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11/7/25

Tres relámpagos y un apagón: sobre «Los colores del adiós», de Bernhard Schlink

No acostumbro a leer libros movido por reseñas elogiosas pues, generalmente, no me fio ni un pelo de quienes las firman. Sin embargo, un crítico al que respeto, Alberto Olmos, publicó un artículo sobre Los colores del adiós, del escritor alemán Bernhard Schlink, y me pareció que podría estar hablando del tipo de libro de relatos perfecto para calmar mis apetencias literarias. Así pues, no tardé mucho tiempo en solicitar un ejemplar a través del servicio de préstamo interbibliotecario (para cosas así se pagan con gusto los impuestos) y comenzar a leerlo con notable interés.

Lo que encontré en los tres primeros relatos fue, sencillamente, una revelación. El primero me pareció excelente; el segundo, aún mejor; y el tercero, pese a que Olmos aseguraba no haber podido terminarlo, a mí me pareció casi a la altura de los anteriores. Aquel libro se había convertido en uno de esos hallazgos raros que aparecen de vez en cuando: una obra que no solo lees, sino que te persigue mientras no estás leyendo. Te acompaña en el metro, en el ascensor, mientras mueres de tedio en la oficina. Y uno piensa: ojalá todos los libros fueran así, ojalá este no se acabe nunca.

Por desgracia, a partir del cuarto relato, lo que había sido una experiencia literaria estimulante, casi hipnótica, se convirtió en algo muy distinto: una sucesión de textos mediocres que no me dejaron absolutamente nada. Ni ideas, ni preguntas, ni siquiera una frase rescatable. No me conmovieron, no me hicieron pensar, no me interesaron. Fue como si los hubiera escrito otro autor, uno sin inspiración, sin urgencia, sin necesidad de contar nada.

Y la diferencia no era menor. Los tres primeros cuentos tenían una precisión asombrosa: conflictos morales nítidos, anagnórisis profundas pero naturales, un equilibrio de tono que hacía que cada palabra tuviera su lugar. Ni una coma sobraba. Eran piezas cerradas, limpias, cargadas de resonancia. El resto, sin embargo, parecía el resultado de una estrategia editorial: tres relatos brillantes y seis añadidos de relleno para poder publicar un libro. Porque Schlink es Schlink, y a un autor consagrado se le publica todo. 

De hecho, sospecho que si hubiera empezado el libro por alguno de esos cuentos mediocres, no me habrían indignado tanto. Pero existe el fenómeno del horizonte de expectativas, y los tres primeros relatos colocaron ese horizonte muy, muy alto. El contraste fue brutal. Donde antes había descubrimiento y profundidad, ahora había escenas inverosímiles, descripciones inútiles y momentos que llegaron a provocarme auténtica vergüenza ajena.

En definitiva, la decepción fue tan grande que lo único que puedo deciros es que no perdáis la oportunidad de leer los tres primeros cuentos y que tampoco perdáis ni un segundo en leer los seis siguientes. 

7/4/24

Siempre la misma historia - Pólvora en salvas XVI

Portada bastante guapa la de
esta joya descatalogada

Con el propósito de cosechar inspiración, he comenzado a leer un voluminoso libro titulado Antología del cuento norteamericano. La idea es estudiar a fondo las historias más interesantes, seleccionando de ellas algunos elementos narrativos con los que construir mis propios relatos, dando a dichos elementos un enfoque actual o llevándolos al absurdo o modificando algunas de sus características o aplicándoles cualquier otro cambio que se me pueda ocurrir. 

Esta técnica no es nueva y ya la he utilizado varias veces. Por ejemplo, el fogonazo creativo que me permitió escribir La muerte pública de Álvaro Cuervo vino simplemente de modificar con antónimos el título del cuento La vida secreta de Walter Mitty, de James Thurber. Pero no es solo que esta técnica no sea nueva, sino que probablemente venga siendo usada por los creadores de historias desde la noche de los tiempos. De hecho, si estás leyendo esto, probablemente hayas escuchado eso de que siempre se está contando la misma historia o que siempre se está escribiendo el mismo libro. Homero plasmó la estructura básica, que ya por entonces estaba muy lejos de ser novedosa, y todos los que vinieron después se limitaron a cambiar un poco los detalles. A este respecto, me ha gustado mucho un artículo que he encontrado informándome sobre ello, os lo dejo aquí (sí, les he plagiado el título). 

