficionados a la teoría y la crítica literaria.
  • Seguidores de la obra narrativa y ensayística del legendario escritor don Mario Vargas Llosa.
  • Seres humanos en general.
Si alguien desea acceder a su contenido, puede descargárselo en e-book por el razonable precio de 0,98 euros en este enlace.

Muchas gracias por su atención.

Un cordial saludo. 


30/3/22

Javier Cercas y Vargas Llosa: metaliteratura comparada

Nota preliminar: El contenido de este artículo proviene de mi trabajo libre sobre Soldados de Salamina para la asignatura Narrativa española actual, impartida por don Guillermo Laín Corona en el Máster Universitario en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo



INTRODUCCIÓN

La amistad entre Javier Cercas y Vargas Llosa comenzó a gestarse incluso antes de que llegaran a conocerse, gracias a la influencia que el peruano ejerció sobre el español, primero a través de La ciudad y los perros y, más tarde, por el ensayo La orgía perpetua y el primer volumen de Contra viento y marea, obras que llevaron a Cercas hasta Madame Bovary y la correspondencia de Flaubert. Todas estas lecturas fueron determinantes para que Cercas «concibiera la ambición insensata de llegar a ser escritor» y vivir entregado plenamente a la literatura. 

Tiempo después, tuvo lugar un acontecimiento absolutamente decisivo para la carrera de Javier Cercas. Seis meses antes, había publicado su cuarta novela, Soldados de Salamina, de la cual había logrado vender la nada desdeñable cifra de treinta mil ejemplares, un éxito abrumador para un novelista casi desconocido cuyas obras precedentes apenas habían logrado generar interés. Pero el destino le deparaba una más que grata sorpresa y el 3 de septiembre 2001 pudo leer en El País un artículo repleto de elogios hacia su obra y que venía firmado nada menos que por su admirado Mario Vargas Llosa. «El sueño de los héroes», que así se titulaba, constituyó el empujón definitivo para transformar Soldados de Salamina en un fenómeno literario mundial, permitiendo a Cercas convertirse en escritor a tiempo completo. 

Pocos días después, el 11 de septiembre, por fin ambos novelistas pudieron estrechar sus manos. Lo hicieron en un restaurante madrileño y, tras deshacerse en agradecimientos, Cercas pudo charlar con el veterano novelista y entender cuál era su idea de literatura comprometida, que sería aquella que, sin llegar a constituir un artefacto propagandístico al estilo sartriano, sí que conlleva algún tipo de compromiso más allá del mero entretenimiento. 

Desde entonces, la amistad y la admiración entre los dos escritores se ha ido afianzando, algo que puede comprobarse en el diálogo que entablaron en 2015, pero que también ha quedado de manifiesto en muchas otras ocasiones. Así, por ejemplo, poco después de que Vargas Llosa fuese galardonado con el Nobel, Cercas advirtió a la izquierda española del error que supone rechazar al peruano por reaccionario cuando realmente es un liberal honesto y respetuoso. Al año siguiente, Cercas escribió un ensayo sobre Vargas Llosa y la vocación del escritor, en el cual declaró que el peruano era, más que un amigo, un modelo (como intelectual, como escritor y como persona) además de una parte de su biografía. Poco después, en un texto para la edición conmemorativa de La ciudad y los perros de 2012, Cercas situó a Vargas Llosa como uno de los mejores novelistas en español desde Cervantes, destacándolo asimismo como el único contemporáneo que ha logrado publicar un número elevado de obras maestras. 

Por su parte, Vargas Llosa tampoco escatima palabras de elogio hacia la obra de Cercas o su persona. Así, en un artículo de 2010 en el que destacaba las virtudes de una novela de Faciolince, aprovechó para recordar la ocasión en que leyó Soldados de Salamina, las ganas que le sobrevinieron de conocer a su autor, la satisfacción que le produjo comprobar que su calidad como persona estaba al nivel de la literaria y la convicción de que serían buenos amigos. De modo similar, hace apenas unos meses, en un artículo sobre Benito Pérez Galdós, se refirió a Cercas como «uno de los mejores escritores de nuestra lengua», como un valiente (por su oposición al independentismo) y como un amigo. No es difícil encontrar en YouTube extractos de conferencias del novelista peruano en los que califica de obras maestras tanto Soldados de Salamina como El impostor o Anatomía de un instante, poniéndolas como muestras de la buena salud de la literatura actual en español. 

A la vista de todos estos ejemplos, podría decirse que el análisis de las similitudes técnicas o temáticas entre las obras de ambos novelistas se perfilaría como un fructífero campo de estudio, máxime teniendo en cuenta que, por el momento, no parece haber recabado demasiada atención académica. Una panorámica general en ese sentido desbordaría los límites del presente trabajo, por lo que mis esfuerzos se moverán en la línea de explorar únicamente las relaciones entre tres recursos metafictivos relevantes en Soldados de Salamina y en dos de las novelas más metaliterarias de Vargas Llosa: La tía Julia y el escribidor (1977) y El hablador (1987).


