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8/3/26

Reseña y fragmentos sublimes de CINCO SOMBRAS, de Eulalia Galvarriato

RESUMEN

Ofrecemos aquí a los lectores una breve reseña de la novela Cinco sombras, de Eulalia Galvarriato, excelente escritora relegada al olvido por el mundo académico. Además, hemos seleccionado unos preciosos fragmentos de la obra, los cuales a veces recuerdan levemente a algunos pasajes de Hijos de la ira, el poemario más famoso de Dámaso Alonso, esposo de doña Eulalia.

RESEÑA DE CINCO SOMBRAS

Hace un par de semanas, el azar quiso que llegase a mis manos la novela Cinco sombras, de Eulalia Galvarriato. Había oído hablar de esta autora muy de pasada durante la carrera y tenía ganas de leer algo suyo. Forma parte de ese conjunto de escritores de la posguerra injustamente olvidados por la crítica y el público y que les darían sopas con honda a muchos de los superventas de la actualidad, al menos, en cuanto a calidad literaria. No tengo pruebas ni dudas de que el silencio en torno a ella se debe a que, dada su ideología conservadora, hoy en día no podría ser utilizada políticamente. 

Cinco sombras fue la única novela de Galvarriato que vio la luz y con ella quedó finalista del Premio Nadal, en los tiempos en que hacerse con dicho galardón significaba algo. Es una obra de estructura compleja, en la que se entremezclan: la narración en presente por parte de un narrador omnisciente; el relato de eventos pasados en primera persona a través del protagonista, don Diego; la epístola, mediante las cartas que Julia le envía a una amiga, compartiendo con ella todo lo que don Diego le va contando; y, finalmente, el diario de Rosario, una de las cinco hermanas a las que hacen referencia las sombras del título. 

La prosa de Eulalia Galvarriato es en general eficaz y bella, pero por momentos se eleva hasta adquirir una gran intensidad poética, tanto en la forma como en el contenido. Esto hace que, en mi opinión, la parte más valiosa de la novela, sin desmerecer las demás, sea el diario de Rosario. Allí nos encontramos algunos fragmentos que son lo que, sobre todo, me ha llevado a redactar este artículo, como humilde homenaje a doña Eulalia, pues la verdad es que no pude resistirme a leerlos una y otra vez. 

Os dejo con su lectura y os animo a darle una oportunidad a esta hermosa y melancólica novela y a conocer y reivindicar la figura de su autora. 

FRAGMENTOS

¿Y por qué, Dios mío, me da tristeza a mí?
Es porque llueve…
Pero había días en que yo mojaba mis brazos en la lluvia y cantaba.
Es, quizá, porque esas gotas, redondas y lentas, parecen lágrimas.
Pero yo no lloro.

No, yo no lloro. 
Había días en que yo lloraba. Lloraba de niña. ¿Por qué ahora no?
Es que entonces buscaba consuelo, y ahora…

¿Quién me daría consuelo? Nadie puede. Lo sé. Ahora lo sé: nadie puede.
Solo que tú vinieras.
Tu ausencia me lo ha dicho, ¿sabes? Yo, antes, no lo sabía.

---

Ven. No quiero nada más que verte.
Sólo con verte, sé que se aquietaría esta angustia que me come por dentro.
Sólo con verte me quedaría tranquila y en paz, como entonces, cuando aún no sabía.

Ven, me falta tu voz.
Tu voz me envuelve y me calma. Podría cerrar los ojos, y morirme escuchándola. Sí, aunque hablara de cosas indiferentes.

Pero nada que de ti venga es indiferente para mí.
¿Qué sería escuchar tu voz diciéndome...?
No; no puedo ni soñar siquiera lo que tú me dirías: ¡sería tan terrible y tan dulce!
¿Podría soportarlo yo?

---

Me duele guardarles por primera vez un secreto, el único gran secreto de mi vida.
No puedo. No sabría. No sería verdad lo que pudiera decirles.
No sabría mostrarles mi alma, tan llena de ti, tan trascendida de ti, que a mí misma me asusta.

Pero, mira, aunque sufro, y me quemo, y me voy a morir, estoy contenta, estoy alegre, y por nada del mundo perdería este dulce y angustioso secreto que, ay, ni tú has de saber... 

Tengo el alma transida de ti...

---

¿Dónde estás tú? ¿En dónde está tu aliento? ¿Dónde tus ojos, grandes como la noche, inmensamente abiertos sobre nuestras vidas?
Tú nos ves, estoy cierta. Nos ves en nuestra carne, y nos ves, estoy cierta, en nuestro más profundo corazón. Y adivino el dolor de tus labios callados, para siempre callados.

Pero yo te comprendo. Anoche, yo he sabido que en el viento, me hablabas; he sabido que el menudo golpear de la lluvia me lo mandabas tú, para aplacar con él mi corazón reseco. Lo he sabido. Lo sé

Era tu voz. oh tú, alta entre los vientos, derramada en la lluvia, callada, impalpable, inmensa como la noche, sobre nuestro tejado, sobre nuestras cabezas!

---

Pero entonces pienso que esta mano vieja y encorvada es mi propia mano; que los hilillos que por ella se extienden llevando la vida, se continúan, son los mismos que riegan mis ojos, y mi cerebro, y mi corazón. Que toda yo soy vieja.
Es quizá por eso, solamente por eso, por lo que me pesa, como un cielo plomizo sobre los tejados encogidos, esta tristeza sobre el alma...


16/1/26

«Enterrado vivo», de Eskorbuto: una interpretación más allá de lo siniestro

En este artículo exploramos una interpretación simbólica y reivindicativa de «Enterrado vivo», una de las canciones más oscuras de Eskorbuto. Más allá de la lectura literal evidente, analizamos cómo su letra puede denunciar la alienación, inmovilidad y sensación de estar muerto en vida en un contexto social. 

Un tema recurrente con un lenguaje inesperado

Enterrado vivo no suele figurar entre las canciones favoritas de los seguidores de Eskorbuto, pero hay un dato que llama poderosamente la atención: el grupo llegó a grabar dos versiones muy diferentes, la que apareció en el sencillo Mucha policía, poca diversión, más rápida y desgarrada, y la que fue incluida en el álbum Los demenciales chicos acelerados, algo menos frenética y con un sonido más oscuro. Aparte de esto, figuró en incontables ocasiones en maquetas, directos, vídeos y recopilaciones. Algo debía de tener para ellos. Algo insistente, incómodo, quizá demasiado cercano.

Aparte de esto, hay otro elemento que sorprende desde la primera escucha: el lenguaje. A pesar de la crudeza del tema, la letra emplea un registro que se aleja del tono más bronco o vulgar del punk. Expresiones como «habré de morir», «a mi entorno nada vi» o «rodeaba todo mi ser» poseen una una construcción propia del lenguaje culto que siempre me ha llevado a sospechar que, al menos uno de los miembros del grupo, era aficionado a la lectura. 

Todo ello, unido a la poderosa atmósfera de pesadilla que genera la combinación de la letra y la música, siempre ha hecho que Enterrado vivo sí que figure entre mi lista personal de canciones favoritas de la banda.

El enterramiento como metáfora de alienación social 

Ahora bien, ¿y si Enterrado vivo no fuera solo —ni principalmente— una historia de terror clásico a lo Edgar Alan Poe? ¿Qué pasaría si, en lugar de una de las canciones más siniestras de Eskorbuto, estuviéramos ante una de las más reivindicativas?

La letra comienza con un despertar: «Aquel día me desperté». No es un detalle menor. El narrador no muere, no es enterrado de repente: despierta. Y al despertar descubre algo que ya estaba ahí. Oscuridad. Frío. Inmovilidad. La revelación no es el entierro, sino la conciencia del estado en el que se encuentra.

No puede oír. No puede mover los pies. No puede mover las manos. No puede hacer nada. No es difícil leer aquí la imagen de un individuo anulado, paralizado socialmente, incapaz de actuar, de expresarse o de transformar su entorno. Un sujeto al que se le ha robado la libertad antes incluso de que fuera consciente de ello.

