9/6/24

Sí que era para tanto - Pólvora en salvas XVII

Poseo un par de títulos superiores en literatura, pero, aun así, no puedo evitar que el síndrome del impostor se apodere de mí cada vez que me dispongo a dar una turra sobre bellas letras. Imagínense entonces cómo se siento cuando me da por hablar de cine, un arte del que no tengo ni pajolera idea y del que apenas consumo dos o tres producciones al año, aunque hace tiempo sí que solía clavarme quince o veinte películas casi todos los meses. 

Esta vez no me ha quedado más remedio. Hoy he venido aquí a hablar sobre cine porque hace unos días, para bien o para mal, vi Martyrs (2008). Sabía de la existencia de esta cinta francesa porque en algún momento de la última década llegó a mis ojos algún perturbador fotograma que hizo que no quisiera saber más del asunto. Sin embargo, hace unos días, me dio por buscar en Internet información sobre Edwart Bryant, autor de un fantástico relato de zombis titulado Un triste último amor en el bar de los malditos, contenido en la maravillosa antología El libro de los muertos. Fue cuestión de un par de clics el que apareciese un enlace a algún contenido de la película Martyrs y fue cuestión de un par de segundos que un atávico y masoca sentimiento morboso me empujase a pinchar en él.

Desde ese momento vivo obsesionado con la película. Lo estoy incluso desde bastantes días antes de atreverme a verla. Antes incluso de aventurarme a mirar imágenes fijas en Google, puesto que me puse a leer reseñas en Filmaffinity y allí empezó la locura. Para empezar, me llamó la atención que tuviese una puntuación de 6.4, probablemente demasiado alta teniendo en cuenta que fue una película muy polémica debido a las devastadoras imágenes de violencia y tortura que pueblan su metraje, algo que llevaría a muchas personas a puntuar la obra con notas ínfimas simplemente por haber sufrido un daño brutal en su sensibilidad. Si resulta razonable pensar que la obra recibiría muchos ceros y tiene de media casi un notable, podemos concluir que quizás también ha logrado muchos dieces. Me inclino a pensar que no vivimos inmersos en una mayoría social conformada por sádicos, así pues, esta película tenía que ofrecer algo más que una colección de carnicerías. 

Después, la lectura de un buen puñado de reseñas no hizo más que disparar mi curiosidad porque, como era de esperar, se encontraban altamente polarizadas. Algunas personas calificaban la película de auténtica obra maestra del séptimo arte, mientras que otras decían que no se nos ocurriera verla, que nos iba a dejar destrozados. Me dio mucha pena una chica llamada Jimena que contaba cómo Martyrs la había hecho sentir. Creo que merece la pena transcribir algunos fragmentos: 

Es horrorosa, repugnante, odiosa, cruel hasta límites inimaginables...nunca me había pasado que una película me deje mal cuerpo, me haga tener pesadillas toda una noche, me deje sin fuerzas y me rompa el ánimo y el espíritu en dos.

Mi amiga se fue a casa sin mediar palabra, con los ojos brillantes, apaleada y torturada como yo. Nunca me había pasado que una escena destroce así el ambiente y el buen rollo entre dos personas que hasta ese momento estaban pasando un buen rato. "Lo siento" es lo único que acerté a decirle, ya que la película (en qué hora) la había elegido yo.

Nunca me había pasado que me levanto a la mañana siguiente y la vida me parece un poco más oscura y más triste y no me sale la risa tan fácil, pese a que en los Alpes brilla el sol y la ciudad irradia energía.

Tengo que reconocer que soy bastante cagueta para el cine de terror, a pesar de que, en principio, ni creo ni dejo de creer en cosas raras, y que por ello no soy muy dado a ese tipo de cine dentro de que ya soy poco dado al cine en general, pero no podía parar de pensar en la película. Despertaba mucho mi curiosidad, y no por el hecho de contemplar las escenas de violencia como si un servidor fuera un maldito perturbado, sino por conocer el argumento, el desarrollo de la acción, la motivación de esas personas que trataban tan brutalmente a sus víctimas y, como no terminaba de atreverme a ver la película, pero estaba absolutamente devorado por la intriga, decidí meterme en Wikipedia, donde se ofrece un resumen muy detallado del argumento.  