La cuestión es que el primer relato de la antología es un cuento fantástico, en las acepciones 2 y 4 del término que ofrece la RAE, titulado Rip van Winkle, del venerable señor Washington Irving, quien vivió en España de 1826 a 1829, trabó amistad con nuestra Cecilia Bolh de Faber y se enamoró profundamente de Granada, y que es más conocido por haber escrito La leyenda de Sleepy Hollow, llevada al cine por el gran Tim Burton. 

El regreso de Rip van Winkle
Estaba yo tan feliz imaginando una versión actualizada de esta historia formidable cuando empecé a ser consciente de que lo que venía a mi cabeza no eran ideas propias, sino lejanos recuerdos. Y es que, la esencia del cuento de Irving consiste en que <SPOILER> un hombre se queda dormido en el bosque y al regresar a su aldea descubre que han transcurrido veinte años </SPOILER>. ¿Dónde había yo visto algo parecido? Pues, para empezar, en un episodio de la mitiquísima serie Más allá del límite, en el que un hombre sufría un accidente de coche y, al regresar a casa, resultaba que habían pasado dos lustros, aunque él no había envejecido nada, pues desde su perspectiva solo habían transcurrido unas horas (en el cuento original el protagonista sí envejece veinte años). En este caso los culpables eran unos extraterrestres para los que no existía la noción del paso del tiempo y que no eran conscientes de que cada vez que enganchaban a este señor para vaya usted a saber qué, le estaban destrozando la vida. Me parece una vuelta de tuerca brutal al relato de Irving y, si os apetece ver el capítulo, podéis echarle un ojo en este enlace, pues algún héroe de las redes tuvo el detalle de colgarlo en Internet.

Pero este no fue, ni mucho menos el único caso. También vino a mi memoria un cuento de José María Merino que leí en su libro Historias del otro lugar. Antes tenía un ejemplar que recibí como premio en un concurso literario, pero acabé vendiéndolo por Wallapop, así que tuve que recurrir a la Biblioteca Secreta de Telegram (vivo al límite, lo sé) para releer la historia. Efectivamente, en un cuento titulado La noche más larga, Merino ofrece una actualización de Rip van Winkle ubicada en los recuerdos de un gallego que regresa a su pueblo y rememora la historia que, siendo joven, le narró un borracho conocido como El Samba, quien aseguraba que se quedó dormido en una casa habitada por tres mujeres y que despertó veinte años después. Me ha parecido una versión excesivamente deudora del original y el hecho de no incluir una triste nota al pie indicando la referencia me ha resultado, digamos, poco elegante. 

Además de esto, hace poco, viendo GEOS (muy recomendable si alguna vez necesitas un poco de motivación cuando te sientas cansado o tengas frío o pocas ganas de levantarte), me salió el tráiler de una película española titulada Salta, en la que un niño de 1989 se cae en un agujero de gusano y aparece en la actualidad, donde se encuentra con su hermano pequeño, que ahora es un adulto de unos treinta años. Esto también recuerda al cuento de Irving, aunque ahora se introduce un elemento propio de la ciencia-ficción, lo que me ha llevado a concluir que Rip Van Winkle podría considerarse una de las obras pioneras en explorar el género del viaje en el tiempo. Sí, no es lo mismo que Regreso al futuro, el viejo Rip no posee una máquina y no puede ir hacia atrás, pero pocas cosas puede haber más parecidas a viajar en el tiempo que quedarte dormido durante veinte años. 

Todavía he encontrado una historia más que se encuentra poderosamente influida por nuestro cuento. Es un episodio de la serie The Twilight Zone, se titula La travesura de Rip Van Winkle y su argumento gira en torno a un grupo de delincuentes que decide someterse a un sueño inducido de cien años para burlar la ley. Ah, y también tendríamos El dormilón de Woody Allen, que lo acabo de ver en la Wikipedia. 