La asfixia, el miedo a morir sin haber vivido, la certeza de que otros —los gusanos— ocuparán su lugar, pueden entenderse como una metáfora brutal de la deshumanización. De una vida reducida a supervivencia. De un sistema que entierra a las personas bajo expectativas, normas, precariedad o resignación, mientras les deja creer que siguen respirando.

En este sentido, Enterrado vivo puede leerse como el momento exacto en el que alguien se da cuenta de que ya estaba muerto en vida. No hay épica, no hay salvación, no hay salida heroica. Solo la constatación tardía. Y ahí reside su fuerza reivindicativa: no denuncia desde el discurso, sino desde la experiencia más íntima.

Interpretar, no imponer

Por supuesto, nada de esto significa que esta sea la interpretación correcta de la canción, ni que sus autores pretendieran transmitir nada de lo que aquí se ha expuesto. La hermenéutica funciona así: los textos se abren, dialogan con quien los escucha y permiten lecturas distintas siempre que estén bien argumentadas

Pero quizá por eso Enterrado vivo sigue sonando y resonando para muchas personas. Porque más allá del ataúd y de la tierra, quizás hable de algo bastante más cotidiano: de despertar un día y comprender que llevas años sin poder moverte.

Y eso, en el fondo, es una de las formas más aterradoras de seguir vivo.

2/1/26

Balance lector de 2025

Este ha sido para mí el año del relato. Y es que, a finales de 2024 y a raíz de la lectura de los Nueve cuentos de Salinger, recuperé la ilusión por la escritura creativa y me propuse el reto de concebir un libro de relatos a lo largo de 2025, algo que no he logrado, aunque sí he podido componer unas once historias, entre las que hay dos o tres de las que me siento altamente orgulloso. La cuestión es que, para buscar inspiración y empaparme bien del género en el que quería dar lo mejor de mí, tomé la decisión de leer principalmente libros de relatos, a poder ser de grandes maestros. Y así lo hice. 

El número de libros que he leído este año ha sido de 26 (una cifra bastante modesta, aunque he mejorado mi marca de 2024 en una unidad y supero con creces a la media nacional, que supuestamente se sitúa en 10 libros al año). De estos, la friolera de 22 han sido libros de relatos. Solo he leído una novela en todo el año, La balada del café triste, de Carlson McCullers, muy buena, por cierto, cortita y con un triángulo amoroso de lo más original. También han caído tres libros de desarrollo personal, de los que solo destacaría Domina tus emociones, muy útil y práctico para hacerte la vida menos cuesta arriba. 

Con respecto a los libros de relatos, ha destacado enormemente Alice Munro, grandísima escritora y terrible persona de la que he leído nada menos que cinco obras. Podría destacar Danza de las sombrasEscapada, pero es que todos me parecen formidables, no tiene un solo relato que no posea una especie de magia que va haciendo que te diluyas en la historia hasta no querer salir de allí. 

El segundo autor que más he frecuentado ha sido Charles Bukowski, del que leí los dos libros de relatos que me faltaban de su bibliografía, Las campanas no doblan por nadie y Música de cañerías. Como siempre, Hank es incapaz de decepcionarme, y, como ya he comentado alguna vez, lo que me fascina de él es su sentido del humor, su capacidad para plantear situaciones insólitas y lo muchísimo que se la trae al pairo lo que puedan pensar los demás sobre su escritura. 

Altísimamente recomendables me parecieron En nuestro tiempo, de Hemingway, porque por algo fue un maestro de maestros; Treinta cuentos y una balada, de Francisco Umbral, por su legendaria prosa poética y por ser muy inspirador, ya que gracias a él escribí dos relatos; y, sobre todo, la más increíble sorpresa que viví este año, el Manual para señoras de la limpieza, de Lucia Berlin, un volumen repleto de relatos de los que te dejan señales permanentes en el alma. 

Quiero hacer una breve mención a las principales decepciones. A Los colores del adiós hasta le dediqué un artículo, por lo que no comentaré nada. Los Siete cuentos misóginos de Patricia Highsmith me aburrieron. Chicos y chicas de Soledad Puértolas me dejó frío en general. Y, por último, Aquí empieza nuestra historia, de Tobias Wolff, me resultó agridulce, pues tiene relatos inolvidables, como Cazadores en la nieve, quizá uno de los diez mejores que yo haya leído en mi vida, pero también muchos otros de su etapa reciente que me causaron una profunda decepción, probablemente por encontrarse envenenados de corrección política. 

Para terminar, decir que he leído tres antologías de cuentos entre las que, como es lógico, se encuentra uno de todo. Me gustó mucho un relato de José María Sánchez Silva, el autor de Marcelino, pan y vino, y otro de Giovannino Guareschi, el autor de la saga de Don Camilo. De ambos trataré este año de leer algo más. 

Aparte de esto, para 2026 me he propuesto atacar grandes obras de la literatura universal que tengo pendientes desde hace siglos, como Los hermanos Karamazov (ya lo llevo por la mitad), La Divina Comedia o Los miserables, aunque esto no será óbice para reservarles su sitio a mis compadres habituales, véase Gonzalo Calcedo, Charles Bukowski, Alice Munro, Pío Baroja o Benito Pérez Galdós. 

¡Feliz año lector!

25/12/25

Cómo bloquear la pornografía de una vez por todas - Pólvora en salvas XIX

El porno de hoy en día no tiene mucho que ver con el de antaño. En mis tiempos púberes, nos dábamos con un canto en los dientes si de vez en cuando caía en nuestras manos una revista guarra o alguna película que alguien hubiera grabado furtivamente del mítico Canal Plus. Lo que ocurre, es que aquella manera clandestina, limitada y, en cierto modo, inocua, de consumir contenidos pornográficos, ya no existe. Los varones del presente comienzan a zambullirse en el océano de la lujuria visual a edades cada vez más tempranas y lo hacen de un modo repentino, radical, de cero a cien en un segundo. Los grandes portales pornográficos ofrecen a los usuarios una cantidad de material virtualmente infinita, no siendo menos inmensa la variedad de dicho contenido, el cual aparece clasificado en un universo de categorías que resultaría casi imposible enumerar. Estas cualidades de la oferta pornográfica moderna, combinadas con su inmediatez y facilidad de acceso, con el modo solitario y secreto en que se consume y con su supuesto coste cero, están generando un verdadero ejército de hombres adictos que ni si quiera saben que lo son.  

Pero lo más grave de todo este asunto son las consecuencias que acarrea dicha adicción. La web y libro Your brain on porn ofrece una amplia información al respecto basada en varias decenas de estudios que relacionan el consumo de pornografía en línea con problemas sexuales como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz y la retardada, la anorgasmia y la falta de libido. Además de esto, puede darse un fenómeno llamado desensibilización, el cual lleva al usuario a necesitar cada vez mayor tiempo de consumo y/o acceso a contenidos cada vez más fuertes para lograr los mismos niveles de estimulación. Por si fuera poco, muchos expertos alertan de que puede producirse desconexión emocional con la pareja, ansiedad social, depresión o baja autoestima, por citar solo algunos efectos. 

Los testimonios de hombres cuyas vidas se encuentran desechas por culpa del consumo de pornografía son abundantísimos y cualquier persona podrá encontrar cientos de ellos explorando los comentarios de vídeos sobre el tema en plataformas como YouTube. A pesar de estar sufriendo estas terribles consecuencias, para muchos resulta prácticamente imposible abandonar el hábito.

Si tú te encuentras en esta situación, o conoces a alguien que lo esté, quiero que sepas que es posible vivir alejado de ese pozo siniestro y destructivo que es la pornografía. Lo sé porque yo mismo he librado esa batalla durante años y, finalmente, he logrado alcanzar un éxito, no perfecto, pero sí bastante satisfactorio. Desde mi experiencia, puedo asegurarte que, si logras acumular una cierta racha de abstinencia inicial, los impulsos por consumir se irán volviendo cada vez más débiles y, por tanto, mantenerte limpio te resultará cada vez más fácil. Pero soy consciente de que construir esa buena racha inicial puede parecer impresionantemente complicado, por lo que quiero recomendarte que empieces bloqueando el contenido pornográfico en tus dispositivos. 