Ya conocía la esencia de la historia y las motivaciones de los malos, porque, sí, una de las grandes virtudes de Martyrs es que los malos no son (solo) unos psicópatas zumbados, sino que con sus brutales actos persiguen dar respuesta a una de las preguntas más inquietantes de la existencia, a saber, ¿qué hay después de la muerte? Sí, los malos de Martyrs conforman una sociedad secreta de hijos de puta convencidos de que las personas sometidas a martirio adquieren la facultad de echar un vistazo al más allá mientras todavía siguen vivos. Y esta sociedad secreta de hijos de puta no escatima en medios para lograr saciar su curiosidad. Nunca nadie llevó a la práctica de un modo tan extremadamente desgarrador la sentencia «el fin justifica los medios», aforismo de cabecera de todos los grandes sacos de mierda de la historia. 

Supongo que a nadie sorprenderá que la lectura del resumen, por muy completo que este fuere, no solo me supiese a poco, sino que más bien disparase mi curiosidad de forma inusitada. Pero como todavía me daba miedo tener pesadillas siniestras o que mi sensibilidad se viese demasiado destruida, decidí dar un paso intermedio entre leer el resumen y ver la película: buscar en YouTube. Allí descubrí un vídeo de trece minutos que contaba y mostraba lo esencial del film, el cual me dejó trastocado durante varios días. Finalmente, llegó un momento en que no pude soportar más la inquietud de la incertidumbre y el deseo loco de saciar mi curiosidad y me decidí a buscar la película por internet y verla de principio a fin. 

Cuando ante mí apareció el rótulo final que muestra la definición etimológica de mártir como testigo, hecho que contribuye a redondear la perfección de la cinta, y el plano acercándose a lo que queda de Anna, a su mirada perdida en lo incognoscible y el fundido a negro que da paso a los créditos finales, acompañados de preciosas imágenes de las dos protagonistas cuando tenían diez años jugando felices y despreocupadas en el orfanato mientras suena una de las piezas de la increíble banda sonora, entonces me dije a mí mismo algo como «bueno, no ha sido para tanto». Pensé en lo exagerada que es la gente y lo desproporcionados que me parecían algunos hechos como las arcadas, los vómitos y las ambulancias en las salas de cine, o el haber clasificado la película como +18 en Francia, algo que rara vez ocurre. Pero también me dije a mí mismo que aquella gente se sentó en la butaca sin saber muy bien a lo que iban a enfrentarse y que se tragaron sin anestesia toda la brutalidad de una de las películas más devastadoras que se hayan filmado. Probablemente si yo hubiera experimentado Martyrs de ese modo habría necesitado asistencia psicológica. 

Pero es que, además, yo estaba equivocado. La película sí que era para tanto, y solo pude ser consciente de ello con el paso de las horas y los días. Imagino que mi sistema nervioso, tan poco acostumbrado a semejantes estímulos, debió verse un poco sobrepasado y no me permitió asimilar adecuadamente todo lo que acababa de ver. Tuve la sensación de que realmente yo ya lo había visto todo en el resumen de YouTube, pero no, me había faltado mucho por ver, infinitos detalles de todo tipo que, con el transcurrir del tiempo, fueron asentándose poco a poco sobre mi alma, como una fina lluvia de un líquido muy denso, removiendo y cambiando mi interior y mi modo de percibir la existencia hasta el punto de que, desde entonces, todas las noches me duermo pensando en la cinta de Pascal Laugier.

Se podría decir que Mártires no es una película, sino dos. La primera posee un ritmo frenético, unas cantidades industriales de sangre, un terror de estilo sobrenatural y típico de películas orientales (mujeres en posturas anatómicamente imposibles y caras monstruosas que te dejan sin respiración) y se encuentra claramente protagonizada por Lucie (Mylène Jampanoï). La segunda película, que ocupa más o menos la última mitad del metraje, se encuentra, por su parte, claramente protagonizada por Anna (Morjana Alaoui) y ofrece un ritmo lentísimo, sin ningún tipo de susto diarreico, y un terror de un estilo mucho más psicológico y brutal, con un lenguaje artístico mucho más bello y elaborado, además de contener casi toda la carga filosófica o intelectual de la película. 