FICCIÓN SOBRE LA FICCIÓN EN JAVIER CERCAS Y VARGAS LLOSA

Siguiendo a Langa Pizarro, no podríamos decir que Soldados de Salamina sea una metaficción propiamente dicha, pues estas obras, en su estado más puro, se muestran tan centradas en sí mismas que apenas consiguen atraer el interés del público. La novela de Cercas, aunque da una importancia capital al proceso creativo y aunque posee muchos otros elementos metaliterarios (protagonista escritor, abundante intertextualidad, reflexión literaria…) mantiene en todo momento un elevado nivel de referencialidad externa. Las metaficciones puras, serían hijas de los valores del posmodernismo, como la falta de compromiso social, mientras que las obras como Soldados de Salamina se circunscribirían a lo que se ha llamado «metamodernismo», es decir, el conjunto de ideas en torno al arte resultado del agotamiento del posmodernismo. Podría decirse que estas novelas, que en España empiezan a aflorar en los años noventa, utilizan lo metafictivo no como un fin en sí mismo sino como un medio para desarrollar otro tipo de objetivos, como puede ser el compromiso político o, simplemente, satisfacer el deseo de narrar historias originales (1). 

Por su parte, Vargas Llosa tampoco ha publicado metaficciones puras. Hasta los años setenta, lo metaliterario ocupó un papel poco relevante en sus novelas, predominando en ellas la complejidad estructural y la preocupación por cuestiones sociopolíticas. Narraciones de este tipo han seguido teniendo cabida en su producción literaria, pero desde la publicación de Pantaleón y las visitadoras en 1973, se han ido alternando con otra clase de novelas en las que destaca el humor, lo metaliterario, o que son adscribibles a géneros como el policiaco o el erótico. 

Teniendo en cuenta las características de Soldados de Salamina, he considerado que los tres recursos metaliterarios que plantean un mayor interés serían el narrador-escritor, el proceso creativo y la intertextualidad (2), es decir, la referencia a autores y obras literarias o la presencia de otros textos no narrativos (3). Me parece que estas tres cuestiones revisten tanto atractivo por el papel fundamental que desempeñan en la obra. Y es que, para el narrador-personaje-protagonista de Soldados de Salamina, que también se llama Javier Cercas, la literatura es un aspecto fundamental de la vida, tanto que su fracaso tratando de convertirse en un gran escritor puede llegar a postrarlo durante meses ante un televisor apagado. Muy en relación con ello, se encuentra el proceso creativo, cuyo desarrollo nos muestra la evolución del proyecto del narrador desde que es apenas una borrosa idea basada en una historia de la guerra hasta que se transforma en un ambicioso libro, pasando por fases como una crónica para un periódico o como un breve relato biográfico que cojea, que frustra al autor y que también se titula Soldados de Salamina. Por último, respecto a la intertextualidad, resulta llamativa la importancia que poseen los personajes escritores en esta obra. Tal como apuntó Vargas Llosa, aunque no tengan papeles principales, sí que intervienen en momentos clave de la trama, resultando providenciales para que el narrador alcance su objetivo. Así, es Sánchez Ferlosio quien proporciona al Cercas ficticio la historia del fusilamiento fallido de su padre y es Bolaño quien le descubre la existencia de Miralles. Es decir, los escritores le facilitan el comienzo y el final de su obra, por no mencionar que toda la investigación gira en torno a Sánchez Mazas, otro escritor. 


PRIMER RECURSO: ESCRITORES AVENTUREROS

Javier Cercas explicó que escribe «novelas de aventuras sobre la aventura de escribir novelas», un llamativo retruécano que ya había sido perfilado por Sobejano precisamente ofreciendo una definición de metaficción (4). No existe aventura sin aventurero, y el lance de escribir Soldados de Salamina lo vivirá un narrador autodiegético que se llama Javier Cercas y que tiene grandes similitudes y diferencias con el Cercas real. Para los propósitos de este trabajo, lo que interesa saber es que el Cercas real no pretende escribir un relato real, mientras que esa es justo la fuerza motriz del Cercas ficticio. Este, al igual que su creador, ha publicado algunos libros de escaso éxito y aspira a convertirse en novelista, aunque cinco años de fracasos y depresión lo llevan a regresar a su antiguo trabajo en un periódico. A pesar de todo, su vida no deja de girar en torno a la literatura, de tal modo que ahora escribe sobre escritores y, gracias a que entrevista a uno de ellos, consigue una idea que le devolverá las ganas de intentar alcanzar sus sueños. Esta vez no trabajará en una novela sino en un relato real y para ello volverá a dejar el periódico aunque por desgracia, a pesar de finalizar su obra, volverá a probar el amargo sabor del fracaso. Pero la literatura no va a abandonarle tan fácilmente y, por fin, gracias a otro escritor, conocerá al hombre que le permitirá terminar su libro, un relato real para el Cercas ficticio, un relato ficticio para el Cercas real.