Para lograr un bloqueo eficiente de la pornografía vas a necesitar dos cosas, a mi entender, imprescindibles: un amigo y un poco de dinero. Esto se debe a que aplicar bloqueos gratuitos suele acabar siendo ineficaz. Pero no te preocupes, el coste monetario es perfectamente asumible por la mayor parte de la población, y tu amigo no te va a juzgar, pues es casi seguro que él también sea adicto a la pornografía, lo sepa o no. 

Mi recomendación, después de muchos años de prueba y error, es que instales el programa de control parental Qustodio en tu PC y en tu móvil, que pagues la suscripción anual (unos 43 euros al año) y que tu amigo disponga de la contraseña, como si tú fueras su hijo. Lo suyo es que creéis una dirección de correo nueva y que solo sirva para que tu amigo acceda a Qustodio. Eso sí, pídele que apunte en algún sitio dichas dirección y contraseña. 

Con esto, en teoría, tus dispositivos quedarán libres de contenidos pornográficos y tú podrás iniciar esa racha de abstinencia inicial que te permitirá ir construyendo una vida física, mental y espiritualmente mucho más sana. Pero si, al igual que yo, eres un tremendo zascandil que no puede parar de enredar hasta liarla parda y necesitas un extra de protección, puedes utilizar el programa Cold Turkey (un solo pago de 39 euros y ya lo tienes para siempre) para el PC, o la aplicación AppLock para móvil (gratis). Estas herramientas no bloquean contenido para adultos, sino programas, aplicaciones o páginas web concretas a través de contraseñas o números PIN. 

Dejar la pornografía merece mucho la pena: se recuperan claridad, energía y una relación más sana con uno mismo y con los demás. Los bloqueos no son una demostración de debilidad, sino una ayuda inteligente en las primeras etapas, cuando la tentación es más fuerte. Si te das esa ayuda inicial y perseveras lo suficiente como para que el impulso empiece a perder fuerza, descubrirás que la libertad acaba llegando. Y cuando lo hace, todo el esfuerzo previo cobra sentido.

9/9/25

Entre el rugido y el silencio: crónica mínima del Barrio del Aeropuerto - Pólvora en salvas XVIII

El Barrio del Aeropuerto es ese recodo pequeño y obstinado de Barajas que vive a la sombra literal y sonora del Adolfo Suárez, pegado a la Alameda de Osuna por un lado y a Rejas por el otro. Creció de forma apresurada en los años cincuenta y sesenta sobre suelos no preparados, con obras de urgencia y defectos que dejaron huella en fachadas, tuberías y calles. 

Aquí los vecinos aprenden pronto a hablar de riadas como quien habla del tiempo: cada verano trae la memoria de garajes anegados, comercios heridos y charcos de agua turbia que tardan en irse. Los descampados plagados de coches y los bloques de viviendas tienen el aire de quien ha sobrevivido a muchas promesas administrativas; aun así, en cada portal, los vecinos se saludan con familiaridad y rebuscan soluciones comunitarias. 

Hace pocos años empezaron obras de rehabilitación en fachadas y ascensores, detalles pequeños que cambian días y rutinas. Proyectos recientes miran al barrio como laboratorio de regeneración urbana sostenible, intentando que el ruido del aeropuerto no sea el único latido que marque la vida de este lugar. Aquí, entre contenedores, parques mal medidos y voces de cafetería, se teje un melancólico costumbrismo que nunca olvida de dónde viene.

2/5/25

Interpretar el temblor: una lectura íntima de Smells Like Teen Spirit

En septiembre de 1991, una canción se convirtió de forma inesperada en un fenómeno cultural. Smells Like Teen Spirit, el sencillo de apertura del álbum Nevermind, transformó a Nirvana de simple banda underground a voz generacional casi de la noche a la mañana. Y, sin embargo, su autor principal, Kurt Cobain, parecía no sentirse cómodo con ese estatus. «Solo me burlo de la idea de tener una revolución. Pero es una buena idea», dijo en una entrevista, resumiendo adecuadamente el tono de la canción: algo que se dice con ironía, pero sin renunciar del todo a su poder.

Este tipo de ambigüedad, esta resistencia a ofrecer un mensaje claro, es precisamente lo que permite que Smells Like Teen Spirit siga siendo objeto de debate. En una clase de hermenéutica, escuché algo que al principio me descolocó: «toda interpretación es válida siempre que esté bien argumentada, independientemente de lo que quiso decir el autor del texto». Me pareció entonces una invitación al caos, pero con el tiempo he aprendido a verla como una defensa de la libertad lectora. El sentido de una obra no está encerrado en la cabeza de quien la escribió, sino que emerge, siempre de nuevo, en el encuentro entre texto y lector. O entre canción y oyente.

Como ejemplo de esta apertura interpretativa, me propongo compartir una hipótesis personal sobre Smells Like Teen Spirit, alejada de las lecturas más habituales. No espero que coincida con la intención de Cobain, tan solo pretendo mostrar que, si se atiende a ciertas claves simbólicas del texto, es posible leer la canción como una representación del miedo, especialmente masculino, al fracaso sexual. O, dicho sin rodeos, como una metáfora del gatillazo y del pánico que lo rodea, sobre todo en las primeras experiencias sexuales.

Esta lectura se descubre ya desde el título. Smells Like Teen Spirit nació de un malentendido: Kathleen Hanna, cantante de Bikini Kill, escribió en una pared «Kurt huele a Teen Spirit», refiriéndose al desodorante de una marca popular. Cobain, que no conocía el producto, creyó que era un mensaje subversivo, un eslogan revolucionario. Desde su origen, pues, el título ya funciona como símbolo hermenéutico: algo que se interpreta en un sentido diferente al original. Lo que Hanna expresó con humor íntimo, Cobain lo recibió como mensaje generacional. Esa distancia entre lo que se quiso decir y lo que se entendió es la misma que abre la puerta a mi propia lectura.

En cuanto a la canción en sí, hay varias frases que permiten pensarla en clave sexual. El verso «With the lights out, it’s less dangerous» sugiere que el deseo, o la exposición, asusta menos en la oscuridad. No ser visto equivale a no ser juzgado, y eso es especialmente relevante si uno teme fallar. Por su parte, «Here we are now, entertain us» puede leerse como una ironía cruel: el mandato de hacer disfrutar al otro, la presión de rendir, la expectativa de complacer como si el sexo fuera una actuación. Hay una incomodidad en esa frase que no desaparece con la repetición: parece una orden disfrazada de broma.

Pero donde la canción alcanza su mayor potencia simbólica es en el célebre y críptico verso «A mulatto, an albino, a mosquito, my libido». Tradicionalmente, se lo ha interpretado como una acumulación surrealista de imágenes absurdas, casi como un desvarío fonético. Pero si se lee como una definición poética del deseo —«mi libido es…»— entonces cada imagen adquiere un peso propio. El mulato es indefinición, mezcla: ni blanco ni negro. El albino es hipersensible, incapaz de exponerse a la luz sin sufrir. El mosquito es pequeño, molesto, nocturno, más símbolo de irritación que de potencia. En conjunto, configuran una libido frágil, confusa, torpe. No la fuerza viril del erotismo clásico, sino una pulsión debilitada, insegura, casi patética. Justo lo que podría sentir alguien ante el miedo al gatillazo: deseo hay, pero también ansiedad, vergüenza, expectativas que paralizan.

Incluso el tono general de la canción, entre la rabia, la desgana y la ironía, refuerza esta lectura. No hay euforia sexual, sino ruido y distorsión. No hay seducción, sino torpeza estridente. Cobain canta como quien se burla de sí mismo, como quien no se siente dueño de lo que le pasa. La melodía es adictiva, pero está envuelta en un caos emocional que nunca se resuelve.

