10/5/19

Finalista en certamen de poesía

Anoche me enteré de que uno de mis poemas ha quedado finalista en el VIII Certamen Nacional de Poesía ASEAPO (Asociación Española de Amigos de la Poesía). El día 1 de junio se hará público el resultado definitivo y podré saber si he ganado el primer premio (o si he quedado segundo o tercero o entre el cuarto y el décimo puesto). Sea como fuere, he de decir que me siento muy orgulloso y esto se debe a dos motivos principales:
  • El primero es que llevaba mucho tiempo sin alcanzar ningún logro en el ámbito de la poesía. De hecho, desde que fui finalista en un certamen poético hace diez años, jamás había vuelto conseguir nada reseñable. La literatura es para mí, entre otras cosas, una frustración. Soy un escritor frustrado, un quiero y no puedo, un proyecto fallido, aunque no me resigno a ello y trabajo muchas horas al día para revertir la situación. Pues bien, dentro de ese maremágnum de rabia, de impotencia, de -a veces- envidia insana, de -a veces- "mejor me dedico a otra cosa", la poesía ocupa un lugar privilegiado, por lo que cualquier avance en mis capacidades líricas resulta muy satisfactorio y contribuye sobremanera a mi sosiego existencial. 
  • El segundo es que mi poema se aparta por completo de la línea hegemónica que sigue la llamada poesía pop tardoadolescente, término acuñado por el poeta y ensayista Martín Rodríguez-Gaona, una poesía que, según el autor, se caracteriza “por trabajar un lirismo primario, una sentimentalidad extrema, malditismo canalla y conflictos sociales pos 15-M”. Es decir, todo aquello de lo que querría alejarme a la hora de elaborar mi literatura, aunque reconozco que en el pasado yo también me he dejado seducir muchas veces por ese tipo de recursos facilones y populacheros. 
¿Y cómo es mi poema? Lo primero que puede llamar la atención sería su forma, pues está compuesto en octavas reales, una estrofa de origen renacentista formada por ocho versos endecasílabos que riman en consonante siguiendo el esquema ABABABCC, la cual me tenía fascinado por su elegancia y suntuosidad desde que leí la Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora. Hace unos meses, cuando nos mandaron en la universidad El diablo mundo de Espronceda, ya no pude seguir resistiéndome a componer mi propio poema en octavas reales. 

El segundo aspecto en el que mi obra se aleja de la poesía millennial, como también la llaman, es en su contenido, pues se basa en un desolador pesimismo de corte romántico (primera acepción del DLE) influido por las ideas de Emil Cioran y la lectura de las Noches Lúgubres de Cadalso. No hay amor, no hay procacidades envueltas en ternura, no hay filosofía de taza de Mr. Wonderful. Lo único que ofrece mi poema es la más barroca y completa angustia existencial. Y me alegra que este tipo de poesía, que quizá ya no vuelva a componer, pueda tener un hueco en el panorama actual, aunque sea así de pequeño. 



24/4/19

Breve repaso por el cine de Alice Guy

Alice Guy fue una pionera del séptimo arte que dirigió la primera película narrativa de la historia, además de influir en figuras como George Melies, sentar las bases del montaje, del uso de efectos especiales, del color, del tratamiento de géneros como el western o la ciencia-ficción, así como de la coordinación entre el cinematógrafo y el magnetófono, adelantando lo que sería el cine sonoro e incluso el videoclip. Es por todo ello por lo que se la considera la madre del cine, a pesar de haber sido injustamente relegada al olvido durante décadas, empezando a reconocerse su trascendencia mucho después de su muerte. Llevó a cabo la dirección y producción de entre seiscientas y mil películas, de las que, según IMBd, nos han llegado unos 76 títulos. A continuación, veremos algunos de los más relevantes.  

La Fée aux Choux (1896). Este cortometraje posee méritos como ser la primera película narrativa de la historia, así como la primera adaptación, pues se basa en un cuento popular francés en el que se dice que los niños varones nacen de coles y las niñas de rosas. La película tuvo dos remakes en 1900 y 1902. El original de 1896 se encuentra perdido. 


Bataille de boules de neige (1896). Cortometraje sin apenas trama en el que se ve a numerosas personas participar en una batalla de bolas de nieve. 

Esmeralda (1905). Adaptación del clásico de Víctor Hugo El jorobado de Notre-Dame. 

Espagne (1905). Fascinante documental de diez minutos en que Guy nos deleita con bellos planos circulares de distintas localizaciones en Madrid (Puerta del Sol, Paseo del Prado-Cibeles, Palacio Real, un poblado), Granada (donde se ve a la propia directora rodeada de un grupo de niños), Sevilla y Barcelona. La cinta concluye con unos bailes flamencos ejecutados por un grupo de hombres y mujeres vestidos de toreros y gitanillas, con la particularidad de mostrar imagen en color. 


Les Résultats du féminisme (1906). Película de seis minutos que está ambientada en el año 2000, por lo que podemos considerarla ciencia-ficción especulativa, tal vez la primera de este género en la historia. Se nos muestra una sociedad en la que los roles de género se han invertido, mostrando hombres afeminados que realizan las tareas del hogar y mujeres masculinizadas y agresivas que acuden a los cafés a leer el periódico. El trasfondo de crítica social se hace evidente en cada escena. En esta fecha, ya se habían publicado algunos otros títulos pioneros del cine, como Le voyage dans la lune de George Méliès o The Great Train Robbery de Edwin S. Porter.

The Birth, the Life and the Death of Christ (1906). Cinta de treinta minutos, una duración considerable, que se tiene por la primera superproducción de la historia, pues contó con 25 decorados y más de 300 extras. 

Greater Love Hath No Man (1911). Este cortometraje fue producido por la Solax Company, fundada un año antes por Guy y su esposo en Estados Unidos. Vemos cómo las tramas van adquiriendo complejidad. En esta ocasión, presenciamos una historia de amor en plena fiebre del oro, motines de los mineros o conspiraciones homicidas. 

