2/8/26

El arte metafísico de Giorgio de Chirico como puente entre Böcklin y Dalí

Presentación

Ofrecemos a los lectores un trabajo realizado para la asignatura DISCURSOS DEL ARTE CONTEMPORÁNEO, que en su día formaba parte del GRADO EN LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS de la UNED como optativa o algo similar. Constituye rara avis en este blog, pues no solemos hablar de pintura, salvo en este artículo tan interesante, pues tenemos más bien poca idea sobre tan bello arte. En cualquier caso, esperamos que pueda resultarles de algún provecho, aunque solo sea como ejemplo de trabajo académico.

Introducción

«Soñar es la actividad estética más antigua».
Jorge Luis Borges.


Teniendo en cuenta las inmensas posibilidades de reflexión que ofrece el arte metafísico de Giorgio De Chirico y lo inextricablemente aferrado que se encuentra a lo que Peter Bürger denomina praxis vital, no resulta sorprendente que Clement Greenberg intentase quitárselo de encima como si fuera un molesto moscardón. 

Y es que, en su empeño por trazar una línea recta que enlazase a Cézanne con el expresionismo abstracto, el crítico estadounidense se topó con una serie de disrupciones figurativas que desbarataban sus planes. Estas molestias tenían nombres de vanguardia: Surrealismo, Nueva Objetividad, Neorromanticismo, Realismo Mágico, Realismo Socialista... Entre ellas, destacaba la pintura metafísica de Giorgio De Chirico. La idea de Greenberg para marginar de su relato aquellas manifestaciones artísticas consistió en intentar enviarlas «a las tinieblas exteriores del academicismo en general, que es adonde pertenecen en realidad». 

Por fortuna, a lo largo del siglo XX, se fueron alzando voces discordantes con la narrativa formalista, voces como la del crítico francés Jean Clair, quien contribuyó a que los movimientos artísticos comprometidos con la realidad recuperasen el protagonismo del que se les había despojado. Precisamente a De Chirico dedica Clair en su obra Malinconia un buen número de reflexiones, algunas de las cuales nos servirán para el propósito del presente trabajo, que no es otro que el de explorar las ideas artísticas dechiriquianas contenidas en una obra de Arnold Böcklin y en otra de Salvador Dalí. 

Así, a la manera de Greenberg, aunque sin ninguna pretensión exclusivista ni dogmática, trataremos de trazar una cronología que conecte el Simbolismo con el Surrealismo a través de Giorgio de Chirico. Comenzaremos, pues, extrayendo las ideas principales del manifiesto Sobre el arte metafísico, firmado por nuestro pintor italiano en 1919.

Las claves del arte metafísico

De Chirico comienza reflexionando sobre el mundo de los sueños, mostrándose sorprendido por el hecho de que, mientras dormimos, las más extrañas imágenes sean asumidas con naturalidad en lugar de golpearnos «con potencia metafísica». Menciona que la capacidad de los objetos de evocar misterio en algunas personas es aún mayor que la de los sueños, y que esto podría relacionarse tanto con la locura como con la creatividad. Y es que, para De Chirico, en eso consistiría el arte, en la habilidad para captar misterios y momentos extraños que se le escapan al hombre corriente. 

Después nos ofrece un interesante fragmento en el que adelanta un esbozo de su idea de metafísica sirviéndose de la literatura [1] de Julio Verne. La metafísica se encontraría contenida en casas, calles o plazas, en la «espectralidad de una tarde dominical», en «la melancolía de un hombre, verdadero fantasma ambulante» o en «la partida del vapor de Liverpool». La importancia que este tipo de escenas posee en la génesis de sus pinturas se puede apreciar repasando algunos de sus títulos [2] . Sobre el arte contemporáneo, opina que su carácter complejo, inquieto, polimórfico, responde al peso de los siglos de civilización que Occidente carga sobre sus hombros, el cual hace reavivar inquietudes ancestrales, veneración por «lo sorprendente, lo monstruoso, lo inexplicable». 

Entrando más de lleno en la descripción del arte metafísico, comenta que Italia era el lugar adecuado para su aparición, gracias al «peso de nuestra crónica tristeza». De Chirico otorga así una gran importancia a este sentimiento a la hora de crear un arte de fuerte trasfondo filosófico, añadiendo que Heráclito, conocido como el filósofo llorón, eligió meditar cerca de las inclemencias del desierto. Este aspecto es tratado por Jean Clair en Malinconia, donde nos dice que la melancolía y la soledad siempre estuvieron unidas a la creatividad, siendo esta la herramienta del melancólico para encontrar su lugar en el mundo. Para el crítico francés, esta forma de melancolía creativa alcanzó su cénit justo en la época de Giorgio De Chirico debido a los terribles acontecimientos históricos que tuvieron lugar. El resultado fue un retorno de la mirada hacia otros tiempos, hacia un mundo que ofreciese un panorama menos desolador. Esta actitud se materializó en la pintura metafísica mediante la inclusión de elementos y rasgos de la antigüedad grecolatina, como espacios que respetan «las normas canónicas de la perspectiva»  o «edificios clásicos proporcionados y austeros».

En el siguiente apartado, el pintor reflexiona sobre el papel de la locura en el arte y su relación con la memoria. Los recuerdos son lo que nos permite mantener la cordura, lo que posibilita que habitualmente reaccionemos con normalidad. ¿Qué sentiríamos ante cualquier escena cotidiana si de nuestra memoria se hubiese borrado el rastro de todo lo que nos resultaba familiar? A partir de esta especulación, nos ofrece De Chirico la clave del arte metafísico: una mirada desprovista de memoria que produce extrañamiento ante lo cotidiano. Un ingrediente fundamental para esta nueva mirada sería lo que el pintor llama ausencia humana, una soledad tan amplia que, incluso ante la presencia de alguna persona, es capaz de evocar paisajes de la época terciaria, ambientes prehumanos. Así, la contemplación de una obra metafísica nos transmite serenidad, pero una serenidad inquietante por todos los misterios que alberga. 