Podría decirse mucho más sobre el resto de la letra («una negación», «me siento estúpido y contagioso», «cuan bajo», «Y aún olvido cuál es el sabor», «ella está demasiado aburrida y segura de sí misma», etc., etc.) pero tampoco es cuestión de extender este artículo más de lo necesario. Simplemente, frente a quienes sostienen que la letra de Smells Like Teen Spirit no dice nada, propongo una lectura que intenta rescatar un posible sentido desde esa misma contradicción. No es necesario que Cobain pensara en el gatillazo cuando escribió su himno. Basta con que nosotros, al escucharla hoy, encontremos ahí una resonancia de nuestras propias inseguridades, deseos y temores. Como decía Gadamer, interpretar no es desenterrar una verdad oculta, sino participar en la construcción de un nuevo sentido.

Y en ese sentido, esta canción, leída como un retrato del miedo masculino al fracaso sexual, sigue siendo profundamente adolescente. Porque ser adolescente —como lo sugiere Smells Like Teen Spirit— no es tanto rebelarse contra el mundo como sentir que tu cuerpo, tus deseos y tu voz te fallan justo cuando más necesitas que funcionen.

23/11/24

Breves apuntes sobre el corpus narrativo de Miguel Delibes

Resulta complicado determinar con precisión cuántas historias, de entre las que escribió Miguel Delibes, pueden ser categorizadas como novelas y cuántas como relatos. Las proporciones dependerán de cómo consideremos un pequeño conjunto de narraciones fronterizas. 

Así. es seguro que Delibes publicó, como mínimo, 20 novelas, que serían las siguientes:

  1. La sombra del ciprés es alargada.
  2. Aún es de día.
  3. El camino.
  4. Mi idolatrado hijo Sisí.
  5. Diario de un cazador.
  6. Diario de un emigrante.
  7. La hoja roja.
  8. Las ratas.
  9. Cinco horas con Mario.
  10. Parábola del náufrago.
  11. El príncipe destronado.
  12. Las guerras de nuestros antepasados.
  13. El disputado voto del señor Cayo.
  14. Los santos inocentes.
  15. Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso.
  16. El tesoro.
  17. Madera de héroe.
  18. Señora de rojo sobre fondo gris.
  19. Diario de un jubilado.
  20. El hereje.
Por otro lado, también es seguro que publicó 29 relatos, que serían:
  • Del libro La partida: «El refugio», «Una peseta para el tranvía», «El manguero», «El campeonato», «El traslado», «El primer pitillo», «La contradicción», «En una noche así» y «La conferencia».
  • Del libro La mortaja: «El amor propio de Juanito Osuna», «El patio de vecindad», «El sol», «La fe», «El conejo», «La perra», «Navidad sin ambiente» y «Las visiones».
  • Del libro Tres pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados: «El otro hombre», «La vocación», «Bodas de plata», «La grajilla», «El cuco» y «El cárabo».
  • Otros relatos: «La bruja Leopoldina», «Envidia», «El duro», «La broma», «La barbería», «La milana».

Ahora bien, las cifras definitivas dependerán del género que le asignemos, por un lado, al libro Viejas historias de Castilla la Vieja y, por otro, a las narraciones «La partida», «La mortaja», «El loco», «Los nogales» y «Los raíles».  

Con respecto a la primera cuestión, no me veo capaz de decir mucho y me limitaré a reflejar lo que opinaron algunos expertos. Gonzalo Sobejano no incluyó Viejas historias de Castilla la Vieja entre los libros de relatos de Delibes, mientras que los editores del volumen Viejas historias y cuentos completos y la Fundación Miguel Delibes, sí que lo hicieron. Por su parte, Ramón García Domínguez en principio no se posiciona pero después dice que Delibes publicó veintinueve cuentos, lo que implica que no considera como tales a los capítulos de Viejas historias de Castilla la Vieja, sino como partes de una novela, igual que Sobejano. 

En cuanto a la segunda cuestión, considero que, por su extensión de entre 4000 y 9500 palabras, las narraciones «Los nogales», «La partida» y «La mortaja» no pueden llegar a considerarse novelas breves sino relatos extensos. Por su parte, «Los raíles» y «El loco» sí que permitirían debate al respecto dadas sus extensiones de unas 15000 y 19000 palabras. Esta dificultad no pasó desapercibida para Delibes y así y se lo comentó a Ramón García Domínguez: «hay ciertos relatos míos que resulta difícil clasificarlos: si como cuentos largos o novelas cortas. La mortaja, por ejemplo. O El loco, o Los raíles…».

En definitiva, ante la imposibilidad de determinar si Viejas historias de Castilla la Vieja es una novela o un conjunto de relatos, y de dilucidar si «Los raíles» y «El loco» son relatos extensos o novelas breves, considero que la única conclusión certera a la que podemos llegar es a que Delibes publicó entre 20 y 23 novelas, y entre 32 y 51 relatos, que, en cualquier, caso darían un total de entre 55 (23 novelas + 32 relatos) y 71 (20 novelas + 51 relatos) narraciones. 

Ahora bien, todo este asunto podría complicarse si tenemos en cuenta que el vallisoletano poseía una opinión ambigua respecto a las narraciones breves, pues, por un lado, veía «más mérito en escribir breve que largo, en encerrar en diez folios una historia cabal sin necesidad de estirarla porque sí» y por otro consideraba que una «novela, breve o larga, es algo más complejo». Pero resulta interesante que Delibes, más que atendiendo a la extensión, diferenciaba los dos géneros narrativos precisamente en función de su complejidad, de tal forma que el cuento sería una historia lineal y simple mientras que en una novela se entrecruzarían historias y personajes. Tal vez de esto podríamos concluir que pudiera darse una obra A de una extensión menor que otra B, pero que debido a la complejidad en cuanto a historias y personajes, llegase a considerarse A como novela breve y B como relato extenso. 

En cualquier caso, resulta curioso que Delibes se alejase del cuento después de los años sesenta, ya que en 1993 declaró que este género constituía su «espacio literario natural», debido a la importancia que otorgaba a los personajes, pues, cuanto más breve es la narración, mayor papel juegan, de tal forma que en el cuento «basta una viñeta sensible del personaje central para imprimir a la narración un hálito de vida». Es probable que Delibes no se animase a escribir más cuentos por dos motivos. El primero, que el desarrollo de su carrera como novelista le fuese aportando la holgura económica necesaria para no tener que depender de la publicación de cuentos en revistas [1] y, el segundo, que sus novelas en general tenían una extensión lo bastante breve como para sentirse cómodo con ellas [2]. 



NOTAS

[1] Delibes explicó que recurría a los cuentos porque estaban bien pagados y se cobraban pronto, sin esperar a liquidaciones de derechos de autor.

[2] «no me digas que algunas de mis novelas no son narraciones notablemente… breves, al menos para lo que tradicionalmente se considera una novela», le dijo a Ramón García Domínguez.


BIBLIOGRAFÍA
  • DELIBES, M. (2007). Viejas historias y cuentos completos. Palencia: Menoscuarto. 
  • GARCÍA DOMÍNGUEZ, R. (2020). Miguel Delibes de cerca. Barcelona: Destino. 
  • SOBEJANO, G. (1984). «Introducción». En La Mortaja, Delibes, M., 11-66. Madrid: Cátedra.

21/7/24

Cómo editar un videopoema (tutorial definitivo)

Me he pasado el juego de los videopoemas con mi última publicación, por mucho que Don YouTube no esté de acuerdo y me ande otorgando una cantidad miserable de visitas (claramente es Él quien está equivocado). Juzguen ustedes mismos:


Es una suerte que la dama que inspiró esta oda al flechazo desconozca que semejantes versos hayan sido publicados en honor a su belleza, pues no querría yo acabar preso como culpable de homicidio imprudente, premeditado, alevoso, doloso y amoroso.