Pero para sorpresa de… bueno, de nadie, resulta que el cuento de Irving tampoco es del todo original y en sus propias páginas se dice que es posible que la historia recuerde a la leyenda del emperador Federico Barbarroja, quien supuestamente no murió, sino que se encuentra durmiendo en una montaña a la espera de despertar para hacer que Alemania recupere su gloria imperial. Puede que Irving se inspirase en esta leyenda, o puede que lo hiciera en la de Los siete durmientes de Éfeso, en la historia japonesa de Urashima Tarō, o en el drama noruego de 1781 titulado Año 7603, o quizá en todas o tal vez en ninguna, qué más da, lo importante es que, al final, siempre estamos contando la misma historia y lo que tenemos que hacer es encontrar formas originales de volver a escribirla. 

13/3/24

Bukowski vs Camus

Camus, relato de Bukowski publicado
en la revista High Times
Cualquier gran aficionado a los textos de Charles Bukowski sabrá de sobra que su escritor predilecto fue, con mucho, John Fante. Sin embargo, Hank era aficionado a la prosa de algún que otro autor más, como Céline, Kanut Hamsung o Dostoievski. Pero, ¿qué podemos decir sobre la relación de Bukowski con la obra del premio nobel francés Albert Camus? Afortunadamente nuestro autor no se cortaba a la hora de tratar cuestiones literarias en sus escritos y podemos adentrarnos en ellos para explorar esta interesante cuestión. 

Para empezar, Bukowski escribió un relato titulado Camus que está recogido en su libro Hijo de Satanás y el cual por cierto yo incluí en mi lista de los diez mejores relatos de nuestro escritor maldito, allí podéis leer un pequeño comentario al respecto. En este relato, el protagonista, un viejo y borracho profesor de literatura, les dice a sus alumnos: «No os suspenderé si alguno de vosotros me dice el nombre de un escritor bastante bueno. El nombre deletreado al revés es «s-u-m-a-c». Curiosamente, el nombre del literato francés no vuelve a hacer acto de presencia, ni antes ni después de esa intervención, salvo en el título del relato, claro. Puede que haya alguna referencia más en el resto del texto, pero yo no la he captado. No soy un gran seguidor de la obra de Camus, solo he leído El extranjero y La peste, aunque ambos me fascinaron y quiero volver a leer el primero, así como probar con El mito de Sísifo

Hank también menciona muy de pasada a Camus en una estrambótica escena del relato El día que hablamos de James Thurber, recogido libro Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. El protagonista charla tranquilamente de literatura con una jovencita que le ha confundido con André Bretón justo después de que un jovencito le haya practicado una felatio sin mediar palabra. El narrador nos cuenta: «Luego me subí la cremallera y serví otros tres vinos. Seguimos simplemente allí sentados, hablando y bebiendo. No sé cuánto duró el asunto. Wendy tenía unas piernas maravillosas y unos tobillos finos y torneados que giraba constantemente como si tuviese fuego debajo o algo así. Conocían su literatura. Hablamos de varias cosas. Sherwood Anderson… Wines-burg, todo ese rollo. Dos. Camus. Los Granecs, los Dickeys, las Bronté; Balzac, Thurber, etc., etc».

Bella portada de la
edición francesa de
1961 de El extranjero
de Camus

El libro Música de cañerías contiene otros dos relatos donde Camus es mencionado. El primero, titulado Grita cuando te quemes, es un relato típico de Hank (alcohol, mujeres, literatura…) y en él se ofrece un comentario mucho más elaborado sobre Camus, de hecho, el título hace referencia a él, pues Bukowski consideraba que Camus sería del tipo de escritores que no gritaría al quemarse, es decir, de los que les falta sentimiento, supongo. El protagonista está tirado en la cama bebiendo whisky con agua y (h)ojeando un libro del escritor francés, Resistance, rebelión and death, del que no parece haber traducción al español, y el narrador ofrece esta reflexión: «Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del Hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable… su lenguaje… uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba». Un poco más tarde, mientras el protagonista bebe cervezas y mira por la ventana pasar a varias enfermeras, piensa: «Apuesto a que Camus nunca atisbó por las ventanas». El otro relato contenido en Música de cañerías que nos interesa se titula Una noche helada y también es un cuento bastante típico de nuestro autor, aunque contiene la peculiaridad de que tiene lugar un asesinato. La cuestión es que, mientras habla por teléfono con una chica, el protagonista, llamado Leslie, reflexiona que debería cortarle a esta el rollo como una guillotina y, entonces, piensa a través del estilo indirecto libre del narrador: «¿Quién había escrito aquel excelente ensayo sobre la guillotina? ¿Camus? Sí, Camus. Camus también era un plomo. Pero el ensayo sobre la guillotina y El extranjero eran excepcionales».

