7/10/26

La dignidad en ausencia de porvenir: sobre «Nunca me abandones», de Kazuo Ishiguro

Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, es una de esas novelas cuya grandeza resulta difícil de explicar sin correr el riesgo de despojarla justo de aquello que la hace extraordinaria. Aparentemente nos encontramos ante una historia de ciencia-ficción distópica, pero lo verdaderamente importante no son los avances científicos ni las peculiaridades de la sociedad que ambienta, sino algo mucho más antiguo y universal: la memoria, la amistad, el amor, la pérdida y la inexorable marcha del ser humano hacia la muerte.

La protagonista es Kathy, una mujer que, mediante el recuerdo, va reconstruyendo la historia de su vida y la de sus dos grandes amigos, Tommy y Ruth. Los tres crecieron en Hailsham, un internado aparentemente normal, tras cuyos muros se oculta una realidad horrible: los alumnos son clones creados con el propósito de convertirse en donantes de órganos y, llegado el momento, «completar» su destino.

Lo verdaderamente extraordinario es que Ishiguro podría haber construido con semejante premisa una novela de ciencia-ficción convencional, centrada en explicar el funcionamiento de ese mundo y en enfrentar a sus personajes con la sociedad que los oprime. Sin embargo, hace exactamente lo contrario. Apenas encontramos explicaciones y nunca asistimos a una rebelión. Kathy, Tommy y Ruth aceptan su destino con una naturalidad que resulta mucho más inquietante que cualquier distopía repleta de violencia. Saben lo que les espera y, pese a ello, continúan viviendo, enamorándose, discutiendo y aferrándose a sus pequeños recuerdos.

Si la novela fuese solamente una aterradora distopía, ya podría considerarse una obra notable. Lo que la convierte en algo mucho mayor es la forma sublime en que Ishiguro utiliza la memoria. Kathy no recuerda su pasado de manera ordenada, sino que salta continuamente de una época a otra, como hacemos todos cuando un lugar, una canción o un objeto despiertan un recuerdo. El pasado se convierte así en el único refugio posible frente a un futuro que conocemos desde el principio.

Nunca me abandones, en la que me ha parecido percibir resonancias de la película Mártires y del movimiento en defensa de los animales (véase el debate entre bienestarismo y abolicionismo), es, en definitiva, una novela bellísima, inquietante y profundamente triste. Una obra que empieza narrando la vida de clones donantes para terminar hablando de lo que significa ser humano, de la muerte y, paradójicamente, de la necesidad de vivir. Una de esas novelas que se leen con una especie de hipnosis y que, cuando van llegando al final, despiertan en el lector una sensación insólita y valiosísima: el deseo de que la historia no se termine nunca.

3/10/26

Nuevo truco para la creatividad literaria

Andaba yo trabajando en mi último vídeo, el cual quedó bastante chulo, puede verse aquí, cuando mi cerebro, enfermo de inspiración últimamente, lo cual agradezco, desarrolló un nuevo truco para la creatividad literaria, es decir, un método para generar ideas a partir de las cuales escribir historias de ficción. En su momento ya publiqué unos cuantos en formato artículo y, sí, también en este vídeo, y me habría gustado incluir este nuevo truco, pero al no ser ya posible, o ser excesivamente trabajoso hacerlo, he decidido compartirlo aquí como post independiente. 

La cuestión es que, por las vicisitudes de la producción del citado último vídeo, tuve que recortar de otro un fragmento con la portada de la novela La noche, de Andrés Bosh y de El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. Al tener que nombrar al archivo para su exportación se me ocurrió poner EL GUARDIÁN Y LA NOCHE. Entonces me quedé paralizado un instante y pensé: "vaya, qué título tan bueno para una historia". Y fue ahí donde mi cerebro, buscando el chute dopaminérgico de la creatividad, empezó a tirarme del brazo y a gritar: "¡¡contenido, nuevo contenido, anótalo, que no se nos olvide, desgraciado!!". 

Así pues, aquí esta este nuevo truco para la creatividad literaria, el cuál consiste en combinar dos títulos de obras famosas para obtener un título nuevo (o varios) con el que construir nuestra historia. 