Algie, the Miner (1912). Los diez minutos de esta película sirven para narrar la historia de Algie, un hombre afeminado que es enviado al oeste para endurecerse. Después de un tiempo sufriendo burlas y dificultades, Algie regresa a su lugar de origen como un hombre rico y rudo, lo que nos muestra cómo Guy había ido desarrollando la destreza de crear personajes más complejos que evolucionan a lo largo de la trama. 

Falling Leaves (1912). Basada en un relato de O´Henry, narra la tierna historia de un niño que, para evitar la muerte de su hermana, empieza a atar las hojas de los árboles a sus ramas, pues ha tomado de forma literal la aseveración del médico, que dijo que la joven moriría cuando cayese la última hoja (es decir, con la llegada del invierno). La película fue elogiada por la crítica, que alabó su delicadeza y naturalidad. 


Making a American Citizen (1912). Esta película de 16 minutos se presentó como un drama educativo. Trata el tema de la inmigración con mensaje feminista. Pretendía concienciar a los inmigrantes de la Europa del Este, que llegaban al Nuevo Mundo con valores patriarcales obsoletos para la realidad de Estados Unidos. 

A Fool and His Money (1912). Esta película, cuyo argumento gira en torno a personas que se hacen ricas y cambian de forma de vida, tiene la particularidad de ser la primera producción protagonizada por actores negros. Fue recuperada gracias a que alguien la encontró en un mercadillo. Hubo que restaurarla fotograma a fotograma. 

The Pit and the Pendulum (1913). Adaptación del famoso cuento de Edgar Allan Poe, a la que Guy añadió bastante material narrativo propio. La crítica quedó impresionada por las imágenes terroríficas mostradas, como la escena en la que se ven ratas reales moviéndose sobre un cuerpo humano. 

The Shooting of Dan McGrew (1915). Basada en un poema de Herbert Blaché, este western dramático narra la historia de un minero que empieza a contar sus penas al piano de un salón y acaba batiéndose en duelo con un forajido que le ha cogido ojeriza a causa de su historia. Nos encontramos ya ante un largometraje de cinco carretes, lo que supone una duración aproximada de una hora y cuarto. En estas fechas ya se habían estrenado hitos de la historia del cine como Les vampires, de Louis Feuillade o The Birth of a Nation, de David W. Griffith. Intolerance vería la luz al año siguiente. 

The Vampire (1915). Protagonizada por Olga Petrova, la cinta muestra las vivencias de una mujer a la que llaman “La Vampira” por su capacidad para seducir a los hombres y utilizarlos. Las tornas cambian cuando ella queda profundamente enamorada de un diplomático estadounidense. 

The Ocean Waif (1916). Mediometraje de unos 40 minutos en el que se nos cuentan las desventuras de una mujer que es tratada como una esclava por el hombre que la adoptó siendo niña. La protagonista se enamorará de un escritor con el que huirá, comenzando una vida llena de dificultades. Como es habitual en el cine de Guy, vemos de nuevo una historia protagonizada por una mujer y con enfoque de crítica y denuncia social. 

The Great Adventure (1918). Protagonizada por Bessie Love, actriz que lograría una nominación a los Oscars en 1929, narra las aventuras de una artista aficionada que logra un cierto éxito local pero que sueña con el estrellato en los musicales de Broadway, donde consigue un papel importante. Esta película tiene una duración aproximada de una hora y cuarenta y cinco minutos, una medida acorde con el cine moderno, ya muy alejada de sus primeros cortometrajes. 

Por desgracia, tras 24 años en activo, Alice Guy vio llegar el fin de su carrera en 1922. Abandonada por su marido, vendió Solax y regresó a Francia. Intentó sin éxito reivindicar la autoría de sus películas, que se habían atribuido a sus directores de fotografía. Murió en 1968 sin haber recibido ningún reconocimiento por su trabajo. Solo en tiempos recientes, su nombre ha regresado a las páginas de la historia del cine, lugar del que nunca debió salir, pues fue ella misma quien empezó a escribirlas.

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BIBLIOGRAFÍA
  • CANTÓ, P. (2017). «El cine lo inventó una feminista: Alice Guy». El confidencial. Consultado el 19 de marzo de 2019. https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2017-09-02/invento-el-cine-alice-guy-melies-lumiere-feminista_1437198/ 
  • EL PERIÓDICO (2017). «Alice Guy, la olvidada madre del cine». El Periódico. Consultado el 18 de marzo de 2019. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20170323/alice-guy-primera-directora-historia-cine-5919755 
  • IMBD. «Alice Guy». Consultado el 18 de marzo de 2019: https://www.imdb.com/name/nm0349785/
  • REDONDO, R. (2018). «Espagne (Alice Guy)». Cine Maldito. Consultado el 19 de marzo de 2019: https://www.cinemaldito.com/espagne-alice-guy/ 
  • WIKIPEDIA. «Alice Guy-Blaché». Consultado el 18 de marzo de 2019. https://en.wikipedia.org/wiki/Alice_Guy-Blach%C3%A9 

21/4/19

Diez sobrecogedores fragmentos de 'Hijos de la ira'

Presentación

Dámaso Alonso

Dámaso Alonso generó un gran impacto con la publicación de Hijos de la ira (1944), considera la obra cumbre de la poesía desarraigada. En sus versos se aprecia una fuerte influencia del existencialismo y un profundo sentimiento religioso. Sin llegar a la crítica social que predominaría en los años cincuenta, el autor se alejó drasticamente de la poesía triunfalista y connivente afín al régimen, presentando un mundo desolado en el que el individuo cae presa del pesimismo y de la más absoluta agonía existencial. He seleccionado diez de los fragmentos más destacables, aunque recomiendo vivamente leer el libro completo, ya que considero que no tiene desperdicio. 

Por cierto, Dámaso Alonso fue esposo de Eulalia Galvarriato, una escritora injustamente olvidada e infravalorada, de la cual hemos hablado en este artículo. 

Fragmentos sobrecogedores de Hijos de la ira

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo. 
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches? 

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Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro,
cabalgando en las rojas melenas del ocaso, 
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.