Edición turca de Escritos
de un viejo indecente

En Escritos de un viejo indecente, que no es propiamente un libro de relatos, sino una recopilación de los textos publicados por Bukowski en su columna semanal del periódico Open City, Camus es mencionado en varias ocasiones. Por ejemplo, Hank comenta que él no es del tipo de gente que está muy preocupada por la humanidad, como Camus, pues la mayor parte de la gente le repugna, pero que aun así no le gusta ver cómo los miserables se aprovechan de la tragedia . En otra columna, hablando de los escritores que no tienen calle, como podría decirse en términos actuales, comenta: «cuando Camus empezó a hacer discursos en las academias, murió su fuerza de escritor. Camus no empezó como orador, sino como escritor; no fue un accidente de automóvil lo que le mató, no». Por último, en otra columna, Bukowski ofrece un interesante párrafo que podría constituir un completo resumen de sus gustos literarios y que vale la pena reproducir: «en primer lugar, lee a Céline. el mejor escritor en dos mil años. incluye, por supuesto, EL EXTRANJERO de Camus. CRIMEN Y CASTIGO. LOS HERMANOS. Kafka entero. todas las obras del escritor desconocido John Fante. los cuentos cortos de Turgueniev. evita a Faulkner, Shakespeare y sobre todo a George Bernard Shaw, la fantasía más pomposa de todos los TIEMPOS, una auténtica mierda con conexiones políticas y literarias de lo más increíble. el único más joven que se me ocurre con carretera pavimentada delante y beso en el culo si hace falta fue Hemingway, pero la diferencia entre Hemingway y Shaw es que Hem escribió algunas cosas buenas al principio y Shaw escribió siempre mierda».

En el libro de diarios El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Hank menciona de nuevo muy brevemente a Camus al decir que antes los escritores eran más escritores, señalando que él mismo se coló en aquella época cuando publicaron un cuento suyo en una revista junto a textos de autores como Sartre y, tal vez, Camus, no lo recuerda porque alguien le robó su ejemplar. 

Dos veces aparece el nobel francés citado en el libro Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. La primera es en el texto de larguísimo título En defensa de cierta clase de poesía, cierta clase de vida, cierta clase de criatura llena de sangre que algún día morirá, donde Hank elabora una lista de artistas cuyas obras perdurarán a pesar del paso de los siglos y allí, junto a Matisse, Dostoievski o D. H. Lawrence, Bukowski sitúa a «Camus, por supuesto». Después, en ¿Deberíamos quemarle el culo al tío Sam? Bukowski vuelve a referirse al trágico final de Camus en estos términos: «Camus iba por ahí dando conferencias en las Academias hasta que el accidente de coche lo salvó de esa clase de vida». 

Por último, en La enfermedad de escribir, un volumen que recoge reflexiones sobre literatura seleccionadas de sus cartas, Bukowski ofrece otro interesante párrafo donde reflexiona sobre lo que para él es el mayor problema de la literatura, el cual sería: «que ha habido un abismo demasiado grande entre la literatura y la vida; quienes han creado literatura no han escrito sobre la vida y los que han vivido la vida han sido excluidos de la literatura. Por supuesto, ha habido avances en la historia de la humanidad: Dos[toievski], Céline, las primeras obras de Hemingway y Camus, los relatos de Turguéniev, Knut Hamsun y Hambre, Kafka, Gorki en su etapa prerrevolucionaria y algunos más…, pero la mayoría ha sido una auténtica bazofia, y desde 1955 la bazofia no ha hecho más que propagarse. Nos hemos tragado a un montón de gilipollas inútiles desde entonces, ahora ya nadie rompe moldes y apenas ha habido avances porque los buenos escritores escriben muy bien pero se parecen demasiado, así que estamos estancados… no hay GIGANTES».