Para obtener las dos obras de las que cogeréis los títulos, podéis recurrir a la aleatoriedad con sorteos, pidiéndoselo a las inteligencias o, simplemente, eligiendo dos de vuestros favoritos. ¡Vamos a probar! (Se las voy a pedir a Gemini y, ya de paso, que me haga una portadas bien chulardas).

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury + Orgullo y prejuicio, de Jane Austen: Los 451 prejuicios de Fahrenheit el orgulloso.  

100 años de soledad, de Gabriel García Márquez + El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger (qué original, Gemini...): La soledad en los años del centeno.

La metamorfosis, de Franz Kafka + Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski: El crimen de la metamorfosis.

Tremendo trucazo que os he compartido, amigos. Ya no hay excusas para no escribir, salvo que seamos un poco perros (yo el peor). Si os gustan estos títulos, sentíos completamente libres de utilizarlos. Eso sí, si triunfáis con ellos, al menos invitaos a unas cañas ja, ja, ja (no bebo). 

31/8/26

Mucho menos | Microcorto de ciencia-ficción

Acabo de estrenar mi primer microcortometraje. Se titula Mucho menos y se basa en uno de mis brevísimos Nanorrelatos distópicos. La idea de convertir en imagen esta pequeña historia surgió un poco de la nada. Una mañana, vi que Night Café estaban permitiendo a los usuarios probar gratis una vez un modelo de generación de vídeo por IA y se me ocurrió que podría probar a meter un promt con alguna de mis historias. Eché un rápido vistazo y decidí elegir Mucho menos.

Recientemente, con el ansia del aspirante a YouTuber por generar la mayor cantidad posible de contenido, decidí enredar un poco en Premiere con aquel pequeño vídeo para ver si podía salir algo decente que colgar en mi canal. El resultado es el siguiente:


Bueno, no es Black Mirror, pero teniendo en cuenta que el presupuesto con el que contaba era de cero euros, tampoco está tan mal. La gracia es que presenta una sociedad futura tan diferente a la nuestra, que un hombre cualquiera puede ver como lo más normal del mundo que haya niños mutantes por las calles persiguiéndote para que juegues con ellos.

Sea como fuere, si lees esto, te agradecería que te suscribieses al canal y me dejases un buen like y un tremendo comentario. 

Hasta la próxima cutrez. 

24/8/26

Resucitando mi canal de Youtube

Por una serie de circunstancias, en torno a cuyos detalles no quiero detenerme, he decidido retomar con fuerza mi actividad en YouTube con la esperanza de llegar, si no a ganarme la vida con ello, al menos a que sea uno de los cauces a través de los cuales mejore el saldo de mi cuenta corriente. 

Así pues, he comenzado con la publicación de un vídeo que llevaba años queriendo preparar y en el cuál he puesto cantidades desorbitadas de paciencia y cariño, tal y como merecen mis estimados espectadores/lectores. 

Aquí os dejo esta pequeña piececita audiovisual con la que espero que disfrutéis y de la que confío podréis obtener ideas prácticas y valiosas para crear apasionantes y deliciosos relatos de ficción. Os agradecería de un modo exageradamente desbordante que le dieseis un poquito de amor, léase, un me gusta, una buena compartida entre los panitas, una suscripción, un apasionado comentario.

2/8/26

El arte metafísico de Giorgio de Chirico como puente entre Böcklin y Dalí

Presentación

Ofrecemos a los lectores un trabajo realizado para la asignatura DISCURSOS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO, que en su día formaba parte del GRADO EN LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS de la UNED como optativa o algo similar. Constituye rara avis en este blog, pues no solemos hablar de pintura, salvo en este artículo tan interesante, pues tenemos más bien poca idea sobre tan bello arte. En cualquier caso, esperamos que pueda resultarles de algún provecho, aunque solo sea como ejemplo de trabajo académico.

Introducción

«Soñar es la actividad estética más antigua».
Jorge Luis Borges.


Teniendo en cuenta las inmensas posibilidades de reflexión que ofrece el arte metafísico de Giorgio De Chirico y lo inextricablemente aferrado que se encuentra a lo que Peter Bürger denomina praxis vital, no resulta sorprendente que Clement Greenberg intentase quitárselo de encima como si fuera un molesto moscardón. 