Finaliza De Chirico su texto indicando que la esencia de la estética metafísica se concentra en la arquitectura de las ciudades italianas, en sus casas, plazas o estaciones de tren; también en construcciones heredadas de Grecia como pórticos, paseos y plataformas; incluso, en los rincones de una habitación, en una mesa o en el interior de una caja, pues los detalles geométricos se encuentran repletos de significaciones.  

Böcklin y De Chirico

El pintor suizo Arnold Böcklin fue considerado por De Chirico como un gran maestro y una influencia  por lo que no llama demasiado la atención que en algunas de sus pinturas simbolistas se perciban destellos de la propuesta metafísica dechiriquiana. Así ocurre, por ejemplo, en su obra más famosa, La isla de los muertos. Una simple ojeada nos hará sentir un fuerte golpe metafísico, como diría don Giorgio. La sensación onírica que transmite la escena resulta muy poderosa, así como el misterio que envuelve cada detalle, las innumerables preguntas que nos asaltan, la inquietante calma que nos embarga. Las figuras humanas de la pequeña embarcación, minúsculas ante la isla con forma de plaza, nos recuerdan a esas otras figuras humanas que podemos ver en las obras de De Chirico, en esas otras plazas también desiertas, o a aquellas estatuas que igualmente nos dan la espalda mientras parecen mirar hacia el mismo horizonte que nosotros. Pero todavía podemos seguir encontrando rasgos metafísicos tratados por De Chirico en su texto. La partida (como la que probablemente emprenderá, o ya emprendió, al menos uno de los personajes de la barca), la espectralidad de la tarde (nubes iluminadas por el crepúsculo, densas sombras bajo los cipreses), lo inexplicable (¿qué son esas cavidades en la roca?, ¿quién las construyó...?). Podemos preguntarnos si la melancolía constituye una nota característica de esta obra y parece evidente que así es, y no solo por la profunda tristeza que emana, sino por su propio tema, la muerte, una realidad que no para de recordarnos que, mientras avanzamos hacia ella, vamos dejando atrás toda nuestra vida en forma de recuerdos. Por último, podemos apreciar la presencia de la antigüedad clásica en la proporcionalidad y sencillez de los elementos arquitectónicos y en las reminiscencias mitológicas que transmiten las figuras de la embarcación.

De Chirico y Dalí

Si Böcklin constituyó un referente para De Chirico, en mucha mayor medida lo fue el pintor italiano para el movimiento surrealista, hasta el punto de aparecer «entre los personajes que rodeaban a Breton en el número inaugural de la primera revista del grupo». Aun así, lo cierto es que para enlazar a Böcklin con Dalí no sería estrictamente necesario pasar por De Chirico, pues el pintor español admiró La isla de los muertos hasta el punto de dedicarle al menos tres obras [3]. A pesar de ello, consideramos que utilizar las ideas del pintor italiano como enlace podría resultar interesante y, para hacerlo, examinaremos la obra Elementos enigmáticos en un paisaje, firmada por Dalí en 1934 [4]. El mismo título ya nos adelanta algunos rasgos básico del arte metafísico: el enigma, el misterio, el ambiente onírico que nos aguarda. Dejando de lado las similitudes concretas y evidentes con varios cuadros del italiano (personas aisladas de espaldas al observador, construcciones laterales que dirigen nuestra mirada hacia el horizonte, atisbo de actividad en la lejanía en forma de pueblos o pequeñas ciudades, sombras y luces crepusculares...), podremos percibir también gran parte de las características generales del arte metafísico. Aparte de en la atmósfera triste, el elemento nostálgico-melancólico florece sobre todo en el hecho de que las dos figuras humanas más alejadas correspondan al mismo Dalí cuando era niño y a su nodriza. Igualmente, a pesar de la presencia de personas y de construcciones, la ausencia humana, la soledad, es total. Esta idea de vacío se ve reforzada por la apariencia desértica que muestra la geografía del cuadro. Por otro lado, resulta interesante señalar que la sensación de extrañamiento en este caso no es producida únicamente por elementos cotidianos como los cipreses, la torre o la capilla, sino también por la aparición de objetos de corte mucho más fantástico o imaginativo, como no podría ser de otro modo en una obra ya plenamente surrealista; aquí lo sorprendente, monstruoso e inexplicable es potenciado en una medida mucho mayor. Por último, podríamos reconocer una cierta mirada al pasado grecolatino en esa especie de toga romana translúcida que flota ante los cipreses como vistiendo a una estatua invisible (¿un fantasma?) o en las ruinas de la construcción lateral derecha, cuya sombra encrespada parece querer cubrir al (más moderno) muro de la izquierda. 

Conclusiones

Böcklin, De Chirico, Dalí; Simbolismo, pintura metafísica, Surrealismo. Tres grandes nombres y tres importantes movimientos en la Historia del Arte entrelazados por una serie de elementos compartidos como la melancolía, el misterio y la soledad. En definitiva, tres formas de materializar el compromiso del artista con la realidad de su tiempo. Estudiando sus obras, tan inquietantes, profundas y sobrecogedoras, hay algo que parece quedar claro por encima de todo y es que el arte constituye un universo tan vasto, intrincado y dinámico que siempre resultará ocioso tratar de someterlo mediante esquemas simplistas y reduccionistas. Aquello que por su complejidad podría recordar a un suntuoso laberinto, difícilmente podrá ser canalizado en la estrechez de una línea recta.   