Siento decepcionar a quienes hayan llegado a este artículo buscando una explicación para el final, que es a mi modo de ver uno de los mejores de la historia del cine, porque aquí no va a encontrar nada en ese sentido. He leído un montón de teorías posibles y ninguna resulta convincente del todo. De hecho, es probable que la película realmente no pueda tener un final satisfactorio al cien por cien, ya que ni siquiera el propio director sabe lo que Anna le dijo a la hija de puta de Mademoiselle, pues quería dejarlo totalmente abierto para que cada espectador le buscase su propia explicación. Pero el problema es que todas las explicaciones tienen algún fallo. Ya sea que Anna le dijese a Mademoiselle que no había visto nada o que ha visto el cielo o el infierno o que ha visto lo indescriptible o lo incomprensible o lo incognoscible o le dijera que no pensaba contárselo o le dijera una mentira o incoherencias o le dijera cualquier cosa, por lo menos cualquiera de las que hasta ahora he leído o se me han ocurrido, siempre se podrá encontrar algún fallo, ya sea en la decisión que toma la vieja conchuda, en la conversación con el ayudante, en la duración de las palabras de Anna o en cualquier otro detalle. Y es que las cosas son así, puede que esta película no tenga un final con una explicación satisfactoria y que ese enigma tan cabrón sea lo que lo convierta en el mejor final de la historia del cine (o en uno de los mejores, no he visto todas las películas que se han grabado).

Pascal Laugier comentó en una entrevista muy jugosa que su película está ambientada en «un mundo moribundo, casi como un pre-apocalipsis, un mundo donde el mal triunfó hace mucho tiempo, donde las conciencias han muerto bajo el reinado del dinero y donde la gente pasa el tiempo haciéndose daño unos a otros». Estas palabras describen la realidad de la historia a la perfección. No hay más que ver el modo impasible en que los verdugos tratan a las víctimas, su ausencia total de empatía y piedad, de misericordia, o el comportamiento miserable de los miembros de la sociedad secreta, que son capaces de dormir tranquilos mientras sus víctimas sufren los peores tormentos imaginables. Por si fuera poco, este atajo de hijos de puta no escatima en cinismo, pues manifiestan una especie de veneración hacia Anna, diciendo que es una persona muy especial y que todos deben rezar una oración por ella, como si la pobre muchacha se hubiera sacrificado voluntariamente para satisfacer sus inquietudes existenciales.

¿Recomendaría yo ver esta película? La verdad es que esa es una pregunta complicada. ¿Me arrepiento de haberla visto? En absoluto. No me arrepiento, y eso que soy una persona extremadamente sensible para cuestiones relacionadas con la tortura y bastante cagueta en cuestiones relacionadas con la ficción de terror, pero no, no me arrepiento, porque esta es una película que te marca, que te cambia la vida, que te va a acompañar para siempre y porque creo que eso es, en definitiva, lo que hace a una verdadera obra de arte. 

Quiero concluir diciendo que todas las mujeres torturadas que aparecen en esta película, especialmente Anna, se han convertido para mí en personajes cuasi reales cuyo sufrimiento me causa dolor, así como frustración me genera el no poder ayudarlas, no poder consolarlas, no poder, de algún modo, acompañarlas en su martirio y en su soledad, en su tristísima y desgarradora soledad, y siendo consciente desde mi lado racional de que estoy hablando de personajes de ficción, algo dentro de mí me pide que reescriba la historia cambiando el final, de forma que un personaje, yo, por ejemplo, entre en esos lugares tenebrosos armado con un fusil de asalto y libere a esas pobres chicas de su condena. 

De verdad, daría lo que fuera por poder ayudarlas.

¿Alguien puede explicarme esta imagen? (mira las esposas)


8/5/24

Una nueva esperanza

No, no vengo a hablar del Episodio IV de Star Wars (¿por qué tradujeron el título como La guerra de las galaxias, cuando tendría que ser Guerras estelares? Joder, pero si en los primeros segundos ya dicen que todo se desarrolla en una galaxia muy lejana, no en varias, Dios mío), sino de mis guerras particulares contra la falta de éxito artístico. 