Y es que, en su empeño por trazar una línea recta que enlazase a Cézanne con el expresionismo abstracto, el crítico estadounidense se topó con una serie de disrupciones figurativas que desbarataban sus planes. Estas molestias tenían nombres de vanguardia: Surrealismo, Nueva Objetividad, Neorromanticismo, Realismo Mágico, Realismo Socialista... Entre ellas, destacaba la pintura metafísica de Giorgio De Chirico. La idea de Greenberg para marginar de su relato aquellas manifestaciones artísticas consistió en intentar enviarlas «a las tinieblas exteriores del academicismo en general, que es adonde pertenecen en realidad». 

Por fortuna, a lo largo del siglo XX, se fueron alzando voces discordantes con la narrativa formalista, voces como la del crítico francés Jean Clair, quien contribuyó a que los movimientos artísticos comprometidos con la realidad recuperasen el protagonismo del que se les había despojado. Precisamente a De Chirico dedica Clair en su obra Malinconia un buen número de reflexiones, algunas de las cuales nos servirán para el propósito del presente trabajo, que no es otro que el de explorar las ideas artísticas dechiriquianas contenidas en una obra de Arnold Böcklin y en otra de Salvador Dalí. 

Así, a la manera de Greenberg, aunque sin ninguna pretensión exclusivista ni dogmática, trataremos de trazar una cronología que conecte el Simbolismo con el Surrealismo a través de Giorgio de Chirico. Comenzaremos, pues, extrayendo las ideas principales del manifiesto Sobre el arte metafísico, firmado por nuestro pintor italiano en 1919.

Las claves del arte metafísico

De Chirico comienza reflexionando sobre el mundo de los sueños, mostrándose sorprendido por el hecho de que, mientras dormimos, las más extrañas imágenes sean asumidas con naturalidad en lugar de golpearnos «con potencia metafísica». Menciona que la capacidad de los objetos de evocar misterio en algunas personas es aún mayor que la de los sueños, y que esto podría relacionarse tanto con la locura como con la creatividad. Y es que, para De Chirico, en eso consistiría el arte, en la habilidad para captar misterios y momentos extraños que se le escapan al hombre corriente. 

Después nos ofrece un interesante fragmento en el que adelanta un esbozo de su idea de metafísica sirviéndose de la literatura [1] de Julio Verne. La metafísica se encontraría contenida en casas, calles o plazas, en la «espectralidad de una tarde dominical», en «la melancolía de un hombre, verdadero fantasma ambulante» o en «la partida del vapor de Liverpool». La importancia que este tipo de escenas posee en la génesis de sus pinturas se puede apreciar repasando algunos de sus títulos [2] . Sobre el arte contemporáneo, opina que su carácter complejo, inquieto, polimórfico, responde al peso de los siglos de civilización que Occidente carga sobre sus hombros, el cual hace reavivar inquietudes ancestrales, veneración por «lo sorprendente, lo monstruoso, lo inexplicable». 

Entrando más de lleno en la descripción del arte metafísico, comenta que Italia era el lugar adecuado para su aparición, gracias al «peso de nuestra crónica tristeza». De Chirico otorga así una gran importancia a este sentimiento a la hora de crear un arte de fuerte trasfondo filosófico, añadiendo que Heráclito, conocido como el filósofo llorón, eligió meditar cerca de las inclemencias del desierto. Este aspecto es tratado por Jean Clair en Malinconia, donde nos dice que la melancolía y la soledad siempre estuvieron unidas a la creatividad, siendo esta la herramienta del melancólico para encontrar su lugar en el mundo. Para el crítico francés, esta forma de melancolía creativa alcanzó su cénit justo en la época de Giorgio De Chirico debido a los terribles acontecimientos históricos que tuvieron lugar. El resultado fue un retorno de la mirada hacia otros tiempos, hacia un mundo que ofreciese un panorama menos desolador. Esta actitud se materializó en la pintura metafísica mediante la inclusión de elementos y rasgos de la antigüedad grecolatina, como espacios que respetan «las normas canónicas de la perspectiva»  o «edificios clásicos proporcionados y austeros».

