En esta entrada pretendo ofrecer a los visitantes una recopilación de los mejores memes relacionados con la literatura o los libros, tanto los que encuentre por internet como los que yo mismo haya creado. Espero que los disfruten (en construcción permanente).
25/1/26
16/1/26
«Enterrado vivo», de Eskorbuto: una interpretación más allá de lo siniestro
En este artículo exploramos una interpretación simbólica y reivindicativa de «Enterrado vivo», una de las canciones más oscuras de Eskorbuto. Más allá de la lectura literal evidente, analizamos cómo su letra puede denunciar la alienación, inmovilidad y sensación de estar muerto en vida en un contexto social.
Un tema recurrente con un lenguaje inesperado
Aparte de esto, hay otro elemento que sorprende desde la primera escucha: el lenguaje. A pesar de la crudeza del tema, la letra emplea un registro que se aleja del tono más bronco o vulgar del punk. Expresiones como «habré de morir», «a mi entorno nada vi» o «rodeaba todo mi ser» poseen una una construcción propia del lenguaje culto que siempre me ha llevado a sospechar que, al menos uno de los miembros del grupo, era aficionado a la lectura.
Todo ello, unido a la poderosa atmósfera de pesadilla que genera la combinación de la letra y la música, siempre ha hecho que Enterrado vivo sí que figure entre mi lista personal de canciones favoritas de la banda.
El enterramiento como metáfora de alienación social
Ahora bien, ¿y si Enterrado vivo no fuera solo —ni principalmente— una historia de terror clásico a lo Edgar Alan Poe? ¿Qué pasaría si, en lugar de una de las canciones más siniestras de Eskorbuto, estuviéramos ante una de las más reivindicativas?
La letra comienza con un despertar: «Aquel día me desperté». No es un detalle menor. El narrador no muere, no es enterrado de repente: despierta. Y al despertar descubre algo que ya estaba ahí. Oscuridad. Frío. Inmovilidad. La revelación no es el entierro, sino la conciencia del estado en el que se encuentra.
No puede oír. No puede mover los pies. No puede mover las manos. No puede hacer nada. No es difícil leer aquí la imagen de un individuo anulado, paralizado socialmente, incapaz de actuar, de expresarse o de transformar su entorno. Un sujeto al que se le ha robado la libertad antes incluso de que fuera consciente de ello.
La asfixia, el miedo a morir sin haber vivido, la certeza de que otros —los gusanos— ocuparán su lugar, pueden entenderse como una metáfora brutal de la deshumanización. De una vida reducida a supervivencia. De un sistema que entierra a las personas bajo expectativas, normas, precariedad o resignación, mientras les deja creer que siguen respirando.
En este sentido, Enterrado vivo puede leerse como el momento exacto en el que alguien se da cuenta de que ya estaba muerto en vida. No hay épica, no hay salvación, no hay salida heroica. Solo la constatación tardía. Y ahí reside su fuerza reivindicativa: no denuncia desde el discurso, sino desde la experiencia más íntima.
Interpretar, no imponer
Por supuesto, nada de esto significa que esta sea la interpretación correcta de la canción, ni que sus autores pretendieran transmitir nada de lo que aquí se ha expuesto. La hermenéutica funciona así: los textos se abren, dialogan con quien los escucha y permiten lecturas distintas siempre que estén bien argumentadas.
Pero quizá por eso Enterrado vivo sigue sonando y resonando para muchas personas. Porque más allá del ataúd y de la tierra, quizás hable de algo bastante más cotidiano: de despertar un día y comprender que llevas años sin poder moverte.
Y eso, en el fondo, es una de las formas más aterradoras de seguir vivo.
11/1/26
Nanorrelatos fantásticos
2/1/26
Balance lector de 2025
Este ha sido para mí el año del relato. Y es que, a finales de 2024 y a raíz de la lectura de los Nueve cuentos de Salinger, recuperé la ilusión por la escritura creativa y me propuse el reto de concebir un libro de relatos a lo largo de 2025, algo que no he logrado, aunque sí he podido componer unas once historias, entre las que hay dos o tres de las que me siento altamente orgulloso. La cuestión es que, para buscar inspiración y empaparme bien del género en el que quería dar lo mejor de mí, tomé la decisión de leer principalmente libros de relatos, a poder ser de grandes maestros. Y así lo hice.
