19/2/15

Cucharita

Desperté sobresaltada en medio de la oscuridad y me arrastré por la cama hasta el ordenador. Acababa de tener un sueño que parecía perfecto para un relato. Me puse a escribir apresuradamente para que no se me olvidase ningún detalle:

Me gusta ir al bar de Susi. Allí siempre consigo inspirarme. Voy con mi cuaderno, pido una cerveza y empiezo a llenar página tras página. Aquella tarde se encontraban allí dos matrimonios, dos locos y dos mascotas. Todos miraban un telefilm llamado “Cambiadas al nacer”. En aquellos días yo estaba escribiendo un panfleto incendiario contra la iglesia. El marido de Susi, un negro fornido y reservado me miraba desde detrás de la barra mientras…

No tardé mucho en darme cuenta de que aquello no era más que un absoluto montón de mierda. Y es que en los sueños todo parece muy coherente e interesante; allí rigen otro tipo de leyes.

Marta emitió un gemido y se incorporó sobre la cama, apoyándose en los codos. Me miró con los ojos entornados y dijo:

―Pequeña, me has despertado con el ruido de las teclas. ¿Qué haces escribiendo? Ya te he dicho que no es lo tuyo. No lo haces bien. Mejor ven aquí conmigo y hazme la cucharita.

Entonces me levanté de la silla, encendí la luz, puse música a todo volumen y me marché a la cocina a fumar. A lo lejos, escuché que Marta gritaba «¡¡¡MALDITA ZORRA ASQUEROSA, APAGA ESA MIERDA AHORA MISMO O TE MATO!!!»



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