- El primero es que llevaba mucho tiempo sin alcanzar ningún logro en el ámbito de la poesía. De hecho, desde que fui finalista en un certamen poético hace diez años, jamás había vuelto conseguir nada reseñable. La literatura es para mí, entre otras cosas, una frustración. Soy un escritor frustrado, un quiero y no puedo, un proyecto fallido, aunque no me resigno a ello y trabajo muchas horas al día para revertir la situación. Pues bien, dentro de ese maremágnum de rabia, de impotencia, de -a veces- envidia insana, de -a veces- "mejor me dedico a otra cosa", la poesía ocupa un lugar privilegiado, por lo que cualquier avance en mis capacidades líricas resulta muy satisfactorio y contribuye sobremanera a mi sosiego existencial.
- El segundo es que mi poema se aparta por completo de la línea hegemónica que sigue la llamada poesía pop tardoadolescente, término acuñado por el poeta y ensayista Martín Rodríguez-Gaona, una poesía que, según el autor, se caracteriza “por trabajar un lirismo primario, una sentimentalidad extrema, malditismo canalla y conflictos sociales pos 15-M”. Es decir, todo aquello de lo que querría alejarme a la hora de elaborar mi literatura, aunque reconozco que en el pasado yo también me he dejado seducir muchas veces por ese tipo de recursos facilones y populacheros.
10/5/19
Finalista en certamen de poesía
24/4/19
Breve repaso por el cine de Alice Guy
Les Résultats du féminisme (1906). Película de seis minutos que está ambientada en el año 2000, por lo que podemos considerarla ciencia-ficción especulativa, tal vez la primera de este género en la historia. Se nos muestra una sociedad en la que los roles de género se han invertido, mostrando hombres afeminados que realizan las tareas del hogar y mujeres masculinizadas y agresivas que acuden a los cafés a leer el periódico. El trasfondo de crítica social se hace evidente en cada escena. En esta fecha, ya se habían publicado algunos otros títulos pioneros del cine, como Le voyage dans la lune de George Méliès o The Great Train Robbery de Edwin S. Porter.
Making a American Citizen (1912). Esta película de 16 minutos se presentó como un drama educativo. Trata el tema de la inmigración con mensaje feminista. Pretendía concienciar a los inmigrantes de la Europa del Este, que llegaban al Nuevo Mundo con valores patriarcales obsoletos para la realidad de Estados Unidos.

- CANTÓ, P. (2017). «El cine lo inventó una feminista: Alice Guy». El confidencial. Consultado el 19 de marzo de 2019. https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2017-09-02/invento-el-cine-alice-guy-melies-lumiere-feminista_1437198/
- EL PERIÓDICO (2017). «Alice Guy, la olvidada madre del cine». El Periódico. Consultado el 18 de marzo de 2019. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20170323/alice-guy-primera-directora-historia-cine-5919755
- IMBD. «Alice Guy». Consultado el 18 de marzo de 2019: https://www.imdb.com/name/nm0349785/
- REDONDO, R. (2018). «Espagne (Alice Guy)». Cine Maldito. Consultado el 19 de marzo de 2019: https://www.cinemaldito.com/espagne-alice-guy/
- WIKIPEDIA. «Alice Guy-Blaché». Consultado el 18 de marzo de 2019. https://en.wikipedia.org/wiki/Alice_Guy-Blach%C3%A9
21/4/19
Diez sobrecogedores fragmentos de 'Hijos de la ira'
Presentación
Dámaso Alonso generó un gran impacto con la publicación de Hijos de la ira (1944), considera la obra cumbre de la poesía desarraigada. En sus versos se aprecia una fuerte influencia del existencialismo y un profundo sentimiento religioso. Sin llegar a la crítica social que predominaría en los años cincuenta, el autor se alejó drasticamente de la poesía triunfalista y connivente afín al régimen, presentando un mundo desolado en el que el individuo cae presa del pesimismo y de la más absoluta agonía existencial. He seleccionado diez de los fragmentos más destacables, aunque recomiendo vivamente leer el libro completo, ya que considero que no tiene desperdicio.
Por cierto, Dámaso Alonso fue esposo de Eulalia Galvarriato, una escritora injustamente olvidada e infravalorada, de la cual hemos hablado en este artículo.