---

Ah, nosotros somos un horror de salas interiores en cavernas sin fin,
una agonía de enterrados que se despiertan a la media noche,
un fluir subterráneo, una pesadilla de agua negra por entre minas de carbón,
de triste agua, surcada por la más tórpidas lampreas,
nosotros somos un vaho de muerte,
un lúgubre concierto de lejanísimos cárabos, de agoreras zumayas, de los más secretos autillos.
Nosotros somos como horrendas ciudades que hubieran siempre vivido en black-out,
siempre desgarradas por los aullidos súbitos de las sirenas fatídicas.
Nosotros somos una masa fungácea y tentacular, que avanza en la tiniebla a horrendos tentones,
monstruosas, tristes, enlutadas amebas.

---

Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?
Ah, ¿qué habéis visto en ese instante del encontronazo con el
camión gris de la muerte?
No sé si cielos lejanísimos de desvaídas estrellas, de lentos
cometas solitarios hacia la torpe nebulosa inicial,
no sé si un infinito de nieves, donde hay un rastro de sangre, una
huella de sangre inacabable,
ni si el frenético color de una inmensa orquesta convulsa cuando
se descuajan los orbes,
ni si acaso la gran violeta que esparció por el mundo la tristeza
como un largo perfume de enero,
ay, no sé si habéis visto los ojos profundos, la faz impenetrable.

---

Ella recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara
de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables
margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y
esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.

---

A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.

---

Fino, fino,
iba creciendo y en largos arcos se irradiaba.
Proyectaba raíces, que, invasoras,
se hincaban en la carne,
desviaban, crujiendo, los tendones,
perforaban, sin astillar, los obstinados huesos, durísimos
y de él surgía todo un cielo de ramas
oscilantes y aéreas,
como un sauce juvenil bajo el viento,
ahora iluminado, ahora torvo,
según los galgos-nubes galopan sobre el campo
en la mañana primaveral.

---

Y estaban verdes, amarillos y de color de dátil, de color de tierra seca los insectos,
ocultos, sepultos, fuera de los insectos y dentro de mi carne,
dentro de los insectos y fuera de mi alma,
disfrazados de insectos.
Y con ojos que se reían y con caras que se reían y patas,
y patas que no se reían, estaban los insectos metálicos
royendo, royendo y royendo mi alma, la pobre,
zumbando y royendo el cadáver de mi alma que no zumbaba y que no roía,
royendo y zumbando mi alma, la pobre, que no zumbaba, eso no, pero que al fin roía, roía dulcemente,
royendo y royendo ese mundo metálico y estos insectos metálicos que me están royendo el mundo de pequeños insectos,
que me están royendo el mundo y mi alma,
que me están royendo mi alma toda hecha de pequeños insectos metálicos, que me están royendo el mundo, mi alma, mi alma,
ah!, los insectos,
ah!, los p... insectos. 

---

Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia. 
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo, 
y una ramera de solicitaciones mi alma, 
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al príncipe, 
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano, 
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes, 
que ya ha olvidado las palabras de amor, 
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada. 
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo, 
y el perro del mendigo arroja al muladar. 
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria, 
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios, 
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre, 
mírame, 
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha, 
yo soy el excremento del can sarnoso, 
el zapato sin suela en el carnero del camposanto, 
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra, 
y donde casi ni escarban las gallinas. 

---

Ah, pobre Dámaso, 
tú, el más miserable, tú el último de los seres,
tú, que con tu fealdad y con el oscuro turbión de tu desorden,
perturbas la sedeña armonía
del mundo,
dime,
ahora que ya se acerca tu momento
(porque no hay ni un presagio que ya en ti no se haya cumplido)
ahora que subirás al Padre,
silencioso y veloz como el alcohol bermejo en los termómetros,
¿cómo has de ir con tus manos estériles?
¿qué le dirás cuando en silencio te pregunte qué has hecho?



13/4/19

10 años blogueando: lo mejor de Cochambre Literaria

Hoy, 13 de abril de 2019, este blog cumple diez años. No parece una cifra descomunal, pero os aseguro que para alguien tan inconstante como yo resulta un entrañable motivo de alegría. Recuerdo que inicié este proyecto -bautizándolo con tan infortunado nombre- con el objetivo de obligarme a escribir. Quería practicar, llevar a cabo muchos intentos de historias que sabía que no iban a valer la pena, pero que iría publicando aquí para poder comprobar mis progresos y para que los visitantes me diesen su opinión sobre aquellos aspectos en los que podía mejorar. Los buenos textos, cuando llegasen,  irían a otra parte, a libros, a concursos... aquí solo habría sitio para la cochambre. La verdad es que ahora mismo me resulta una idea un poco tonta, pero por entonces parecía tener sentido. La cuestión es que, al final, esto se convirtió en un blog de escritor normal y corriente. Casi nadie comentaba nada y yo me dedicaba a publicar relatos y poemas que tampoco me parecían tan malos. Luego vinieron las listas de libros, los trabajos de la universidad reciclados, el canal de Youtube... y así hasta hoy. 

En estos años he mejorado muchísimo, lo cual no es especialmente meritorio, ya que partía de un nivel nefasto, aunque tampoco vamos a dejarnos caer en la falsa modestia. La verdad es que he trabajado con ganas, he rellenado muchas páginas con historias que jamás pensé que se me podrían ocurrir, he estado tres años estudiando duro en la universidad, he ganado algunos concursos y me han publicado mi primera novela. Tengo motivos para estar contento y también los tengo para seguir adelante. 

Ante tan redonda efeméride había pensado en ofrecer algo especial, una sorpresa, pero es que no tengo mucho tiempo y, además, ¿qué clase de sorpresa se puede dar desde un desconocido blog de escritor? Todo lo que esté por debajo de una fiesta quedaría muy pobre, y yo, de momento, no me puedo permitir semejantes derroches. Así pues, nada especial, nada sorprendente, un pequeño auto-homenaje en la línea de lo que se suele ver por aquí, una lista con las diez mejores publicaciones de Cochambre Literaria. (¡Feliz cumpleaños, mi querido blog!)