Y es que, después de más de quince años pelándome los dedos en la plataforma Blogger, he decidido abrir el chiringuito también en WordPress. Todo vino a raíz de leer el libro Escritor de éxito, el cual puede descargarse gratis enredando por Instagram. Aunque esta obra es un embudo de ventas para que contrates los servicios de la editorial del autor (¿qué no es hoy en día un embudo de ventas?) sí que es verdad que contiene un puñado de información valiosa. Lo más importante para mí fue saber que Blogger consigue muy mal posicionamiento en Google, a pesar de que pertenece al gigante tecnológico de las letras de colorines, y que merece la pena pasarse a WordPress, aunque sea de pago. 

Dicen que las mejores cosas de esta vida son gratis, y yo no lo niego, pero es evidente que algunas otras cosas, tal vez la mayoría, sin son de pago, pues pueden resultar infinitamente superiores. No sé qué tal me va a ir con el tema de las visitas, pero desde luego en cuanto a diseño, Santa Madre, WordPress le pega un palizón a Blogger que no sabe ni de dónde le vienen las hostias. Desde luego, si tu único afán a la hora de tener una bitácora digital es compartir tus recetas con los compañeros del curro o comentar las maravillas de tu viaje a Machu Picchu para que lo lea tu cuñado, objetivos totalmente loables, quizá puedas apañarte a las mil maravillas con Blogger. Ahora, si, como es mi caso, buscas algún tipo de éxito en cuanto a visitas, ventas de libros, promociones o lo que sea, creo que estás tardando en salir corriendo hacia WordPress o algo similar, si existe, que no lo sé.

Un servidor enfrentándose a una
jauría de bots indopakistaníes

En mi caso, como ya he dicho, me he tirado quince años en Blogger y los resultados han sido bastante modestos, aunque probablemente no estén mal para un blog que habla sobre literatura y otros trastornos. Por ejemplo, he conseguido que 13 entradas tengan más de mil visitas, llegando a la loquísima cifra de treinta y cuatro mil para el artículo Los 50 mejores relatos de todos los tiempos. Supuestamente, desde que empecé he traspasado el cuarto de millón de visitas, y digo supuestamente porque sufro una cantidad considerable de tráfico basura generado por bots rusos, holandeses y singapurenses que de verdad no sé de qué coño van para qué sirven. Además no recibo más de dos comentarios al año. No lo sé, Rick...

Por otra parte, en todos estos años he generado con los anuncios de Google unos cuarenta euros (una media de 22 céntimos al mes) pero no los puedo cobrar hasta que junte 70, quizá centro de otros tres lustros o más. En fin, que, aunque es verdad que no me he dejado la vida en este blog, creo que los resultados podrían haber sido mucho mejores con una plataforma que funcionase de un modo más decente. 

Así pues, a partir de ahora andaré publicando también en WordPress, donde tendré al fin un blog con un nombre bonito, y en latín, no como este pobre al que le planté un título tan horripilante. Evidentemente, no voy a echar el cierre aquí, no soy gilipollas, creo. Además, el otro blog se va a ir nutriendo de los contenidos de este, especialmente de las entradas más exitosas. 

Espero que si todavía tengo algunos lectores reales y no son todos bots desalmados, tengan a bien acompañarme en esta nueva aventura y se pasen por VERBALATENTIA.COM (sí, punto com 😎) y se suscriban y compartan su contenido y me apoyen de la forma que consideren conveniente. 

Muchas gracias. 

7/4/24

Siempre la misma historia - Pólvora en salvas XVI

Portada bastante guapa la de
esta joya descatalogada

Con el propósito de cosechar inspiración, he comenzado a leer un voluminoso libro titulado Antología del cuento norteamericano. La idea es estudiar a fondo las historias más interesantes, seleccionando de ellas algunos elementos narrativos con los que construir mis propios relatos, dando a dichos elementos un enfoque actual o llevándolos al absurdo o modificando algunas de sus características o aplicándoles cualquier otro cambio que se me pueda ocurrir. 

