29/12/15

Los mejores párrafos animalistas

Siempre ha habido gente preocupada por el trato que damos a los animales y algunos de los grandes escritores y pensadores de la historia han formado parte de esa corriente. Aquí os traigo una pequeña recopilación de pasajes animalistas con los que me he ido encontrando en mis lecturas. Si sabes de algún otro que no aparezca en este artículo, coméntamelo y lo añadiré.



La Insoportable Levedad del Ser. Milan Kundera. 1984

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.

El Fin de la Fe. Sam Harris. 2004

No sé cómo responder al problema de especificar los criterios para la inclusión de algo en nuestra comunidad moral... aparte de que, cualquier respuesta que demos reflejará nuestro sentido de la posible subjetividad de las criaturas en cuestión. Hay respuestas claramente erróneas. Por ejemplo, no podemos limitarnos a decir entran todos los seres humanos, y los animales no. ¿Cuál es nuestro criterio para definir la humanidad?¿El ADN? ¿Es que una sola célula humana está por encima de toda una manada de elefantes? El problema es que cualquier atributo que utilicemos para diferenciar a hombres de animales —inteligencia, uso del lenguaje, sentimientos morales, etc. etc.— sirve también para diferenciar a unos seres humanos de otros. Si las personas son para nosotros más importantes que los orangutanes porque las primeras pueden articular verbalmente sus intereses, ¿por qué la gente que puede articularlos mejor no es más importante que los que no saben hacerlo? Y, ¿qué ocurre con todos los que sufren afasia? Tendríamos que excluirlos de nuestra comunidad moral.

La Tabla Rasa. Steven Pinker. 2001

El canibalismo nos resulta tan repugnante que durante años ni siquiera los antropólogos reconocieron que fue algo habitual en la prehistoria. Es fácil pensar: ¿es posible que otros seres humanos fueran capaces de verdad de algo tan abyecto? Pero, evidentemente, los defensores de los derechos de los animales tendrán también una mala opinión parecida de quienes consumen carne, que no sólo causan millones de muertes que se podrían evitar, sino que lo hacen con absoluta crueldad: castran y marcan al ganado sin ningún anestésico, empalan los peces por la boca, dejan que se ahoguen en la barca, hierven las langostas vivas. No es mi intención hacer una defensa del vegetariano, sino arrojar un poco de luz sobre cómo entiende el ser humano la violencia y la crueldad. La historia y la etnografía indican que las personas pueden tratar a los extraños como hoy tratamos nosotros a las langostas, y nuestra incomprensión de tales actos se puede comparar a la incomprensión que de los nuestros tienen los defensores de los derechos de los animales. No es casualidad que Peter Singer, el autor de The Expanding Circle, sea también el autor de Liberación animal.

Vacas, cerdos, guerras y brujas. Marvin Harris. 1974

Gandhi creía que se trataba a las vacas con más crueldad en la India que en cualquier otra parte del mundo. Se lamentaba de que "¡cómo las desangramos hasta sacarles la última gota de leche! ¡Cómo las privamos de alimentos hasta su emaciación, cómo maltratamos a los becerros, cómo le privamos de su parte de leche, con qué crueldad tratamos a los bueyes, como les castramos, como les pegamos, como les sobrecargamos!" 

Fantasmas. Chuck Palahniuk. 2005

—Nuestra humanidad no se mide por cómo tratamos a los demás —dice el Eslabón Perdido. Toqueteando con el dedo la capa de pelo de gato que tiene en la manga de su abrigo, dice—: Nuestra humanidad se mide por cómo tratamos a los animales. 
   Mira a la Hermana Justiciera, que se mira el reloj de pulsera. 
   En un mundo donde los derechos humanos son más firmes que en ningún momento de la historia... en un mundo donde el nivel de vida general es altísimo... en una cultura donde todo el mundo es responsable de su propia vida... en este mundo, dice el Eslabón Perdido, los animales se están convirtiendo a marchas forzadas en las últimas víctimas reales. En los únicos esclavos y presas. 
   —Los animales —dice el Eslabón Perdido— son nuestra forma de definir a los humanos.

El nombre de la rosa. Umberto Eco. 1980

Estaba saliendo de la celda cuando, desde el patio, se elevó un grito desgarrador, como de una persona herida de muerte, al que siguieron otros lamentos no menos atroces.
—¿Qué pasa? —preguntó Guillermo sobresaltado.
—Nada —respondió sonriendo el Abad—. Es época de matanza. Trabajo para los porquerizos. No es éste el tipo de sangre que debe preocuparos.