En el siguiente apartado, el pintor reflexiona sobre el papel de la locura en el arte y su relación con la memoria. Los recuerdos son lo que nos permite mantener la cordura, lo que posibilita que habitualmente reaccionemos con normalidad. ¿Qué sentiríamos ante cualquier escena cotidiana si de nuestra memoria se hubiese borrado el rastro de todo lo que nos resultaba familiar? A partir de esta especulación, nos ofrece De Chirico la clave del arte metafísico: una mirada desprovista de memoria que produce extrañamiento ante lo cotidiano. Un ingrediente fundamental para esta nueva mirada sería lo que el pintor llama ausencia humana, una soledad tan amplia que, incluso ante la presencia de alguna persona, es capaz de evocar paisajes de la época terciaria, ambientes prehumanos. Así, la contemplación de una obra metafísica nos transmite serenidad, pero una serenidad inquietante por todos los misterios que alberga. 

Finaliza De Chirico su texto indicando que la esencia de la estética metafísica se concentra en la arquitectura de las ciudades italianas, en sus casas, plazas o estaciones de tren; también en construcciones heredadas de Grecia como pórticos, paseos y plataformas; incluso, en los rincones de una habitación, en una mesa o en el interior de una caja, pues los detalles geométricos se encuentran repletos de significaciones.  

Böcklin y De Chirico

La isla de los muertos (Böcklin)

El pintor suizo Arnold Böcklin fue considerado por De Chirico como un gran maestro y una influencia  por lo que no llama demasiado la atención que en algunas de sus pinturas simbolistas se perciban destellos de la propuesta metafísica dechiriquiana. Así ocurre, por ejemplo, en su obra más famosa, La isla de los muertos. 

Una simple ojeada nos hará sentir un fuerte golpe metafísico, como diría don Giorgio. La sensación onírica que transmite la escena resulta muy poderosa, así como el misterio que envuelve cada detalle, las innumerables preguntas que nos asaltan, la inquietante calma que nos embarga. Las figuras humanas de la pequeña embarcación, minúsculas ante la isla con forma de plaza, nos recuerdan a esas otras figuras humanas que podemos ver en las obras de De Chirico, en esas otras plazas también desiertas, o a aquellas estatuas que igualmente nos dan la espalda mientras parecen mirar hacia el mismo horizonte que nosotros. 

Pero todavía podemos seguir encontrando rasgos metafísicos tratados por De Chirico en su texto. La partida (como la que probablemente emprenderá, o ya emprendió, al menos uno de los personajes de la barca), la espectralidad de la tarde (nubes iluminadas por el crepúsculo, densas sombras bajo los cipreses), lo inexplicable (¿qué son esas cavidades en la roca?, ¿quién las construyó...?). Podemos preguntarnos si la melancolía constituye una nota característica de esta obra y parece evidente que así es, y no solo por la profunda tristeza que emana, sino por su propio tema, la muerte, una realidad que no para de recordarnos que, mientras avanzamos hacia ella, vamos dejando atrás toda nuestra vida en forma de recuerdos. 

Por último, podemos apreciar la presencia de la antigüedad clásica en la proporcionalidad y sencillez de los elementos arquitectónicos y en las reminiscencias mitológicas que transmiten las figuras de la embarcación.

De Chirico y Dalí

Elementos enigmáticos en un paisaje

Si Böcklin constituyó un referente para De Chirico, en mucha mayor medida lo fue el pintor italiano para el movimiento surrealista, hasta el punto de aparecer «entre los personajes que rodeaban a Breton en el número inaugural de la primera revista del grupo». Aun así, lo cierto es que para enlazar a Böcklin con Dalí no sería estrictamente necesario pasar por De Chirico, pues el pintor español admiró La isla de los muertos hasta el punto de dedicarle al menos tres obras [3]. 

A pesar de ello, consideramos que utilizar las ideas del pintor italiano como enlace podría resultar interesante y, para hacerlo, examinaremos la obra Elementos enigmáticos en un paisaje, firmada por Dalí en 1934 [4]. El mismo título ya nos adelanta algunos rasgos básico del arte metafísico: el enigma, el misterio, el ambiente onírico que nos aguarda. Dejando de lado las similitudes concretas y evidentes con varios cuadros del italiano (personas aisladas de espaldas al observador, construcciones laterales que dirigen nuestra mirada hacia el horizonte, atisbo de actividad en la lejanía en forma de pueblos o pequeñas ciudades, sombras y luces crepusculares...), podremos percibir también gran parte de las características generales del arte metafísico. Aparte de en la atmósfera triste, el elemento nostálgico-melancólico florece sobre todo en el hecho de que las dos figuras humanas más alejadas correspondan al mismo Dalí cuando era niño y a su nodriza. 