El número de libros que he leído este año ha sido de 26 (una cifra bastante modesta, aunque he mejorado mi marca de 2024 en una unidad y supero con creces a la media nacional, que supuestamente se sitúa en 10 libros al año). De estos, la friolera de 22 han sido libros de relatos. Solo he leído una novela en todo el año, La balada del café triste, de Carlson McCullers, muy buena, por cierto, cortita y con un triángulo amoroso de lo más original. También han caído tres libros de desarrollo personal, de los que solo destacaría Domina tus emociones, muy útil y práctico para hacerte la vida menos cuesta arriba.Con respecto a los libros de relatos, ha destacado enormemente Alice Munro, grandísima escritora y terrible persona de la que he leído nada menos que cinco obras. Podría destacar Danza de las sombras o Escapada, pero es que todos me parecen formidables, no tiene un solo relato que no posea una especie de magia que va haciendo que te diluyas en la historia hasta no querer salir de allí.
Altísimamente recomendables me parecieron En nuestro tiempo, de Hemingway, porque por algo fue un maestro de maestros; Treinta cuentos y una balada, de Francisco Umbral, por su legendaria prosa poética y por ser muy inspirador, ya que gracias a él escribí dos relatos; y, sobre todo, la más increíble sorpresa que viví este año, el Manual para señoras de la limpieza, de Lucia Berlin, un volumen repleto de relatos de los que te dejan señales permanentes en el alma.
Quiero hacer una breve mención a las principales decepciones. A Los colores del adiós hasta le dediqué un artículo, por lo que no comentaré nada. Los Siete cuentos misóginos de Patricia Highsmith me aburrieron. Chicos y chicas de Soledad Puértolas me dejó frío en general. Y, por último, Aquí empieza nuestra historia, de Tobias Wolff, me resultó agridulce, pues tiene relatos inolvidables, como Cazadores en la nieve, quizá uno de los diez mejores que yo haya leído en mi vida, pero también muchos otros de su etapa reciente que me causaron una profunda decepción, probablemente por encontrarse envenenados de corrección política.Para terminar, decir que he leído tres antologías de cuentos entre las que, como es lógico, se encuentra uno de todo. Me gustó mucho un relato de José María Sánchez Silva, el autor de Marcelino, pan y vino, y otro de Giovannino Guareschi, el autor de la saga de Don Camilo. De ambos trataré este año de leer algo más.
Aparte de esto, para 2026 me he propuesto atacar grandes obras de la literatura universal que tengo pendientes desde hace siglos, como Los hermanos Karamazov (ya lo llevo por la mitad), La Divina Comedia o Los miserables, aunque esto no será óbice para reservarles su sitio a mis compadres habituales, véase Gonzalo Calcedo, Charles Bukowski, Alice Munro, Pío Baroja o Benito Pérez Galdós.
¡Feliz año lector!
25/12/25
Cómo bloquear la pornografía de una vez por todas - Pólvora en salvas XIX
El porno de hoy en día no tiene mucho que ver con el de antaño. En mis tiempos púberes, nos dábamos con un canto en los dientes si de vez en cuando caía en nuestras manos una revista guarra o alguna película que alguien hubiera grabado furtivamente del mítico Canal Plus. Lo que ocurre, es que aquella manera clandestina, limitada y, en cierto modo, inocua, de consumir contenidos pornográficos, ya no existe. Los varones del presente comienzan a zambullirse en el océano de la lujuria visual a edades cada vez más tempranas y lo hacen de un modo repentino, radical, de cero a cien en un segundo. Los grandes portales pornográficos ofrecen a los usuarios una cantidad de material virtualmente infinita, no siendo menos inmensa la variedad de dicho contenido, el cual aparece clasificado en un universo de categorías que resultaría casi imposible enumerar. Estas cualidades de la oferta pornográfica moderna, combinadas con su inmediatez y facilidad de acceso, con el modo solitario y secreto en que se consume y con su supuesto coste cero, están generando un verdadero ejército de hombres adictos que ni si quiera saben que lo son.