Esta técnica no es nueva y ya la he utilizado varias veces. Por ejemplo, el fogonazo creativo que me permitió escribir La muerte pública de Álvaro Cuervo vino simplemente de modificar con antónimos el título del cuento La vida secreta de Walter Mitty, de James Thurber. Pero no es solo que esta técnica no sea nueva, sino que probablemente venga siendo usada por los creadores de historias desde la noche de los tiempos. De hecho, si estás leyendo esto, probablemente hayas escuchado eso de que siempre se está contando la misma historia o que siempre se está escribiendo el mismo libro. Homero plasmó la estructura básica, que ya por entonces estaba muy lejos de ser novedosa, y todos los que vinieron después se limitaron a cambiar un poco los detalles. A este respecto, me ha gustado mucho un artículo que he encontrado informándome sobre ello, os lo dejo aquí (sí, les he plagiado el título). 

La cuestión es que el primer relato de la antología es un cuento fantástico, en las acepciones 2 y 4 del término que ofrece la RAE, titulado Rip van Winkle, del venerable señor Washington Irving, quien vivió en España de 1826 a 1829, trabó amistad con nuestra Cecilia Bolh de Faber y se enamoró profundamente de Granada, y que es más conocido por haber escrito La leyenda de Sleepy Hollow, llevada al cine por el gran Tim Burton. 

El regreso de Rip van Winkle
Estaba yo tan feliz imaginando una versión actualizada de esta historia formidable cuando empecé a ser consciente de que lo que venía a mi cabeza no eran ideas propias, sino lejanos recuerdos. Y es que, la esencia del cuento de Irving consiste en que <SPOILER> un hombre se queda dormido en el bosque y al regresar a su aldea descubre que han transcurrido veinte años </SPOILER>. ¿Dónde había yo visto algo parecido? Pues, para empezar, en un episodio de la mitiquísima serie Más allá del límite, en el que un hombre sufría un accidente de coche y, al regresar a casa, resultaba que habían pasado dos lustros, aunque él no había envejecido nada, pues desde su perspectiva solo habían transcurrido unas horas (en el cuento original el protagonista sí envejece veinte años). En este caso los culpables eran unos extraterrestres para los que no existía la noción del paso del tiempo y que no eran conscientes de que cada vez que enganchaban a este señor para vaya usted a saber qué, le estaban destrozando la vida. Me parece una vuelta de tuerca brutal al relato de Irving y, si os apetece ver el capítulo, podéis echarle un ojo en este enlace, pues algún héroe de las redes tuvo el detalle de colgarlo en Internet.

Pero este no fue, ni mucho menos el único caso. También vino a mi memoria un cuento de José María Merino que leí en su libro Historias del otro lugar. Antes tenía un ejemplar que recibí como premio en un concurso literario, pero acabé vendiéndolo por Wallapop, así que tuve que recurrir a la Biblioteca Secreta de Telegram (vivo al límite, lo sé) para releer la historia. Efectivamente, en un cuento titulado La noche más larga, Merino ofrece una actualización de Rip van Winkle ubicada en los recuerdos de un gallego que regresa a su pueblo y rememora la historia que, siendo joven, le narró un borracho conocido como El Samba, quien aseguraba que se quedó dormido en una casa habitada por tres mujeres y que despertó veinte años después. Me ha parecido una versión excesivamente deudora del original y el hecho de no incluir una triste nota al pie indicando la referencia me ha resultado, digamos, poco elegante. 

Además de esto, hace poco, viendo GEOS (muy recomendable si alguna vez necesitas un poco de motivación cuando te sientas cansado o tengas frío o pocas ganas de levantarte), me salió el tráiler de una película española titulada Salta, en la que un niño de 1989 se cae en un agujero de gusano y aparece en la actualidad, donde se encuentra con su hermano pequeño, que ahora es un adulto de unos treinta años. Esto también recuerda al cuento de Irving, aunque ahora se introduce un elemento propio de la ciencia-ficción, lo que me ha llevado a concluir que Rip Van Winkle podría considerarse una de las obras pioneras en explorar el género del viaje en el tiempo. Sí, no es lo mismo que Regreso al futuro, el viejo Rip no posee una máquina y no puede ir hacia atrás, pero pocas cosas puede haber más parecidas a viajar en el tiempo que quedarte dormido durante veinte años. 

Todavía he encontrado una historia más que se encuentra poderosamente influida por nuestro cuento. Es un episodio de la serie The Twilight Zone, se titula La travesura de Rip Van Winkle y su argumento gira en torno a un grupo de delincuentes que decide someterse a un sueño inducido de cien años para burlar la ley. Ah, y también tendríamos El dormilón de Woody Allen, que lo acabo de ver en la Wikipedia. 

Pero para sorpresa de… bueno, de nadie, resulta que el cuento de Irving tampoco es del todo original y en sus propias páginas se dice que es posible que la historia recuerde a la leyenda del emperador Federico Barbarroja, quien supuestamente no murió, sino que se encuentra durmiendo en una montaña a la espera de despertar para hacer que Alemania recupere su gloria imperial. Puede que Irving se inspirase en esta leyenda, o puede que lo hiciera en la de Los siete durmientes de Éfeso, en la historia japonesa de Urashima Tarō, o en el drama noruego de 1781 titulado Año 7603, o quizá en todas o tal vez en ninguna, qué más da, lo importante es que, al final, siempre estamos contando la misma historia y lo que tenemos que hacer es encontrar formas originales de volver a escribirla. 

15/3/24

Seiscientos lúmenes por metro cuadrado

La vi llegar liviana y resplandeciente,
acercándose hacia mí
como nubes iluminadas por la gracia divina. 

La vi llegar caminando entre los muros,
bajo los cielos abiertos,
sobre los campos de asfalto. 

La vi llegar y su visión conmovió mi alma. 

Mi alma, mi pobre alma fuliginosa,
lacerada por el devenir de los ciclos,
marchita como lirios rotos flotando en un charco. 

Mi alma, mi pobre alma quebrantada,
tan vacía, tan llorosa,
tan oscura como el fondo de la noche. 

Mi alma, la más lamentable de las sustancias,
la más apagada de las entidades,
un manojo de entrañas regurgitadas,
un ramillete de vísceras descompuestas. 

Mi alma, el error más atroz de la historia,
la más abominable de las maldiciones.

¿Queréis que os muestre mi alma?

Ahora deslumbra un poco.  


NOTA 1: El título de este poema hace referencia al nivel de iluminación que se da en el amanecer. Este dato permite identificar la aparición de la mujer descrita en el texto con la salida del sol, dos hechos que implicarían la desaparición de la oscuridad o las tinieblas, ya sea en el plano físico/natural o en el metafórico/emocional.  

NOTA 2: Este texto pertenece a mi poemario Lo peor. Puedes comprarlo aquí en e-book y aquí en papel para apoyar mi trabajo.

13/3/24

Bukowski vs Camus

Camus, relato de Bukowski publicado
en la revista High Times
Cualquier gran aficionado a los textos de Charles Bukowski sabrá de sobra que su escritor predilecto fue, con mucho, John Fante. Sin embargo, Hank era aficionado a la prosa de algún que otro autor más, como Céline, Kanut Hamsung o Dostoievski. Pero, ¿qué podemos decir sobre la relación de Bukowski con la obra del premio nobel francés Albert Camus? Afortunadamente nuestro autor no se cortaba a la hora de tratar cuestiones literarias en sus escritos y podemos adentrarnos en ellos para explorar esta interesante cuestión. 

Para empezar, Bukowski escribió un relato titulado Camus que está recogido en su libro Hijo de Satanás y el cual por cierto yo incluí en mi lista de los diez mejores relatos de nuestro escritor maldito, allí podéis leer un pequeño comentario al respecto. En este relato, el protagonista, un viejo y borracho profesor de literatura, les dice a sus alumnos: «No os suspenderé si alguno de vosotros me dice el nombre de un escritor bastante bueno. El nombre deletreado al revés es «s-u-m-a-c». Curiosamente, el nombre del literato francés no vuelve a hacer acto de presencia, ni antes ni después de esa intervención, salvo en el título del relato, claro. Puede que haya alguna referencia más en el resto del texto, pero yo no la he captado. No soy un gran seguidor de la obra de Camus, solo he leído El extranjero y La peste, aunque ambos me fascinaron y quiero volver a leer el primero, así como probar con El mito de Sísifo

Hank también menciona muy de pasada a Camus en una estrambótica escena del relato El día que hablamos de James Thurber, recogido libro Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. El protagonista charla tranquilamente de literatura con una jovencita que le ha confundido con André Bretón justo después de que un jovencito le haya practicado una felatio sin mediar palabra. El narrador nos cuenta: «Luego me subí la cremallera y serví otros tres vinos. Seguimos simplemente allí sentados, hablando y bebiendo. No sé cuánto duró el asunto. Wendy tenía unas piernas maravillosas y unos tobillos finos y torneados que giraba constantemente como si tuviese fuego debajo o algo así. Conocían su literatura. Hablamos de varias cosas. Sherwood Anderson… Wines-burg, todo ese rollo. Dos. Camus. Los Granecs, los Dickeys, las Bronté; Balzac, Thurber, etc., etc».