Fragmentos sobrecogedores de Hijos de la ira
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid, por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro,
cabalgando en las rojas melenas del ocaso,
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.
---
Ah, nosotros somos un horror de salas interiores en cavernas sin fin,
una agonía de enterrados que se despiertan a la media noche,
un fluir subterráneo, una pesadilla de agua negra por entre minas de carbón,
de triste agua, surcada por la más tórpidas lampreas,
nosotros somos un vaho de muerte,
un lúgubre concierto de lejanísimos cárabos, de agoreras zumayas, de los más secretos autillos.
Nosotros somos como horrendas ciudades que hubieran siempre vivido en black-out,
siempre desgarradas por los aullidos súbitos de las sirenas fatídicas.
Nosotros somos una masa fungácea y tentacular, que avanza en la tiniebla a horrendos tentones,
monstruosas, tristes, enlutadas amebas.
---
Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?
Ah, ¿qué habéis visto en ese instante del encontronazo con el
camión gris de la muerte?
No sé si cielos lejanísimos de desvaídas estrellas, de lentos
cometas solitarios hacia la torpe nebulosa inicial,
no sé si un infinito de nieves, donde hay un rastro de sangre, una
huella de sangre inacabable,
ni si el frenético color de una inmensa orquesta convulsa cuando
se descuajan los orbes,
ni si acaso la gran violeta que esparció por el mundo la tristeza
como un largo perfume de enero,
ay, no sé si habéis visto los ojos profundos, la faz impenetrable.
---
Ella recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara
de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables
margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y
esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
---
A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.
---
Fino, fino,
iba creciendo y en largos arcos se irradiaba.
Proyectaba raíces, que, invasoras,
se hincaban en la carne,
desviaban, crujiendo, los tendones,
perforaban, sin astillar, los obstinados huesos, durísimos
y de él surgía todo un cielo de ramas
oscilantes y aéreas,
como un sauce juvenil bajo el viento,
ahora iluminado, ahora torvo,
según los galgos-nubes galopan sobre el campo
en la mañana primaveral.
---
Y estaban verdes, amarillos y de color de dátil, de color de tierra seca los insectos,
ocultos, sepultos, fuera de los insectos y dentro de mi carne,
dentro de los insectos y fuera de mi alma,
disfrazados de insectos.
Y con ojos que se reían y con caras que se reían y patas,
y patas que no se reían, estaban los insectos metálicos
royendo, royendo y royendo mi alma, la pobre,
zumbando y royendo el cadáver de mi alma que no zumbaba y que no roía,
royendo y zumbando mi alma, la pobre, que no zumbaba, eso no, pero que al fin roía, roía dulcemente,
royendo y royendo ese mundo metálico y estos insectos metálicos que me están royendo el mundo de pequeños insectos,
que me están royendo el mundo y mi alma,
que me están royendo mi alma toda hecha de pequeños insectos metálicos, que me están royendo el mundo, mi alma, mi alma,
ah!, los insectos,
ah!, los p... insectos.
---
Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os inficione mi
pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso
que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al
príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la
podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie
compra,
y donde casi ni escarban las gallinas.
---
Ah, pobre Dámaso,
tú, el más miserable, tú el último de los seres,
tú, que con tu fealdad y con el oscuro turbión de tu desorden,
perturbas la sedeña armonía
del mundo,
dime,
ahora que ya se acerca tu momento
(porque no hay ni un presagio que ya en ti no se haya cumplido)
ahora que subirás al Padre,
silencioso y veloz como el alcohol bermejo en los termómetros,
¿cómo has de ir con tus manos estériles?
¿qué le dirás cuando en silencio te pregunte qué has hecho?
13/4/19
10 años blogueando: lo mejor de Cochambre Literaria

14/3/19
Algunos comentarios sobre las Novelas a Marcia Leonarda
- El autor, individuo real, en este caso Félix Lope de Vega, que escribe la obra; en el mismo plano también estarían los lectores, individuos igualmente reales, que en diferentes tiempos y localizaciones la han leído, la leen o la leerán.
