8/5/15

Al alcance de la mano

Tengo grabadas en la memoria
varias escenas que me amargan la vida.
Es raro el día en que no
se me pasen por la cabeza.

Corresponden a vídeos y fotografías
que he tenido la desgracia de ver.
A vídeos y fotografías de
gente torturando animales.

Mi mente las recuerda mientras trabajo,
mientras paseo, mientras hago cualquier cosa.
Y siento que el odio me vuelve loco
y que la impotencia me desgarra por dentro.

Me entran ganas de arrastrar a esas
personas a las cotas más altas del sufrimiento.
Me entran ganas de tenerlos atados a una silla
y explicarles el motivo por el que están ahí.

Y entonces hacerles lo que ellos hicieron.
Hacérselo sin piedad, una y otra vez.
Y dejar pasar un tiempo para que sanen sus heridas.
Y después repetir, una y otra y otra vez.

Es lo que merecen.
Es lo que calmaría mi rabia.
Y es lo que nunca ocurrirá porque
ni el karma ni dios existen.

Ni siquiera existen unas leyes decentes que
los lleven a la cárcel cuando se descubren sus crímenes.
Unas leyes que pudieran disuadir
aunque sólo fuera a uno de estos malnacidos.

Ni dios ni el karma existen, es evidente.
Lo único que existe es un mundo lleno de
psicópatas que siempre tendrán
animales inocentes al alcance de la mano.


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