La buena noticia es que, con el fin de darle un poco de promoción a estas coplas digitalizadas, he decidido compartir mis conocimientos sobre el arte de crear videopoemas (ya tengo seis 😎) mediante un breve pero intenso tutorial que será ofrecido en cómodos pasos a continuación.

PASO 1. Escribe un poema potente que merezca el honor de ser transformado en videopoema. Si no sabes escribir poemas, te ofrezco aquí un microtutorial sobre la cuestión. Si ya sabes escribir poemas, puedes saltar al PASO 2.

CÓMO ESCRIBIR UN POEMA (MICROTUTORIAL DEFINITIVO)

  1. Lee muchísimos libros generales de autores importantes para que tu cerebro se acostumbre al lenguaje empleado de forma correcta y bella y para adquirir un léxico amplio y preciso. Prioriza las obras escritas en tu lengua materna (asumo que es en la que vas a escribir tus versos).
  2. Lee muchísimos poemarios y fíjate bien en aquellas composiciones que te gusten, reflexionando intensamente sobre el porqué. 
  3. Lee sobre recursos estilísticos, métrica, comentario de texto y teoría literaria en general. Lo mínimo sería repasar el libro de Lengua y Literatura de la ESO, pero no le pongas límites a tu ambición, cuanto más, y más complejo, mejor. 
  4. Vive una vida intensa y apasionada, viaja, lucha, sueña, ten todos los amigos y amantes que puedas, busca experiencias diferentes, arriesga y exprime los segundos de tu existencia hasta los límites de lo razonable. 
  5. Abre un documento en blanco de Word.
  6. Derrama lo mejor, lo más memorable, lo más dramático y lo más épico que haya surgido al poner en marcha el punto 4 y emplea para ello las herramientas que has desarrollado en los puntos 1, 2 y 3. 

PASO 2. Graba el poema recitándolo ante un micrófono decente de al menos 100 euros (si la calidad del audio es mala, es mejor que no pierdas tiempo) empleando el maravilloso programa gratuito Audacity. Si no sabes utilizar Audacity, busca un tutorial sobre ello antes de ir al siguiente paso.

PASO 3.  Explora con detenimiento la biblioteca de audio de YouTube en busca de una melodía que acompañe a tus versos y descárgala. No escatimes en tiempo dedicado a este paso, puede marcar la diferencia. Recomiendo filtrar por estado de ánimo triste, ahí están las mejores.

PASO 4. Busca y descarga vídeos gratuitos de Pexels y Pixabay que tengan que ver con el tema de tu poesía.

PASO 5. Mezcla en Adobe Premiere la grabación de audio, la música y los vídeos de forma que queden bien. Si no sabes hacer esto, busca varios tutoriales de Premiere hasta que seas una máquina de la edición, o, al menos, hasta saber lo esencial (importar medios, hacer transiciones predeterminadas, poner títulos, exportar a MP4). 

PASO 6. Sube tu videopoema a YouTube y continua soñando con el éxito, la fama y, si eres hombre heterosexual, con las mujeres que se acercan a ti sin necesidad de ningún esfuerzo por tu parte.

9/6/24

Sí que era para tanto - Pólvora en salvas XVII

Poseo un par de títulos superiores en literatura, pero, aun así, no puedo evitar que el síndrome del impostor se apodere de mí cada vez que me dispongo a dar una turra sobre bellas letras. Imagínense entonces cómo se siento cuando me da por hablar de cine, un arte del que no tengo ni pajolera idea y del que apenas consumo dos o tres producciones al año, aunque hace tiempo sí que solía clavarme quince o veinte películas casi todos los meses. 

Esta vez no me ha quedado más remedio. Hoy he venido aquí a hablar sobre cine porque hace unos días, para bien o para mal, vi Martyrs (2008). Sabía de la existencia de esta cinta francesa porque en algún momento de la última década llegó a mis ojos algún perturbador fotograma que hizo que no quisiera saber más del asunto. Sin embargo, hace unos días, me dio por buscar en Internet información sobre Edwart Bryant, autor de un fantástico relato de zombis titulado Un triste último amor en el bar de los malditos, contenido en la maravillosa antología El libro de los muertos. Fue cuestión de un par de clics el que apareciese un enlace a algún contenido de la película Martyrs y fue cuestión de un par de segundos que un atávico y masoca sentimiento morboso me empujase a pinchar en él.

Desde ese momento vivo obsesionado con la película. Lo estoy incluso desde bastantes días antes de atreverme a verla. Antes incluso de aventurarme a mirar imágenes fijas en Google, puesto que me puse a leer reseñas en Filmaffinity y allí empezó la locura. Para empezar, me llamó la atención que tuviese una puntuación de 6.4, probablemente demasiado alta teniendo en cuenta que fue una película muy polémica debido a las devastadoras imágenes de violencia y tortura que pueblan su metraje, algo que llevaría a muchas personas a puntuar la obra con notas ínfimas simplemente por haber sufrido un daño brutal en su sensibilidad. Si resulta razonable pensar que la obra recibiría muchos ceros y tiene de media casi un notable, podemos concluir que quizás también ha logrado muchos dieces. Me inclino a pensar que no vivimos inmersos en una mayoría social conformada por sádicos, así pues, esta película tenía que ofrecer algo más que una colección de carnicerías. 

Después, la lectura de un buen puñado de reseñas no hizo más que disparar mi curiosidad porque, como era de esperar, se encontraban altamente polarizadas. Algunas personas calificaban la película de auténtica obra maestra del séptimo arte, mientras que otras decían que no se nos ocurriera verla, que nos iba a dejar destrozados. Me dio mucha pena una chica llamada Jimena que contaba cómo Martyrs la había hecho sentir. Creo que merece la pena transcribir algunos fragmentos: 

Es horrorosa, repugnante, odiosa, cruel hasta límites inimaginables...nunca me había pasado que una película me deje mal cuerpo, me haga tener pesadillas toda una noche, me deje sin fuerzas y me rompa el ánimo y el espíritu en dos.

Mi amiga se fue a casa sin mediar palabra, con los ojos brillantes, apaleada y torturada como yo. Nunca me había pasado que una escena destroce así el ambiente y el buen rollo entre dos personas que hasta ese momento estaban pasando un buen rato. "Lo siento" es lo único que acerté a decirle, ya que la película (en qué hora) la había elegido yo.

Nunca me había pasado que me levanto a la mañana siguiente y la vida me parece un poco más oscura y más triste y no me sale la risa tan fácil, pese a que en los Alpes brilla el sol y la ciudad irradia energía.

Tengo que reconocer que soy bastante cagueta para el cine de terror, a pesar de que, en principio, ni creo ni dejo de creer en cosas raras, y que por ello no soy muy dado a ese tipo de cine dentro de que ya soy poco dado al cine en general, pero no podía parar de pensar en la película. Despertaba mucho mi curiosidad, y no por el hecho de contemplar las escenas de violencia como si un servidor fuera un maldito perturbado, sino por conocer el argumento, el desarrollo de la acción, la motivación de esas personas que trataban tan brutalmente a sus víctimas y, como no terminaba de atreverme a ver la película, pero estaba absolutamente devorado por la intriga, decidí meterme en Wikipedia, donde se ofrece un resumen muy detallado del argumento.  

Ya conocía la esencia de la historia y las motivaciones de los malos, porque, sí, una de las grandes virtudes de Martyrs es que los malos no son (solo) unos psicópatas zumbados, sino que con sus brutales actos persiguen dar respuesta a una de las preguntas más inquietantes de la existencia, a saber, ¿qué hay después de la muerte? Sí, los malos de Martyrs conforman una sociedad secreta de hijos de puta convencidos de que las personas sometidas a martirio adquieren la facultad de echar un vistazo al más allá mientras todavía siguen vivos. Y esta sociedad secreta de hijos de puta no escatima en medios para lograr saciar su curiosidad. Nunca nadie llevó a la práctica de un modo tan extremadamente desgarrador la sentencia «el fin justifica los medios», aforismo de cabecera de todos los grandes sacos de mierda de la historia. 