Bella portada de la
edición francesa de
1961 de El extranjero
de Camus

El libro Música de cañerías contiene otros dos relatos donde Camus es mencionado. El primero, titulado Grita cuando te quemes, es un relato típico de Hank (alcohol, mujeres, literatura…) y en él se ofrece un comentario mucho más elaborado sobre Camus, de hecho, el título hace referencia a él, pues Bukowski consideraba que Camus sería del tipo de escritores que no gritaría al quemarse, es decir, de los que les falta sentimiento, supongo. El protagonista está tirado en la cama bebiendo whisky con agua y (h)ojeando un libro del escritor francés, Resistance, rebelión and death, del que no parece haber traducción al español, y el narrador ofrece esta reflexión: «Camus hablaba de la angustia y el terror y de la miserable condición del Hombre, pero hablaba de ello de un modo tan florido y agradable… su lenguaje… uno tenía la sensación de que las cosas no le afectaban ni a él ni a su forma de escribir. En otras palabras, las cosas igual podrían ir sobre ruedas. Camus escribía como un hombre que acabara de darse una buena cena con bistec, patatas fritas y ensalada, todo regado con una botella de buen vino francés. Tal vez la humanidad sufriera; él no. Tal vez fuera un sabio, pero Henry prefería a alguien que chillara cuando se quemaba». Un poco más tarde, mientras el protagonista bebe cervezas y mira por la ventana pasar a varias enfermeras, piensa: «Apuesto a que Camus nunca atisbó por las ventanas». El otro relato contenido en Música de cañerías que nos interesa se titula Una noche helada y también es un cuento bastante típico de nuestro autor, aunque contiene la peculiaridad de que tiene lugar un asesinato. La cuestión es que, mientras habla por teléfono con una chica, el protagonista, llamado Leslie, reflexiona que debería cortarle a esta el rollo como una guillotina y, entonces, piensa a través del estilo indirecto libre del narrador: «¿Quién había escrito aquel excelente ensayo sobre la guillotina? ¿Camus? Sí, Camus. Camus también era un plomo. Pero el ensayo sobre la guillotina y El extranjero eran excepcionales».

Edición turca de Escritos
de un viejo indecente

En Escritos de un viejo indecente, que no es propiamente un libro de relatos, sino una recopilación de los textos publicados por Bukowski en su columna semanal del periódico Open City, Camus es mencionado en varias ocasiones. Por ejemplo, Hank comenta que él no es del tipo de gente que está muy preocupada por la humanidad, como Camus, pues la mayor parte de la gente le repugna, pero que aun así no le gusta ver cómo los miserables se aprovechan de la tragedia . En otra columna, hablando de los escritores que no tienen calle, como podría decirse en términos actuales, comenta: «cuando Camus empezó a hacer discursos en las academias, murió su fuerza de escritor. Camus no empezó como orador, sino como escritor; no fue un accidente de automóvil lo que le mató, no». Por último, en otra columna, Bukowski ofrece un interesante párrafo que podría constituir un completo resumen de sus gustos literarios y que vale la pena reproducir: «en primer lugar, lee a Céline. el mejor escritor en dos mil años. incluye, por supuesto, EL EXTRANJERO de Camus. CRIMEN Y CASTIGO. LOS HERMANOS. Kafka entero. todas las obras del escritor desconocido John Fante. los cuentos cortos de Turgueniev. evita a Faulkner, Shakespeare y sobre todo a George Bernard Shaw, la fantasía más pomposa de todos los TIEMPOS, una auténtica mierda con conexiones políticas y literarias de lo más increíble. el único más joven que se me ocurre con carretera pavimentada delante y beso en el culo si hace falta fue Hemingway, pero la diferencia entre Hemingway y Shaw es que Hem escribió algunas cosas buenas al principio y Shaw escribió siempre mierda».