En definitiva, podríamos concluir que Camus fue un escritor bastante apreciado por Bukowski, seguramente mucho más de lo que se suele pensar, habida cuenta de que lo menciona, al menos, en siete de sus libros, normalmente en términos elogiosos, situándolo como uno de los pocos escritores cuyas obras sobrevivirán al paso de los siglos. Sin embargo, cabría matizar que Hank admira esencialmente la obra del primer Camus, sobre todo El extranjero, tal vez por considerar que se trata de una literatura mucho más llena de vida que la que el escritor francés pudo haber ofrecido en etapas posteriores. Los admiradores de la obra nuestro querido escritor maldito estadounidense tal vez encuentren provechoso explorar las páginas de Albert Camus en busca de sabrosas conexiones literarias. 

27/10/17

Quince fragmentos brutales de Hollywood (C. Bukowski, 1989)

Los abogados, los médicos y los fontaneros, ellos eran los que ganaban todo el dinero. ¿Los escritores? Los escritores se morían de hambre. Los escritores se suicidaban. Los escritores se volvían locos.

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Escribir era extraño. Necesitaba escribir, era como una enfermedad, una droga, una fuerte compulsión, sin embargo no me gustaba verme a mí mismo como escritor. Tal vez había conocido a demasiados escritores. Empleaban más tiempo hablando mal unos de otros que en hacer su trabajo. Eran inquietos, cotillas, solteronas; se quejaban, apuñalaban por la espalda y estaban llenos de vanidad. 

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Cuando se ha sido pobre durante mucho tiempo se adquiere cierto respeto por el dinero. No se quiere volver a estar nunca más sin nada en absoluto. Eso queda para los santos y los locos.

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―Tenemos que ir a casa y darles de comer a los gatos ―dijo Sarah al final.
Beber podía esperar.
Hollywood podía esperar.
Los gatos no podían esperar.
Yo estaba de acuerdo.

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Seguí a Jon a través de Hollywood, la luz y las sombras de Alfred Hitchcock, Laurel y Hardy, Clark Gable, Gloria Swanson, Mickey Mouse y Humphrey Bogart, nos envolvían.

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Después llegamos al puerto, pasamos junto a los barcos. La mayoría eran veleros y la gente andaba de un lado a otro en cubierta. Llevaban ropa de navegar, gorras, gafas de sol. De alguna forma, casi todos parecían haber escapado a la opresión cotidiana de vivir. Nunca habían sido víctimas de esa opresión y nunca lo serían. Tales eran las recompensas de los Elegidos en la tierra de la libertad. En cierto modo, era gente me parecía tonta. Por supuesto, yo ni siquiera existía para ellos.

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Jon-Luc no paraba de hablar. Hablaba de un modo enrevesado y dándoselas de Genio. Quizá fuera un genio. No quería cabrearme por eso. Pero había tenido que aguantar Genios durante todos mis años de colegio: Shakespeare, Tolstoi, Ibsen, G. B. Shaw, Chejov, todos esos lelos. Y peor aún, Mark Twain, Hawthorne, las hermanas Brontë, Dreiser, Sinclair Lewis, todos te caían encima como un bloque de cemento y uno quería salir y huir, eran como padres tontos de remate, empeñados en seguir reglas y modales que acojonarían a un muerto.

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A menudo, con los humanos, ya sean buenos o malos, mis sentidos se cansan, simplemente desconectan, me doy por vencido. Soy educado. Asiento con la cabeza. Hago como si comprendiera porque no quiero que nadie se sienta herido. Ese es mi punto débil, el que más problemas ha causado. Muchas veces, cuando intento ser amable con los demás, lo que consigo es que mi alma se deshaga en una especie de pasta espiritual. 

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Aquel bar volvió a mí. Recordaba cómo se olía el retrete desde cualquier parte. Se necesitaba una copa nada más entrar para contrarrestar aquello. Y antes de volver a aquel urinario se necesitaban otras 4 o 5. Y la gente de aquel bar, sus caras, sus cuerpos y sus voces volvieron a mí. Estaba allí otra vez. 

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La mayor parte del cine que yo había visto lo había visto siendo un crío, todas unas películas muy horribles. Fred Astaire y Ginger Rogers. Jeannette McDonald y Nelson Eddy. Bob Hope. Tyrone Power. Los Tres Chiflados. Cary Grant. Aquellas películas te trastornaban y te sacudían el seso, dejándote sin esperanzas ni energía. Yo me sentaba en aquellas salas de cine con náuseas en la tripa y en el alma.