En el callejón: este microrrelato de género negro cuenta con el honor de ser el primer post que publiqué. Ahí podéis ver su fecha de nacimiento, 13-4-09. La verdad es que ha sufrido varios retoques, pues el original adolecía de numerosos fallos de principiante. No es una obra maestra, pero nadie podrá quitarle su papel de pionero.

Canción descuartizada: este torpe poemilla tiene la particularidad de haber supuesto la única ocasión en que he alcanzado algún logro en concursos de poesía, quedando finalista en un certamen celebrado en Alcobendas. Desde entonces, nada, aunque ahora escribo poemas mucho mejores. Cosas del mundo de las letras (actualización: en 2019 quedé tercero en un concurso de poesía). 

17 pasos para escribir y vender una historia de ciencia-ficción: traducción libre que me marqué y que se convirtió en mi primera publicación "viralizada", como yo las llamo. En la actualidad tiene unas 18.000 visitas y es la tercera más popular del blog. 

Algunos comentarios sobre el "lenguaje inclusivo": aquí me aventuré a transitar un terreno pantanoso, a tocar un tema candente y polémico sobre el que todo el mundo habla sin saber siquiera lo que significa "género no marcado", pues es algo que ocurre con la lingüística, que todos nos sentimos legitimados a opinar, independientemente de nuestros conocimientos. Yo, sin ser un experto, me decidí a redactar estas líneas después de dos años estudiando lengua y habiendo asistido a un curso de verano de la UNED titulado "El sexismo lingüístico: ¿apariencia o realidad?", organizado por profesoras de la universidad que se declaraban feministas. Al contrario de lo que pudiera pensarse, mis ideas respecto a este tema son básicamente las mismas que las ofrecidas en aquellas ponencias. 

Otro poema para mi gatita muerta: el título lo dice todo y creo que el poema me quedó lo bastante expresivo como para hacer innecesario añadir mucho mas. Como dije en la dedicatoria de mi novela, ella fue mi hija aunque tú no puedas entenderlo. 

El cuento del tatarabuelo: este es un relato muy especial para mí por dos motivos. El primero es que creo que me quedó muy gracioso, y escribir literatura de humor resulta bastante difícil. El segundo motivo es que constituye una clara evidencia de lo mucho que he mejorado. Y es que el origen de esta historia se encuentra en una versión anterior de hace seis o siete años, de un tiempo en el que mi prosa se hallaba todavía en un nivel muy precario. El año pasado decidí reescribirlo y, de verdad, si vierais la diferencia, no podríais creer que ambos pertenezcan a la misma persona. 

Dormir: si me conocéis, es probable que sepáis que uno de mis objetivos en la vida es ganar el Premio Herralde de novela porque quiero que me publiquen en Compactos Anagrama (me vale también que me publiquen sin ganar el premio, lo importante es ver mi nombre en uno de esos libritos de colores). Bien, este fue mi primer intento. Empecé con muchas ganas y llegué a escribir seis o siete capítulos, dándome cuenta finalmente de que no valía la pena seguir. Aún así, me pareció que este trozo merecía ser salvado de caer en el olvido eterno. 

Los cincuenta mejores relatos de todos los tiempos: si algo funciona, no lo toques. O, dicho de otro modo, si una traducción se te ha viralizado, prueba a hacer otra. La verdad es que me llevó mucho trabajo traducir, buscar todos los relatos en español, enlazarlos... Al final se convirtió en la entrada más popular del blog, contando con unas 25.000 visitas y recibiendo 300 nuevas cada mes. Si escribes en Google "los mejores relatos de todos los tiempos" o "los mejores relatos de la historia", te aparece esta entrada como primer resultado (haz la prueba y, ya de paso, pincha en el enlace ;) ).

Diagrama de flujo del amor: este es uno de los venazos que me suelen dar y que no pasan de ahí. Con mucho entusiasmo decidí que me iba a poner a crear humor gráfico para el blog, y el resultado fue esta única viñeta, que, eso sí, quedó muy chula. Sabiduría popular de la buena. 

Algunos comentarios sobre las Novelas a Marcia Leonarda: este es uno de los trabajos de la universidad que he reciclado para el blog. No es mi favorito, ni por su contenido, ni por la obra que trata, pero, si lo he elegido para figurar en esta lista que ya se acaba, y que no ha seguido orden ni concierto, es porque la profesora que me lo corrigió, además de ponerme un diez, me dijo que tenía calidad suficiente como para aparecer en alguna publicación académica, y claro, casi muero. 

Nada más por ahora, espero que os haya gustado, espero que os gusten las cosas que escribo y, si es así, espero poder seguir teniendo el honor de contar con vuestras preciadas visitas durante muchos, muchos, muchísimos años más. ¡Saludos!

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14/3/19

Algunos comentarios sobre las Novelas a Marcia Leonarda

LAS NOVELAS A MARCIA LEONARDA Y LA FIGURA DEL RECEPTOR FEMENINO

No destacan en las Novelas a Marcia Leonarda ni la verosimilitud ni la originalidad argumental de las historias. Sin embargo, sí que se mostró Lope bastante innovador en lo formal al construir la estructura narrativa pensando en su relación con Marta Nevares Santoyo, la cual se convierte en la receptora a la que el narrador se dirige en innumerables ocasiones a lo largo del desarrollo de las cuatro novelas breves. La intención va mucho más allá de una simple dedicatoria como la que ya le había brindado en la comedia La viuda valenciana. Según Wardropper (1983:182), no es que Lope le dedique las novelas a Marta, sino que más bien las escribe para ella, lo que da lugar a que “interrumpe frecuentemente su narración para hablar directamente con la dama. Mientras se desenvuelve la historia conversa con ella, bromea con ella, la lisonjea, la instruye, la galantea”. 