Notas

[1] De Chirico propone así una simbiosis entre literatura y pintura que resultará capital en el Surrealismo, lo cual se suma a los elementos mencionados un párrafo antes: sueños, objetos, creatividad, locura... Casi podría parecer que nos encontramos ante un manifiesto fundacional del movimiento surrealista. 

[2] Como por ejemplo El enigma de la llegada y la tarde (1912), Misterio y melancolía de una calle (1914), La melancolía de la partida (1916), Plaza de Italia con torre roja (1943)...

[3] De títulos tan llamativos como El verdadero cuadro de “La isla de los muertos” de Arnold Böcklin a la hora del Ángelus (1932), Patio oeste de la Isla de los muertos (obsesión reconstructiva a partir de Böcklin) (1934) y Patio central de la Isla de los muertos (obsesión reconstructiva a partir de Böcklin) (1934).

[4] Cabría preguntarse si esta no sería, no solo una cuarta obra de homenaje a Böcklin (por la presencia de esos cuatro cipreses), sino también al mismo De Chirico, sobre todo por la enorme torre roja similar a las que aparecen en muchas pinturas del italiano. Teniendo en cuenta que la figura humana situada en el centro corresponde a Vermeer de Delft, un pintor admirado por Dalí, quizá no resultase descabellado pensar que el objetivo de este cuadro no era otro que el de ofrecer un homenaje a varios de sus referentes.  

Bibliografía

AZNAR, Y.; GARCÍA, M.; NIETO, C. (2011). Discursos del arte contemporáneo. Madrid: UNED.

BURGÜER, P. (1974). Teoría de la vanguardia. Barcelona: Península.

DE CHIRICO, G. (1990). Sobre el arte metafísico y otros escritos. Murcia: Yerba.

GARCIAS, M. (2011). El título artístico en Giorgio de Chirico: el discurso metafísico (1908-1929). Universidad de las Islas Baleares. En línea: https://core.ac.uk/reader/32994097

GREENBERG, C. (2006). La pintura moderna y otros ensayos. Madrid: Siruela.

3/5/26

La entrevista que le haría a Gonzalo Calcedo si tuviera la oportunidad

Presentación y explicación

Durante mis tiradas largas en zona 2 (esto es, correr durante una hora y media, más o menos, pero a un ritmo muy lento, de forma que mis pulsaciones por minuto se mantengan entre 120 y 130 con el objetivo de mejorar la eficiencia de mis mitocondrias, o algo así) suelo cansarme enseguida de escuchar podcasts o música, por lo que acabo por quitarme los cascos y dejar a mi mente divagar en libertad

Hace unas semanas, sumido en una de estas sesiones solitarias, aburridas y, paradójicamente, placenteras, me puse a pensar en Gonzalo Calcedo. No recuerdo con exactitud cómo llegué a rememorar la idea de hacer un doctorado sobre su obra. Probablemente estaba rumiando pensamientos de mierda sobre mi trabajo, lo que me llevaría a fantasear con la idea de jubilarme y esto a concluir que entonces sí que dispondría del tiempo necesario para embarcarme en semejante proyecto. Y así, en algún momento de aquel monólogo interno, surgió la ocurrencia de que llegar a hacerle una entrevista al cuentista palentino le daría a mi doctorado un nivel difícil de igualar. 

Como no tenía gran cosa que hacer en aquellos momentos, más allá de mantener mi corazón en un ritmo constante y seguir dando un paso tras otro hasta que llegase el momento de marcharme a casa, decidí, cómo no hacerlo, pensar en las preguntas que le haría a nuestro autor en esa fantástica entrevista. Mi nivel de enajenación mental no dio como para imaginar las respuestas, pero me pareció que las preguntas eran lo bastante buenas como para que mereciera la pena plasmarlas por aquí. ¿Quién sabe? Quizá podría suceder que acabasen llegando hasta mi admiradísimo escritor y que se animase a responderlas

La entrevista en cuestión

Pablo: Siempre suelo decir que eres el mejor escritor español vivo. Esto es, evidentemente, una hipérbole con la que trato de expresar que admiro mucho tu obra, pues no puedo asegurar que seas el mejor escritor español vivo, ya que no los he leído a todos (risas). Mi pregunta es, y quiero que te mojes... Bueno, en realidad es una pregunta tetracéfala, por decirlo de algún modo, es una pregunta con cuatro respuestas. ¿Quién es para ti el mejor, entendiendo esto como tu favorito, bueno, quiénes serían los dos mejores escritores vivos, uno en lengua española y otro en cualquier otra lengua, y, quiénes serían los dos mejores que ya no están entre nosotros, el que escribiera en español y el que lo hiciera en otro idioma? Y recuerda, hablo de favoritos, de los que más te hayan hecho disfrutar como lector, no de los que sean los mejores. Todos sabemos que Cervantes fue el mejor, pero no tiene por qué ser nuestro favorito.

Gonzalo:

Esperando al enemigo, Gonzalo Calcedo
Pablo: Vaya, qué interesantes elecciones, aunque algunas ya me las imaginaba. Al final has respondido muchos más de cuatro, pero te lo perdonaremos (risas). Bien, entremos ahora en tu obra. Te confieso que no he leído todos tus libros, que, a fecha de hoy, si no contamos Siameses, que recoge dos libros anteriores, serían 23, salvo error por mi parte. No he leído todos pero sí que los he comprado todos, lo prometo. Me los voy administrando, racionando, ¿sabes? Es que no quiero que se me acaben (risas). Bueno, he leído 14 de tus libros de relatos, porque aunque este es tu territorio, tu zona de confort, podríamos decir, también tienes publicadas 4 novelas. Bien, he observado que en tus libros de relatos suele haber un eje, ya sea temático, ya sea formal, que une los cuentos, aportando cohesión al conjunto. Algunos de los que he identificado serían:

Hay algunos libros en los que no he logrado identificar el nexo. Por ejemplo, en El peso en gramos de los colibríes. Al principio pensé que era el llanto, pero después vi que en algunos relatos nadie lloraba. Lo que sí noté era que en determinados cuentos aparecían elementos de otros, como el estadio en ruinas o el viejo loco que salía al portal a hacer como si todavía trabajase en la estación. En fin, que me enrollo. ¿Hay o no hay en todos y cada uno de tus libros de relatos algún tipo de nexo temático o formal que cohesione el conjunto?

Gonzalo:

Pablo: Vaya, vaya, esto es fascinante. Bueno, en tales casos, ¿cuál sería tu modus operandi? ¿Decides empezar a trabajar en un conjunto de relatos bajo una premisa común o vas escribiendo toneladas de cuentos según te pide el cuerpo y cuando ves que unos cuantos pueden agruparse, consideras que ha nacido el nuevo libro de Gonzalo Calcedo?

Gonzalo:

Las inglesas, Gonzalo Calcedo
Pablo: Perfecto, pues, oye, tomo nota, a ver si se me pega algo (risas). Bien, para la siguiente pregunta, quiero contarte cómo te descubrí. Dentro de la maldición que supone trabajar por cuenta ajena, yo tengo la fortuna de poder ir al curro caminando. Ahora suelo aprovechar para escuchar podcasts en inglés, pero antiguamente tendía más a leer. En algún momento llegó a mis manos un librito de la mítica colección Noche de Relatos, de la cadena hotelera NH. Bien, pues allí estaba tu cuento Donde vivimos. Recuerdo el momento y la zona por donde iba caminando cuando empecé a leerlo y experimenté una catarsis o una epifanía o algo por el estilo. No, no estoy exagerando. Por aquella época acababa de fundirme casi del tirón toda la obra de Raymond Carver y me sentía medio huérfano. Pensaba que nunca iba a encontrar otro autor que me fascinase tanto y, de repente, pum, me topo con un alguien que parece discípulo de Carver o, al menos, compañero de escuela, y que encima escribe en español e introduce elementos fantásticos bajo el paraguas de lo que se ha venido a llamar realismo sucio, como los fantasmas, en este caso. Y de aquí viene, por fin, la pregunta. Porque muy rara vez volví a leer algo tuyo que contuviese algún tipo de elemento fantástico. De hecho, solo recuerdo la novela Senectus. Así pues, ¿cuál es tu relación con lo fantástico en la literatura? ¿Te interesa como lector? ¿Por qué no juega un mayor papel en tu obra? O, del mismo modo, ¿a qué se deben estas escasas incursiones en el terreno de lo fantástico? ¿Hay otras de las que nos puedas hablar sin generar destripamientos argumentales?

Gonzalo:

Pablo: Esto se va acercando a su fin. Ahora viene una pregunta que tal vez te resulte difícil. A mí me resultaría imposible elegir mi favorito entre tus libros. Conservo un entrañable recuerdo de Esperando al enemigo, que fue el primero que leí tras descubrirte en el cuento Donde vivimos. Sin embargo, si tengo que mojarme, creo que alcanzaste la cima literaria con Las inglesas y con Necios y ridículos. Tengo que releerlos porque realmente soy incapaz de decidirme, son dos libros absolutamente extraordinarios. Bueno, aquí va la pregunta, o las dos preguntas relacionadas. ¿Cuál crees tú que es tu mejor libro, del que te sientes más orgulloso, el que seleccionarías para que se leyese en una asignatura universitaria tipo Narrativa española actual? Y, por otra parte, ¿cuál recomendarías a una persona aficionada a la lectura a la que acabases de conocer? Digamos que no sabe nada de ti y al descubrir que eres escritor te pide que le recomiendes un libro tuyo, ¿cuál sería? ¿Coincidiría con el de la pregunta anterior?

Gonzalo:

Necios y ridículos, Gonzalo Calcedo
Pablo: Bueno, Gonzalo, aquí estamos entre amantes de la brevedad. Como dijo Gracián, lo bueno, si breve, dos veces bueno; y lo malo, si breve, no tan malo. Así pues, no voy a robarte más tiempo. Han sido pocas preguntas pero creo que el valor de tus respuestas es infinito, al menos para mí, y no hay necesidad de prolongar más este encuentro. Normalmente las entrevistas terminan cediéndole un espacio al entrevistado para que diga lo que quiera, pero mi tremenda vanidad me obliga a querer ser original, por lo que no te voy a dar ese espacio libre como despedida, sino que te voy a pedir que nos ofrezcas dos o tres breves consejos para todos los que soñamos ver nuestros relatos publicados algún día.

Gonzalo:

Pablo: Nos despedimos aquí, muchas gracias por atender a este humilde bloguero, ha sido una de las experiencias más inolvidables de mi paso por este mundo, gracias, de verdad, hasta siempre.

Gonzalo:


4/4/26

Los cinco géneros literarios más curiosos del Renacimiento

Presentación

Hace siete años, me embarqué en la elaboración de una serie de videos didácticos sobre los géneros literarios más curiosos de diferentes épocas históricas. Comencé con la Edad Media y, desde entonces, solo ha visto la luz un capítulo más, el correspondiente al Renacimiento. Si mi carácter dejado y procrastinador lo permite, me gustaría que en algún momento puedan ser publicados los videos correspondientes, al menos, al Barroco, al Neoclasicismo y al Romanticismo. Mientras tanto, he querido traerles aquí el guion del segundo episodio por si puede apetecerles más la lectura que la visualización y, también, para qué negarlo, por tratar de darle un poco de difusión a la pieza audiovisual, pues considero que el resultado es de lo más bello que hay en mi canal y cuenta a penas con unas docenas de visitas. Les dejo primero el video y, después, el guion adaptado en forma de artículo. 