Pero lo más grave de todo este asunto son las consecuencias que acarrea dicha adicción. La web y libro Your brain on porn ofrece una amplia información al respecto basada en varias decenas de estudios que relacionan el consumo de pornografía en línea con problemas sexuales como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz y la retardada, la anorgasmia y la falta de libido. Además de esto, puede darse un fenómeno llamado desensibilización, el cual lleva al usuario a necesitar cada vez mayor tiempo de consumo y/o acceso a contenidos cada vez más fuertes para lograr los mismos niveles de estimulación. Por si fuera poco, muchos expertos alertan de que puede producirse desconexión emocional con la pareja, ansiedad social, depresión o baja autoestima, por citar solo algunos efectos.
Los testimonios de hombres cuyas vidas se encuentran desechas por culpa del consumo de pornografía son abundantísimos y cualquier persona podrá encontrar cientos de ellos explorando los comentarios de vídeos sobre el tema en plataformas como YouTube. A pesar de estar sufriendo estas terribles consecuencias, para muchos resulta prácticamente imposible abandonar el hábito.
Si tú te encuentras en esta situación, o conoces a alguien que lo esté, quiero que sepas que es posible vivir alejado de ese pozo siniestro y destructivo que es la pornografía. Lo sé porque yo mismo he librado esa batalla durante años y, finalmente, he logrado alcanzar un éxito, no perfecto, pero sí bastante satisfactorio. Desde mi experiencia, puedo asegurarte que, si logras acumular una cierta racha de abstinencia inicial, los impulsos por consumir se irán volviendo cada vez más débiles y, por tanto, mantenerte limpio te resultará cada vez más fácil. Pero soy consciente de que construir esa buena racha inicial puede parecer impresionantemente complicado, por lo que quiero recomendarte que empieces bloqueando el contenido pornográfico en tus dispositivos.
Para lograr un bloqueo eficiente de la pornografía vas a necesitar dos cosas, a mi entender, imprescindibles: un amigo y un poco de dinero. Esto se debe a que aplicar bloqueos gratuitos suele acabar siendo ineficaz. Pero no te preocupes, el coste monetario es perfectamente asumible por la mayor parte de la población, y tu amigo no te va a juzgar, pues es casi seguro que él también sea adicto a la pornografía, lo sepa o no.
Mi recomendación, después de muchos años de prueba y error, es que instales el programa de control parental Qustodio en tu PC y en tu móvil, que pagues la suscripción anual (unos 43 euros al año) y que tu amigo disponga de la contraseña, como si tú fueras su hijo. Lo suyo es que creéis una dirección de correo nueva y que solo sirva para que tu amigo acceda a Qustodio. Eso sí, pídele que apunte en algún sitio dichas dirección y contraseña.
Con esto, en teoría, tus dispositivos quedarán libres de contenidos pornográficos y tú podrás iniciar esa racha de abstinencia inicial que te permitirá ir construyendo una vida física, mental y espiritualmente mucho más sana. Pero si, al igual que yo, eres un tremendo zascandil que no puede parar de enredar hasta liarla parda y necesitas un extra de protección, puedes utilizar el programa Cold Turkey (un solo pago de 39 euros y ya lo tienes para siempre) para el PC, o la aplicación AppLock para móvil (gratis). Estas herramientas no bloquean contenido para adultos, sino programas, aplicaciones o páginas web concretas a través de contraseñas o números PIN.
Dejar la pornografía merece mucho la pena: se recuperan claridad, energía y una relación más sana con uno mismo y con los demás. Los bloqueos no son una demostración de debilidad, sino una ayuda inteligente en las primeras etapas, cuando la tentación es más fuerte. Si te das esa ayuda inicial y perseveras lo suficiente como para que el impulso empiece a perder fuerza, descubrirás que la libertad acaba llegando. Y cuando lo hace, todo el esfuerzo previo cobra sentido.

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