Teniendo todo esto en cuenta, resulta llamativo que Javier Cercas nunca haya hecho mención a la novela El hablador. Dada su admiración por Vargas Llosa, parece probable que la hubiese leído antes de acometer la tarea de redactar Soldados de Salamina. Y es que, el protagonista de El hablador es también un narrador autodiegético que, aunque aparece innominado, es un evidente trasunto de Vargas Llosa (quizá en mayor medida que el Cercas ficticio respecto al real). Además de esto, también él ha escuchado una historia fascinante que le ha producido un irrefrenable deseo de escribir. Se trata de la historia de los habladores, una especie de cuentacuentos con un trascendente papel de cohesión social dentro de las tribus machiguengas. Al igual que el Cercas ficticio, este narrador intentará desarrollar su historia, llevará a cabo intensas investigaciones y, en principio, fracasará en su empeño, aunque por diferente motivo. Pero El hablador no constituyó el debut del novelista en el terreno de la metaficción. Dejando de lado tempranas manifestaciones, como la destreza de Alberto, el Poeta, componiendo novelitas eróticas en La ciudad y los perros, fue La tía Julia y el escribidor «la primera narración de Vargas Llosa cuyo hilo subterráneo es el del escritor escribiendo», como dijo José Miguel Oviedo. En esta obra, que contiene diez textos de seriales radiofónicos escritos por el guionista ficticio Pedro Camacho, trasunto del no ficticio Raúl Salmón, nos encontramos también con un narrador autodiegético que, igual que en Soldados de Salamina, tiene el mismo nombre que el autor real de la obra y aspira a convertirse en un gran novelista, algo que termina logrando, no sin antes golpearse varias veces contra el muro de la derrota. Sea o no Javier Cercas deudor de estos procedimientos, lo cierto es que sí que ha hablado de La tía Julia y el escribidor, situándola entre las seis mejores novelas de Vargas Llosa. 


SEGUNDO RECURSO: TRIUNFAR FRACASANDO 

Una de las lecciones que se pueden extraer de Soldados de Salamina resulta sintetizable en el dicho popular «el que la sigue la consigue». Y es que, al principio, el protagonista menciona de forma escueta un periodo de «cinco años de angustia económica, física y metafísica, tres novelas inacabadas y una depresión espantosa». Después, con todo lujo de detalle, expone a lo largo del resto de la primera parte el desarrollo de su siguiente descalabro. Y no solo eso, además, en la segunda parte podemos leer el resultado, el relato real centrado en Sánchez Mazas que no termina de funcionar ni siquiera siendo sometido a intensas revisiones, reescrituras y cambios. Será con la tercera parte muy avanzada cuando podamos empezar a ver luz al final del túnel. Todo este proceso podría parecer una especie de descenso a los infiernos, pero en realidad constituye un ejemplo de superación y perseverancia, pues, por fin, en las dos últimas páginas, el autor logra ver el libro en su cabeza, su relato real ahora completo. Ya lo dijo Vargas Llosa, lo que insufla vitalidad a Soldados de Salamina no es la historia de Sánchez Mazas, sino la de ese narrador que lucha «a muerte contra la amenaza del fracaso de su vocación». 

Periplos semejantes también los han tenido que vivir algunos narradores vargasllosianos. El Varguitas de La tía Julia y el escribidor, estimulado por el ejemplo de su amigo Pedro Camacho («Yo trabajo sobre la vida, mis obras se aferran a la realidad como la cepa a la vid», le explica al joven), se esfuerza en escrutar la realidad en busca de ideas con las que escribir sus relatos, historias basadas en sucesos reales que al final siempre terminan arrugadas en el fondo de la papelera. Sin embargo, «cuando sus demonios personales se insertan y se funden con la realidad exterior vivida, interiorizada, logra resultados positivos». En el último capítulo nos habla un Varguitas que ha vivido en París, que ha publicado libros y que se encuentra llevando a cabo investigaciones para dos próximas novelas, que a todas luces son La casa verde y Conversación en la Catedral. Eso sí, a diferencia del Cercas ficticio, él ya no investiga para crear relatos reales; ahora posee unas sólidas ideas sobre los mecanismos de la ficción literaria. Por otra parte, en El hablador no nos encontramos a un joven fracasando y luchando por escribir grandes novelas. Más bien vemos a un escritor ya maduro y exitoso que ha fallado en uno de sus proyectos: escribir un relato sobre los habladores machiguengas. Desde que descubre la existencia de estos misteriosos indígenas, nunca deja de pensar en ellos, de investigar sobre ellos, de tratar de escribir sobre ellos. Incluso, emocionado, le cuenta el proyecto a su amigo Mascarita, igual que Cercas comparte los progresos de su libro «sobre un facha» con Conchi, su pareja. Con una estructura similar a la de La tía Julia y el escribidor, la obra nos ofrece la aventura del protagonista intentando escribir sobre los habladores (y fracasando porque no consigue crearles una voz con sabor indígena pero que no suene impostada), aventura dividida por la inclusión de capítulos con historias sobre los machiguengas que reproducen, en un español alterado, la expresión oral de un hablador dirigiéndose a su pequeño auditorio. De este modo, en principio (5), podríamos entender que la novela que tenemos en las manos es el resultado final del proceso creativo, el triunfo del narrador que logra materializar la historia que perseguía, exactamente igual que el texto de Soldados de Salamina es el triunfo del Cercas ficticio (y del real, evidentemente).  