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En cuanto a mí, mi mayor sueño en la vida era evitar el mayor número de gente posible. Cuánta menos gente veía, mejor me sentía. 

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De todos modos, todos necesitamos escapar. Las horas son largas y de alguna forma han de ocuparse hasta que llegue la muerte. Y simplemente no hay tanta belleza ni emoción por ahí como para andar yendo de un lado a otro. Las cosas se vuelven pronto monótonas y abrumadoras. Nos despertamos por las mañanas, damos una patada a las sábanas, apoyamos los pies en el suelo y pensamos: Ah, mierda, ¿y ahora qué?

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―¿Cuál es su filosofía de vida?
―Pensar lo menos posible.
―¿Ninguna otra cosa?
―Cuando no se te ocurra ninguna otra cosa que hacer, sé amable.
―Eso es bonito.
―Lo bonito no es necesariamente amable.
―Muy bien, Mr. Chinaski. ¿Qué mensaje les envía a los italianos?
―No gritéis tanto. Y leed a Celine.

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Debía de estar loco. Sin afeitar. La camiseta llena de quemaduras de cigarrillos. Mi único deseo era tener más de una botella en el aparador. Yo no estaba de acuerdo con el mundo y el mundo no estaba de acuerdo conmigo, y había encontrado a otros como yo, la mayoría mujeres, mujeres que la mayor parte de los hombres no querrían en su misma habitación, pero yo las adoraba, me inspiraban, yo hacía teatro, soltaba tacos, me pavoneaba de un lado a otro en ropa interior diciéndoles lo fantástico que era, pero solo yo me lo creía. Ellas simplemente gritaban: «¡Vete a tomar por culo!», «¡Sirve más alcohol!». Aquellas damas del infierno, aquellas damas en el infierno conmigo.

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Aquel azul oscuro oscuro había servido de refugio para muchas resacas, algunas de ellas tan brutales como para matar casi a un hombre, sobre todo en una época en que me metía píldoras que me daba la gente sin preocuparme de saber qué eran. Algunas noches sabía que si me dormía moriría. 



7/4/16

Los diez mejores relatos de Charles Bukowski

Quiero invitarte a leer este artículo en mi nuevo blog, VERBA LATENTIA, donde se ofrece un diseño mucho más agradable y profesional. 

Si lo prefieres, también puedes disfrutar de este artículo en vídeo o símplemente escucharlo como un podcast: 



El primer libro de Charles Bukowski que leí fue un conjunto de relatos titulado Se busca una mujer (en este artículo lo sitúo como una de las lecturas más trascendentales de mi vida). Desde entonces, han pasado por mis manos otras 17 obras del mítico escritor maldito estadounidense y, aunque me encantan sus novelas y disfruto mucho de gran parte de su poesía, sigo sintiendo una predilección especial y nostálgica por sus relatos. 

Algunos de ellos fueron dejando en mí una huella mayor que otros gracias principalmente a su adictivo sentido del humor y, un buen día, me dio por pensar en cuáles podrían considerarse mis favoritos. De aquella reflexión surgió la siguiente lista, mi lista personal de los diez mejores relatos de Charles Bukowski. De cada uno de ellos iré ofreciendo un comentario lo bastante breve como para no aburriros y lo bastante largo como para animaros a leerlos. Eso sí, no cometáis el mismo error que yo cometí durante un tiempo, no tratéis de imitar a Charles Bukowski.

ALGO ACERCA DE UNA BANDERA DEL VIETCONG

Título original: Something About a Viet Cong Flag.
Publicación original: en el libro South of No North: Stories of the Buried Life (1973).
Publicación en España: en el libro Se busca una mujer (1979).

Dos de los rasgos que más me gustan de la literatura de Bukowski son, por un lado, la libertad que manifiesta al escribir sin pensar en lo políticamente correcto o en la sensibilidades que puedan acabar heridas y, por otro, su capacidad para plantear situaciones insólitas. Precisamente este relato es un buen ejemplo de ambas características. En él conocemos a Red, un personaje rudo, sin escrúpulos ni moral y al mismo tiempo completamente libre, en el sentido más salvaje de la palabra. Su camino se cruzará con el de tres hippies, dos chicos y una chica, que acaban de bajarse en mitad del desierto del mismo tren que él. Este relato, a mi parecer, constituye una desgarradora crítica, no a los tipos como Red, a los que todo el mundo evidentemente desprecia, sino a los jóvenes débiles, cobardes e hipócritas como los otros dos personajes masculinos de esta historia impactante, mordaz y desoladora de la que se podría decir muchísimo más en otro contexto. Podéis acceder a una mala traducción de Google en este enlace, pero si queréis leer el relato en condiciones, podréis encontrarlo en el libro Se busca una mujer, y si lo compráis por aquí en e-book o por aquí en papel estaréis apoyando mi trabajo, porque Amazon me dará una pequeña comisión.