Supongo que a nadie sorprenderá que la lectura del resumen, por muy completo que este fuere, no solo me supiese a poco, sino que más bien disparase mi curiosidad de forma inusitada. Pero como todavía me daba miedo tener pesadillas siniestras o que mi sensibilidad se viese demasiado destruida, decidí dar un paso intermedio entre leer el resumen y ver la película: buscar en YouTube. Allí descubrí un vídeo de trece minutos que contaba y mostraba lo esencial del film, el cual me dejó trastocado durante varios días. Finalmente, llegó un momento en que no pude soportar más la inquietud de la incertidumbre y el deseo loco de saciar mi curiosidad y me decidí a buscar la película por internet y verla de principio a fin. 

Cuando ante mí apareció el rótulo final que muestra la definición etimológica de mártir como testigo, hecho que contribuye a redondear la perfección de la cinta, y el plano acercándose a lo que queda de Anna, a su mirada perdida en lo incognoscible y el fundido a negro que da paso a los créditos finales, acompañados de preciosas imágenes de las dos protagonistas cuando tenían diez años jugando felices y despreocupadas en el orfanato mientras suena una de las piezas de la increíble banda sonora, entonces me dije a mí mismo algo como «bueno, no ha sido para tanto». Pensé en lo exagerada que es la gente y lo desproporcionados que me parecían algunos hechos como las arcadas, los vómitos y las ambulancias en las salas de cine, o el haber clasificado la película como +18 en Francia, algo que rara vez ocurre. Pero también me dije a mí mismo que aquella gente se sentó en la butaca sin saber muy bien a lo que iban a enfrentarse y que se tragaron sin anestesia toda la brutalidad de una de las películas más devastadoras que se hayan filmado. Probablemente si yo hubiera experimentado Martyrs de ese modo habría necesitado asistencia psicológica. 

Pero es que, además, yo estaba equivocado. La película sí que era para tanto, y solo pude ser consciente de ello con el paso de las horas y los días. Imagino que mi sistema nervioso, tan poco acostumbrado a semejantes estímulos, debió verse un poco sobrepasado y no me permitió asimilar adecuadamente todo lo que acababa de ver. Tuve la sensación de que realmente yo ya lo había visto todo en el resumen de YouTube, pero no, me había faltado mucho por ver, infinitos detalles de todo tipo que, con el transcurrir del tiempo, fueron asentándose poco a poco sobre mi alma, como una fina lluvia de un líquido muy denso, removiendo y cambiando mi interior y mi modo de percibir la existencia hasta el punto de que, desde entonces, todas las noches me duermo pensando en la cinta de Pascal Laugier.

Se podría decir que Mártires no es una película, sino dos. La primera posee un ritmo frenético, unas cantidades industriales de sangre, un terror de estilo sobrenatural y típico de películas orientales (mujeres en posturas anatómicamente imposibles y caras monstruosas que te dejan sin respiración) y se encuentra claramente protagonizada por Lucie (Mylène Jampanoï). La segunda película, que ocupa más o menos la última mitad del metraje, se encuentra, por su parte, claramente protagonizada por Anna (Morjana Alaoui) y ofrece un ritmo lentísimo, sin ningún tipo de susto diarreico, y un terror de un estilo mucho más psicológico y brutal, con un lenguaje artístico mucho más bello y elaborado, además de contener casi toda la carga filosófica o intelectual de la película. 

Siento decepcionar a quienes hayan llegado a este artículo buscando una explicación para el final, que es a mi modo de ver uno de los mejores de la historia del cine, porque aquí no va a encontrar nada en ese sentido. He leído un montón de teorías posibles y ninguna resulta convincente del todo. De hecho, es probable que la película realmente no pueda tener un final satisfactorio al cien por cien, ya que ni siquiera el propio director sabe lo que Anna le dijo a la hija de puta de Mademoiselle, pues quería dejarlo totalmente abierto para que cada espectador le buscase su propia explicación. Pero el problema es que todas las explicaciones tienen algún fallo. Ya sea que Anna le dijese a Mademoiselle que no había visto nada o que ha visto el cielo o el infierno o que ha visto lo indescriptible o lo incomprensible o lo incognoscible o le dijera que no pensaba contárselo o le dijera una mentira o incoherencias o le dijera cualquier cosa, por lo menos cualquiera de las que hasta ahora he leído o se me han ocurrido, siempre se podrá encontrar algún fallo, ya sea en la decisión que toma la vieja conchuda, en la conversación con el ayudante, en la duración de las palabras de Anna o en cualquier otro detalle. Y es que las cosas son así, puede que esta película no tenga un final con una explicación satisfactoria y que ese enigma tan cabrón sea lo que lo convierta en el mejor final de la historia del cine (o en uno de los mejores, no he visto todas las películas que se han grabado).

Pascal Laugier comentó en una entrevista muy jugosa que su película está ambientada en «un mundo moribundo, casi como un pre-apocalipsis, un mundo donde el mal triunfó hace mucho tiempo, donde las conciencias han muerto bajo el reinado del dinero y donde la gente pasa el tiempo haciéndose daño unos a otros». Estas palabras describen la realidad de la historia a la perfección. No hay más que ver el modo impasible en que los verdugos tratan a las víctimas, su ausencia total de empatía y piedad, de misericordia, o el comportamiento miserable de los miembros de la sociedad secreta, que son capaces de dormir tranquilos mientras sus víctimas sufren los peores tormentos imaginables. Por si fuera poco, este atajo de hijos de puta no escatima en cinismo, pues manifiestan una especie de veneración hacia Anna, diciendo que es una persona muy especial y que todos deben rezar una oración por ella, como si la pobre muchacha se hubiera sacrificado voluntariamente para satisfacer sus inquietudes existenciales.

¿Recomendaría yo ver esta película? La verdad es que esa es una pregunta complicada. ¿Me arrepiento de haberla visto? En absoluto. No me arrepiento, y eso que soy una persona extremadamente sensible para cuestiones relacionadas con la tortura y bastante cagueta en cuestiones relacionadas con la ficción de terror, pero no, no me arrepiento, porque esta es una película que te marca, que te cambia la vida, que te va a acompañar para siempre y porque creo que eso es, en definitiva, lo que hace a una verdadera obra de arte. 

Quiero concluir diciendo que todas las mujeres torturadas que aparecen en esta película, especialmente Anna, se han convertido para mí en personajes cuasi reales cuyo sufrimiento me causa dolor, así como frustración me genera el no poder ayudarlas, no poder consolarlas, no poder, de algún modo, acompañarlas en su martirio y en su soledad, en su tristísima y desgarradora soledad, y siendo consciente desde mi lado racional de que estoy hablando de personajes de ficción, algo dentro de mí me pide que reescriba la historia cambiando el final, de forma que un personaje, yo, por ejemplo, entre en esos lugares tenebrosos armado con un fusil de asalto y libere a esas pobres chicas de su condena. 

De verdad, daría lo que fuera por poder ayudarlas.

¿Alguien puede explicarme esta imagen? (mira las esposas)


8/5/24

Una nueva esperanza

No, no vengo a hablar del Episodio IV de Star Wars (¿por qué tradujeron el título como La guerra de las galaxias, cuando tendría que ser Guerras estelares? Joder, pero si en los primeros segundos ya dicen que todo se desarrolla en una galaxia muy lejana, no en varias, Dios mío), sino de mis guerras particulares contra la falta de éxito artístico. 

Y es que, después de más de quince años pelándome los dedos en la plataforma Blogger, he decidido abrir el chiringuito también en WordPress. Todo vino a raíz de leer el libro Escritor de éxito, el cual puede descargarse gratis enredando por Instagram. Aunque esta obra es un embudo de ventas para que contrates los servicios de la editorial del autor (¿qué no es hoy en día un embudo de ventas?) sí que es verdad que contiene un puñado de información valiosa. Lo más importante para mí fue saber que Blogger consigue muy mal posicionamiento en Google, a pesar de que pertenece al gigante tecnológico de las letras de colorines, y que merece la pena pasarse a WordPress, aunque sea de pago. 