TERCER RECURSO: POR TODOS MIS COMPAÑEROS

Además de los personajes escritores ya referidos, en Soldados de Salamina aparecen mencionados muchos más: Andrés Trapiello, Lorca, Manuel y Antonio Machado, Miguel Hernández o Dionisio Ridruejo son solo unos pocos ejemplos. La presencia de la literatura es constante y se manifiesta también con la mención de numerosas obras: tres novelas de Sánchez Mazas (además del libro que no llegó a escribir, Soldados de Salamina); El Jarama, de Sánchez Ferlosio; Yo fui asesinado por los rojos, de Jesús Pascual; Don Quijote, de Cervantes; o, por terminar con un ejemplo llamativo, El móvil y El inquilino, títulos de narrativa breve del propio Cercas (tanto real como ficticio). Otras obras y autores aparecen aludidos de forma menos explícita. Por ejemplo, se dice que Bolaño acababa de recibir un premio por un libro, sin especificar que es el Rómulo Gallegos de 1999, concedido a su novela Los detectives salvajes. Del mismo modo, cuando Bolaño dice que lee hasta los papeles que encuentra por la calle, se está haciendo alusión a Cervantes, quien escribió unas palabras similares en el capítulo IX de la primera parte del Quijote. La novela incluye además diferentes textos como la crónica periodística sobre Machado, un soneto de Sánchez Mazas o algunos fragmentos del diario que este escribió mientras sobrevivía en los bosques (6). En el nivel interdiscursivo, resulta ineludible mencionar el papel que la música y el cine juegan en la obra. El pasodoble Suspiros de España, además de «la canción más triste del mundo» es como la banda sonora de la novela, constituyendo el indicio principal para la identificación soldado-Miralles. Respecto al cine, además de los procedimientos de claro sabor fílmico, como la escena de los gitanos tocando el pasodoble o el primer plano de la cara del soldado republicano, la importancia del séptimo arte queda patente en la tercera parte, la cual recibe su título de Stockton, la ciudad que aparece en la película Fat City, de John Huston. 

Toda esta rica densidad intertextual también está presente en las novelas más metaliterarias de Vargas Llosa. Por centrarme en El hablador, y sin ánimo de exhaustividad, es destacable que se menciona, entre muchos otros, a Dante, Sartre o Faulkner; se relatan entrevistas a Borges o Corín Tellado; se incluye una carta, un poema machiguenga traducido al español y se emplean en los cuentos anidados ciertas partes argumentales de La metamorfosis de Kafka o de escenas de la vida de Cristo. Además, aparece el cacique Jum, un personaje basado en un indígena real que ya había figurado en La casa verde


CONCLUSIÓN

Aunque las cuestiones tratadas en el presente trabajo podrían desarrollarse en un espacio mucho más amplio, considero que he podido demostrar que entre Soldados de Salamina y algunas obras de Vargas Llosa existe una red de relaciones entre procedimientos metafictivos y que esto ocurre independientemente de que se haya dado por parte de Cercas una voluntad consciente de emular u homenajear dichos procedimientos, los cuales, probablemente tampoco hayan sido inventados por el escritor peruano de forma absoluta.  

Desde 2001, año de publicación de Soldados de Salamina, han visto la luz seis novelas de Vargas Llosa. Teniendo en cuenta la grata impresión que le causó el libro de Cercas, y la elevada opinión que tiene sobre otros como Anatomía de un instante o El impostor, no parece descabellado pensar que la narrativa del extremeño haya podido influir también en algunas de las últimas obras del peruano. Sin embargo, he preferido centrarme solo en la posible deuda de Soldados de Salamina con algunas novelas de Vargas Llosa al ir dándome cuenta de que llevar a cabo un análisis de las influencias recíprocas sobrepasaría los límites espaciales de este ensayo. En cualquier caso, las carreras de ambos escritores parecen gozar de buena salud (a pesar de la longeva edad de don Mario) por lo que resulta muy probable que la intertextualidad entre las obras de uno y otro continúe desarrollándose, máxime siendo autores para los que tanta importancia tienen los procedimientos metaliterarios y el desarrollo de los grandes temas que nos afectan como sociedad.  


NOTAS

(1) En relación con esto, Cercas dijo sobre su obra que la novedad «es formal, porque la novela es forma y por tanto no existen temas agotados sino formas agotadas de abordarlos». En la misma línea, Vargas Llosa explicó que la historia de Sánchez Mazas es una más de las miles que suceden en las guerras y que si resulta tan apasionante en la novela de Cercas es por el modo en que el narrador se interesa por ella, por cómo se empeña en investigarla y contarla.

(2) Sobejano incluye la intertextualidad dentro de las características de la metaficción en sentido amplio, obras a las que denomina novelas autoconscientes, por contraposición a aquellas novelas que incluye en la metaficción en sentido estricto, a las que pone el marbete de autorreferenciales.

(3) Langa expone como rasgo propio de la novela autoconsciente la mezcla de procedimientos de géneros literarios, paraliterarios (artículos…) y no literarios (análisis estilístico…). Por su parte, Castro y Montejo ponen en relación con el concepto de intertextualidad el de interdiscursividad para hacer referencia a las relaciones del texto con otros discursos culturales, como podría ser el cine. Para simplificar, me gustaría emplear en este trabajo el concepto de intertextualidad de forma que comprenda todos los elementos aquí mencionados.

(4) Metaficción es aquella que «al tiempo de ser la escritura de una aventura, resulta ser la aventura de una escritura».

(5) La novela es bastante más compleja de lo que aquí puedo desarrollar. Vargas Llosa juega con la ambigüedad de tal forma que al final deja algunas decisiones en manos del lector. Así, a pesar de los indicios, resulta imposible saber seguro si Mascarita acaba convertido en un hablador. Lo que hace Cercas con Miralles es muy similar. Todo apunta a que sí es el soldado republicano pero al final somos nosotros los que tenemos que decidirlo. En mi opinión, Cercas demostró aquí una gran maestría poniendo la literatura al servicio de sus objetivos ideológicos, (difundir una idea maniquea y simplista de la guerra civil española, en la línea de las llamadas memoria histórica y memoria democrática) pues el modo en que logró construir la historia y la personalidad de Miralles da pie a que, al final, la identidad del soldado sea lo de menos.

(6) Tal como apunta Ródenas, la segunda parte podría considerarse una novela anidada al estilo de las incluidas en el Quijote, aunque tal vez sería más bien un relato biográfico anidado. En cualquier caso, constituiría también un procedimiento similar al que emplea Vargas Llosa al incluir seriales radiofónicos y cuentos machiguengas en sus dos novelas. 


BIBLIOGRAFÍA

Armas Marcelo, Juan Jesús, Vargas Llosa, el vicio de escribir, Madrid, Alfaguara, 2002.

Castro, Isabel y Montejo, Lucía, Tendencias y procedimientos de la novela española actual (1975-1988), Madrid, UNED, 1991.

Cercas, Javier, «La izquierda y Vargas Llosa», El País, 17-10-2010, en línea: https://bit.ly/izquierdavargas, consultado 8-12-20.

— «Es natural que muchos escritores nos sintamos humillados por Vargas Llosa», Turia, 97-98, 2011, pp. 331-335, en línea: https://bit.ly/autoentrevistacercas, consultado 8-12-20.

— «Una memoria: Vargas Llosa y la vocación de escritor», Estudios Públicos, 122, 2011, pp. 25-45, en línea: https://bit.ly/vargasvocacion, 8-12-2020.

— «La pregunta de Vargas Llosa», en Vargas Llosa, Mario, La ciudad y los perros, Madrid, RAE y ASALE, 2012, pp. 473-498.

— «El hombre que dice no», Letras Libres, 16-12-2015, en línea: https://bit.ly/hombrediceno, consultado 8-12-2020.

Soldados de Salamina, Madrid, Cátedra, 2017.

Cercas, Javier y Vargas Llosa, Mario, «El oficio de escribir», diálogo moderado por Pilar Reyes, ciclo Conversación en el ADDA, Diputación de Alicante, Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, 12-6-2015, en línea: https://youtu.be/jmMdMsktLw4, consultado 8-12-2020.

Langa Pizarro, María del Mar, Del franquismo a la postmodernidad: la novela española (1975-1999), Alicante: Universidad de Alicante, 2000.

Lorente, Antonio y Neira, Julio, Doce escritores contemporáneos, Madid, UNED, 2017.

Pereiro, Peregrina, La novela española de los noventa. Alternativas éticas a la postmodernidad, Madrid, Pliegos, 2002.

Ródenas de Moya, Domingo, «Introducción», en Cercas, Javier, Soldados de Salamina, Madrid, Cátedra, 2017, pp. 9-188.

Sobejano, Gonzalo, Novela española contemporánea 1940-1995, Madrid, Marenostrum, 2003.

Vargas Llosa, Mario, La tía Julia y el escribidor, 1977, formato eBook. 

El hablador, Madrid, Alfaguara, 2008.

— «La amistad y los libros», El País, 7-2-2010, en línea: https://bit.ly/amistadlibros, consultado 8-12-2020.

— «El sueño de los héroes», en Cercas, Javier, Soldados de Salamina, Madrid, Cátedra, 2017, pp. 423-428.

— «En favor de Pérez Galdós», El País, 19-4-2020, en línea: https://bit.ly/favorgaldos, consultado 8-12-2020.

Ynduráin, Domingo, «Vargas Llosa y el escribidor», Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2009, en línea, http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcjh434, consultado 11-12-20.

13/9/21

Diez formas de ganar el Premio Cervantes - Pólvora en salvas IX

Desde hace unas semanas, estoy siguiendo las enseñanzas de un joven sabio llamado Pablo Zamit. Con él he aprendido, por ejemplo, que la industria p0rn0gráf1ca está generando una sociedad de muertos vivientes, que hacer caridad sigilosa puede elevar tus niveles de oxitocina o que el juicio social es el mayor estresor al que nos vemos sometidos en nuestro día a día. Uno de sus pódcast sobre productividad se titula Conviértete en una máquina de crear ideas, y en él nos habla de una técnica para estimular la creatividad propuesta por el escritor millonario James Altucher. Dicha técnica consiste en elaborar listas de diez ideas sobre cualquier cuestión que se te ocurra. No importa si la cuestión o las ideas son disparatadas o imposibles (aunque no tienen por qué serlo) porque se trata simplemente de un ejercicio que busca fortalecer nuestro músculo creativo. Las ideas deben ir acompañadas de un primer paso necesario para ponerlas en práctica, el cual también puede ser disparatado o imposible. Has de apuntarlo todo en una libreta y, cuando juntes varias listas, puedes practicar el llamado sexo de ideas, que consiste en juntar dos ideas para ver qué pasa, pues, como dice mi maestro «a veces, una idea mala fusionada con una idea imposible da como resultado una idea genial».

Esta introducción ha sido necesaria para comentar que, hace unos días, estaba yo en el gimnasio cuando se me ocurrió que podría aprovechar los descansos entre series, que a veces se prolongan hasta por tres minutos, para practicar el ejercicio del que acabo de hablar. Pensé que podría resultar gracioso buscar diez formas disparatadas de ganar el Cervantes y, cuando tuve la lista concluida, pensé también que podría aprovecharla para escribir un nuevo artículo para mi blog, por lo que aquí dejo esta descabellada lista de ideas (la última es la más loca). Si alguien lograse hacerse con tan célebre galardón gracias a mí, espero que al menos tenga el detalle de dedicármelo

Idea 1. Sobornar a los miembros del jurado (primer paso: conseguir muchísimos millones de euros). 

Idea 2. Chantajear a los miembros del jurado (primer paso: investigarlos a fondo para encontrar sus trapos sucios). 

Idea 3. Hipnotizar a los miembros del jurado (primer paso: aprender hipnosis). 

Idea 4. Plagiar la obra de un futuro ganador (primer paso: conseguir una máquina del tiempo). 

Idea 5. Obligar/convencer a un gran escritor para que produzca obras para mí y me deje firmarlas (primer paso: elegir a ese escritor [¿Vargas Llosa…?]).

Idea 6. Desarrollar una inteligencia artificial que escriba obras revolucionarias (primer paso: matricularme en Ingeniería Informática). 

Idea 7. Plagiar la mejor literatura de alguna civilización alienígena (primer paso: entrar en contacto). 

Idea 8. Modificar los valores estéticos de la sociedad para que se aprecie lo que yo escribo (primer paso: publicar un tratado revolucionario de Teoría Literaria). 

Idea 9. Impedir que haya más candidatos (primer paso: convencer a los mejores escritores hispanohablantes de que no escriban nada más). 

Idea 10. Desplegar una amplia y exitosa carrera literaria que merezca el premio (primer paso: dedicar catorce horas diarias durante el resto de mi vida a escribir y estudiar literatura [resultados no garantizados]). 

26/8/20

Indigenismo y metaliteratura en "El hablador", de Vargas Llosa (TFG con matrícula de honor)

RESUMEN

La cuestión indígena y la reflexión sobre la literatura son dos asuntos recurrentes en la narrativa y la ensayística del escritor peruano-español Mario Vargas Llosa. De hecho, ambas temáticas llegaron a converger en las páginas de El hablador. En el presente Trabajo de Fin de Grado nos proponemos llevar a cabo un análisis de los elementos indigenistas y metaliterarios de esta novela con el objetivo de valorar la relevancia que unos y otros poseen en la obra.

Palabras clave: Novela hispanoamericana | Siglo XX | Metaliteratura | Indigenismo | Vargas Llosa | El hablador | 


ABSTRACT

The indigenous question and the reflection on literature are two recurring themes in the narrative and essays of the Peruvian-Spanish writer Mario Vargas Llosa. In fact, both themes came to converge in the pages of The Speaker. In this Final Degree Project we propose to carry out an analysis of the indigenous and metaliterary elements of this novel in order to assess the relevance that both have in the work.

