22/6/13

Himen y testigo


Los hechos ocurrieron en la fiesta de disfraces que organizaron Brian y Nancy con motivo de su compromiso matrimonial. Aquello era una jodida locura. En su pequeño apartamento se había congregado más gente que en la guerra. Y había droga y alcohol a raudales, ya lo creo que sí. Con esto no pretendo justificar mi infame comportamiento, Dios me libre de ello. Mi intención es tan sólo dar unas pinceladas descriptivas para poner en situación a los lectores.
   Debo decir, sin que esto pretenda tampoco en modo alguno expiar mi culpa, que todo el que conoce a Nancy sabe lo increíblemente buena que está. Aquella noche ella decidió disfrazarse de puta, o de actriz porno, o sabe Dios de qué, al final nunca llegué a saberlo. La cuestión es que iba medio desnuda, paseando sus encantos por la fiesta, con su desbordante dulzura y su adorable sonrisa, preguntando a todo el mundo si se estaba divirtiendo. ¡Madre del amor hermoso!

   Hubo un momento de la noche en que yo me hallaba en la cocina con dos amigos tomando unos chupitos de mi invención llamados TGV (tequila, ginebra y vodka). Por un lado, Mike Caraculo usaba una foto de sus hijas para peinar un pene de cocaíana sobre la vitrocerámica. Por otro, Gavin el Casto nos estaba soltando una de sus peroratas. Decía algo así:
   ―Y estaba yo ahí con esa zorra, la tenía a cuatro patas, caliente y mojada como una perra en celo. Y entonces se la empiezo a clavar y ella gritaba: “¡Dame más, hijo de puta, dame más!”. ¡Ja, ja, ja! Y en esto que el novio de la zorra se cansa de pajearse y empieza a romperme el culo. ¡Ja, ja, ja! Me lo puso como la bandera de Japón. ¡Cómo calzaba el mamonazo! Buscadlo, buscadlo en Sexotube por «El trenecito chucu-chucu». ¡Ja, ja, ja!
   En esas estábamos cuando apareció Nancy.
   ―Hola chicos. ¿Qué hacéis?― preguntó.
  ―Aquí, dando una vuelta. ¡Ja, ja, ja!― respondió Gavin, y todos empezamos a reírnos como idiotas. Dimos buena cuenta del pene de cocaína al que Mike nos invitó haciendo gala de su habitual generosidad y continuamos hablando fraternalmente.
   ―Bueno, chicos, ¿de qué vais disfrazados vosotros?― preguntó Nancy.
   ―Pues aquí, nuestro amigo Caraculo― comenzó Gavin, cogiendo a Mike por los hombros― ha venido de politoxicómano… Ah, no, que no has traído disfraz ¡Ja, ja, ja! ¡Que tú eres así de serie!― y volvimos a descojonarnos. Gavin continuó, diciendo: ―Yo, como podéis comprobar vos misma, mi reina, voy del lánguido influjo del declive en nuestras vidas. ¡Ja, ja, ja!
   ―¿Y tú, querido?― me preguntó aquella diosa posando en mí su resplandeciente mirada.
   ―Yo voy de Rodión Románovich Raskólnikov― respondí con altivez.
   ―¿Y quién es ese, un personaje de Juego de Tronos?
   Mike, Gavin y yo empezamos a reírnos. Me miraban como diciendo “Qué tonta es”, pero yo sé que ellos tampoco tenían ni puta idea de qué había dicho.
   ―¿Y tú de qué vas, pequeña Nancy?― le pregunté.
   ―Mmmm… vamos a jugar a un juego. Yo lo represento con mímica y vosotros lo tenéis que adivinar.
   Los tres convenimos en que era una idea maravillosa. Entonces Nancy se agachó, nos bajó los pantalones y empezó a chuparnos las pollas.
   ―Venga, ¿no lo adivináis?― preguntó mientras rotaba de Mike hacia mí.
   ―Joder, la verdad es que no se me ocurre nada― respondí al tiempo que estallaba un vaso con la mano.
   Mike iba a decir algo pero Gavin lo detuvo de un manotazo en la boca. Estoy seguro de que lo habría adivinado, siempre fue muy bueno en este tipo de juegos.
   A esas alturas mi cuerpo era una puta olla exprés a punto de reventar, así que, con el juicio totalmente nublado por los vapores de mi lujuria, cogí a Nancy, la senté en la mesa, retiré hacia un lado sus braguitas de Hello Kity y empecé a follármela como si fuese un martillo neumático.
   De pronto vi la base de mi pene manchada de sangre.
   ―Joder, Nancy, estás con todo el tomate ―dije.
   ―No, no estoy con la regla, querido― me corrigió Nancy.
   ―Entonces ¿qué coño es esta sangre?―pregunté.
   ―Pues que estaba sin estrenar, nene. Me reservaba para alguien especial. Y la verdad es que la espera ha merecido la pena.
   ―¡Pero qué cojones! Si te follaste a media facultad...
   ―En todo caso, se la chupé a media facultad, querido. Lo que pasa es que los tíos sois como el ajedrez, que os coméis una reina y… joder, ¿cómo era ese dicho?
   ―Bueno, no nos volvamos locos, aquí no ha pasado nada que no se arregle con un poco de agua ―añadí.
   Entonces vi que Gavin miraba hacia la puerta con cara de pánico mientras decía:
   ―Hola, Brian, colega ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
   Y es que allí estaba Brian, el prometido de Nancy, disfrazado de vieja, sujetando un cuchillo enorme y vomitando odio por los ojos. Por suerte, soy una persona bastante perfeccionista y en el interior de mi chaqueta, amarrada con una cuerda a mi cuerpo, llevaba un hacha que me había prestado mi abuelo. Con bastante destreza ―dado el lamentable estado en que me encontraba― desenchaqueté mi hacha y la blandí apuntando hacia Brian.
   La situación auguraba una escena legendaria. Visualicé mi arma incrustada en su cráneo, la sangre chorreando sobre las baldosas de la cocina, los gritos de pánico, el olor, meses más tarde, de mi carne chamuscada en la silla eléctrica.
   Pero nada de eso ocurrió, pues Nancy le dijo a su prometido:
   ―Cariño, no seas hipócrita. Mírate. ¡Te has puesto super cachondo!
  Y entonces todos empezamos a descojonarnos de risa viendo la portentosa polla erecta de Brian asomando entre las enaguas de su disfraz de vieja.

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