- Por otro lado, nos encontramos con las figuras del autor implícito y el lector implícito, que sería el modo en que se proyecta el autor real en la obra y el modo en que proyecta a los lectores reales.
- Pero los elementos que más nos interesan son el del narrador y el narratario. El primero se podría entender como el personaje que narra los hechos (el Lázaro adulto del Lazarillo) y el segundo como el personaje al que se dirige el primero (Vuestra Merced, en la misma obra mencionada).
- CARREÑO, A. y VEGA, L. (2002). Novelas a Marcia Leonarda. Madrid: Cátedra.
- RICO, F. y WARDROPPER, B. (1983). Historia y crítica de la literatura española. Siglos de Oro: Barroco. Barcelona: Crítica.
- SÁNCHEZ, A. (2013). «La poética de la interrupción en las Novelas a Marcia Leonarda, en el proyecto narrativo de Lope de Vega». Ficciones en la ficción: poéticas de la narración inserta (siglos XV-XVII), pp. 99-114.
11/3/19
Fragmentos sublimes de literatura en español
Presentación
Hace más de tres años, escribí una entrada en la cual mostraba una serie de párrafos que había ido recopilando con el paso del tiempo. Eran fragmentos en prosa de grandes figuras de la literatura universal, como Hemingway, Céline, o Bertrand Russell (aunque destacó como filósofo y matemático, también ganó el Nobel de Literatura), y otros escritores no tan grandes ni tan universales, pero que a mí me gustan, como Bukowski, qué le vamos a hacer. Aquellos memorables conjuntos de palabras tenían en común el hecho de haber generado en mí una potente sensación de placer estético, el suficiente como para verme obligado a releerlos y sacarles fotos, copiarlos en viejas libretas o llevar a cabo cualquier otra medida necesaria para que no acabasen desvanecidos en el abismo de mi desmemoria.
Hace no mucho, me percaté de que, entre los seleccionados, no había un solo autor hispanohablante. Es normal que ahora me fije en estas cosas, pues soy un filólogo en ciernes, como también es normal que por aquel entonces, arrastrando prejuicios más extendidos de lo que sería deseable, no seleccionase a ningún compatriota (entendiendo patria como Camus la entendía, solo que con la lengua española en lugar de la francesa) pues yo, prácticamente, solo me paraba a leer literatura traducida. Por fortuna, aquella época pasó, las lecturas hispánicas entraron de lleno en mi vida y, poco a poco, fui llevando a cabo una bella recopilación similar a la anterior, dedicada en exclusiva a literatura escrita en nuestro querido idioma, y de la que espero disfrutéis intensamente.
Gertrudis Gómez de Avellaneda - Sab (1841)
Emilia Pardo Bazán - Los pazos de Ulloa (1887)
Benito Pérez Galdós - Misericordia (1897)
Pío Baroja - Camino de perfección (1901)
Era el colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la gran prensa laminadora de cerebros, la que arrancaba los sentimientos levantados de los corazones, la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida convenientemente idiotizados, fanatizados, embrutecidos; los buenos, tímidos, cobardes, torpes; los malos, hipócritas, embusteros, uniendo a la natural maldad, la adquirida perfidia, y todos, buenos y malos, sobrecogidos con la idea aplastante del pecado, que se cernía sobre ellos como una gran mariposa negra.
Miguel de Unamuno - Niebla (1914)
Ramón María del Valle Inclán - La lámpara maravillosa (1916)
Gabriel Miró - El obispo leproso (1926)
Miguel Delibes - Las ratas (1962)
La perra se enredó en las piernas del niño y él le acarició el lomo a contrapelo, con el sucio pie desnudo, sin mirarla; luego bostezó, estiró los brazos y levantó los ojos al lejano cielo arrasado:
—El tiempo se pone de helada, Fa. El domingo iremos a cazar ratas —dijo.
La perra agitó nerviosamente el rabo cercenado y fijó en el niño sus vivaces pupilas amarillentas. Los párpados de la perra estaban hinchados y sin pelo; los perros de su condición rara vez llegaban a adultos conservando los ojos; solían dejarlos entre la maleza del arroyo, acribillados por los abrojos, los zaragüelles y la corregüela.