Keywords: Spanish-American novel | 20th century | Metaliterature | Indigenism | Vargas Llosa | The talker | 


DESCARGAR TFG EN PDF




29/9/19

Los mejores libros de la narrativa hispánica según la legendaria y novedosa 100cia de la Listología

Después de decenas de minutos de arduo trabajo, me complace anunciar al mundo que he descubierto un nuevo método completamente 100tífico para clasificar obras literarias en función de su calidad. En pos de la exactitud he de decir que no nos hallamos ante un procedimiento completamente nuevo, pues ya lo utilicé en el pasado con el objetivo de elaborar una lista conocida como Los libros más recurrentes en las mejores listas de libros. Sin embargo, es hoy cuando esta legendaria y novedosa 100cia ve la luz dotada de un nombre, una etiqueta tan bella y suntuosa como Listología (el término tampoco es totalmente original, lo sé, Google arroja 233 resultados, pero nadie lo utiliza en el mismo sentido que yo, imagino). 

El nuevo logro de esta arcaica y naciente disciplina ha sido el de engendrar una lista con las mejores obras de la literatura hispánica. Como es lógico, esta lista adolece de graves fallos [1] pues el primer postulado de la Listología establece que “Toda lista adolece de graves fallos”. Que nadie se me eche las manos a la cabeza. Por supuesto que no estamos asegurando que El invierno en Lisboa sea mejor novela que Don Quijote de la Mancha, esto no es un artículo científico sino 100tífico, no nos volvamos locos.  

Luis Landero, claro vencedor con su obra "Juegos
de la edad tardía", ganadora del Premio de la Crítica,
del Nacional de Narrativa, y que aparece en
"Los 153" y en "Las 100" de El Mundo.
La metodología seguida ha consistido en analizar las listas de los ganadores del Premio de la Crítica de narrativa castellana, del Premio Nacional de Narrativa, del Premio Cervantes, la lista de Las 100 mejores novelas en español del siglo XX según El Mundo, la de los 153 libros escritos en español que hay que leer antes de morir y la de los 111 títulos de la Biblioteca Clásica de la RAE. Los libros obtenían un punto por aparecer en cada lista (en el caso del Cervantes, que premia trayectorias y no obras concretas, todos los galardonados obtenían un punto en aquellos libros que apareciesen en otras listas o premios). Y de aquí se deriva uno de los graves problemas de este proyecto: las diferencias cronológicas entre listas. Algunas obras de escritores tan importantes como Galdós o Clarín, solo obtuvieron dos puntos, pues los premios tenidos en cuenta no se concedían en vida de estos autores, que, seguro los habrían ganado. Del mismo modo, la Biblioteca clásica de la RAE solo llega hasta el siglo XIX, con lo que permite compensar un poco la desventaja de los clásicos frente a los contemporáneos, aunque no lo suficiente. Eso son solo dos ejemplos. He de decir también que en esta lista prima un poco la actualidad y, en caso de empate, se tiene en cuenta el criterio cronológico inverso, aunque no siempre prevalece [2]. 

En cualquier caso, guste mucho o guste poco, aquí va esta nueva lista de la que, por lo menos, nadie podrá decir que carece de originalidad (o que adolece de FALTA de originalidad). ¡A leer y a disfrutar del tiempo que nos queda!


OBRAS CON CUATRO PUNTOS 
  • Juegos de la edad tardía. Luis Landero.
  • La ciudad y los perros. Mario Vargas Llosa.
  • El Jarama. Rafael Sánchez Ferlosio. 
  • Ágata ojo de gato. José Manuel Caballero Bonald.

OBRAS CON TRES PUNTOS
  • Los hijos muertos. Ana María Matute.
  • Rabos de lagartija. Juan Marsé.
  • Las ratas. Miguel Delibes.
  • La verdad sobre el caso Savolta. Eduardo Mendoza.
  • La saga/fuga de JB. Gonzalo Torrente Ballester.
  • Leyenda del César visionario. Francisco Umbral. 
  • El hereje. Miguel Delibes.
  • Corazón tan blanco. Javier Marías.
  • Nada. Carmen Laforet.
  • El astillero. Juan Carlos Onetti. 
  • Mortal y rosa. Francisco Umbral. 
  • Ficciones. Jorge Luis Borges. 
  • Los gozos y las sombras. Gonzalo Torrente Ballester. 
  • La colmena. Camilo José Cela.
  • Cinco horas con Mario. Miguel Delibes.
  • La cabeza del cordero. Francisco Ayala.
  • Sobre héroes y tumbas. Ernesto Sabato. 
  • El siglo de las luces. Alejo Carpentier.
  • Señas de identidad. Juan Goytisolo. 
  • Tres tristes tigres. Guillermo Cabrera Infante.