Igualmente, a pesar de la presencia de personas y de construcciones, la ausencia humana, la soledad, es total. Esta idea de vacío se ve reforzada por la apariencia desértica que muestra la geografía del cuadro. Por otro lado, resulta interesante señalar que la sensación de extrañamiento en este caso no es producida únicamente por elementos cotidianos como los cipreses, la torre o la capilla, sino también por la aparición de objetos de corte mucho más fantástico o imaginativo, como no podría ser de otro modo en una obra ya plenamente surrealista; aquí lo sorprendente, monstruoso e inexplicable es potenciado en una medida mucho mayor. 

Por último, podríamos reconocer una cierta mirada al pasado grecolatino en esa especie de toga romana translúcida que flota ante los cipreses como vistiendo a una estatua invisible (¿un fantasma?) o en las ruinas de la construcción lateral derecha, cuya sombra encrespada parece querer cubrir al (más moderno) muro de la izquierda. 

Conclusiones

Böcklin, De Chirico, Dalí; Simbolismo, pintura metafísica, Surrealismo. Tres grandes nombres y tres importantes movimientos en la Historia del Arte entrelazados por una serie de elementos compartidos como la melancolía, el misterio y la soledad. En definitiva, tres formas de materializar el compromiso del artista con la realidad de su tiempo. 

Estudiando sus obras, tan inquietantes, profundas y sobrecogedoras, hay algo que parece quedar claro por encima de todo y es que el arte constituye un universo tan vasto, intrincado y dinámico que siempre resultará ocioso tratar de someterlo mediante esquemas simplistas y reduccionistas. Aquello que por su complejidad podría recordar a un suntuoso laberinto, difícilmente podrá ser canalizado en la estrechez de una línea recta.   

Notas

[1] De Chirico propone así una simbiosis entre literatura y pintura que resultará capital en el Surrealismo, lo cual se suma a los elementos mencionados un párrafo antes: sueños, objetos, creatividad, locura... Casi podría parecer que nos encontramos ante un manifiesto fundacional del movimiento surrealista. 

[2] Como por ejemplo El enigma de la llegada y la tarde (1912), Misterio y melancolía de una calle (1914), La melancolía de la partida (1916), Plaza de Italia con torre roja (1943)...

[3] De títulos tan llamativos como El verdadero cuadro de “La isla de los muertos” de Arnold Böcklin a la hora del Ángelus (1932), Patio oeste de la Isla de los muertos (obsesión reconstructiva a partir de Böcklin) (1934) y Patio central de la Isla de los muertos (obsesión reconstructiva a partir de Böcklin) (1934).

[4] Cabría preguntarse si esta no sería, no solo una cuarta obra de homenaje a Böcklin (por la presencia de esos cuatro cipreses), sino también al mismo De Chirico, sobre todo por la enorme torre roja similar a las que aparecen en muchas pinturas del italiano. Teniendo en cuenta que la figura humana situada en el centro corresponde a Vermeer de Delft, un pintor admirado por Dalí, quizá no resultase descabellado pensar que el objetivo de este cuadro no era otro que el de ofrecer un homenaje a varios de sus referentes.  

Bibliografía

AZNAR, Y.; GARCÍA, M.; NIETO, C. (2011). Discursos del arte contemporáneo. Madrid: UNED.

BURGÜER, P. (1974). Teoría de la vanguardia. Barcelona: Península.

DE CHIRICO, G. (1990). Sobre el arte metafísico y otros escritos. Murcia: Yerba.

GARCIAS, M. (2011). El título artístico en Giorgio de Chirico: el discurso metafísico (1908-1929). Universidad de las Islas Baleares. En línea: https://core.ac.uk/reader/32994097

GREENBERG, C. (2006). La pintura moderna y otros ensayos. Madrid: Siruela.