ANIMALES HASTA EN LA SOPA

Título original: Animal Crackers In My Soup.
Publicación original: en el libro Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness (1972).
Publicación en España: en el libro La máquina de follar (1974).

Lo más fascinante de este relato es su originalidad, incluso dentro de la propia obra narrativa bukowskiana. Y es que en esta historia, nuestro escritor maldito, sin abandonar su estilo habitual (es decir, protagonista alter ego, esta vez llamado Gordon, reflexiones existencialistas, bellas descripciones, trama en torno al alcohol y el sexo...) logra ofrecernos una portentosa síntesis de tres grandes géneros literarios como son el humor, la fantasía y la ciencia-ficción (incluso podríamos incluir un cuarto, el género romántico, pues asistimos aquí a una auténtica historia de amor que acaba incluso en boda y procreación). El relato empieza del modo más prosaico y anodino y termina de la manera más sublime e inesperada que puedas imaginar. Prefiero no seguir hablando para no destriparos ni un ápice de esta pequeña joya. Podéis leerlo en el siguiente enlace pero si preferís disfrutarlo en libro y queréis echarme una mano, lo podéis comprar aquí en e-book y aquí en papel

CAMUS

Título original: Camus.
Publicación original: en el libro Septuagenarian Stew: Stories & Poems (1990).
Publicación en España: en el libro Hijo de Satanás (1993).

En este divertidísimo cuento encontramos reflexiones filosóficas, análisis sociológico, alcohol, violencia, bellas jovencitas e, incluso, un poco de crítica literaria. Conocemos aquí a otro alter ego de Bukowski, que en esta ocasión tampoco se llama Henry Chinaski (nombre más habitual entre sus protagonistas) sino Larry Jansen, un viejo profesor de literatura moderna que llega tarde y resacoso a clase, que se pelea a golpes con los alumnos y que recibe propuestas sexuales a cambio de sobresalientes por parte de las alumnas. Es una genialidad, uno de esos relatos breves y característicos de Bukowski en los que el principio podría ser el final y el final podría ser el principio. No lo encuentro por internet, tendréis que comprar Hijo de Satanás en este enlace.

EL DIABLO ESTABA CALIENTE

Título original: The Devil Was Hot.
Publicación original: en el libro South of No North: Stories of the Buried Life (1973).
Publicación en España: en el libro Se busca una mujer (1979).

Nos encontramos aquí ante otro desternillante relato bukowskiano que aúna elementos sobrenaturales y realismo sucio. A través del protagonista, alter ego del autor cuyo nombre en esta ocasión no se menciona, Hank se se reivindica como hijo del demonio, ya que este, personaje principal de la historia, no deja de llamarle hijo mío y se dice además que sus debilidades son las mismas que las del narrador, es decir, el alcohol y las mujeres. Relato loquísimo donde los haya, podéis leerlo en este enlace pero yo de vosotros compraría el libro Se busca una mujer

QUINCE CENTÍMETROS

Título original: Six inches.
Publicación original: en el libro Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness (1972).
Publicación en España: en el libro Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones (1973).

Comentaba que el relato anterior era loquísimo pero, Dios, Dios mío, Quince centímetros es algo fuera de lo común. Probablemente inspirado en el film o en la novela El increíble hombre menguante, esta estrambótica historia, además de mucho esparcimiento, nos ofrece una valiosa lección de vida gracias a su protagonista, el cual nunca se rinde ante las adversidades, por muy profundas que sean (leed y entenderéis a qué me refiero con esto último). Podéis leerlo aquí pero siempre será mejor comprar el libro Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones aquí en e-book o aquí en papel.




HIJO DE SATANÁS

Título original: Son of Satan.
Publicación original: en el libro Septuagenarian Stew: Stories & Poems (1990).
Publicación en España: en el libro Hijo de Satanás (1993).