OBRAS CON DOS PUNTOS
  • La fuente de la edad. Luis Mateo Díez.
  • En la orilla. Rafael Chirbes.
  • La habitación de Nona. Cristina Fernández Cubas.
  • Verdes valles, colinas rojas 3. Ramiro Pinilla.
  • Patria. Fernando Aramburu.
  • Los girasoles ciegos. Alberto Méndez.
  • La ruina del cielo. Luis Mateo Díez.
  • El invierno en Lisboa. Antonio Muñoz Molina.
  • Diecinueve de julio. Ignacio Agustí.
  • Dejemos hablar al viento. Juan Carlos Onetti.
  • El jardín de las delicias. Francisco Ayala.
  • La casa verde. Mario Vargas Llosa.
  • El embrujo de Shanghái. Juan Marsé.
  • La catira. Camilo José Cela. 
  • Gran sol. Ignacio Aldecoa.
  • La isla de los jacintos cortados. Gonzalo Torrente Ballester. 
  • Mazurca para dos muertos. Camilo José Cela.
  • Recuerdos y olvidos 2. Francisco Ayala.
  • Diario de un cazador. Miguel Delibes.
  • Los cipreses creen en Dios. José María Gironella.
  • Extramuros. Jesús Fenández Santos.
  • Primera memoria. Ana María Matute.
  • Una comedia ligera. Eduardo Mendoza.
  • La fiesta del chivo. Mario Vargas Llosa.
  • Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. Álvaro Mutis.
  • Noticias del imperio. Fernando del Paso.
  • La guerra del fin del mundo. Mario Vargas Llosa.
  • Si te dicen que caí. Juan Marsé.
  • El informe de Brodie. Jorge Luis Borges.
  • Últimas tardes con Teresa. Juan Marsé.
  • La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes.
  • El sueño de los héroes. Adolfo Bioy Casares.
  • Los pasos perdidos. Alejo Carpentier.
  • El laberinto de la soledad. Octavio Paz.
  • El túnel. Ernesto Sabato.
  • La invención de Morel. Adolfo Bioy Casares.
  • El Aleph. Jorge Luis Borges.
  • Tiempo nublado. Octavio Paz.
  • La ciudad de los prodigios. Eduardo Mendoza.
  • Las ninfas. Francisco Umbral.
  • Yo, el Supremo. Augusto Roa Bastos
  • La oscura historia de la prima Montse. Juan Marsé
  • La Habana para un infante difunto. Guillermo Cabrera Infante.
  • José Trigo. Fernando del Paso
  • Lituma en los Andes. Mario Vargas Llosa.
  • Conversación en La Catedral. Mario Vargas Llosa.
  • Pequeño teatro. Ana María Matute
  • Alfanhuí. Rafael Sánchez Ferlosio. 
  • Los santos inocentes. Miguel Delibes
  • Hombres de maíz. Miguel Ángel Asturias
  • San Camilo 1936. Camilo José Cela.
  • La sombra del ciprés es alargada. Miguel Delibes
  • Como agua para chocolate. Laura Esquivel.
  • La casa de los espíritus. Isabel Allende.
  • Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.
  • Octubre, octubre. José Luis Sampedro. 
  • Los mares del sur. Manuel Vázquez Montalbán. 
  • Volverás a Región. Juan Benet. 
  • Rayuela. Julio Cortázar. 
  • Bomarzo. Manuel Mujica Lainez. 
  • Tiempo de silencio. Luis Martín Santos. 
  • Pedro Páramo. Juan Rulfo.
  • Réquiem por un campesino español. Ramón J. Sender.
  • El señor presidente. Miguel Ángel Asturias. 
  • El obispo leproso. Gabriel Miró.
  • Niebla. Miguel de Unamuno. 
  • Sonatas. Ramón María del Valle-Inclán.
  • Cañas y barro. Vicente Blasco Ibáñez.
  • Cuentos. Leopondo Alas "Clarín".
  • Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós.
  • Los pazos de Ulloa. Emilia Pardo Bazán.
  • La regenta. Leopondo Alas "Clarín".
  • Trafalgar. Benito Pérez Galdós.
  • Leyendas. Gustavo Adolfo Bécquer.
  • Facundo o civilización y barbarie. Domingo F. Sarmiento. 
  • El criticón. Baltasar Gracián.
  • La Dorotea. Lope de Vega.
  • Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. B. D. del Castillo.
  • La vida del Buscón. Francisco de Quevedo. 
  • Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Miguel de Cervantes.
  • Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes. 
  • Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.
  • Guzmán de Alfarache. Mateo Alemán. 
  • Amadís de Gaula. Garci Rodríguez de Montalvo. 
  • Libro de la vida. Teresa de Jesús. 
  • La vida de Lazarillo de Tormes. Anónimo. 
  • La Celestina. Fernando de Rojas.
  • El conde Lucanor. Don Juan Manuel. 
  • Libro de buen amor. Juan Ruiz. 
  • Cantar de Mio Cid. Anónimo. 

NOTAS

[1] Por favor, utilicemos bien el verbo adolecer; no significa carecer, sino 'tener algún defecto'.
[2] El criterio básico ha sido el número de puntos logrados; en caso de empate, se tenía en cuenta, primero, el número de premios; después, se priorizaban los premios en este orden: de la Crítica, Nacional de Narrativa, Cervantes; por último, en ocasiones primaba el criterio cronológico inverso y en otras el gusto personal o las ganas de terminar. Ya hemos dicho que esto es pura 100cia

Imagen relacionada