3/5/26

La entrevista que le haría a Gonzalo Calcedo si tuviera la oportunidad

Presentación y explicación

Durante mis tiradas largas en zona 2 (esto es, correr durante una hora y media, más o menos, pero a un ritmo muy lento, de forma que mis pulsaciones por minuto se mantengan entre 120 y 130 con el objetivo de mejorar la eficiencia de mis mitocondrias, o algo así) suelo cansarme enseguida de escuchar podcasts o música, por lo que acabo por quitarme los cascos y dejar a mi mente divagar en libertad. 

Hace unas semanas, sumido en una de estas sesiones solitarias, aburridas y, paradójicamente, placenteras, me puse a pensar en Gonzalo Calcedo. No recuerdo con exactitud cómo llegué a rememorar la idea de hacer un doctorado sobre su obra. Probablemente estaba rumiando pensamientos de mierda sobre mi trabajo, lo que me llevaría a fantasear con la idea de jubilarme y esto a concluir que entonces sí que dispondría del tiempo necesario para embarcarme en semejante proyecto. Y así, en algún momento de aquel monólogo interno, surgió la ocurrencia de que llegar a hacerle una entrevista al cuentista palentino le daría a mi doctorado un nivel difícil de igualar. 

Como no tenía gran cosa que hacer en aquellos momentos, más allá de mantener mi corazón en un ritmo constante y seguir dando un paso tras otro hasta que llegase el momento de marcharme a casa, decidí, cómo no hacerlo, pensar en las preguntas que le haría a nuestro autor en esa fantástica entrevista. Mi nivel de enajenación mental no dio como para imaginar las respuestas, pero me pareció que las preguntas eran lo bastante buenas como para que mereciera la pena plasmarlas por aquí. ¿Quién sabe? Quizá podría suceder que acabasen llegando hasta mi admiradísimo escritor y que se animase a responderlas. 

La entrevista en cuestión

Pablo: Siempre suelo decir que eres el mejor escritor español vivo. Esto es, evidentemente, una hipérbole con la que trato de expresar que admiro mucho tu obra, pues no puedo asegurar que seas el mejor escritor español vivo, ya que no los he leído a todos (risas). Mi pregunta es, y quiero que te mojes... Bueno, en realidad es una pregunta tetracéfala, por decirlo de algún modo, es una pregunta con cuatro respuestas. ¿Quién es para ti el mejor, entendiendo esto como tu favorito, bueno, quiénes serían los dos mejores escritores vivos, uno en lengua española y otro en cualquier otra lengua, y, quiénes serían los dos mejores que ya no están entre nosotros, el que escribiera en español y el que lo hiciera en otro idioma? Y recuerda, hablo de favoritos, de los que más te hayan hecho disfrutar como lector, no de los que sean los mejores. Todos sabemos que Cervantes fue el mejor, pero no tiene por qué ser nuestro favorito.

Gonzalo:

Esperando al enemigo, Gonzalo Calcedo
Pablo: Vaya, qué interesantes elecciones, aunque algunas ya me las imaginaba. Al final has respondido muchos más de cuatro, pero te lo perdonaremos (risas). Bien, entremos ahora en tu obra. Te confieso que no he leído todos tus libros, que, a fecha de hoy, si no contamos Siameses, que recoge dos libros anteriores, serían 23, salvo error por mi parte. No he leído todos pero sí que los he comprado todos, lo prometo. Me los voy administrando, racionando, ¿sabes? Es que no quiero que se me acaben (risas). Bueno, he leído 14 de tus libros de relatos, porque aunque este es tu territorio, tu zona de confort, podríamos decir, también tienes publicadas 4 novelas. Bien, he observado que en tus libros de relatos suele haber un eje, ya sea temático, ya sea formal, que une los cuentos, aportando cohesión al conjunto. Algunos de los que he identificado serían:

Hay algunos libros en los que no he logrado identificar el nexo. Por ejemplo, en El peso en gramos de los colibríes. Al principio pensé que era el llanto, pero después vi que en algunos relatos nadie lloraba. Lo que sí noté era que en determinados cuentos aparecían elementos de otros, como el estadio en ruinas o el viejo loco que salía al portal a hacer como si todavía trabajase en la estación. En fin, que me enrollo. ¿Hay o no hay en todos y cada uno de tus libros de relatos algún tipo de nexo temático o formal que cohesione el conjunto?