El volumen no tiene un origen unitario. En un principio, Marta le pidió a Lope que escribiese una novela para ella, demanda de la que surgió Las fortunas de Diana, publicada por primera vez en La Filomena. A la dama le gustó la obra y la siguiente petición fue un libro de novelas, escribiendo Lope La desdicha por la honra, La prudente venganza y Guzmán el Bravo, publicadas en La Circe. A pesar de ello, el conjunto muestra unidad gracias a elementos como los tipos de personajes, las peripecias y, sobre todo, la figura de Marcia Leonarda como narrataria. Es por ello por lo que podemos pensar que uno de los papeles (intencionado o no) que juega la figura del receptor femenino sería el de aportar unidad al conjunto de novelas. Sin embargo, opino que no sería su función más importante y que habría otras dos que sobresaldrían: por un lado, el deseo de Lope de diferenciar sus novelas de las escritas por Cervantes, que tanto éxito e influencia habían logrado y, por otro, manifestar, demostrar, poner en práctica el profundo amor que el literato sentía por Marta Nevares. 

Respecto al intento de alejarse de las novelas cervantinas, podemos transcribir las palabras de Agustín Redondo, citado en Carreño (2002: 36): “Lope inventa una fórmula original de novela que le permite diferenciarse de su gran rival”. En cuanto a planificar las narraciones como una especie de regalo o carta de amor, Wardropper (1983:183-185) comenta que “Lope muestra con toda naturalidad que su único propósito es divertir a su amada”, que la seduce por medio de técnicas directas e indirectas y que en estas novelas la “sutil y compleja declaración de amor es su función literaria principal”.  

Para llevar a cabo un análisis más profundo del papel de Marcia Leonarda como personaje literario (basado en Marta Nevares) que no interviene en la trama pero que juega el importantísimo rol de narrataria, debemos manejar el significado de algunos conceptos, los cuales se nos ofrecen en el estudio introductorio de Antonio Carreño a la edición de Cátedra de las Novelas a Marcia Leonarda. Tendríamos, pues: 
  • El autor, individuo real, en este caso Félix Lope de Vega, que escribe la obra; en el mismo plano también estarían los lectores, individuos igualmente reales, que en diferentes tiempos y localizaciones la han leído, la leen o la leerán. 
  • Por otro lado, nos encontramos con las figuras del autor implícito y el lector implícito, que sería el modo en que se proyecta el autor real en la obra y el modo en que proyecta a los lectores reales. 
  • Pero los elementos que más nos interesan son el del narrador y el narratario. El primero se podría entender como el personaje que narra los hechos (el Lázaro adulto del Lazarillo) y el segundo como el personaje al que se dirige el primero (Vuestra Merced, en la misma obra mencionada). 

Así pues, en estas novelas, es Marcia Leonarda la narrataria a la que se dirige el narrador (basado en el autor real) estableciéndose un diálogo, (o, quizá, más bien un monólogo o una relación epistolar de la que solo conoceríamos una parte) que marca el ritmo de la narración y que relega a un segundo plano el resto de los elementos, incluso las propias historias. Estas intervenciones del narrador son un recurso literario denominado “digresión” o excursus y a las que Lope se refirió en la propia obra como “cosas fuera de propósito” o intercolumnios.

Antonio Carreño clasifica las digresiones lopescas en instructivas, formularias, interpelativas, de ornamentación erudita, metanarrativas o moralizantes. Algunos ejemplos de estas digresiones serían: una reflexión sobre la comedia histórica, una extensa descripción de la ciudad de Constantinopla y su historia, o variados comentarios sobre temas tan dispares como la hipocresía de los hombres en sus relaciones con las mujeres, sobre el arte de novelar o sobre los escritores pedantes. 

La introducción a La desdicha por la honra constituiría un caso paradigmático de las digresiones que inundan toda la obra (aunque en esta ocasión no se trate de una interrupción de la narración, que es lo más habitual). Como vemos, el papel de la narrataria resulta fundamental desde las primeras palabras en las que el narrador se dirige a ella directamente como “vuestra merced”. Esta digresión le sirve a Lope para explicar el origen de sus novelas, para usar el tópico de la falsa modestia y para mencionar referentes de la antigüedad clásica (Homero y Virgilio) y personajes mitológicos (Leandro), demostrando así su erudición, y todo ello solo en el primer párrafo. En el siguiente, reflexiona sobre la evolución de la lengua, lo que le sirve también para incluir un pequeño cuento, técnica muy usada a la hora de seguir el principio horaciano prodesse et delectare. A continuación, nos encontramos con un fragmento clave, pues, a mi juicio, Lope se sirve del recurso de dar explicaciones a la narrataria para justificar la tónica general que los lectores van a encontrar en sus novelas, es decir, la constante interrupción de la narración. El narrador le explica a Marcia que si va a tachonar el texto con “cuanto se viniere a la pluma” es porque quiere lograr un estilo que no aburra a los menos instruidos ni parezca superficial a los más doctos. Añade que ello va en línea con su proceder en las comedias, que consiste en entretener al pueblo, lo que le sirve para mencionar que es una idea con la que estaba de acuerdo Aristóteles, lo que a su vez le da pie a plantear una implícita defensa de las lenguas vernáculas frente al latín, comentando que el estagirita no hablaba la lengua latina. Solo después de tan extenso y dispar conjunto de reflexiones, dedica Lope un par de líneas a hablar de la historia que está prologando. 

Así pues, queda bastante claro que el papel del personaje de la narrataria resulta fundamental en estas novelas y que no puede considerarse fruto de la improvisación o de la falta de destreza de Lope como prosista (de hecho, como veremos después, que Lope rebautice las digresiones y explique su función, demostraría que son consecuencia de la voluntad de estilo). Quizá no resultase descabellado, habida cuenta de todo lo dicho hasta ahora, que, además de narrataria, podamos considerar a Marcia Leonarda como la protagonista indiscutible de la obra en su conjunto.


COMENTARIO DE UN ARTÍCULO DE ANTONIO SÁNCHEZ JIMÉNEZ

En su artículo «La poética de la interrupción en las Novelas a Marcia Leonarda, en el proyecto narrativo de Lope de Vega», incluido en el libro Ficciones en la ficción: poéticas de la narración inserta (siglos XV-XVII), editado por Valentín Núñez Rivera, Antonio Sánchez Jiménez trata una de las principales particularidades de las Novelas a Marcia Leonarda: las digresiones, aspecto íntimamente ligado al papel de la narrataria, pues es la omnipresencia de esta lo que posibilita las frecuentes interrupciones en las que Lope divaga sobre innumerables temas. 