Peroratas. Fernando Vallejo. 2013

Y en este punto hago una pausita para dirigirme a los protectores de los animales, que redimen en parte el horror del género humano, y a quienes desde aquí les mando mi saludo y decidida bendición. Especie que se extingue, amigos, especie que deja de sufrir. Que se extingan los cóndores, que se extingan las ballenas, que se extingan las focas, que no haya más osos polares, que no sufran más. Que sólo quede en este planeta el Homo sapiens, este simio bípedo y depredador, para que acabe de arruinar a sus dos patas la Tierra, y que al final se coman los unos a los otros en un banquete antropofágico. Y que empiecen por el Papa, por este azuzador de la proliferación de la peste humana. Ah no, mejor no. Este Papa debe de saber horrible. Carne vieja, carne dura, carne tiesa. ¡Uf! ¡Qué asco, qué porquería! Comámonos mejor a los ecologistas del Greenpeace que se ven más apetitosos y que son otros mentirosos: lo que quieren es preservar esto para su bípeda especie y que los elijan al parlamento de no sé qué.

Desgracia. John Maxwell Coetzee. 1999

—No estoy muy seguro de que me guste su manera de hacer las cosas, me refiero a eso de traer a los animales del sacrificio a su casa, para que se familiaricen con las personas que van a comérselos.
   —¿Qué prefieres, que el sacrificio se haga en el matadero, para que así no tengas que pensar en ello?
   —Pues sí.

Pregúntale al polvo. John Fante. 1939

Me quedé mirando al desdichado becerro. Era blanquinegro y de corvejones frágiles. De la boca entreabierta le sobresalía una lengua rosada. Cerré los ojos, salí corriendo de la habitación de Hellfrick y me arrojé al suelo de mi cuarto. Allí me quedé, presa de escalofríos, pensando en la pobre vaca que se había quedado sola en el campo, bañada por la luz de la luna, en la pobre vaca que mugía por su becerro. ¡Un asesinato! Hellfrick y yo estábamos sentenciados. Ya no tendría que devolverme lo que me debía. Sería dinero ensangrentado y no lo quería.

El árbol de saliva. Brian W. Aldiss. 1963

—(...) Todos ustedes están "fertilizados", lo mismo que los cerdos y las gallinas. Este lugar ha sido transformado en una supergranja y, para los aurigas, todos ustedes son ahora carne comestible. 
Hubo un silencio en el cuarto hasta que, al fin, Nancy dijo con una vocecita:
—No creerás en serio algo tan horrible.
—Supongo que te lo habrán contado esas criaturas invisibles, ¿no?— preguntó Grendon en tono agresivo.
—Ahí están las pruebas, no puede negarlas. Perdone mi brutalidad, Josheph, pero a su mujer se la comieron, lo mismo que a la perra y a los cerdos. Y lo mismo les ocurrirá a los demás, tarde o temprano. Los aurigas ni siquiera son caníbales. No son como nosotros. No les importa que tengamos alma e inteligencia, igual que a nosotros no nos importa la posible inteligencia de las vacas.

El mundo y sus demonios Carl Sagan. 1995

Algunas costumbres de nuestra era serán consideradas sin duda bárbaras por generaciones posteriores: quizá nuestra insistencia en que los niños pequeños e incluso los bebés duerman solos y no con sus padres; o quizá la excitación de pasiones nacionalistas como medio de conseguir la aprobación popular y alcanzar un alto cargo político; o permitir el soborno y la corrupción como medio de vida; o tener animales domésticos; o comer animales y enjaular chimpancés; o penalizar el uso de euforizantes en adultos; o permitir que nuestros hijos crezcan en la ignorancia.

Frankenstein o el moderno Prometeo. Mary Shelley. 1818

Mi alimento no es el mismo que el del hombre; yo no destruyo al cordero o a la cabritilla para saciar mi hambre; las bayas y las bellotas son suficiente alimento para mí. 

2 comentarios:

  1. Yo agregaría los Diarios de las Estrellas, de Stanislaw Lem, hay extraterrestres horrorizados por la brutalidad de humanos hacia los animales.

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    1. Muchas gracias, lo apunto en mi lista de lectura. Un saludo :)

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