Gonzalo:

Pablo: Vaya, vaya, esto es fascinante. Bueno, en tales casos, ¿cuál sería tu modus operandi? ¿Decides empezar a trabajar en un conjunto de relatos bajo una premisa común o vas escribiendo toneladas de cuentos según te pide el cuerpo y cuando ves que unos cuantos pueden agruparse, consideras que ha nacido el nuevo libro de Gonzalo Calcedo?

Gonzalo:

Las inglesas, Gonzalo Calcedo
Pablo: Perfecto, pues, oye, tomo nota, a ver si se me pega algo (risas). Bien, para la siguiente pregunta, quiero contarte cómo te descubrí. Dentro de la maldición que supone trabajar por cuenta ajena, yo tengo la fortuna de poder ir al curro caminando. Ahora suelo aprovechar para escuchar podcasts en inglés, pero antiguamente tendía más a leer. En algún momento llegó a mis manos un librito de la mítica colección Noche de Relatos, de la cadena hotelera NH. Bien, pues allí estaba tu cuento Donde vivimos. Recuerdo el momento y la zona por donde iba caminando cuando empecé a leerlo y experimenté una catarsis o una epifanía o algo por el estilo. No, no estoy exagerando. Por aquella época acababa de fundirme casi del tirón toda la obra de Raymond Carver y me sentía medio huérfano. Pensaba que nunca iba a encontrar otro autor que me fascinase tanto y, de repente, pum, me topo con un alguien que parece discípulo de Carver o, al menos, compañero de escuela, y que encima escribe en español e introduce elementos fantásticos bajo el paraguas de lo que se ha venido a llamar realismo sucio, como los fantasmas, en este caso. Y de aquí viene, por fin, la pregunta. Porque muy rara vez volví a leer algo tuyo que contuviese algún tipo de elemento fantástico. De hecho, solo recuerdo la novela Senectus. Así pues, ¿cuál es tu relación con lo fantástico en la literatura? ¿Te interesa como lector? ¿Por qué no juega un mayor papel en tu obra? O, del mismo modo, ¿a qué se deben estas escasas incursiones en el terreno de lo fantástico? ¿Hay otras de las que nos puedas hablar sin generar destripamientos argumentales?

Gonzalo:

Pablo: Esto se va acercando a su fin. Ahora viene una pregunta que tal vez te resulte difícil. A mí me resultaría imposible elegir mi favorito entre tus libros. Conservo un entrañable recuerdo de Esperando al enemigo, que fue el primero que leí tras descubrirte en el cuento Donde vivimos. Sin embargo, si tengo que mojarme, creo que alcanzaste la cima literaria con Las inglesas y con Necios y ridículos. Tengo que releerlos porque realmente soy incapaz de decidirme, son dos libros absolutamente extraordinarios. Bueno, aquí va la pregunta, o las dos preguntas relacionadas. ¿Cuál crees tú que es tu mejor libro, del que te sientes más orgulloso, el que seleccionarías para que se leyese en una asignatura universitaria tipo Narrativa española actual? Y, por otra parte, ¿cuál recomendarías a una persona aficionada a la lectura a la que acabases de conocer? Digamos que no sabe nada de ti y al descubrir que eres escritor te pide que le recomiendes un libro tuyo, ¿cuál sería? ¿Coincidiría con el de la pregunta anterior?

Gonzalo:

Necios y ridículos, Gonzalo Calcedo
Pablo: Bueno, Gonzalo, aquí estamos entre amantes de la brevedad. Como dijo Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno; y lo malo, si breve, no tan malo. Así pues, no voy a robarte más tiempo. Han sido pocas preguntas pero creo que el valor de tus respuestas es infinito, al menos para mí, y no hay necesidad de prolongar más este encuentro. Normalmente las entrevistas terminan cediéndole un espacio al entrevistado para que diga lo que quiera, pero mi tremenda vanidad me obliga a querer ser original, por lo que no te voy a dar ese espacio libre como despedida, sino que te voy a pedir que nos ofrezcas dos o tres breves consejos para todos los que soñamos ver nuestros relatos publicados algún día.

Gonzalo:

Pablo: Nos despedimos aquí, muchas gracias por atender a este humilde bloguero, ha sido una de las experiencias más inolvidables de mi paso por este mundo, gracias, de verdad, hasta siempre.

Gonzalo: