7/10/26

La dignidad en ausencia de porvenir: sobre «Nunca me abandones», de Kazuo Ishiguro

Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, es una de esas novelas cuya grandeza resulta difícil de explicar sin correr el riesgo de despojarla justo de aquello que la hace extraordinaria. Aparentemente nos encontramos ante una historia de ciencia-ficción distópica, pero lo verdaderamente importante no son los avances científicos ni las peculiaridades de la sociedad que ambienta, sino algo mucho más antiguo y universal: la memoria, la amistad, el amor, la pérdida y la inexorable marcha del ser humano hacia la muerte.

La protagonista es Kathy, una mujer que, mediante el recuerdo, va reconstruyendo la historia de su vida y la de sus dos grandes amigos, Tommy y Ruth. Los tres crecieron en Hailsham, un internado aparentemente normal, tras cuyos muros se oculta una realidad horrible: los alumnos son clones creados con el propósito de convertirse en donantes de órganos y, llegado el momento, «completar» su destino.

Lo verdaderamente extraordinario es que Ishiguro podría haber construido con semejante premisa una novela de ciencia-ficción convencional, centrada en explicar el funcionamiento de ese mundo y en enfrentar a sus personajes con la sociedad que los oprime. Sin embargo, hace exactamente lo contrario. Apenas encontramos explicaciones y nunca asistimos a una rebelión. Kathy, Tommy y Ruth aceptan su destino con una naturalidad que resulta mucho más inquietante que cualquier distopía repleta de violencia. Saben lo que les espera y, pese a ello, continúan viviendo, enamorándose, discutiendo y aferrándose a sus pequeños recuerdos.

Si la novela fuese solamente una aterradora distopía, ya podría considerarse una obra notable. Lo que la convierte en algo mucho mayor es la forma sublime en que Ishiguro utiliza la memoria. Kathy no recuerda su pasado de manera ordenada, sino que salta continuamente de una época a otra, como hacemos todos cuando un lugar, una canción o un objeto despiertan un recuerdo. El pasado se convierte así en el único refugio posible frente a un futuro que conocemos desde el principio.

Nunca me abandones, en la que me ha parecido percibir resonancias de la película Mártires y del movimiento en defensa de los animales (véase el debate entre bienestarismo y abolicionismo), es, en definitiva, una novela bellísima, inquietante y profundamente triste. Una obra que empieza narrando la vida de clones donantes para terminar hablando de lo que significa ser humano, de la muerte y, paradójicamente, de la necesidad de vivir. Una de esas novelas que se leen con una especie de hipnosis y que, cuando van llegando al final, despiertan en el lector una sensación insólita y valiosísima: el deseo de que la historia no se termine nunca.

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