Vídeo: Los 5 géneros literarios más curiosos del renacimiento


Artículo: Los 5 géneros literarios más curiosos del renacimiento

Introducción

En España, el paso de la Edad Media al Renacimiento se produjo entre el final del siglo XV y el comienzo del XVI. Los aires optimistas del cambio de época alcanzaron todos los ámbitos de la vida, incluida, por supuesto, la literatura. El estudio de los clásicos grecolatinos, el interés por la naturaleza o el desarrollo de la filosofía neoplatónica son algunos de los rasgos de la mentalidad renacentista que contribuyeron a trazar nuevos caminos en el mapa de las Bellas Letras. Estos fueron caminos transitados por insólitos protagonistas como pícaros audaces, fervorosos místicos, caballeros andantes o refinados pastores.

En este artículo vamos a explorar aquel fascinante universo literario que trajo el Renacimiento, y lo haremos a través de sus cinco géneros más curiosos, tal y como hicimos anteriormente con la Edad Media.

Los libros de caballerías

Portada Amadís de Gaula
Estas obras lograron cautivar a miles de lectores de todos los estamentos sociales, convirtiéndose en el género literario más exitoso de la primera mitad del siglo XVI. El responsable de su inmensa popularidad fue Garci Rodríguez de Montalvo, quien tuvo el acierto de adaptar una historia medieval del siglo XIV a los nuevos gustos estéticos e ideológicos del Renacimiento. Con el título Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, nació una prolongada tradición formada por caballeros como Esplandián, Palmerín de Oliva y muchos otros, cuyas aventuras acabarían haciendo perder el juicio al bueno de Don Quijote.

En el plano estilístico, estas novelas muestran una prosa poética, retórica y artificiosa que fue degenerando con el transcurrir de las décadas hasta niveles exagerados. En lo temático, sus páginas se encuentran sobrecargadas de sucesos mágicos, princesas encantadas y temibles peligros de todo tipo a los que los protagonistas se enfrentan derrochando valor, amor, fidelidad y heroísmo.

Fragmento de Amadís de Gaula

El doncel del mar, que no conocía ni sabía nada de cómo ella le amaba, teníase por muy osado en haber en ella puesto su pensamiento, según la grandeza y hermosura suya... y ella que lo amaba de corazón, guardábase de hablar con él más que con otro porque ninguna cosa sospechasen; mas los ojos habían gran placer de mostrar al corazón la cosa del mundo que más amaba.

La novela pastoril

Portada de la Diana de Montemayor
Este género literario, que idealiza el mundo del campo y se sirve de una bella mezcla de verso y prosa poética, tuvo un público mucho más restringido, pues estaba destinado solo a los sectores aristocráticos. Surgió a mediados del siglo XVI con la publicación de La Diana de Jorge de Montemayor, y llegó a ser cultivado por escritores tan importantes como Cervantes con La Galatea y Lope de Vega con La Arcadia.

En estas novelas podemos leer historias de melancólicos pastores atrapados por el hechizo del amor platónico. La estructura narrativa se moderniza con respecto a géneros anteriores, presentando los hechos en una secuencia lógica y adscritos a espacios más verosímiles. También suponen un avance en el desarrollo psicológico de los personajes.

Fragmento de La Diana

En los campos de la principal y antigua ciudad de León, riberas del río Esla, hubo una pastora llamada Diana, cuya hermosura era sobre todas las de su tiempo. Esta quiso y fue querida en extremo de un pastor llamado Sireno... Sucedió pues que, como Sireno fuese forzadamente fuera del reino, los tiempos y el corazón de Diana se mudaron y ella se casó con otro pastor llamado Delio, poniendo en olvido al que tanto había querido.

Si te interesa saber más sobre la novela pastoril y La diana, te invito a que leas un extenso artículo que escribí al respecto: El universo narrativo de «La Diana» de Montemayor: entre la variedad y la unidad

La novela picaresca

A mediados del siglo XVI nace la picaresca, un género narrativo complejo que irá completando su corpus con la aparición de varias novelas publicadas sobre todo durante el Barroco. Estas obras muestran rasgos recurrentes como el relato autobiográfico, la pintura satírica e irónica de los diversos estamentos sociales, la intención moralizante o la sucesión de episodios yuxtapuestos. Algunas de las más famosas son el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, el Buscón de Quevedo o el Lazarillo de Tormes, que dio nacimiento al género en 1554.


Fragmento del Lazarillo de Tormes

Salimos de Salamanca y, llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra que casi tiene forma de toro. El ciego mandó que llegase cerca y me dijo: 'Lázaro, llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro de él'. Yo simplemente llegué, creyendo ser así, y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada... y díjome: «Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo». Pareció que en aquel instante desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba.

Si te interesa la novela picaresca te invito aunque leas un artículo en el que exploro sus rasgos para dilucidar si la continuación del Lazarillo pertenece a este género: La continuación antuerpiense del Lazarillo: ¿una novela picaresca?  

La poesía mística

Santa Teresa Obras completas
San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y Fray Luis de León fueron los más grandes cultivadores de este tipo de poesía, que floreció en un contexto de intensa religiosidad. El tema central era el anhelo del alma por alcanzar la unión con Dios, describiendo el camino de la ascensión espiritual y los obstáculos a superar.

En el plano formal, los poetas místicos utilizaban variadas formas métricas como el romance, el soneto y la lira, empleando un lenguaje rico en imágenes sensoriales, metáforas y símbolos para expresar la experiencia de una manera vívida.

