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16/6/24

Ya disponible El microrrelato, episodio 2 del podcast Verba Latentia

Presentamos por fin el segundo episodio de Verba Latentia, un podcast en el que nos hemos propuesto el objetivo de hablar de literatura con rigor académico sin que nuestros espectadores caigan en el más profundo letargo. En esta ocasión vamos a hablar del rey de los géneros breves, el microrrelato. 

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24/2/24

Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto. Mi nuevo libro.

Acaba de ver la luz mi enésima aventura por los mundos de la autopublicación, un librito de algo más de cien páginas titulado Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto

Podéis comprarlo en papel por 7.50 euros pinchando en este enlace o en e-book por 2,69 euros pinchando en este otro enlace, pero tengo una sorpresa muy especial para vosotros.

Si queréis echar un vistazo, podéis descargaros totalmente gratis una muestra del libro con material inédito pinchando en este enlace. Pero no solo es una muestra gratuita, es que este documento ofrece la posibilidad de leer el libro entero gratis. Sí, sí, no os estoy engañando, en la muestra explico un modo sencillo de leer todo el libro Pulsaciones de forma gratuita. No perdéis nada por echar un vistazo, creo. 

Si consideráis que la lectura de Pulsaciones ha merecido la pena, os generaría un montón de karma positivo que le dejaseis alguna valoración/reseña poderosa en la página de Amazon y/o que se lo recomendéis a vuestros allegados. Muchas gracias por vuestra atención.

5/11/21

Neo-márquetin

–Hola, muy buenos días. Le llamo de AmaPfizeron2030 para hablarle de nuestro nuevo medicamento, Antiboom. Ensayos clínicos han demostrado que posee una absoluta eficacia de entre un cien y un veinticuatro por ciento a la hora de protegernos contra la nueva variante Omega Premium Apocalipsis Budokai Tenkaichi 3, la cual, como todo el mundo sabe, hace explotar la cabeza de las personas contagiadas que no estén al día con la vacuna de refuerzo semanal. Por favor, dígame cuántas unidades desea comprar. 

–Mira, amasijo de cables, vete a la cibermierda con tu publicidad engañosa.

–De acuerdo, caballero, veo que es usted un peligroso negacionista, así que, por la autoridad que concede a AmaPfizeron2030 la Ley Mundial de Pandemias, aprobada ayer bajo secreto por el Consejo Ejecutor de la ONU, me dispongo a lanzar un letal ataque biológico sobre su vivienda. 

–¡Un momento, por favor...!

–Que tenga un buen día, caballero.


Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes apoyar mi trabajo comprándolo en este enlace.

10/9/21

La calle 23

Nota 1: este microrrelato no es actual, lo publiqué en el blog hace casi diez años, como puede verse en los comentarios, que datan de 2012, pero lo tenía oculto y, al ponerlo visible, Blogger le ha actualizado la fecha. Espero que pueda servir para apreciar mis mejoras en el arte literario. 

Nota 2: los comentarios son buenísimos. ¿Por qué ya nadie comenta en los pobres blogs?


La calle 23, un largo brazo asfaltado, oscuro, silencioso y frío, dormita como cada noche. En el descampado cantan algunos grillos, como para recordarnos que en este planeta no todo es hormigón y que no todos descansan con la llegada de las estrellas. Como los grillos, la Sombra se mantiene despierta en la quietud de la noche. Se desliza entre los arbolillos de las aceras, generando solo un leve rumor de pisadas del que nadie se percata. Su arma brilla bajo la moribunda luz de las farolas. Es lo único en su figura que no destila oscuridad. La Sombra se detiene en un portal. Piensa que es una buena elección, tan buena como cualquier otra. Detrás de la puerta encontrará sin duda lo que necesita para satisfacer sus instintos homicidas. ¿Qué por qué lo hace? Ni si quiera ella lo sabe. Dentro de unas horas saldrá el Sol. La sombra no estará allí, los grillos dejarán de cantar y un nuevo crimen habrá acontecido en la ciudad. En esta ocasión, en la Calle 23.

