12/10/15

Boj

Aquella noche tuve uno de los sueños más inquietantes de mi vida. Yo estaba en la sala de espera de un misterioso edificio con baldosines hexagonales en las paredes. El ambiente se encontraba saturado de una tensión agobiante. De pronto, un agitado enfermero decía: «Que pase el siguiente, por favor, dense prisa». Al parecer era mi turno. En la consulta había un enclenque doctor, calvo y con barba, acompañado por un enorme gato negro con los ojos muy grandes y abiertos. El médico me preguntaba si era tal persona y yo le decía que no, que me había servido de engaños para poder llegar hasta allí, pues estaba muy enfermo. Entonces el gato empezaba a gruñir y a erizar el pelo. «Eso no le ha gustado a Boj» decía el médico. El felino se acercaba hasta la mesa del doctor y éste comenzaba a hablarle en algún extraño idioma de matices eslavos. El gato estaba cada vez más alterado. El doctor levantaba un folio que se translucía ante mí. En él empezaban a perfilarse unas letras. Entonces yo recordaba el procedimiento. La gente enferma acudía a esa consulta y el gato Boj decidía su destino entre tres opciones: la sanación, la locura o la muerte. El médico se reía mientras continuaba hablando con el gato y las letras de la palabra LOCURA terminaban de formarse en el papel. Cuando desperté, estaba golpeándome la cabeza contra algo blando. Sí, sí, era una pared, una pared acolchada, y estuve gritando, gritando, gritando, pero nadie vino a ayudarme…

Esta historia forma parte de mi libro PULSACIONES, 99 MICRORRELATOS DE INFARTO. Puedes comprarlo en este enlace


16/6/15

Somos el fruto del amor

Y aquí estamos
todos

con un montón
de espadas de
Damocles

―la muerte, el dolor,
la pérdida…―

pendiendo
sobre
nuestras cabezas.


10/6/15

Éntomos

He visto hembras de una extraña especie de abejas que nacen bajo tierra, en madrigueras individuales excavadas por sus madres en el suelo ardiente del desierto. Lo que se encuentran al asomarse al exterior por primera vez en sus efímeras vidas es una banda de machos enloquecidos y violentos que pelean a muerte entre sí por aparearse con ellas. Las pobres hembras son arrastradas de pronto hacia el centro de una lucha encarnizada en la que todos los machos intentan alejarlas de las garras de los demás. Algunas de ellas acaban con sus blancas cabezas arrancadas del cuerpo. Cuando todo termina no queda ningún macho vivo. Las hembras que han sobrevivido empiezan a excavar los túneles donde depositarán los huevos de los que nacerá la nueva generación destinada a sufrir y perpetuar esta masacre.

He visto a una chinche que cuida de sus crías, las cuales parecen un racimo de tomates cherry. Se pasa horas buscando frutos para sus bebés pero cuando encuentra el adecuado, otra chinche se lo roba. Cansados de esperar, sus hijos abandonan el nido. Cuando regresa a su hogar, descubre que se ha quedado sola y que ha fracasado en su misión. Pero el drama no termina aquí. Los pequeños prófugos se unen al nido de la chinche ladrona. Ésta los acepta sin poner ninguna objeción, pero tendrá que trabajar el doble para alimentar a su prole multiplicada. Al final, el esfuerzo extra la lleva a morir de agotamiento y los tomatitos cherrys se dan con ella un último festín antes de empezar su vida adulta.

He visto al llamado escarabajo de Darwin, que escala árboles de veinticinco metros de altura en busca de una hembra y que tiene dos monstruosas mandíbulas más largas que su propio cuerpo. Por el camino pelea con otros machos. El vencedor levanta a sus adversarios con sus mandíbulas y los arroja al vacío. Cuando por fin alcanza a la hembra, la obliga a copular y en cuanto acaba, la tira del árbol como ha hecho con los otros machos. 

Y también he visto millones de mariposas cubriendo juntas toda la superficie de un gigantesco árbol después de emigrar tres mil kilómetros y hormigas que cultivan hongos para alimentarse; y he podido ver moscas que caminan bajo las aguas de un mar envenenado de sal y escarabajos que se defienden lanzando chorros de ácido hirviendo.

Existen doscientos cincuenta millones de insectos por cada ser humano. Si se pusieran de acuerdo, nos exterminarían en lo que tarda un caballito del diablo en escapar de una telaraña. La gente dice que se duerme viendo los documentales de la 2, pero yo no sé si podré pegar ojo esta noche.



19/5/15

Una vez más

Es ese niño con la cara deforme
del que os hablé.

Lo veo desde mi ventana mientras
se dirige a la parada del autobús,
con su enorme mochila Adidas y
su lata de Coca-Cola.

Nada en su cara es lo que cabría esperar.

Nada se encuentra exactamente en su sitio.

Es un niño grande y
parece bastante fuerte.

Camina erguido, orgulloso,
mirando a la gente
con arrogancia.

No quiere nuestra compasión.

Él sabe mejor que nadie
lo inhumana que puede llegar
a ser la vida.

Él se ríe de nosotros.

Se mea sobre nuestros
problemas de mierda.

Lleva diez  o doce años en este mundo.

Diez o doce años siendo un monstruo.

Lo único que quiere de ti es
que cojas tu compasión
y te la metas por el culo.

Él ya sabe que nunca gustará
a ninguna niña.

Que apenas se
atreverán a mirarlo a la cara.

Ya lo tiene asumido.

Pero igualmente sabe
que no volverá a permitir
que se burlen de él.

Me lo imagino en el
despacho del director,
una vez más,
con la ropa manchada
de polvo y de sangre,
los nudillos amoratados
y una sonrisa victoriosa
en su boca desordenada.

Así es exactamente
como intuyo, o como creo,
o como espero que sean
las cosas cada vez que
lo veo desde mi ventana
caminando erguido
y orgulloso hacia la
parada del autobús.



3/2/15

En la oscuridad

Puedo ver las estrellas
y puedo ver el mar;
y la gente destruyéndose,
los niños envejeciendo
y el viento agitando
la basura de las calles.

Puedo ver las arrugas
naciendo en mi cara
y puedo ver las canas
creciendo en mi cabeza;
y el miedo
en hospitales e iglesias,
las ratas corriendo
entre los coches
y las gotas de lluvia
estrellándose contra el asfalto.

Puedo ver un futuro
que no existe
y puedo ver un tiempo
de segundos que no pasan;
y la sangre de los inocentes
en bandejas de poliestireno,
los vehículos invadiendo
mi barrio por las mañanas
y las portadas de todos los libros
que leeré este año.

Pero, por encima de todo,
puedo verte cada vez
que me refugio
en la oscuridad
de mis párpados cerrados,
en cada rincón
de mi atormentada memoria
y en cada lágrima que tu ausencia
me arranca de los ojos.