Poema de Santa Teresa

Dichoso el corazón enamorado / que en solo Dios ha puesto el pensamiento; / por Él renuncia a todo lo criado, / y en Él halla su gloria y su contento. / Aun de sí mismo vive descuidado, / porque en su Dios está todo su intento. / Y así alegre pasa y muy gozoso / las ondas de este mar tempestuoso.

El diálogo renacentista

Diálogo de Mercurio y Carón. Alfonso de Valdés
Heredero de la tradición clásica grecolatina, se convirtió en una herramienta fundamental para la difusión de ideas y el debate intelectual. A través de conversaciones entre personajes que simbolizaban distintas posturas, estas obras buscaban más instruir y persuadir que entretener. El principal exponente fue Erasmo de Rotterdam, aunque en España destacaron Juan Luis Vives o los hermanos Juan y Alfonso de Valdés.





Fragmento de Diálogo de Mercurio y Caronte

¡Oh, Mercurio! ¿De qué sirve al hombre ser poderoso, rico y sabio si todo esto se acaba en un abrir y cerrar de ojos? He visto pasar por aquí a reyes, emperadores, papas, filósofos, poetas... todos ellos creían que eran dueños del mundo, pero ahora solo son sombras que vagan sin rumbo por el Hades. La vida es como una breve comedia donde cada uno interpreta un papel y luego se retira del escenario. Lo importante no es el papel que se interpreta sino cómo se interpreta.


22/3/26

Comentario de un fragmento de EL DIABLO MUNDO, de Espronceda

Presentación

Ofrecemos a los lectores un comentario de texto de nivel universitario de los versos 3101 al 3124 delcanto IV de la obra de don José de Espronceda El diablo mundo. Este comentario formó parte de una de las pruebas de evaluación continua (PEC) que presenté mientras cursaba la asignatura LITERATURA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX, del Grado en Lengua y Literatura Españolas de la UNED. Esperamos que les sea de mucha utilidad para mejorar en la práctica del comentario de textos literarios.


Estrofas analizadad 

És-te-rá-ro-su-cé-so-que-yó-cuén-to, 11A

(1ª, 3ª, 6ª, 9ª, 10ª | Melódico pleno con acento antirrítmico en la 9ª).

a-quíen-la-ca-pi-tál-há-su-ce-dí-do, 11B

(2ª, 6ª, 7ª, 10ª | Heroico largo con acento antirrítmico en la 7ª).

yés-tán-ta-la-ja-rá-nay-mo-vi-mién-to 11A

(1ª, 2ª, 6ª, 10ª | Enfático puro con acento antirrítmico en la 2ª o heroico puro con acento antirrítmico en la 1ª).

en-que-su-ve-cin-dá-rioán-da-me-tí-do, 11B

(6ª, 7ª, 10ª) | Vacío largo con acento antirrítmico en la 7ª o italiano puro con acento antirrítmico en la 6ª).

que-mú-chos-nó-ten-drán-co-no-ci-mién-to 11A

(2ª, 4ª, 6ª, 10ª | Heroico corto).

deun-cá-so-nohá-ce-mú-choa-con-te-cí-do, 11B

(2ª, 4ª, 6ª, 10ª | Heroico corto).

yaó-tros-tál-véz-tán-ver-da-dé-rahis-tó-ria 11C

(1ª, 3ª, 4ª, 5ª, 8ª, 10ª | Melódico pleno con acentos antirrítmicos en 4ª y 5ª).

seha-brá-bo-rrá-do-yá-de-la-me-mó-ria. 11C

(2ª, 4ª, 6ª, 10ª | Heroico corto).

 

Mas yo, como escritor muy concienzudo, 11D

incapaz de forjar una mentira,  11E           

confesaré al lector que mucho dudo 11D

de la verdad del caso que le admira. 11 E

Contaré el caso con mi estilo rudo 11D

al bronco son de mi cansada lira, 11E

y el hecho a otros afirmar les dejo  11F  (dialefa entre a y otros) 

de haberse en mozo convertido el viejo. 11F

 

Como me lo contaron te lo cuento, 11G

Y yo de la verdad solo respondo 11H

de que el mozo salvaje del portento 11G

anda alegre por ahí mondo y lirondo: 11H (sinéresis en ahí)

raro misterio que en conciencia siento 11G

no poder descifrar por más que ahondo, 11H

mas ¿qué mucho si necio me confundo 11I

sin saber por qué vine yo al mundo? 11I (dialefa entre yo y al)


Comentario

Nos encontramos ante un fragmento del poema inacabado El diablo mundo, la obra más ambiciosa de José de Espronceda, publicado por entregas entre 1840 y 1841. El texto corresponde a los versos 3101 al 3124, los cuales forman parte del Canto IV, cuyo comienzo se da en el verso 3021, finalizando en el 4076. En concreto, estas tres octavas son la undécima, duodécima y decimotercera del Canto IV. La obra se compone de una introducción, seis cantos completos y varios fragmentos que corresponden, algunos, al inacabado Canto VII, mientras que de otros no se sabe con seguridad si fueron descartados de la introducción o si estaban destinados a algún canto posterior al sexto. Sin contar estos fragmentos, el poema se compone de 5805 versos.

El diablo mundo es un gran poema romántico de pleno derecho en el que encontramos polimetría, experimentación y búsqueda de originalidad, crítica social y política, pesimismo, angustia existencial, amor desgraciado, inquietudes metafísicas y tratamiento de grandes temas como el tiempo, la muerte y el destino, si bien es cierto que pueden faltar algunos elementos característicos de esta etapa como el orientalismo y el medievalismo. La cuestión de sus influencias ha generado mucha discrepancia entre los críticos ya desde tiempos de Espronceda. Las apuestas más defendidas (y en ocasiones también rechazadas) han sido el Don Juan de Lord Byron, el Fausto de Goethe, Los Djinns de Victor Hugo y El Ingenuo de Voltaire.