El texto comienza haciendo un repaso a las críticas negativas que estas novelas cosecharon por parte de un gran número de estudiosos, precisamente a causa de las constantes digresiones, habiendo recibido apelativos como “desafortunadas, inoportunas, malintencionadas, pedantes, insolentes y, en cualquier caso, molestas e insatisfactorias” (Sánchez, 2013:101).

A continuación, el autor analiza estas interrupciones o excursus, haciendo una tipología no demasiado exhaustiva pero sí adecuada, y deteniéndose en el carácter metaliterario de muchas de las digresiones, como cuando el narrador recuerda el principio de La Celestina o cuando informa a Marcia de que va a valerse de historias, fábulas, versos o lugares de autores para lograr un equilibrio entre el estilo grave y el desnudo. 

Sánchez inicia entonces su defensa de las Novelas a Marcia Leonarda. Dado que Lope rebautiza el recurso literario de la digresión como “intercolumnios” (se refiere a ellos también como “cosas fuera de propósito”) y que además reflexiona sobre sus funciones, que serían por un lado “paliar los efectos emocionales de la narración en la narrataria” (Ibid, 105) y, por otro “ahorrarse el esfuerzo de construir una escena de alta emotividad” (Ibid), entonces, quedaría demostrado que el enorme conjunto de digresiones incrustadas en las cuatro novelas no sería fruto de la improvisación, sino de una firme voluntad de estilo. Para reforzar esta tesis, el autor menciona la opinión positiva de varios académicos sobre las novelas lopescas y más en concreto sobre los intercolumnios, que pasan ahora a considerarse “la aportación más novedosa de Lope al arte narrativo y la esencia de su proyecto literario” (Ibid, 106). El resto del artículo es dedicado al análisis de la digresión en otras obras de Lope, como La Arcadia o La Dorotea, concluyendo que este recurso puede considerarse la “marca registrada” de la narrativa del gran literato madrileño.

A mi modo de ver, lo más destacable del presente trabajo es la consistente defensa que Antonio Sánchez lleva a cabo de las Novelas a Marcia Leonarda en general y de las digresiones que contienen en particular, al encuadrar estas últimas en el proyecto literario del escritor, no solo en la narrativa, sino también como parte fundamental de su poesía y su teatro, haciendo frente a la opinión de una buena parte de la élite académica. 




BIBLIOGRAFÍA
  • CARREÑO, A. y VEGA, L. (2002). Novelas a Marcia Leonarda. Madrid: Cátedra.
  • RICO, F. y WARDROPPER, B. (1983). Historia y crítica de la literatura española. Siglos de Oro: Barroco. Barcelona: Crítica.
  • SÁNCHEZ, A. (2013). «La poética de la interrupción en las Novelas a Marcia Leonarda, en el proyecto narrativo de Lope de Vega». Ficciones en la ficción: poéticas de la narración inserta (siglos XV-XVII), pp. 99-114.

11/3/19

Fragmentos sublimes de literatura en español

Presentación

Hace más de tres años, escribí una entrada en la cual mostraba una serie de párrafos que había ido recopilando con el paso del tiempo. Eran fragmentos en prosa de grandes figuras de la literatura universal, como Hemingway, Céline, o Bertrand Russell (aunque destacó como filósofo y matemático, también ganó el Nobel de Literatura), y otros escritores no tan grandes ni tan universales, pero que a mí me gustan, como Bukowski, qué le vamos a hacer. Aquellos memorables conjuntos de palabras tenían en común el hecho de haber generado en mí una potente sensación de placer estético, el suficiente como para verme obligado a releerlos y sacarles fotos, copiarlos en viejas libretas o llevar a cabo cualquier otra medida necesaria para que no acabasen desvanecidos en el abismo de mi desmemoria. 

Hace no mucho, me percaté de que, entre los seleccionados, no había un solo autor hispanohablante. Es normal que ahora me fije en estas cosas, pues soy un filólogo en ciernes, como también es normal que por aquel entonces, arrastrando prejuicios más extendidos de lo que sería deseable, no seleccionase a ningún compatriota (entendiendo patria como Camus la entendía, solo que con la lengua española en lugar de la francesa) pues yo, prácticamente, solo me paraba a leer literatura traducida. Por fortuna, aquella época pasó, las lecturas hispánicas entraron de lleno en mi vida y, poco a poco, fui llevando a cabo una bella recopilación similar a la anterior, dedicada en exclusiva a literatura escrita en nuestro querido idioma, y de la que espero disfrutéis intensamente.

grandes escritores hispanohablantes

Gertrudis Gómez de Avellaneda - Sab (1841)

Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda
El sol terrible de la zona tórrida se acercaba a su ocaso entre ondeantes nubes de púrpura y de plata, y sus últimos rayos, ya tibios y pálidos, vestían de un colorido melancólico los campos vírgenes de aquella joven naturaleza, cuya vigorosa y lozana vegetación parecía acoger con regocijo la brisa apacible de la tarde, que comenzaba a agitar las copas frondosas de los árboles agostados por el calor del día. Bandadas de golondrinas se cruzaban en todas direcciones buscando su albergue nocturno, y el verde papagayo con sus franjas de oro y de grana, el cao de un negro nítido y brillante, el carpintero real de férrea lengua y matizado plumaje, la alegre guacamaya, el ligero tomeguín, la tornasolada mariposa y otra infinidad de aves indígenas, posaban en las ramas del tamarindo y del mango aromático, rizando sus variadas plumas como para recoger en ellas el soplo consolador del aura.

