23/01/10

Eres un cafre, chaval



Cristina miraba por la ventana mientras sujetaba una taza de café humeante. Vivía con Iñaki, su marido, en el piso número 14 de un edificio de apartamentos en pleno centro de Madrid. Desde allí las vistas solían ser muy bonitas.
Sin embargo, aquella tarde, Cristina no pensaba que el amplio paisaje urbano que se extendía bajo sus pies ofreciese unas vistas bonitas. Ciertamente, la imagen de trozos de roca cayendo desde el cielo -y reduciendo a escombros edificios, parques y carreteras- era impresionante. Pero bonita no, desde luego que no.
Iñaki estaba tomando una cerveza y viendo Gran Hermano, uno de los pocos programas que se seguían emitiendo, aunque eran reposiciones antiguas. Todo apuntaba a que Gran Hermano no volvería a grabarse de nuevo, pues cinco meses antes todos los concursantes murieron al desbordarse un río cercano a la casa. Cosas de la vida.
Era martes, 18 de diciembre de 2012, y parecía que “los putos mayas”, como solían llamarles en los periódicos, iban a acertar de lleno con el tema del fin del mundo y demás.
Justo eso, o algo muy parecido, se disponía a decirle Cristina a Iñaki.
-Pues parece que los putos mayas tenían razón.-dijo Cristina.
-¿Eh?
-Los mayas Iñi, lo del fin del mundo- dijo Cristina haciendo un gesto con el brazo hacia la ventana, como el que muestra un cuadro o algo así.
Iñaki emitió un gruñido, dio un trago de cerveza y eructó.
-Yo solo sé que mañana me toca ir a currar.-dijo.
Cristina miró con desprecio a su marido debido a su pasotismo crónico. Se dedicó a observar de nuevo por la ventana mientras se terminaba el café. Llevó la taza a la cocina y la fregó. Volvió al salón.
Iñaki seguía a lo suyo. Cristina se acercó por detrás del sofá y comenzó a masajearle la cabeza. Luego le abrazó y le dio besitos en el cuello. El muchacho cerraba los ojos de placer. Afuera se oían los estruendos de los meteoritos cada pocos minutos.
-Cariño- dijo Cristina.
-Dime, nena- dijo Iñaki.
-Estaba pensando... Hace mucho que no hacemos un viaje. ¿Qué te parece si mañana cogemos el coche y nos vamos a la finca de mi abuelo, al Pirineo Aragonés?
-Pfff. Mañana no me apetece, nena. Mejor la semana que viene...- respondió Iñaki con desgana.
Cristina se levantó como un resorte, se colocó de pie delante de su marido y le gritó con todas sus fuerzas:
-¡Eres un cafre, chaval! ¡Un puto cafre!

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