Sin duda es uno de los relatos más brutales que he leído, y no lo digo solo porque me parezca muy bueno, sino por sus elevadas dosis de violencia e insensibilidad. En él vemos a un alter ego innominado de nuestro autor de solo once años de edad que, junto a otros dos compinches, llevan a cabo un crudelísimo abuso contra un cuarto muchacho del barrio. Las consecuencias para el joven protagonista no resultarán mucho menos extremas y dolorosas, ya que tendrá que enfrentarse a la ira desatada de su padre. Sin duda una historia que, una vez pasado el mal trago, puede invitar al debate sobre los orígenes de la violencia: ¿naturaleza y genes? ¿educación y cultura? ¿todo? ¿nada? Juzgad vosotros mismos. Podéis leerlo en este enlace o comprar el libro del mismo título en este otro.

LA VENGANZA DE LOS MALDITOS

Título original: Vengeance of the damned.
Publicación original: en el libro Septuagenarian Stew: Stories & Poems (1990).
Publicación en España: en el libro Hijo de Satanás (1993).

Nos encontramos ante otra interesantísima pieza bukowskiana en la que nuestro autor vuelve a plantear una situación extremadamente insólita, la cual aprovecha para llevar a cabo una despiadada sátira contra la sociedad de su tiempo, toda repleta de delirantes dosis de humor. En esta historia Tom y Max dos vagabundos, deciden utilizar una masa de menesterosos para llevar a cabo sus planes, aunque al final las cosas no salen del todo como esperaban. Podéis disfrutar de esta locura en el siguiente enlace, aunque siempre será mejor tener el libro Hijo de Satanás, que se puede comprar aquí.

UN LINDO ASUNTO DE AMOR

Título original: A Lovely Love Affair.
Publicación original: en el libro Erections, Ejaculations, Exhibitions and General Tales of Ordinary Madness (1972).
Publicación en España: en el libro La máquina de follar (1974).

Acompañaremos ahora a Charley Perkin, otro alter ego de Bukowski, que recibe ayuda de una mujer de unos 120 kilos de la que acaba enamorándose o con la que al menos tiene uno de los mejores encuentros sexuales de su vida. Nuestro protagonista se ve obligado a tomar una decisión muy compleja: quedarse con su amada disfrutando de un sinfín de comodidades o emprender la huida para seguir siendo él mismo. Si queréis saber qué camino tomará este buen hombre, podréis leerlo aquí o comprar el increíble libro La máquina de follar.

SE BUSCA UNA MUJER

Título original: Loneliness.
Publicación original: en el libro South of No North: Stories of the Buried Life (1973).
Publicación en España: en el libro Se busca una mujer (1979).

Este relato posee dos particularidades que lo hacen estar en esta lista a pesar de que quizá realmente no sea uno de los mejores cuentos de Hank. Uno es que está protagonizado por una mujer, lo cual lo convierte en rara avis dentro de la narrativa breve bukowskiana; y dos, que fue lo primero que leí de nuestro autor y, por tanto, me dejó una huella imborrable. La trama consiste en que Edna, una inocente mujer, decide acudir a una cita derivada de un letrero que ve en un coche. El desenlace lógicamente no resulta maravilloso, aunque tampoco tan malo como podría haber sido. Podéis leerlo leerlo aquí o comprar Se busca una mujer.

TRÁEME TU AMOR

Título original: Bring me your love.
Publicación original: en el libro ilustrado Bring me your love (1983).
Publicación en España: en el libro ilustrado Traeme tu amor y otros relatos.

Emotivo relato en el que vemos a una mujer enloquecida que quizá no esté tan loca proferir curiosos insultos a su marido, quien ha acudido a visitarla al psiquiátrico. Entre otras cosas le llama follaputas y cabeza de pescado. El aludido aguanta estoicamente las agresiones verbales de su mujer y, más tarde, una inoportuna llamada. Asistimos de nuevo a uno de esos maravillosos finales abiertos que podrían ser perfectamente comienzos en los que Hank era, a mi modo de ver, un maestro. Podéis leerlo aquí pero existe un precioso libro ilustrado que puede comprarse en este enlace.



OTROS LIBROS DE RELATOS DE CHARLES BUKOWSKI