Emilia Pardo Bazán - Los pazos de Ulloa (1887)

Los pazos de Ulloa Emilia Pardo Bazán
Diez años son una etapa, no sólo en la vida del individuo, sino en la de las naciones. Diez años comprenden un periodo de renovación: diez años rara vez corren en balde, y el que mira hacia atrás suele sorprenderse del camino que se anda en una década. Mas así como hay personas, hay lugares para los cuales es insensible el paso de una décima parte de siglo. Ahí están los Pazos de Ulloa, que no me dejarán mentir. La gran huronera, desafiando al tiempo, permanece tan pesada, tan sombría, tan adusta como siempre. Ninguna innovación útil o bella se nota en su mueblaje, en su huerto, en sus tierras de cultivo. Los lobos del escudo de armas no se han amansado; el pino no echa renuevos; las mismas ondas simétricas de agua petrificada bañan los estribos de la puente señorial.

Benito Pérez Galdós - Misericordia (1897)

Misericordia Galdós
Con ese mirar vago y distraído que es, en los momentos de intensa amargura, como un giro angustioso del alma sobre sí misma, veía pasar por una y otra banda del jardín gentes presurosas o indolentes. Unos llevaban un duro, otros iban a buscarlo. Pasaban cobradores del Banco con el taleguillo al hombro; carricoches con botellas de cerveza y gaseosa; carros fúnebres, en el cual era conducido al cementerio alguno a quien nada importaban ya los duros. En las tiendas entraban compradores que salían con paquetes. Mendigos haraposos importunaban a los señores. Con rápida visión, Benina pasó revista a los cajones de tanta tienda, a los distintos cuartos de todas las casas, a los bolsillos de todos los transeúntes bien vestidos, adquiriendo la certidumbre de que en ninguno de aquellos repliegues de la vida faltaba un duro. Después pensó que sería un paso muy salado que se presentase ella en la cercana casa de Céspedes diciendo que hicieran el favor de darle un duro, siquiera se lo diesen a préstamo. Seguramente, se reirían de tan absurda pretensión, y la pondrían bonitamente en la calle. Y no obstante, natural y justo parecía que en cualquier parte donde un duro no representaba más que un valor insignificante, se lo diesen a ella, para quien la tal suma era... como un átomo inmenso. Y si la ansiada moneda pasara de las manos que con otras muchas la poseían, a las suyas, no se notaría ninguna alteración sensible en la distribución de la riqueza, y todo seguiría lo mismo: los ricos, ricos; pobre ella, y pobres los demás de su condición. Pues siendo esto así, ¿por qué no venía a sus manos el duro? ¿Qué razón había para que veinte personas de las que pasaban no se privasen de un real, y para que estos veinte reales no pasaran por natural trasiego a sus manos? ¡Vaya con las cosas de este desarreglado mundo! La pobre Benina se contentaba con una gota de agua, y delante del estanque del Retiro no podía tenerla. Vamos a cuentas, cielo y tierra: ¿perdería algo el estanque del Retiro porque se sacara de él una gota de agua?

Pío Baroja - Camino de perfección (1901)

Camino de perfección Baroja
¡Qué vida! ¡Qué horrorosa vida! Cuando más se sufre, cuando los sentimientos son más intensos, se le encerraba al niño, y se le sometía a una tortura diaria, hipertrofiándole la memoria, oscureciéndole la inteligencia, matando todos los instintos naturales, hundiéndose en la oscuridad de la superstición, atemorizando su espíritu con las penas eternas... (...)

Era el colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la gran prensa laminadora de cerebros, la que arrancaba los sentimientos levantados de los corazones, la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida convenientemente idiotizados, fanatizados, embrutecidos; los buenos, tímidos, cobardes, torpes; los malos, hipócritas, embusteros, uniendo a la natural maldad, la adquirida perfidia, y todos, buenos y malos, sobrecogidos con la idea aplastante del pecado, que se cernía sobre ellos como una gran mariposa negra. 

Miguel de Unamuno - Niebla (1914)

Niebla Unamuno
Oyose un ligero rumor, como de paloma que arranca en vuelo, un ¡ah! breve y seco, y los ojos de Eugenia, en un rostro todo frescor de vida y sobre un cuerpo que no parecía pesar sobre el suelo, dieron como una nueva y misteriosa luz espiritual a la escena. Y Augusto se sintió tranquilo, enormemente tranquilo, clavado a su asiento y como si fuese una planta nacida en él, como algo vegetal, olvidado de sí, absorto en la misteriosa luz espiritual que de aquellos ojos irradiaba. 



Ramón María del Valle Inclán - La lámpara maravillosa (1916)

La lámpara maravillosa Valle Inclán
Toda mudanza substancial en los idiomas es una mudanza en las conciencias, y el alma colectiva de los pueblos, una creación del verbo más que de la raza. Las palabras imponen normas al pensamiento, lo encadenan, lo guían y le muestran caminos imprevistos, al modo de la rima. Los idiomas nos hacen, y nosotros los deshacemos. Ellos abren los ríos por donde han de ir las emigraciones de la Humanidad. Vuelan de tierra en tierra, unas veces entre rebaños y pastores; otras, en la púrpura sangrienta de un emperador; otras, renovando la dorada fábula de los Argonautas, sobre la vela de las naves, con sol y con viento del mar. En las alas con que volaron cuando eran invasoras se mantienen muchos siglos las maternas lenguas, y declinan de aquel vuelo originario cuando nace una nueva conciencia. El espíritu primitivo -pastoril, guerrero o mitológico- deja de animarlas, nace otro espíritu en ellas y abre círculos distintos. El encontrado batallar del alma humana agranda la cárcel de los idiomas, y a veces sus combates son tan recios, que la quiebra. Y a veces los idiomas son tan firmes en sus cercos, que nuestras pobres almas no hallan espacio para abrir las alas, y otras almas elegidas, místicas y sutiles, dado que puedan volar, no pueden expresar su vuelo. Los idiomas nos hacen, y nosotros hemos de deshacerlos. Triste destino el de aquellas razas enterradas en el castillo hermético de sus viejas lenguas, como las momias de las remotas dinastías egipcias, en la hueca sonoridad de las Pirámides. Tristes vosotros, hijos de la Loba Latina en la ribera de tantos mares, si vuestras liras no quebrantan todas las cadenas con que os aprisiona la tradición del Habla. ¡Y más triste el destino de vuestros nietos, si en lo porvenir no engendran dialectos suyos, ciclos de una nueva conciencia en la lengua de los Conquistadores! Al final de la Edad Media, bajo el arco triunfal del Renacimiento, estaba la sombra de Platón meditando ante el mar azul poblado de sirenas. ¿Qué sombra espera bajo los arcos del Sol al fin de Nuestra Edad?