Atendiendo a la métrica del fragmento, tendríamos tres octavas reales formadas por endecasílabos que riman en consonante tal como he marcado en el poema. Para cumplir con el cómputo silábico, el autor aplicó sendas dialefas en los versos decimoquinto y vigésimo cuarto, y una sinéresis en el vigésimo. He llevado a cabo el análisis acentual de la primera octava y, como puede verse, Espronceda no pareció prestar demasiada atención a la regularidad acentual, aunque hay una cierta tendencia al verso heroico. Quizás una mayor exigencia en este sentido habría resultado de excesiva rigidez para el libertario espíritu de nuestro principal poeta romántico, más cuando siempre se ha supuesto a Espronceda incapaz de toda disciplina en la vida o en el arte. Llama la atención el uso de una estrofa tan apta para la más elevada narración épica, con un tono tan personal, irónico y desenfadado como el de este fragmento, pero, tal como explica en el prólogo el escritor y amigo de Espronceda, Antonio Ros de Olano, el poeta aspiraba a compendiar al género humano, y la forma más adecuada de hacerlo era mediante una gran variedad de tonos y métrica que permitieran representar la superficie del mundo por donde habría de transitar el protagonista. Además, el toque de humorismo o desenfado es un pilar fundamental de la obra que sirve para unir los fragmentos de su estructura polimórfica o, en palabras de Alborg (1989:353) “una especie de acorde sobre el cual se armonizan los diversos temas y motivos”. Hemos de tener en cuenta también que en el Romanticismo se desarrolla el concepto de originalidad, que desplaza al de imitación como principio de valor estético. No sería de extrañar que Espronceda buscase aportar un toque original en casos como este, más teniendo en cuenta que estaba tomando como referencia las obras de grandes autores, lo que haría que su necesidad de diferenciarse fuese aún mayor.

Respecto al ámbito temático, a partir del canto III, las cuestiones metafísicas y las lamentaciones amorosas ceden su lugar a la sátira social de mirada costumbrista. Algunos críticos atribuyen este enfoque a la influencia del espíritu ilustrado dieciochesco en Espronceda, aunque otros consideran que pudo jugar un papel más relevante el contexto literario de crítica social y política que se estaba generando en el seno del propio Romanticismo, sobre todo por influencia francesa. Sea como fuere, el Canto IV continua con ese enfoque temático de sátira social costumbrista para el que Espronceda se sirve de la insólita situación del rejuvenecido y desmemoriado Adán. Al comenzar el Canto IV descubrimos, tras una serie de descripciones y digresiones, que Adán lleva un año encarcelado por el escándalo que ocasionó en el Canto III al mostrarse desnudo por las calles madrileñas. Las octavas de las que nos ocupamos, constituyen lo que podría ser una especie de breve introducción a los hechos que se van a narrar, en la cual el poeta se dirige directamente a los lectores, derrochando enormes dosis de humor e ironía. En la primera octava califica la historia de “verdadera” mientras contempla la posibilidad de que algunos testigos la hayan olvidado o de que muchos vecinos no hayan tenido noticia por tratarse de un barrio muy bullicioso, a pesar de que estamos hablando de un impresionante suceso sobrenatural. En la segunda, la ironía llega a su máximo apogeo cuando Espronceda se declara incapaz de mentir para, justo en el verso siguiente, asegurar que duda de la veracidad de su narración, lo cual es evidentemente falso. Finalmente, en la tercera, utiliza una variedad del tópico del manuscrito encontrado (usado por Cervantes en el Quijote, o, más cercano a Espronceda en el tiempo, por el mismo Cadalso en las Cartas Marruecas) aunque en esta ocasión el autor nos dice que le contaron la historia, no que la haya leído. Lo paradójico aquí es que este recurso se utiliza en pos de la verosimilitud, cuando el autor acaba de fulminarla deliberadamente un poco antes tal y como hemos señalado. Por si fuera poco, cabe decir que detrás de la tercera estrofa no comienza la narración, como cabría esperar, sino que el poema continua con digresiones sobre la veracidad de la historia y sobre la cárcel.

El estilo de este fragmento difiere mucho al de otras partes de la obra, como la introducción o el Canto a Teresa. El autor se sirve de un lenguaje sencillo y popular, salvo por ciertas palabras de un registro más culto (acontecido, ahondo, seguramente usadas por exigencias de la rima), dejando de lado la pomposidad y el léxico siniestro de otras partes del poema. Parece lógico que Espronceda optase por este estilo sencillo y casi desprovisto de figuras retóricas ya que su objetivo en este momento es generar humor e ironía y mostrarse cercano y coloquial.

Como conclusión, me gustaría decir que este fragmento supone una clara muestra de la enorme y  variada riqueza artística que contiene El diablo mundo, la cual es probable que no pueda apreciarse adecuadamente sin una lectura lenta y analítica, un esfuerzo que, sin duda, merece la pena llevar a cabo.

Bibliografía

  • ALBORG, J. (1972). Historia de la literatura española. El siglo XVIII. Tomo III. Madrid: Gredos.
  • ALBORG, J. (1989). Historia de la literatura española. El Romanticismo. Tomo IV. Madrid: Gredos.
  • AMORÓS, A. (1999). Antología comentada de la Literatura Española. Historia y textos. Siglo XVIII. Madrid: Castalia.
  • ESPRONCEDA, J., MARRAST, R. (1989). El estudiante de Salamanca. El Diablo Mundo. Madrid: Castalia.
  • MENÉNDEZ PELÁEZ, J. (2005). Historia de la literatura española. Volumen III. León: Everest.
  • SUÁREZ, A., MILLÁN, C. (2011). Introducción a la literatura española. Guía para el comentario de texto. Madrid: UNED.