Dicen que las mejores cosas de esta vida son gratis, y yo no lo niego, pero es evidente que algunas otras cosas, tal vez la mayoría, sin son de pago, pues pueden resultar infinitamente superiores. No sé qué tal me va a ir con el tema de las visitas, pero desde luego en cuanto a diseño, Santa Madre, WordPress le pega un palizón a Blogger que no sabe ni de dónde le vienen las hostias. Desde luego, si tu único afán a la hora de tener una bitácora digital es compartir tus recetas con los compañeros del curro o comentar las maravillas de tu viaje a Machu Picchu para que lo lea tu cuñado, objetivos totalmente loables, quizá puedas apañarte a las mil maravillas con Blogger. Ahora, si, como es mi caso, buscas algún tipo de éxito en cuanto a visitas, ventas de libros, promociones o lo que sea, creo que estás tardando en salir corriendo hacia WordPress o algo similar, si existe, que no lo sé.

Un servidor enfrentándose a una
jauría de bots indopakistaníes

En mi caso, como ya he dicho, me he tirado quince años en Blogger y los resultados han sido bastante modestos, aunque probablemente no estén mal para un blog que habla sobre literatura y otros trastornos. Por ejemplo, he conseguido que 13 entradas tengan más de mil visitas, llegando a la loquísima cifra de treinta y cuatro mil para el artículo Los 50 mejores relatos de todos los tiempos. Supuestamente, desde que empecé he traspasado el cuarto de millón de visitas, y digo supuestamente porque sufro una cantidad considerable de tráfico basura generado por bots rusos, holandeses y singapurenses que de verdad no sé de qué coño van para qué sirven. Además no recibo más de dos comentarios al año. No lo sé, Rick...

Por otra parte, en todos estos años he generado con los anuncios de Google unos cuarenta euros (una media de 22 céntimos al mes) pero no los puedo cobrar hasta que junte 70, quizá centro de otros tres lustros o más. En fin, que, aunque es verdad que no me he dejado la vida en este blog, creo que los resultados podrían haber sido mucho mejores con una plataforma que funcionase de un modo más decente. 

Así pues, a partir de ahora andaré publicando también en WordPress, donde tendré al fin un blog con un nombre bonito, y en latín, no como este pobre al que le planté un título tan horripilante. Evidentemente, no voy a echar el cierre aquí, no soy gilipollas, creo. Además, el otro blog se va a ir nutriendo de los contenidos de este, especialmente de las entradas más exitosas. 

Espero que si todavía tengo algunos lectores reales y no son todos bots desalmados, tengan a bien acompañarme en esta nueva aventura y se pasen por VERBALATENTIA.COM (sí, punto com 😎) y se suscriban y compartan su contenido y me apoyen de la forma que consideren conveniente. 

Muchas gracias. 

13/3/24

Bukowski vs Camus

Camus, relato de Bukowski publicado
en la revista High Times
Cualquier gran aficionado a los textos de Charles Bukowski sabrá de sobra que su escritor predilecto fue, con mucho, John Fante. Sin embargo, Hank era aficionado a la prosa de algún que otro autor más, como Céline, Kanut Hamsung o Dostoievski. Pero, ¿qué podemos decir sobre la relación de Bukowski con la obra del premio nobel francés Albert Camus? Afortunadamente nuestro autor no se cortaba a la hora de tratar cuestiones literarias en sus escritos y podemos adentrarnos en ellos para explorar esta interesante cuestión. 

Para empezar, Bukowski escribió un relato titulado Camus que está recogido en su libro Hijo de Satanás y el cual por cierto yo incluí en mi lista de los diez mejores relatos de nuestro escritor maldito, allí podéis leer un pequeño comentario al respecto. En este relato, el protagonista, un viejo y borracho profesor de literatura, les dice a sus alumnos: «No os suspenderé si alguno de vosotros me dice el nombre de un escritor bastante bueno. El nombre deletreado al revés es «s-u-m-a-c». Curiosamente, el nombre del literato francés no vuelve a hacer acto de presencia, ni antes ni después de esa intervención, salvo en el título del relato, claro. Puede que haya alguna referencia más en el resto del texto, pero yo no la he captado. No soy un gran seguidor de la obra de Camus, solo he leído El extranjero y La peste, aunque ambos me fascinaron y quiero volver a leer el primero, así como probar con El mito de Sísifo

Hank también menciona muy de pasada a Camus en una estrambótica escena del relato El día que hablamos de James Thurber, recogido libro Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. El protagonista charla tranquilamente de literatura con una jovencita que le ha confundido con André Bretón justo después de que un jovencito le haya practicado una felatio sin mediar palabra. El narrador nos cuenta: «Luego me subí la cremallera y serví otros tres vinos. Seguimos simplemente allí sentados, hablando y bebiendo. No sé cuánto duró el asunto. Wendy tenía unas piernas maravillosas y unos tobillos finos y torneados que giraba constantemente como si tuviese fuego debajo o algo así. Conocían su literatura. Hablamos de varias cosas. Sherwood Anderson… Wines-burg, todo ese rollo. Dos. Camus. Los Granecs, los Dickeys, las Bronté; Balzac, Thurber, etc., etc».

Bella portada de la
edición francesa de
1961 de El extranjero
de Camus

El libro Música de cañerías contiene otros dos relatos donde Camus es mencionado. El primero, titulado Grita cuando te quemes, es un relato típico de Hank (alcohol, mujeres, literatura…) y en él se ofrece un comentario mucho más elaborado sobre Camus, de hecho, el título hace referencia a él, pues Bukowski consideraba que Camus sería del tipo de escritores que no gritaría al quemarse, es decir, de los que les falta sentimiento, supongo. El protagonista está tirado en la cama bebiendo whisky con agua y (h)ojeando un libro del escritor francés, Resistance, rebelión and death, del que no parece haber traducción al español, y el narrador ofrece esta reflexión: «Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del Hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable… su lenguaje… uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba». Un poco más tarde, mientras el protagonista bebe cervezas y mira por la ventana pasar a varias enfermeras, piensa: «Apuesto a que Camus nunca atisbó por las ventanas». El otro relato contenido en Música de cañerías que nos interesa se titula Una noche helada y también es un cuento bastante típico de nuestro autor, aunque contiene la peculiaridad de que tiene lugar un asesinato. La cuestión es que, mientras habla por teléfono con una chica, el protagonista, llamado Leslie, reflexiona que debería cortarle a esta el rollo como una guillotina y, entonces, piensa a través del estilo indirecto libre del narrador: «¿Quién había escrito aquel excelente ensayo sobre la guillotina? ¿Camus? Sí, Camus. Camus también era un plomo. Pero el ensayo sobre la guillotina y El extranjero eran excepcionales».

Edición turca de Escritos
de un viejo indecente

En Escritos de un viejo indecente, que no es propiamente un libro de relatos, sino una recopilación de los textos publicados por Bukowski en su columna semanal del periódico Open City, Camus es mencionado en varias ocasiones. Por ejemplo, Hank comenta que él no es del tipo de gente que está muy preocupada por la humanidad, como Camus, pues la mayor parte de la gente le repugna, pero que aun así no le gusta ver cómo los miserables se aprovechan de la tragedia . En otra columna, hablando de los escritores que no tienen calle, como podría decirse en términos actuales, comenta: «cuando Camus empezó a hacer discursos en las academias, murió su fuerza de escritor. Camus no empezó como orador, sino como escritor; no fue un accidente de automóvil lo que le mató, no». Por último, en otra columna, Bukowski ofrece un interesante párrafo que podría constituir un completo resumen de sus gustos literarios y que vale la pena reproducir: «en primer lugar, lee a Céline. el mejor escritor en dos mil años. incluye, por supuesto, EL EXTRANJERO de Camus. CRIMEN Y CASTIGO. LOS HERMANOS. Kafka entero. todas las obras del escritor desconocido John Fante. los cuentos cortos de Turgueniev. evita a Faulkner, Shakespeare y sobre todo a George Bernard Shaw, la fantasía más pomposa de todos los TIEMPOS, una auténtica mierda con conexiones políticas y literarias de lo más increíble. el único más joven que se me ocurre con carretera pavimentada delante y beso en el culo si hace falta fue Hemingway, pero la diferencia entre Hemingway y Shaw es que Hem escribió algunas cosas buenas al principio y Shaw escribió siempre mierda».