27/10/19

Paciente (microrrelato con prólogo pensado a partir de dos disparadores creativos)

PRÓLOGO

A veces puede resultar conveniente que, en caso de quedarnos sin ideas sobre las que escribir, utilicemos lo que llaman disparadores creativos. Yo lo he hecho en varias ocasiones y quería mostraros este microrrelato en el que me serví de dos de ellos. El primero consiste en elegir una frase al azar de un libro cualquiera. En mi caso, fue una de El proceso, de Kafka, y es la que abre mi texto. A partir de ahí empecé a escribir dejándome llevar, es decir, no "con mapa", sino "con brújula", que es mi modo favorito. En un momento dado, decidí usar el disparador de las noticias jodidas, como yo lo llamo, que consiste en buscar un suceso impactante o seleccionar alguno de una lista que hayamos ido confeccionando con anterioridad (lo recomiendo). Así, metí varias noticias, no como elementos de la trama, sino como parte de la programación que el protagonista veía en el televisor del hospital, un modo de dar a mi relato un toque más estrafalario (Chejov no aprobaría esta actitud, pues decía que si en el relato aparece una soga, al final el protagonista tenía que colgarse de ella). 

Si os interesa este tema, podéis leer un artículo que escribí para este blog y que se titula SIETE TRUCOS CON LOS QUE OBTENER IDEAS PARA ESCRIBIR


PACIENTE

Esta joven enfermera… no sé, parece sentirse atraída por mí.
―Ey, chica, eres muy guapa―le digo.
Ella me ignora y sigue a lo suyo.
―Si vamos a ser amigos, podrías traerme morfina.
La muchacha me mira con cara de mala leche y dice:
―Eso sería ilegal.
―Isi sirii iliguil ―me burlo.
―¡Váyase a la mierda! ―grita, y se marcha dando un portazo. 
Ay, qué guapa es.
Ayer mi padre me trajo tabaco de extranjis cuando vino a visitarme. Es un buen padre, aunque no tanto como yo. Enciendo un cigarrillo y a las pocas caladas aparece el tipo de seguridad.
―¡Está prohibido fumar en las habitaciones!
―Lo siento, agente, no lo sabía.
―¡Es la tercera vez que vengo! ¡A la próxima será expulsado del hospital!
Se marcha dando un portazo. La gente por aquí anda muy cabreada con la vida. No sé qué les pasa. Deberían alegrarse de no estar en mi pellejo. Tengo la pierna rota. No puedo fumar. No puedo conseguir morfina. Cualquiera diría que estoy en el infierno. Al menos me libro de ir al trabajo, eso sí, eso está bien.
Pongo la tele. En el telediario dicen que unos hinchas brasileños decapitaron a un árbitro que previamente había apuñalado a un jugador durante un partido de fútbol. También cuentan que un hombre murió tras mantener relaciones sexuales con un espantapájaros. También informan de que mañana va a llover. Apago la tele.
―¡Enfermera! ¿Dónde estás?―grito desesperado― ¡Vuelve, por favor! ¡Te necesito! ¡Creo que me he enamorado de ti!

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace



20/4/18

El don

Sin darnos cuenta, nos fue concedido el don de matar con la mente. En cuestión de minutos, miles de famosos perdieron la vida, pues siempre había un montón de individuos resentidos y amargados deseando que sus congéneres más exitosos se fuesen a dormir el sueño eterno.

Al principio, nadie entendió lo que ocurría, pero entonces algunos se pararon a pensar. “Joder, el presidente ha muerto más o menos cuando yo...”. De entre esos primeros ejecutores, unos pocos decidieron probar de nuevo. Desearon la muerte de sus jefes, vecinos o exparejas, y sus jefes, vecinos o exparejas cayeron fulminados.

Al menos, en mi caso fue algo así.

Enseguida me di cuenta de que otras personas también poseían el don, por lo que deseé con todas mis fuerzas que la humanidad entera falleciese. Por desgracia, la cosa no funcionaba de ese modo; había que pensar en individuos concretos, de uno en uno. Descubrí que no era necesario conocer a las víctimas, que bastaba con tener una imagen mental de su rostro, así que, después de dar cuenta de mis conocidos, me puse a recorrer perfiles de Facebook e Instagram durante horas, hasta que Internet dejó de funcionar.

Ahora tampoco hay electricidad ni se oye ningún ruido allá afuera. Estoy vivo, gracias a Dios, pero no me atrevo a salir de casa por si alguien me descubre antes de que yo lo descubra a él. 

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace