6/2/15

Trece segundos de desconfianza

Estaba en el cajero cuando un niño oriental de unos once años se me ha acercado por la izquierda. Enseguida he desconfiado de él y me he colocado tapando la ranura del dinero con mi cuerpo. No porque fuera un chico, ni porque fuera oriental, ni porque fuera pequeño. Simplemente porque no me fío ni de mi sombra. Acababa de empezar a llover y el niño me ha cubierto con su paraguas mientras me explicaba en un torpe castellano que los billetes son de papel y que se me podían estropear con la lluvia. Después me ha acompañado un rato, protegiéndome todavía de la tormenta y finalmente nos hemos despedido. Le he dado las gracias de todo corazón, no por evitar que me mojase, sino por permitirme contemplar una muestra de bondad pura en esta oscura tarde de noviembre. Mientras se alejaba he comprobado que mi cartera seguía en sus sitio y entonces me he marchado a casa.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...