En el libro de diarios El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Hank menciona de nuevo muy brevemente a Camus al decir que antes los escritores eran más escritores, señalando que él mismo se coló en aquella época cuando publicaron un cuento suyo en una revista junto a textos de autores como Sartre y, tal vez, Camus, no lo recuerda porque alguien le robó su ejemplar. 

Dos veces aparece el nobel francés citado en el libro Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. La primera es en el texto de larguísimo título En defensa de cierta clase de poesía, cierta clase de vida, cierta clase de criatura llena de sangre que algún día morirá, donde Hank elabora una lista de artistas cuyas obras perdurarán a pesar del paso de los siglos y allí, junto a Matisse, Dostoievski o D. H. Lawrence, Bukowski sitúa a «Camus, por supuesto». Después, en ¿Deberíamos quemarle el culo al tío Sam? Bukowski vuelve a referirse al trágico final de Camus en estos términos: «Camus iba por ahí dando conferencias en las Academias hasta que el accidente de coche lo salvó de esa clase de vida». 

Por último, en La enfermedad de escribir, un volumen que recoge reflexiones sobre literatura seleccionadas de sus cartas, Bukowski ofrece otro interesante párrafo donde reflexiona sobre lo que para él es el mayor problema de la literatura, el cual sería: «que ha habido un abismo demasiado grande entre la literatura y la vida; quienes han creado literatura no han escrito sobre la vida y los que han vivido la vida han sido excluidos de la literatura. Por supuesto, ha habido avances en la historia de la humanidad: Dos[toievski], Céline, las primeras obras de Hemingway y Camus, los relatos de Turguéniev, Knut Hamsun y Hambre, Kafka, Gorki en su etapa prerrevolucionaria y algunos más…, pero la mayoría ha sido una auténtica bazofia, y desde 1955 la bazofia no ha hecho más que propagarse. Nos hemos tragado a un montón de gilipollas inútiles desde entonces, ahora ya nadie rompe moldes y apenas ha habido avances porque los buenos escritores escriben muy bien pero se parecen demasiado, así que estamos estancados… no hay GIGANTES».

En definitiva, podríamos concluir que Camus fue un escritor bastante apreciado por Bukowski, seguramente mucho más de lo que se suele pensar, habida cuenta de que lo menciona, al menos, en siete de sus libros, normalmente en términos elogiosos, situándolo como uno de los pocos escritores cuyas obras sobrevivirán al paso de los siglos. Sin embargo, cabría matizar que Hank admira esencialmente la obra del primer Camus, sobre todo El extranjero, tal vez por considerar que se trata de una literatura mucho más llena de vida que la que el escritor francés pudo haber ofrecido en etapas posteriores. Los admiradores de la obra nuestro querido escritor maldito estadounidense tal vez encuentren provechoso explorar las páginas de Albert Camus en busca de sabrosas conexiones literarias. 

29/12/23

Balance lector de 2023

Dos mil veintitrés ha entrado de lleno en el top cinco de los años más trascendentales de mi vida, junto a otros como mil novecientos ochenta y tres o dos mil dieciséis. Han sido doce meses que se han repartido en dos periodos muy diferentes y extremos. Hasta mediados de octubre, viví permanentemente con una inmensa nube de mierda encima de mi cabeza que descargaba y descargaba sobre mí sin ningún tipo de piedad; sin embargo, desde entonces hasta ahora las cosas han cambiado tanto que me siento como si estuviera en un sueño. Ahora bien, como este es un blog que trata, groso modo, de literatura, no voy a entrar a relatar peripecias personales relacionadas con la vida, la muerte o el amor, sino que me voy a centrar en lo que tenga más que ver con las bellas letras, en concreto, con mis lecturas, porque podría hablar también de proyectos y otras cuestiones, pero, bah, con las lecturas es suficiente. 

En 2023 he leído treinta y seis libros, que es bastante para lo que suele leer la gente, pero muy poco para los super lectores, una raza superior de seres humanos que descubrí el otro día y que me dejan totalmente en ridículo. Con respecto a mí, este año le he dado mucho a lo que llaman no ficción (20 libros), especialmente al desarrollo personal y a la teoría literaria. De la primera temática me resultaron altamente gratificantes Hábitos atómicos, Tus zonas erróneas o Invicto, y completamente decepcionantes Cómo hacer que te pasen cosas buenas y El sutil arte de que todo te importe una mierda; respecto al segundo ámbito, me pareció de gran interés y muy bien escrita la Teoría de la novela de García Viño y de amenísima y límpida lectura la Introducción a la literatura de Andrés Amorós, que debería ser obligatoria en la universidad. 

En cuanto a lo que podemos considerar literatura pura y dura, he leído, como es habitual en mí, poca poesía y poco teatro, aunque, eso sí, ¡qué poesía y qué teatro!: nada menos que las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, Platero y yo, de Juan Ramón y Luces de Bohemia, de Valle Inclán. Por otra parte, trece obras narrativas han pasado por mis manos, entre las que sobresale sin duda el delicioso ladrillaco Guerra y Paz, de chorrocientas mil páginas, seguido no muy de lejos por otro ladrillo bastante menor en tamaño, aunque muy disfrutable también, titulado La saga/fuga de JB, de Torrente Ballester. Los han acompañado obras como Aurora roja y Tormento, de los nunca decepcionantes Baroja y Galdós; Como Ánades, un librito de relatos lleno de pequeñas joyas literarias ambientadas en la pandemia escrito por mi escritor fetiche, Gonzalo Calcedo; y algunos hitos pendientes de la narrativa española del siglo XX como El fulgor y la sangre y Tiempo de silencio. Ah, joder, y las Ficciones de Borges, id todos ahora mismo a leer ese libro y después gozadlo buscando información sobre cada cuento. 

Las grandes decepciones en este campo han venido de la mano de tres mujeres, qué le vamos a hacer: Pájaros de América, de Loorie Moore, Al faro, de Virginia Wolf (nunca un libro tan breve se hizo tan interminable) y La habitación de Nona, de Cristina Fernández Cubas, del que dos relatos me parecieron magistrales obras maestras y, el resto, muy, muy, muy normalitos. 

Querría hacer una breve mención a La noche, de Andrés Bosch, para mí, sin duda, el descubrimiento del año, una maravillosa novela desconocida (a pesar de que ganó el premio Planeta) de un genial escritor español cruelmente olvidado, ninguneado e infravalorado por la crítica y el público, salvo por mí y por el gran Manuel García Viño, quien consideró a Andrés Bosch como uno de los mejores novelistas españoles del siglo XX. Os invito a leer el artículo homenaje que dediqué a la novela y a su autor.

Poco más puedo decir sobre mi balance lector de 2023. Probablemente en el año que entra siga una tendencia similar. Caerán fijo, al menos, un libro de Baroja y otro de Galdós, así como dos o tres grandes clásicos de las literaturas de otras lenguas, como Los miserables, Grandes esperanzas, Madame Bovary, Ana Karenina o Los hermanos Karamazov. Me gustaría mucho leer Historia de una escalera, respecto al teatro y una antología de San juan de la Cruz en lo referente a poesía. Y sé que continuaré dándole mucha caña al desarrollo personal y espiritual, con varias obras que tengo descargadas como Padre rico, padre pobre, 12 reglas para la vida o No puedes lastimarme. En cualquier caso, tampoco quiero planificar demasiado esta cuestión porque al final uno acaba abriendo las páginas del libro que más le hace remover los entresijos del alma. 

¡Feliz 2024!