Gabriel Miró - El obispo leproso (1926)

El obispo leproso Gabriel Miro
Verano de calinas y tolvaneras. Aletazos de poniente. Bochornos de humo. Tardes de nubes incendiadas, de nubes barrocas, desgajándose del azul del horizonte, glorificando los campanarios de Oleza. (...) Las hospederías, los obradores, las tiendas callaban con la misma modorra de sus dueños sentados a la puerta, cabeceando entre moscardas. Los árboles de los jardines, de la Glorieta, de los monasterios, hacían un estruendo de vendaval de otoño, o se estampaban inmóviles en los cielos, bullendo de cigarras como si se rajasen al sol. El río iba somero, abriéndose en deltas y médanos de fango, de bardomas, de carrizos; y por las tardes, muy pronto, reventaba un croar de balsa. Se pararon muchos molinos de pimentón y harina; y entraban las diligencias, dejando un vaho de tierras calientes, un olor de piel y collerones sudados. Verano ruin. No daba gozo el rosario de la Aurora y tronaba el rosario del anochecido. Fanales de velas amarillas alumbrando el viejo tisú de la manga parroquial; hileras de hombres y mujeres colgándoles los rosarios de sus dedos de difunto; capellanes y celadores guiando la plegaria; un remanso en la contemplación de cada misterio, y otra vez se desanillaban las cofradías y las luces por los ambages de las plazas, por los cantones, por las callejas, por las cuestas. 

Miguel Delibes - Las ratas (1962)

Las ratas delibes
Poco después de amanecer, el Nini se asomó a la boca de la cueva y contempló la nube de cuervos reunidos en concejo. Los tres chopos desmochados de la ribera, cubiertos de pajarracos, parecían tres paraguas cerrados con las puntas hacia el cielo. Las tierras bajas de don Antero, el Poderoso, negreaban en la distancia como una extensa tizonera.

La perra se enredó en las piernas del niño y él le acarició el lomo a contrapelo, con el sucio pie desnudo, sin mirarla; luego bostezó, estiró los brazos y levantó los ojos al lejano cielo arrasado:

—El tiempo se pone de helada, Fa. El domingo iremos a cazar ratas —dijo.

La perra agitó nerviosamente el rabo cercenado y fijó en el niño sus vivaces pupilas amarillentas. Los párpados de la perra estaban hinchados y sin pelo; los perros de su condición rara vez llegaban a adultos conservando los ojos; solían dejarlos entre la maleza del arroyo, acribillados por los abrojos, los zaragüelles y la corregüela.

Gabriel García Márquez - Cien años de soledad (1967)

Gabriel García Márquez - Cien años de soledad (1967)
Aureliano sonrió, la levantó por la cintura con las manos, como una maceta de begonias, y la tiró boca arriba en la cama. De un tirón brutal, la despojó de la túnica de baño antes de que ella tuviera tiempo de impedirlo, y se asomó al abismo de una desnudez recién lavada que no tenía un matiz de la piel, ni una veta de vellos, ni un lunar recóndito que él no hubiera imaginado en las tinieblas de otros cuartos. Amaranta Úrsula se defendía sinceramente, con astucias de hembra sabia, comadrejeando el escurridizo y flexible y fragante cuerpo de comadreja, mientras trataba de destroncarle los riñones con las rodillas y le alacraneaba la cara con las uñas, pero sin que él ni ella emitieran un suspiro que no pudiera confundirse con la respiración de alguien que contemplara el parsimonioso crepúsculo de abril por la ventana abierta. Era una lucha feroz, una batalla a muerte, que, sin embargo, parecía desprovista de toda violencia, porque estaba hecha de agresiones distorsionadas y evasivas espectrales, lentas, cautelosas, solemnes, de modo que entre una y otra había tiempo para que volvieran a florecer las petunias y Gastón olvidara sus sueños de aeronauta en el cuarto vecino, como si fueran amantes enemigos tratando de reconciliarse en el fondo de un estanque diáfano. En el fragor del encarnizado y ceremonioso forcejeo, Amaranta Úrsula comprendió que la meticulosidad de su silencio era tan irracional, que habría podido despertar las sospechas del marido contiguo, mucho más que los estrépitos de guerra que trataban de evitar. Entonces empezó a reír con los labios apretados, sin renunciar a la lucha, pero defendiéndose con mordiscos falsos y descomadrejeando el cuerpo poco a poco, hasta que ambos tuvieron conciencia de ser al mismo tiempo adversarios y cómplices, y la brega degeneró en un retozo convencional y las agresiones se volvieron caricias. De pronto, casi jugando, como una travesura más, Amaranta Úrsula descuidó la defensa, y cuando trató de reaccionar, asustada de lo que ella misma había hecho posible, ya era demasiado tarde. Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte. Apenas tuvo tiempo de estirar la mano y buscar a ciegas la toalla, y meterse una mordaza entre los dientes, para que no se le salieran los chillidos de gata que ya le estaban desgarrando las entrañas.

Luis Landero - Juegos de la edad tardía (1989)

Luis Landero - Juegos de la edad tardía (1989)
Inspirado en el eco de la última campanada, Gregorio se imaginó la agonía de un movimiento originariamente impetuoso. Vio morir las olas contra el faro, la calderilla postrera de una gran fortuna, el suspiro final de un alma apasionada, y no solo se negó a reconocer en esas visiones los síntomas precursores del presente, sino que retrocedió en el tiempo hasta encontrar a Aquiles detrás de la tortuga, y cuando a punto estaba ya de proclamar que el mundo era ilusión y solo ilusión, salió a la realidad con una tragantada de pánico.