Estos cuentos distópicos se encuentran ahora en un lugar mejor: Verba Latentia.
25/6/25
11/5/25
Los 10 libros más caros y extraños que he vendido por Wallapop
Esta curiosa lista de libros raros ha decidido mudarse al portal literario Verba Latentia.
2/5/25
Interpretar el temblor: una lectura íntima de Smells Like Teen Spirit
Este tipo de ambigüedad, esta resistencia a ofrecer un mensaje claro, es precisamente lo que permite que Smells Like Teen Spirit siga siendo objeto de debate. En una clase de hermenéutica, escuché algo que al principio me descolocó: «toda interpretación es válida siempre que esté bien argumentada, independientemente de lo que quiso decir el autor del texto». Me pareció entonces una invitación al caos, pero con el tiempo he aprendido a verla como una defensa de la libertad lectora. El sentido de una obra no está encerrado en la cabeza de quien la escribió, sino que emerge, siempre de nuevo, en el encuentro entre texto y lector. O entre canción y oyente.
Como ejemplo de esta apertura interpretativa, me propongo compartir una hipótesis personal sobre Smells Like Teen Spirit, alejada de las lecturas más habituales. No espero que coincida con la intención de Cobain, tan solo pretendo mostrar que, si se atiende a ciertas claves simbólicas del texto, es posible leer la canción como una representación del miedo, especialmente masculino, al fracaso sexual. O, dicho sin rodeos, como una metáfora del gatillazo y del pánico que lo rodea, sobre todo en las primeras experiencias sexuales.
Esta lectura se descubre ya desde el título. Smells Like Teen Spirit nació de un malentendido: Kathleen Hanna, cantante de Bikini Kill, escribió en una pared «Kurt huele a Teen Spirit», refiriéndose al desodorante de una marca popular. Cobain, que no conocía el producto, creyó que era un mensaje subversivo, un eslogan revolucionario. Desde su origen, pues, el título ya funciona como símbolo hermenéutico: algo que se interpreta en un sentido diferente al original. Lo que Hanna expresó con humor íntimo, Cobain lo recibió como mensaje generacional. Esa distancia entre lo que se quiso decir y lo que se entendió es la misma que abre la puerta a mi propia lectura.
En cuanto a la canción en sí, hay varias frases que permiten pensarla en clave sexual. El verso «With the lights out, it’s less dangerous» sugiere que el deseo, o la exposición, asusta menos en la oscuridad. No ser visto equivale a no ser juzgado, y eso es especialmente relevante si uno teme fallar. Por su parte, «Here we are now, entertain us» puede leerse como una ironía cruel: el mandato de hacer disfrutar al otro, la presión de rendir, la expectativa de complacer como si el sexo fuera una actuación. Hay una incomodidad en esa frase que no desaparece con la repetición: parece una orden disfrazada de broma.
Incluso el tono general de la canción, entre la rabia, la desgana y la ironía, refuerza esta lectura. No hay euforia sexual, sino ruido y distorsión. No hay seducción, sino torpeza estridente. Cobain canta como quien se burla de sí mismo, como quien no se siente dueño de lo que le pasa. La melodía es adictiva, pero está envuelta en un caos emocional que nunca se resuelve.
Podría decirse mucho más sobre el resto de la letra («una negación», «me siento estúpido y contagioso», «cuan bajo», «Y aún olvido cuál es el sabor», «ella está demasiado aburrida y segura de sí misma», etc., etc.) pero tampoco es cuestión de extender este artículo más de lo necesario. Simplemente, frente a quienes sostienen que la letra de Smells Like Teen Spirit no dice nada, propongo una lectura que intenta rescatar un posible sentido desde esa misma contradicción. No es necesario que Cobain pensara en el gatillazo cuando escribió su himno. Basta con que nosotros, al escucharla hoy, encontremos ahí una resonancia de nuestras propias inseguridades, deseos y temores. Como decía Gadamer, interpretar no es desenterrar una verdad oculta, sino participar en la construcción de un nuevo sentido.
Y en ese sentido, esta canción, leída como un retrato del miedo masculino al fracaso sexual, sigue siendo profundamente adolescente. Porque ser adolescente —como lo sugiere Smells Like Teen Spirit— no es tanto rebelarse contra el mundo como sentir que tu cuerpo, tus deseos y tu voz te fallan justo cuando más necesitas que funcionen.
6/4/25
Cuentos muy breves de los mejores cuentistas
Esta lista de cuentos ha decidido emigrar al portal Verba Latentia
11/3/25
Reseña de «La chica que leía El viejo y el mar», de Gonzalo Calcedo
Cuando me jubile, dentro de un incierto y probablemente elevado número de años, me gustaría embarcarme en la homérica tarea de gestar un doctorado sobre la obra del que para mí es el mejor escritor español vivo: don Gonzalo Calcedo Juanes. Dicho doctorado podría estar ya en marcha si hubiese sido capaz acceder a una beca que me permitiera dejar mi trabajo, pero como semejante fantasía no pudo ser, nos toca esperar.
Así pues, como todavía no he podido sumergirme el la obra de este cuentista palentino con toda la minuciosidad que merece, no puedo asegurar que todos y cada uno de los libros de Gonzalo Calcedo posean un hilo conductor que enhebre las historias dotando de unidad al conjunto, pero sí estoy convencido que muchos de ellos lo tienen. A veces puede apreciarse un tema común, como los viajes (Esperando al enemigo) o la adolescencia (Las inglesas) o una epidemia global (Como ánades); otras veces podemos hablar más bien de elementos de ambientación, como las condiciones climáticas (Temporada de huracanes) o la ciudad en la que se desarrollan los cuentos (El prisionero de la Avenida Lexington). Sin embargo, en algunas ocasiones nuestro autor elige un distintivo formal a la hora de agrupar sus relatos, como por ejemplo a la extensión de estos. Así sucedió en La carga de la brigada ligera, una colección de cuentos bastante largos (unas cuarenta páginas cada uno) y así sucede también en el último libro publicado por nuestro autor hasta la fecha, La chica que leía El viejo y el mar, solo que en esta ocasión Calcedo nos ofrece un conjunto de historias más breves de lo habitual, nada menos que diecinueve narraciones de menos de diez páginas cada una en promedio.
Adentrarnos entre las páginas de este libro nos permite descubrir que don Gonzalo mantiene muy elevado el nivel de su narrativa tras casi treinta años de carrera. Cada una de sus historias nos ofrece la posibilidad de echar un breve vistazo a las vidas de personajes solitarios y melancólicos que se cruzan con individuos similares a ellos y que, en esos encuentros providenciales, hacen saltar chispas que prenden la magia de la realidad. Son historias altamente cinematográficas, cargadas de significado, creadas con la bellísima prosa que constituye el sello distintivo de nuestro autor, cuya observación analítica y precisa de la existencia consigue arrancar grandiosidad y lirismo hasta del más insignificante detalle de nuestro mundo.
No pierdan más tiempo y lean este libro inolvidable. Acompañen a un tipo que saca continuamente cafés en una máquina del aeropuerto para calentarse las manos; a una mujer que roba flores por amor; a un padre que recurre a su hijo para evitar un piquete; a un anciano que acoge a un gato perdido; a un pasajero de avión que descubre algo muy personal de la joven que viaja a su lado; y a muchos, muchos otros personajes fascinantes que iluminarán su corazón durante el tiempo que tarden en leer un puñado de páginas.
Créanme si les digo que no se arrepentirán.
12/2/25
Tercer episodio Verba Latentia Podcast. El símil homérico
Ya está disponible el tercer episodio de Verba Latentia Podcast. En esta ocasión hablaremos del símil homérico. Esperamos que disfruten escuchándolo y les recordamos que agradecemos profusamente cualquier tipo de apoyo en forma de comentario, me gusta, difusión o cualesquiera que tengan a bien brindarnos.