8/3/26

Reseña y fragmentos sublimes de CINCO SOMBRAS, de Eulalia Galvarriato

RESUMEN

Ofrecemos aquí a los lectores una breve reseña de la novela Cinco sombras, de Eulalia Galvarriato, excelente escritora relegada al olvido por el mundo académico. Además, hemos seleccionado unos preciosos fragmentos de la obra, los cuales a veces recuerdan levemente a algunos pasajes de Hijos de la ira, el poemario más famoso de Dámaso Alonso, esposo de doña Eulalia.

RESEÑA DE CINCO SOMBRAS

Hace un par de semanas, el azar quiso que llegase a mis manos la novela Cinco sombras, de Eulalia Galvarriato. Había oído hablar de esta autora muy de pasada durante la carrera y tenía ganas de leer algo suyo. Forma parte de ese conjunto de escritores de la posguerra injustamente olvidados por la crítica y el público y que les darían sopas con honda a muchos de los superventas de la actualidad, al menos, en cuanto a calidad literaria. No tengo pruebas ni dudas de que el silencio en torno a ella se debe a que, dada su ideología conservadora, hoy en día no podría ser utilizada políticamente. 

Cinco sombras fue la única novela de Galvarriato que vio la luz y con ella quedó finalista del Premio Nadal, en los tiempos en que hacerse con dicho galardón significaba algo. Es una obra de estructura compleja, en la que se entremezclan: la narración en presente por parte de un narrador omnisciente; el relato de eventos pasados en primera persona a través del protagonista, don Diego; la epístola, mediante las cartas que Julia le envía a una amiga, compartiendo con ella todo lo que don Diego le va contando; y, finalmente, el diario de Rosario, una de las cinco hermanas a las que hacen referencia las sombras del título. 

La prosa de Eulalia Galvarriato es en general eficaz y bella, pero por momentos se eleva hasta adquirir una gran intensidad poética, tanto en la forma como en el contenido. Esto hace que, en mi opinión, la parte más valiosa de la novela, sin desmerecer las demás, sea el diario de Rosario. Allí nos encontramos algunos fragmentos que son lo que, sobre todo, me ha llevado a redactar este artículo, como humilde homenaje a doña Eulalia, pues la verdad es que no pude resistirme a leerlos una y otra vez. 

Os dejo con su lectura y os animo a darle una oportunidad a esta hermosa y melancólica novela y a conocer y reivindicar la figura de su autora. 

FRAGMENTOS

¿Y por qué, Dios mío, me da tristeza a mí?
Es porque llueve…
Pero había días en que yo mojaba mis brazos en la lluvia y cantaba.
Es, quizá, porque esas gotas, redondas y lentas, parecen lágrimas.
Pero yo no lloro.

No, yo no lloro. 
Había días en que yo lloraba. Lloraba de niña. ¿Por qué ahora no?
Es que entonces buscaba consuelo, y ahora…

¿Quién me daría consuelo? Nadie puede. Lo sé. Ahora lo sé: nadie puede.
Solo que tú vinieras.
Tu ausencia me lo ha dicho, ¿sabes? Yo, antes, no lo sabía.

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Ven. No quiero nada más que verte.
Sólo con verte, sé que se aquietaría esta angustia que me come por dentro.
Sólo con verte me quedaría tranquila y en paz, como entonces, cuando aún no sabía.

Ven, me falta tu voz.
Tu voz me envuelve y me calma. Podría cerrar los ojos, y morirme escuchándola. Sí, aunque hablara de cosas indiferentes.

Pero nada que de ti venga es indiferente para mí.
¿Qué sería escuchar tu voz diciéndome...?
No; no puedo ni soñar siquiera lo que tú me dirías: ¡sería tan terrible y tan dulce!
¿Podría soportarlo yo?

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Me duele guardarles por primera vez un secreto, el único gran secreto de mi vida.
No puedo. No sabría. No sería verdad lo que pudiera decirles.
No sabría mostrarles mi alma, tan llena de ti, tan trascendida de ti, que a mí misma me asusta.

Pero, mira, aunque sufro, y me quemo, y me voy a morir, estoy contenta, estoy alegre, y por nada del mundo perdería este dulce y angustioso secreto que, ay, ni tú has de saber... 

Tengo el alma transida de ti...

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¿Dónde estás tú? ¿En dónde está tu aliento? ¿Dónde tus ojos, grandes como la noche, inmensamente abiertos sobre nuestras vidas?
Tú nos ves, estoy cierta. Nos ves en nuestra carne, y nos ves, estoy cierta, en nuestro más profundo corazón. Y adivino el dolor de tus labios callados, para siempre callados.

Pero yo te comprendo. Anoche, yo he sabido que en el viento, me hablabas; he sabido que el menudo golpear de la lluvia me lo mandabas tú, para aplacar con él mi corazón reseco. Lo he sabido. Lo sé

Era tu voz. oh tú, alta entre los vientos, derramada en la lluvia, callada, impalpable, inmensa como la noche, sobre nuestro tejado, sobre nuestras cabezas!

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Pero entonces pienso que esta mano vieja y encorvada es mi propia mano; que los hilillos que por ella se extienden llevando la vida, se continúan, son los mismos que riegan mis ojos, y mi cerebro, y mi corazón. Que toda yo soy vieja.
Es quizá por eso, solamente por eso, por lo que me pesa, como un cielo plomizo sobre los tejados encogidos, esta tristeza sobre el alma...