En el libro de diarios El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, Hank menciona de nuevo muy brevemente a Camus al decir que antes los escritores eran más escritores, señalando que él mismo se coló en aquella época cuando publicaron un cuento suyo en una revista junto a textos de autores como Sartre y, tal vez, Camus, no lo recuerda porque alguien le robó su ejemplar. 

Dos veces aparece el nobel francés citado en el libro Fragmentos de un cuaderno manchado de vino. La primera es en el texto de larguísimo título En defensa de cierta clase de poesía, cierta clase de vida, cierta clase de criatura llena de sangre que algún día morirá, donde Hank elabora una lista de artistas cuyas obras perdurarán a pesar del paso de los siglos y allí, junto a Matisse, Dostoievski o D. H. Lawrence, Bukowski sitúa a «Camus, por supuesto». Después, en ¿Deberíamos quemarle el culo al tío Sam? Bukowski vuelve a referirse al trágico final de Camus en estos términos: «Camus iba por ahí dando conferencias en las Academias hasta que el accidente de coche lo salvó de esa clase de vida». 

Por último, en La enfermedad de escribir, un volumen que recoge reflexiones sobre literatura seleccionadas de sus cartas, Bukowski ofrece otro interesante párrafo donde reflexiona sobre lo que para él es el mayor problema de la literatura, el cual sería: «que ha habido un abismo demasiado grande entre la literatura y la vida; quienes han creado literatura no han escrito sobre la vida y los que han vivido la vida han sido excluidos de la literatura. Por supuesto, ha habido avances en la historia de la humanidad: Dos[toievski], Céline, las primeras obras de Hemingway y Camus, los relatos de Turguéniev, Knut Hamsun y Hambre, Kafka, Gorki en su etapa prerrevolucionaria y algunos más…, pero la mayoría ha sido una auténtica bazofia, y desde 1955 la bazofia no ha hecho más que propagarse. Nos hemos tragado a un montón de gilipollas inútiles desde entonces, ahora ya nadie rompe moldes y apenas ha habido avances porque los buenos escritores escriben muy bien pero se parecen demasiado, así que estamos estancados… no hay GIGANTES».

En definitiva, podríamos concluir que Camus fue un escritor bastante apreciado por Bukowski, seguramente mucho más de lo que se suele pensar, habida cuenta de que lo menciona, al menos, en siete de sus libros, normalmente en términos elogiosos, situándolo como uno de los pocos escritores cuyas obras sobrevivirán al paso de los siglos. Sin embargo, cabría matizar que Hank admira esencialmente la obra del primer Camus, sobre todo El extranjero, tal vez por considerar que se trata de una literatura mucho más llena de vida que la que el escritor francés pudo haber ofrecido en etapas posteriores. Los admiradores de la obra nuestro querido escritor maldito estadounidense tal vez encuentren provechoso explorar las páginas de Albert Camus en busca de sabrosas conexiones literarias. 

24/2/24

Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto. Mi nuevo libro.

Acaba de ver la luz mi enésima aventura por los mundos de la autopublicación, un librito de algo más de cien páginas titulado Pulsaciones, 99 microrrelatos de infarto

Podéis comprarlo en papel por 7.50 euros pinchando en este enlace o en e-book por 2,69 euros pinchando en este otro enlace, pero tengo una sorpresa muy especial para vosotros.

Si queréis echar un vistazo, podéis descargaros totalmente gratis una muestra del libro con material inédito pinchando en este enlace. Pero no solo es una muestra gratuita, es que este documento ofrece la posibilidad de leer el libro entero gratis. Sí, sí, no os estoy engañando, en la muestra explico un modo sencillo de leer todo el libro Pulsaciones de forma gratuita. No perdéis nada por echar un vistazo, creo. 

Si consideráis que la lectura de Pulsaciones ha merecido la pena, os generaría un montón de karma positivo que le dejaseis alguna valoración/reseña poderosa en la página de Amazon y/o que se lo recomendéis a vuestros allegados. Muchas gracias por vuestra atención.